Qué diferencia puede hacer un año. Cuando el Foro Económico Mundial se realizó hace un año, la economía mundial estaba aún en medio del huracán. Ahora lo peor de la tormenta pasó. Pero ¿cuánto ha salido realmente de la crisis la economía mundial? ¿Cuáles son los principales desafíos económicos hacia adelante? ¿Y qué lecciones deberíamos aprender del desastre?
El logro obvio es la remoción del pánico de los mercados financieros. Pero eso no es sorprendente. Según cálculos del Banco de Inglaterra, el apoyo ofrecido a los sistemas financieros del Reino Unido y EE.UU. fue equivalente a 74% y 73% del Producto Interno Bruto, respectivamente. Incluso en la eurozona, fue 18%.
El balance del Estado se puso a disposición del sistema financiero, pero los Estados también contribuyeron a la demanda. Los bancos centrales -en particular la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra- adoptaron medidas excepcionales de relajamiento cuantitativo y expansión del crédito. Además, surgieron déficit fiscales a una escala nunca vista en tiempos de paz.
Los mayores déficit surgieron en los países donde el sector privado fue golpeado directamente por el estallido de las burbujas de precios de activos y el consecuente colapso financiero: según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, sus países miembros tuvieron un déficit gubernamental de 8,2% del PIB el año pasado, con un déficit fiscal de 11,2% en EE.UU. y de 12,6% en el Reino Unido.
Estos rescates han funcionado, pero hay que buscar la salida del alivio. El agujero en el que han caído los países de altos ingresos es profundo.
A las economías emergentes les ha ido mejor. Esto es particularmente cierto para los gigantes asiáticos. China usó sus enormes reservas de divisas para hacer una inversión fiscal y monetaria. Como resultado, Consensus Economics pronostica un crecimiento de 9,6% en 2010. India, en tanto, se expandiría 7,7% en 2010.
El desafío inmediato es crear una recuperación decente. Lo que se espera este año no cumple los criterios. EE.UU. y Canadá son los únicos países del G7 con un crecimiento proyectado de más 2% en 2010. Pero con 2,6% y 2,7%, respectivamente, la expansión será insuficiente para recuperar el PIB perdido. Entre los miembros europeos del G7, las proyecciones varían de 0,9% en Italia a 1,4% en el Reino Unido, 1,5% en Francia y 1,7% en Alemania. El crecimiento de Japón se prevé en 1,5%.
Esto sería una recuperación en extremo insatisfactoria. Los pronósticos sugieren, además, que hay un riesgo de retiro prematuro del estímulo monetario y fiscal. Al mismo tiempo, está el riesgo de retirarlo muy tarde, con consecuencias severas para las expectativas de inflación. Esto podría conducir a una doble caída.
También perturbador es el deseo de un crecimiento liderado por las exportaciones. Los países golpeados por la explosión de burbujas, con sistemas financieros débiles y sectores privados sobreendeudados, como EE.UU., el Reino Unido, España e Irlanda, necesitan un crecimiento liderado por las exportaciones. Pero países como Alemania y Japón también continuaron dependiendo de las exportaciones. China también espera que la expansión liderada por las exportaciones vuelva pronto.
Pero es imposible para los países con un PIB combinado cercano a 70% del producto mundial obtener el crecimiento liderado por las exportaciones que desean. La economía mundial necesita una recuperación liderada por la demanda doméstica fuerte y sostenida en los países importantes.
Finalmente, ¿cuáles son las lecciones del desastre? Hay al menos dos importantes. Primero, hay que revisar la política macroeconómica. La meta de inflación ha sido menos estabilizadora que lo anunciado. Más aún, la política fiscal también probó ser menos ajustada que lo que se imaginaba, en particular en los países afectados por burbujas.
Segundo, las crisis financieras son de hecho "una amenaza igualitaria", como han argumentado Carmen Reinhart de la Universidad de Maryland y Kenneth Rogoff de Harvard. Es posible que incluso los sistemas financieros más sofisticados del mundo sucumban a crisis financieras severas.
¿Hay cambios de política que reduzcan la probabilidad de otras crisis severas? La respuesta, desgraciadamente, parece ser no. Pero el desafío de crear un sistema financiero y económico global más robusto que el de hoy debe cumplirse ahora. El rescate e incluso el comienzo de la recuperación no son suficientes.
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