El aterrizaje de Barack Obama en el gobierno no ha sido fácil. Sus cien primeros días dan cuenta de un mandatario que desde el primer día tuvo que abocarse a la toma de decisiones y son ellas las que tienen una alta valoración de las encuestas.
El 68% de los ciudadanos aprueba el corto tiempo que lleva en la Casa Blanca. Son los mismos ciudadanos que están sufriendo las peores tasas de desempleo en décadas, con un índice de 8,1%, lo que implica que más de seis millones de personas han perdido sus fuentes laborales.¿Entonces qu´é es lo diferente? ¿Por qué tanta popularidad si el escenario interno es tan complejo? Los estadounidenses, como pocas veces ocurre, tienen fe en el cambio que impulsa Obama.
Lo perciben como un líder solvente, que con firmeza y saliendo a los medios diariamente, ha logrado plantear un sentido de urgencia, propósito y relevancia que no se veía en Washington desde hace años.Obama ha enfrentado los problemas de su país con la verdad, hablando directo a cada ciudadano.
En el campo exterior, ha diseñado una vasta agenda diplomática. Y la posibilidad de hallar amplias soluciones no tiene precedente, ha dicho el ex Secretario de estado Henry Kissinger.Obama ha logrado ser el centro y foco de la noticia dentro y fuera del país, al empujar a los Estados Unidos en una dirección diametralmente opuesta a la que trazó su antecesor.
Llegando al poder, ordenó el cierre de la prisión de Guantánamo –que aún sigue funcionando como tal- pero que en términos mediáticos dejó de ser tema de repulsa mundial. Logró que el Congreso aprobara un plan de estímulo de US$ 790 mil millones, el mayor en la historia del país, para hacer frente a la crisis. Promulgó una ley para mejorar la cobertura médica de millones de niños de familias pobres.
Desafió a la banca y a los ejecutivos de Wall Street, a quienes recortó sueldos y bonificaciones, luego de responsabilizarlos públicamente por buena parte de la crisis financiera. Llevó un discurso de cambio a los europeos, y se ha ocupado de que Rusia no lo vea como un enemigo.
Anunció la retirada de todas las tropas de Irak para el 31 de agosto del próximo año. Le tendió una mano al mundo islámico, con gestos muy potentes, como por ejemplo, haber dado una larga entrevista a un medio árabe. Y luego, en Turquía, se entrevistó con representantes de las autoridades religiosas a los que les reiteró que “una nueva era” había llegado a la Casa Blanca con él.
En Trinidad y Tobago, durante la V Cumbre de las Américas, Obama hizo gala de su nivel de persuasión y si hubo intención de algunos gobernantes de la región de utilizar el encuentro para una batalla campal, con Estados Unidos, Obama, supo dar a cada uno lo que esperaba: algo de atención y un poco de amabilidad y cortesía.
Cien días tan exitosos como los transcurridos desde su llegada a la Casa Blanca eran imprescindibles para que Obama afianzara su liderazgo interior y exterior; ahora sólo falta que sepa administrar esa capacidad para hacer frente a una crisis cuya profundidad espanta. Ese es el gran desafió que tiene por delante. Seguir conservando la magia y el encanto no será algo menor. Lo básico, es que él lo sabe.
Su equipo también. Y todos están trabajando en la dirección que la gente espera: la de los resultados, y por lo menos ya existen algunos que le están dando holguras.
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