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2013/12/21

China rechaza la entrada al país de cargas de maíz transgénico de EE.UU.

China rechaza la entrada al país de cargas de maíz transgénico de EE.UU.

Por encontrarse una semilla modificada no autorizada, la totalidad de la carga fue rechazada y devuelta a Estados Unidos. La autoridad china instó a Washington a "reforzar sus medidas de control".


China anunció este viernes que rechazó doce cargas de maíz procedente de Estados Unidos, afirmando que descubrió en ellas un elemento transgénico no autorizado.

Organismos provinciales de control "analizaron doce cargas de maíz norteamericano, que representaban un total de 545.000 toneladas, y detectaron un elemento modificado genéticamente, el MIR-162, que no recibió la aprobación del ministerio chino de Agricultura", indicó la administración supervisora de alimentos.

Por esta razón, la totalidad de la carga fue rechazada y devuelta a Estados Unidos, precisó la autoridad supervisora en su sitio web, que insta a Washington a "reforzar sus medidas de control".

El MIR-62 es una cepa de maíz transgénico resistente a los insectos. La fuerte demanda china, motivada por el aumento de la clase media china y el mayor consumo de carne, hace de este país asiático el cuarto importador mundial de maíz, según cifras del Departamento estadounidense de Agricultura.

Según datos de las aduanas chinas, el país importó 1,5 millones de toneladas de maíz de Estados Unidos los diez primeros meses del año. Estados Unidos representó más del 90% de las importaciones chinas de maíz en ese período.

ww.emol.com

2013/12/14

Cómo Cuba llegó a cultivar 3.000 hectáreas de maíz transgénico

Experto en mejoramiento genético expuso el caso de la isla en el manejo de estos cultivos. Dijo que es necesario evaluar los contras de restarse al uso de esta tecnología en la agricultura.


por Tamara Flores Toledo 

Las plantaciones de transgénicos del mundo suben a un ritmo vigoroso. Según cifras del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas (Isaaa, por las siglas en inglés), las siembras con especies genéticamente modificadas pasó de 160 millones de hectáreas en 2011, a 170,3 millones de hectáreas en 2012, siendo los países en vías de desarrollo los más intensivos en este desarrollo.
Cuba cultivó en 2012 unas 3.000 hectáreas de maíz genéticamente modificado, como parte de un plan del gobierno para reducir costos de producción. El trabajo en manejo de tecnología de recombinantes en Cuba lleva más de tres décadas, pero recién en 2009 se obtuvieron los permisos para empezar a reproducir la semilla de maíz. La soya aún está en etapa experimental y se avanza en la obtención de los permisos.
Merardo Pujol, experto en mejoramiento genético y transgénicos de la División de Plantas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana, cuenta que el país es muy estricto en términos de regulación para el uso de transgénicos. Por eso, en el centro optaron por un camino conocido: “Adoptar lo que se ha hecho en el mundo por 15 años. Con esto, las agencias regulatorias se sienten más confiadas”. Pujol agregó que se trata de patentes que no están registradas en Cuba.
A su juicio, pensar en una agricultura 100% libre de transgénicos no es viable, en términos de precios: “La imagen que se quiere transmitir de que algo más natural está más cercano al ciudadano medio es falsa. Los productos orgánicos son mucho más caros que los elaborados con tecnologías avanzadas”. El experto en mejoramiento genético llama a considerar en el debate lo que se pierde al no utilizar la tecnología. “Si te privas voluntariamente del uso de una tecnología, de una alternativa, de una fuente de empleo, al final terminas usando los productos que produce otra gente y le saca más partido”. Pujol comenta que en México, “el maíz con el que se preparan las tortillas y los tacos es transgénico, pero producido en EE.UU., porque en México hay muchas restricciones. El maíz barato y subvencionado por el Estado es transgénico, porque puede ser producido con costo menor”.
www.latercera.com

2012/09/29

Los transgénicos avanzan en Latinoamérica a pesar de sus detractores


América Latina es uno de los graneros mundiales de alimentos transgénicos, con millones de hectáreas dedicadas a variedades más productivas y resistentes, pese a que Venezuela, Perú y Ecuador mantienen la prohibición de esos cultivos, aunque en ese último país las cosas están cambiando.
Desde que la primera soja modificada genéticamente se introdujo en Argentina en 1997, uno a uno los países de la región se han sumado al cultivo de semillas con su ADN alterado, a pesar de las objeciones de algunos grupos ecologistas.
Solo en Brasil, por ejemplo, se cultivan más de 30 millones de hectáreas, un área equivalente a todo el territorio de Italia, según dijo a Efe Francisco Aragao, un experto de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), una entidad pública, quien participó esta semana en Quito en una conferencia sobre el tema.
En ese país casi el 90 % de la soja, el 85 % del maíz y entre el 30 y el 40 % del algodón son transgénicos, según Aragao, quien ha contribuido a desarrollar un fréjol más resistente a las plagas.
En el mundo el año pasado 15,6 millones de productores, la mayoría pequeños, plantaron 160 millones de hectáreas de transgénicos, según Wayne Parrot, profesor de genética vegetal de la Universidad de Georgia, en Estados Unidos.
En 31 países esos cultivos son legales y "en el doble" existen de forma ilícita, dijo a Efe.
Según Parrott, en Latinoamérica están proscritos en Venezuela, Perú y Ecuador, aunque, como en el resto del mundo, sus ciudadanos sí consumen alimentos modificados genéticamente, importados de otros países.
En Ecuador la prohibición aparece incluso en la Constitución, aprobada en 2008, pero su principal impulsor, el presidente Rafael Correa, dijo esta semana que esa disposición es "un error" y abrió la puerta a una posible enmienda.
El mandatario destacó que las semillas modificadas genéticamente "pueden cuadruplicar la producción y sacar de la miseria a los sectores más deprimidos".
Víctor López, presidente de la Cámara de Agricultura de la Primera Zona de Ecuador, dijo a Efe que esa entidad ve de forma "positiva" la posibilidad de cultivar semillas transgénicas.
El presidente de la Asamblea Constitucional que redactó la Carta Magna, Alberto Acosta, es en cambio un acérrimo detractor de esos cultivos, que a su juicio benefician a los grandes hacendados, porque los usan para reducir la mano de obra y aumentar la concentración de la tierra, en su opinión.
Aragao enfatizó, por su parte, que son los pequeños agricultores, quienes tienen menos acceso a pesticidas, los que más ganan con variedades resistentes a las plagas.
Acosta, quien es precandidato a las elecciones presidenciales de 2013 en Ecuador por una coalición de grupos de izquierda exaliados de Correa, también considera a los transgénicos como una amenaza para la salud, el ambiente y la biodiversidad.
Los que piensan como él han recibido con alborozo un estudio reciente realizado en Francia con ratas de laboratorio que dice demostrar que las que se alimentaron con maíz NK603, una variedad transgénica desarrollada por la multinacional estadounidense Monsanto, murieron antes que las que no lo ingirieron.
El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, dijo la semana pasada que si se confirman esos resultados solicitará a la Unión Europea que prohíba ese maíz.
Parrott, en cambio, consideró que el estudio "presenta deficiencias muy graves" y que se hizo "con malas intenciones".
Afirmó, por ejemplo, que sus autores emplearon una raza de ratas criadas para desarrollar cáncer y así estudiarlo, y les acusó de negarse a facilitar sus datos para que los comprueben otros científicos.
Parrott mantiene que todos los estudios serios concluyen que los alimentos transgénicos son tan "inocuos" como el resto.
Mientras continúa el debate, Brasil ha pasado de ser importador de maíz a exportador, gracias al cultivo de variedades más productivas, y ha elevado su producción de carne de pollo al alimentar a las aves con ese cereal, según Aragao.
Es un ejemplo que atrae a los últimos países donde aun no crecen semillas con el DNA manipulado, a su conveniencia, por el ser humano.