Mostrando las entradas con la etiqueta Meritocracia v/s Pituto. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Meritocracia v/s Pituto. Mostrar todas las entradas

2012/10/04

Meritocracia


En una colaboración anterior me referí al tema de la movilidad social. En el artículo señalé que México es un país con baja movilidad social.
Personas cuyos padres pertenecieron a los deciles (o quintiles) de la distribución del ingreso superiores excepcionalmente llegaban a pertenecer a los deciles inferiores de la distribución. En el mismo sentido, personas cuyos padres habían sido pobres, rara vez llegaban a ser ricos. 

La falta de movilidad social refleja que las condiciones no están parejas para todos. La protección financiera de los niños pequeños no está asegurada (en México no existe un sistema de asignaciones familiares por niño), los cuidados médicos ni la educación que recibe una persona rica no son de la misma calidad de los que recibe una persona pobre, y, objeto de este artículo, que muchos resultados no dependen de la capacidad de las personas, sino de sus relaciones familiares y sociales. 

Es muy común, y decepcionante, escuchar que hay diputados e inclusive senadores, cuya única virtud es ser el hijo, el sobrino o el yerno de alguien importante en el partido que lo postuló. Cuántos agravios causa enterarse que altos funcionarios no tienen la trayectoria para estar en su posición. 

Pero más allá de estos casos de alto nivel de exposición, la falta de meritocracia está presente en muchos ámbitos de nuestra vida. Sólo por poner unos ejemplos. En el magisterio, PEMEX y otras empresas públicas, las plazas todavía se pueden heredar. En las universidades públicas, a diferencia de lo que ocurre en las universidades privadas, y en forma diametralmente opuesta de como funciona en Estados Unidos, los profesores no son contratados por su experiencia frente al salón de clases, o sus publicaciones, sino por su red de relaciones. 

La falta de meritocracia también puede estar presente en al ámbito privado, aunque considero que es menos común. Un ejemplo interesante, que tomo prestado de un libro que se publicará próximamente, tiene que ver con el futbol. 

En cualquier país del mundo, el equipo que logra menos puntos en un año se va a segunda división. En México, el equipo que se va a segunda división tiene que demostrar un mal desempeño en tres años. Esta situación favorece a los equipos grandes, que tienen los recursos para evitar tres años malos. Si México funcionara más meritocráticamente ya hubiéramos visto a algunos de los equipos grandes descender, tal como pasó recientemente en Argentina. 

La falta de meritocracia no sólo genera agravios y falta de movilidad social, pero daña el progreso de los países. Como los monopolios, la falta de meritocracia, al eliminar la competencia, inhibe los incentivos a la eficiencia y la productividad, a la creatividad y el esfuerzo. 

Este país, además de reformas estructurales, lo que requiere es que haya más competencia en todos los ámbitos. Lo paradójico del asunto es que comúnmente existe un doble criterio en este aspecto. Me da la impresión que las personas pueden rechazar la falta de competencia en los mercados o industrias, pero aceptar la falta de competencia en los aspectos, por llamarlos de alguna manera, de la vida cotidiana. 

Dos ejemplos. Leo con frecuencia que profesores de las universidades públicas critican a los monopolios y al mismo tiempo no practican la meritocracia en las contrataciones de otros profesores. Algunos diputados y senadores también critican a los monopolios pero aceptaron llegar al cargo por razones diferentes a su trayectoria. ¿Cuál es la diferencia? 

Pareciera ser que las personas creen que las prácticas anticompetitivas en los aspectos de la vida cotidiana no son dañinas y que lo que es dañino es lo que tiene más visibilidad. Esto, en mi opinión, es equivocado y mientras vivamos con este criterio dual el país no va a lograr mayor desarrollo y justicia. 

2010/06/09

Redes informales seguirían ganándole a la "meritocracia"

La meritocracia aun está muy lejos de convertirse en una efectiva herramienta para conseguir trabajo. Así lo evidenció un reciente estudio de Trabajando.com, en donde el 97% de los encuestados cree que en el país pesan más las redes informales de contacto, como el "pituto", que los meritos profesionales.

Las habilidades y experiencias para un cargo deberían ser las principales razones por las que se contrata a un ejecutivo. Sin embargo, de acuerdo al estudio el 48% de las personas encuestadas ha visto en su trabajo cómo las redes informales son la principal forma de contratación, otro 42% lo ha vivido en carne propia y está donde está gracias a un conocido. Finalmente, el 10% restante, piensa que cada vez importan menos las competencias profesionales.



Hacia un cambio

Aunque un 83% de los encuestados está en contra del pituto, existe un 15% que lo justifica, porque lo considera sólo una forma de entrar a un empleo, porque una vez dentro importan las competencias y logros. Otro 2% en tanto, lo ve como un buen mecanismo para lograr un puesto o ascender en una empresa. 

No obstante un 90% cree que la responsabilidad está en las empresas.

Juan Pablo Swett director de Trabajando.com señala que "esta situación pone en evidencia la escasa regulación en los procesos de contratación por parte de las compañías, así como la poca confianza en la sociedad, pues se prefiere contratar personas con recomendaciones cercanas", afirma.

DiarioFinanciero.com