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2011/07/01

Se buscan gerentes humanistas

Las escuelas de negocios están consternadas. Lo dijo Michael Porter en su reciente visita a Chile. El modelo económico no convence a la población y una sensación de molestia se acumula hacia las empresas. ¿Qué responsabilidad tienen los ejecutivos? ¿Hay que replantear la enseñanza ejecutiva? Fernando Flores tiene una opinión al respecto y en Capital la sintetizamos. Por Guillermo Turner.

Datos básicos: sobre el 60% de la demanda de ejecutivos en Chile está dirigido a ingenieros, comerciales o civiles. Cerca del 65% de los ejecutivos medios posee diplomados en escuelas de negocios. Y como dice un headhunter, “no necesariamente un gerente debe tener MBA, pero el gerente 2.0 lo tiene integrado en su ADN”.

Resultado de esto es que las empresas –y, poco a poco, la sociedad en su conjunto– empiezan a demandar mayor diversidad: que la formación es muy básica, que la oferta es estándar, que a los nuevos profesionales les falta práctica. Surgen otras críticas: escasa innovación, bajo emprendimiento, sobra plata pero faltan proyectos, empresas que equivocan su relación con la comunidad, cuestionamientos éticos.

¿Debe venir una reforma al conocimiento ejecutivo? Algo por el estilo le preguntaron a Fernando Flores, el presidente del Consejo Nacional de Innovación, en un reciente congreso de la asociación latinoamericana de escuelas de negocios realizado en la Universidad Adolfo Ibáñez. ¿Qué respondió? “Hoy hablamos demasiado de conocimiento, como si éste significara lo que va a ocurrir. El conocimiento no genera propuestas, no tiene imaginación, no genera confianzas. El conocimiento no produce el estado de ánimo ni la resiliencia que necesitamos”.

En definitiva, una clásica preocupación (como es la formación empresarial), pero abordada a partir de una perspectiva distinta, rescatando conceptos erróneamente desterrados o menospreciados por el mundo ejecutivo: emocionalidad, seducción, sensibilidad, compromiso. Un conjunto de habilidades “nada de blandas”, como deja en claro Flores, para que la conversación no derive ni por un segundo a esa dimensión tan light de la asesoría laboral que propugna profesionales simpáticos y amistosos, como si se tratara de la elección del mejor compañero.

¿Pero esas habilidades las puede enseñar una universidad? “Estoy seguro de que sí, pero tiene que salirse del paradigma del conocimiento”, responde Flores a Capital. Y a partir de ahí, más la inquietud de las empresas, la insatisfacción de los profesionales y el reclamo de los consumidores, desarrollamos este diálogo sobre formación para el emprendimiento y la innovación.

Partamos por el lenguaje

“Yo soy ingeniero industrial de la Universidad Católica. Eso es lo que estudié y, de alguna manera, sigo siéndolo. Pero lo acompañé con un doctorado en filosofía en Estados Unidos, durante el cual puse mi corazón en el lenguaje. Pero el lenguaje, tal como se entiende en filosofía, no son las palabras ni los sonidos. El lenguaje es lo que caracteriza al ser humano por ser, precisamente, humano. Por eso la sordera es una limitación tan compleja, porque aísla a la persona afectada. Todo eso me ayudó a entender más al ser humano”.

Por cierto, se trata de una primera declaración del ex senador y actual presidente del Consejo de Innovación que apenas esboza el fondo de su argumento, pero en Capital nos permitimos adelantar la conversación en casi una hora, sólo para mostrar una de las derivaciones: “yo les diría a los futuros estudiantes que si tienen intereses científicos, estudien física teórica o biología básica, porque eso les hará pensar, entrar en un mundo y abrir oportunidades. Si sus intereses están en los negocios, estudien humanidades, aprendan a contar cuentos, estudien filosofía, y después hacen un máster en negocios”.

Eso. Ahora retrocedemos al origen de la conversación, a la necesidad de entender al ser humano (“el único animal que no está definido”, advierte Flores), para que tengamos más tipos como Steve Jobs, porque “él no es un producto del conocimiento académico; es un producto del involucramiento, del compromiso, de la imaginación y de la sensibilidad. Y la pregunta es ¿cómo fomentamos ese espíritu?”

Pero no sólo se trata de entender al hombre como un producto sin acabar, sino como un ser “que anda por el mundo haciendo cosas con gente”. Lo decía Flores en su charla en la UAI: “hacemos nuestra vida con los demás, estamos involucrados en esta vida y hacemos cosas típicas. Por eso tenemos que estar conscientes que el innovador siempre va a alterar la forma tradicional de ser y eso supone que el verdadero innovador o emprendedor es un innovador cultural”.

Entonces, “la primera clave es que la innovación no consiste en crear nuevos artefactos, sino en inventar nuevas prácticas culturales y venderlas. Todo empresario innovador tiene que ser un innovador cultural. Y ser capaz de poner la idea en práctica. Conozco a grandes innovadores, pero que no han sido capaces de ser empresarios. El más famoso es el inventor del mouse”, añade Flores.

Paréntesis: el inventor del mouse 

Otoño de 1968. En una conferencia sobre informática, Doug Engelbart –investigador de la Universidad de Stanford– se luce con dos inéditas demostraciones: el ahora tradicional mouse, presentado con la poco sexy denominación de “Indicador de posición X-Y para un sistema con pantalla”, más una conexión con su laboratorio por video conferencia.

Cuenta Wikipedia que, además de diseñar el primer sistema en línea, junto con su equipo desarrolló varios elementos básicos de la interfaz humana de las computadoras actuales, como pantallas con imágenes en bits y ventanas múltiples. Pero de su gran creación, el mouse, nunca recibió regalías. Incluso, sus ideas fueron perdiendo presupuesto y el laboratorio cerró en 1978 por falta de fondos.

La idea del ratón la tomó Xerox y todos sabemos lo bien que anduvo su desarrollo; por lo menos, hasta la aparición del touch, la interfaz de voz y lo que venga más adelante en materia de conexión neurológica. Conclusión: con innovar no basta.

Inventar mundos

Volvemos con Flores y tres claves de su planteamiento:

•“Deberíamos enseñar la administración de empresas de una manera distinta. Los negocios, la administración y el emprendimiento tienen que ver un poco con el conocimiento, pero mucho más con la intencionalidad: con inventar mundos, producir mundos y hacer que las cosas sucedan. La herramienta para aprender esto es el lenguaje, y en particular el lenguaje de los actos de habla”.

•“El emprendimiento es distinto de la innovación. La innovación tiene que ver con producir nuevas capacidades, nuevas distinciones, nuevos dispositivos. Pero si no produces una revolución cultural para introducir en el mercado ese dispositivo, la innovación será sólo una curiosidad. Es por esto que innovación y emprendimiento deben ir de la mano”

• “¿Y qué cosa debemos destruir? Básicamente, la ilusión de que el mundo está conformado por objetos. ¡No! El mundo está conformado de distinciones culturales que se producen en la práctica. El mundo no está poblado de objetos, sino de seres humanos que coordinan prácticas entre sí y utilizan el lenguaje para hacerlo. Cada vez que alguien realiza una innovación, eso se altera”.

Así las cosas, todo indica que bastaría con entender o captar los problemas que afectan a esos seres humanos para tener éxito en esto del emprendimiento innovador. Pero no, la concepción de Flores eleva el desafío unos cuantos metros más y pone el hincapié en las concerns (en inglés, porque la traducción a preocupación o inquietud no alcanza a cubrir el concepto global de la palabra). “Los seres humanos tenemos concerns porque somos seres culturales siempre abiertos a nuevas posibilidades. No se trata de preocupaciones en un sentido negativo”, explica.

Las preocupaciones básicas son las cotidianas, asociadas al lenguaje de las necesidades, a las cuales el management responde con su capacidad de satisfacer, reparar o sustituir. Un segundo nivel de preocupaciones la constituyen los problemas, que suponen que alguien haya formulado una nueva intención de propósitos y medios para satisfacer esos propósitos (como Boeing o Airbus, satisfaciendo necesidad de aviones con menor gasto de combustible y mayor autonomía de vuelo). Alguien define el problema y otros producen. 

Pero el terreno propicio para el gran emprendedor se encuentra en la tercera dimensión de preocupaciones humanas, las que Flores denomina anomalías: “es algo que falta, que podría ser exitoso si apareciera, pero nadie sabe aún lo que es. La anomalía existe como consecuencia de un estado de ánimo, es una molestia, una perturbación. No tenemos la respuesta, pero cuando la persona se enfoca en una anomalía empieza a buscar medios y tienes probabilidades de encontrar un problema a resolver. Así, el gran emprendedor es aquel que toma una anomalía y la transforma en producto; con la ayuda de innovadores, naturalmente”.

- ¿Ahí hay que estar: en el mundo de las anomalías? 
-No, lo que hay que tener claro es que la tercera es difícil y ocurre muy de vez en cuando. Depende de alguien obseso, pero depende también del contexto histórico. O sea, no pueden las cosas salir cuando no están los tiempos para que las cosas salgan. Esa afirmación va en contra de toda esta noción de que se trata de puras ideas geniales. Son ideas geniales, pero normalmente marginales y alteran el discurso de los que dominan en la industria.

-¿La cuestión es para cuál de estos escenarios se enseña? 
-Antes de llegar a eso tenemos que abordar las habilidades. Y hablemos de habilidades y no de conocimiento, porque las habilidades se asocian con el cuerpo. Por cierto, hay que saber, pero por sobre todo hay que practicar. Entonces, la habilidad es un tipo de conocimiento en el que el cuerpo no puede faltar.

-¿Cuáles son las habilidades (
skills) necesarias para el mundo de los negocios? (N. de la R.: esta pregunta es del mismo Flores). -La primera es saber escuchar concerns, no saber escuchar necesidades. Ahí los MBA ya se caen. Porque concern lo pondrían en las habilidades blandas y no, es lo más difícil. Escuchar se asume como oír, pero es distinto, porque implica tener sensibilidad de espacio para las preocupaciones del otro. No es un procedimiento, pero se puede enseñar y hay culturas más sensibles a ello.

Luego, lo mínimo que da sentido a la comunicación es el compromiso mutuo. Uno puede olvidar las palabras que usó, pero el compromiso queda claro. Si los compromisos se cumplen, ambas partes están ampliando sus horizontes. Lo peor es cuando hay compromiso a medias. Diferencia entre compromiso y deber: el compromiso nace de las promesas que uno hace a través del lenguaje, mientras que los deberes nacen de nuestras interpretaciones sobre lo que se debe hacer.

Entonces, es fundamental educar a la gente en el lenguaje de escuchar compromisos y buscar oportunidades. Y eso no tiene nada de blando. Pero las escuelas de negocios no lo advierten. Dicen que debes sonreír, mandar tarjetas de navidad. Eso equivale a instalar una orquesta con instrumentos, pero sin sinfonía mínima. La sinfonía mínima en cualquier empresa es la lógica del compromiso.

-¿Y eso se enseña? 
-Claro que se enseña. Se pueden enseñar dos cosas: la teoría filosófica general de negocios, como la que estoy exponiendo, y se puede enseñar a la gente a distinguir más, a escuchar al cliente, a ser más sensible a las anomalías, al compromiso, a jugar, a experimentar. Enseñar, primero, a destruir ciertas creencias que la gente acepta. Por ejemplo, pensar que vivimos en un mundo de objetos. Nosotros no vivimos en un mundo de objetos. Vivimos en un mundo de distinciones. Las distinciones son cambiables. Segundo, suponer que la gente compra cosas. La gente compra experiencias de satisfacción. Tercero, entender que toda empresa es parte de una red. Por lo tanto, no sólo tengo que vender sino también mantener, preparar, servir.

-¿Puede la universidad concentrarse en uno de los aspectos; por ejemplo, en formar emprendedores?

-Lo esencial son los emprendedores- innovadores, no los innovadores. Los primeros son tipos que innovan o saben usar innovaciones o coordinar a innovadores. Lo fundamental de un emprendedor es seducir a un mercado y navegar la ola dinámica de ese mercado. Sensibilidad a los clientes, pero no sólo a lo que los clientes dicen, sino a las preocupaciones que tienen y no saben decir.

-¿Pero puede focalizarse como universidad? 
-Se puede, pero requiere una forma de enseñar distinta: dejar de entregar el conocimiento como transmisión. Dejar de creer que la vida es una conexión de problemas que hay que resolver y asumir; más bien, que la vida es una conexión de problemas que hay que inventar al hacerme sensible a las preocupaciones de las personas. Tengo que refinar el escuchar emocional. Tengo que crear fortaleza emocional. Una de las cosas más importantes para un emprendedor es saber pararse en los malos tiempos. Hacer un tipo de preparación emocional que me saque la tendencia a las respuestas rápida; saber seducir.

- ¿Sirve el modelo americano de minor y major? 

-Las universidades están todas encerradas en el paradigma del conocimiento. La idea de que existe una cosa llamada conocimiento, que se transmite de profesores a alumnos y después los alumnos lo aplican. Ese paradigma está equivocado: los seres humanos son fundamentalmente seres emocionales intencionales, que tienen una cultura, por lo que hay que abrirles nuevos espacios culturales y transformar habilidades. Y eso se puede hacer. Las universidades les crean la ilusión de que van a ir a aplicar conocimientos y la vida no es aplicar conocimientos, sino luchar, seducir, reflexionar, cometer errores, sacar lecciones de esos errores, mirar tendencias, etc.

-Muchos reclaman que en Chile faltan técnicos, pero eso pareciera ser justo lo contrario del profesional que se necesita.

-Lo que nos sobra son ingenieros de escritorio. Sentido común con formación matemática. Por cierto que el ser humano también demanda conocimiento, no estoy en contra de eso, pero fundamentalmente es una aventura histórica de intencionalidad, lo que significa que su invención de propósito, su invención de sentido, es lo más importante que hace. Hoy las universidades no los preparan para eso, los preparan para ser empleados.

-Pero las empresas se quejan de que el profesional llega de la universidad con muy poco conocimiento que aportar. 
-Hagámonos cargo de la inquietud que está detrás de ese rechazo. Más que si tiene o no la razón, apunta a que ese profesional no tiene ninguna sensibilidad a los tiempos, ninguna sensibilidad al cambio… La pregunta es ¿por qué tanto MBA deja tanta escoba en el plano económico y ético? Aunque aparezca oportunista decirlo, la crisis de La Polar nos muestra ejecutivos que carecen de sensibilidades éticas. Demasiada preocupación por sus números y ausencia de preocupación por sus clientes. Y eso, por otro lado, los lleva al plano del desastre.

Lo que más requiere el ejecutivo es ser un humanista: una persona que entienda seres humanos, porque entiende que tiene que producir para seres humanos, tiene que convencer a seres humanos de que lo apoyen e inviertan en él. Respetar seres humanos, saber crear confianzas, saber seducir las oportunidades, mirar el contexto político de las cosas.

-¿Es un error llamar ingeniería a las escuelas de negocios? 

-Quedan sesgada, a las matemáticas y a una cierta manera de entender; a la información y no a la comprensión. La comprensión es siempre una habilidad humanista.
Una mirada al mundo
• “Los MBA forman a la gente equivocada con métodos equivocados y traen consecuencias equivocadas”. Henry Mintzberg

• L a Carey Business School, perteneciente a la Universidad Johns Hopkins, decidió reinventar la enseñanza del MBA y optar por formar profesionales líderes empresariales bajo la óptica ética y humanista. Como dice Yash Gupta, su decano, “con los años llegué a la conclusión de que nos habíamos apoyado demasiado en las ciencias de los negocios. Producíamos maestros en ingeniería financiera, personas sin corazón ni alma”.

• “Como administrador, mi propósito es servir al bien común uniendo personas y recursos para crear valor, que no puede ser creado por una persona individualmente”. Juramento MBA de la MBA Oath, formada por ex alumnos de Harvard. • H ace casi una década, los profesores Jeffrey Pfeffer, de Stanford, y Christina Fong, de la Universidad de Washington, analizaron más de 40 años de datos de escuelas de negocio para evaluar su aporte al éxito ejecutivo. ¿Conclusión? “Si eres suficientemente bueno para ser aceptado, llegarás lejos de todas maneras”, dijo Pfeffer.

• “Yo enseño los puntos básicos de la psicología humana, skills importantes que no suelen recibir suficiente atención de las escuelas de negocios”. Josh Kaufman, autor de The Personal MBA.

2010/12/03

InnovaFlores

“La esencia de la innovación es la poesía”, dice Fernando Flores y vuela de un plumazo las concepciones clásicas o los mantras, como él los califica, que tienen a la innovación convertida en la nueva fórmula mágica para el desarrollo. “La clave para Chile –argumenta- es cómo aumentar la productividad”. Esa es la conversación que quiere abrir desde el Consejo de Innovación y que, por primera vez, anticipa en esta entrevista. 

Por Guillermo Turner; Fotos, Enrique Stindt.


A Fernando Flores no se le entrevista. Al menos no en el estilo tradicional de entrevista. Porque Flores aplica su propio método: uno en el que exige y cuestiona, pero también responde. A su pinta, pero responde. No como estrategia para esquivar preguntas, sino para llevar la conversación más allá de lo simple, de lo obvio, de lo que tantas veces impide ver el fondo en un asunto que le apasiona. Como este: la innovación.

El tema no lo aborda como cualquier hijo de vecino. Desde hace siete meses lidera el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, el organismo encargado de asesorar al presidente de la República “en la identificación y formulación de políticas referidas a la innovación y la competitividad, incluyendo los campos de la ciencia, la formación de recursos humanos y el desarrollo, transferencia y difusión de tecnologías”, como reza la misión de la entidad en su página web. Edgardo Boeninger, Nicolás Eyzaguirre y Eduardo Bitrán le antecedieron en el cargo. Claudia Bobadilla, Alvaro Fischer, Jorge Allende, Pablo Valenzuela y Juan Claro, entre otros (ver recuadro), le acompañan ahora como integrantes del Consejo.

Flores se tomó un buen tiempo antes de contar sus planes para el organismo. Quería escuchar y compartir opiniones. Ahora lo hace a través de Capital, aunque “a título personal” –advierte– para evitar anticiparse a las definiciones de la próxima reunión que la entidad sostendrá el 10 de diciembre.

Flores habla y cita ejemplos. Montones de ejemplos, en especial sobre innovación. Como el caso de Joseph Hubertus Pilates, el alemán que creó a principios del siglo XX el reconocido sistema de entrenamiento físico y mental, que –aunque inspirado en el yoga– terminó por desplazar a la milenaria práctica hindú, con una oferta consistente en calidad de vida y mejor envejecimiento. “Pilates no vende máquinas ni ejercicios, sino la adhesión a un estilo de vida que produce bienestar”, cuenta un también practicante Flores. ¿Y cuál es el mensaje? Pues que el innovador no desarrolla la respuesta a una carencia evidente de las personas. “Crea las formas de vida en que las necesidades aparecen”, corrige el ex senador.

¿Entendió? Capaz que no, o que le resulte una concepción algo distante de las interpretaciones clásicas y es que, precisamente, ahí radica una de las preocupaciones de Flores. Lo resume así: “hay que sacarse de la cabeza la idea de que la innovación es una fórmula del éxito, como esos mantras que aparecen cada cierto tiempo en el mundo del management. En una época, por ejemplo, fue la calidad total. Y claro, en algún momento fue decisiva para los japoneses, pero ciertamente que como mantra no salvó a la industria automotriz americana, porque una vez que se adoptan esas prácticas dejan de ser ventajas competitivas y pasan a ser, simplemente, lo que hay que hacer”.

O sea, el asunto no pasa por aprender e incorporar la innovación como un método infalible, sino en resolver el clásico dilema del desarrollo económico y social: cómo competir, de la manera más eficiente, y generando mejor calidad de vida en un entorno cambiante. Porque, resume Flores, estamos frente a dos problemas: la baja productividad total de factores que ostenta la economía local y el creciente cambio acelerado mundial. “La pregunta para Chile es cómo aumentar la productividad, cómo manejamos la incertidumbre y cómo, a partir de eso, producimos una nueva economía, con trabajo de calidad. Eso supone inventar algo nuevo, y si a eso le llamamos innovación, fantástico”.

Una crítica y un ejemplo permiten a Flores reforzar el punto:

-La crítica: “hay gente que recurre a fórmulas superficiales, como la necesidad de gastar más en ciencia y tecnología. Cierto que es importante invertir en ciencia y tecnología, pero eso por sí mismo no solucionará el problema. Se trata de una inversión que debemos hacer de todas maneras, pero con retornos observables en el muy largo plazo”.

-El ejemplo: “lo que ha hecho buena parte de los países asiáticos. Ellos no inventan la rueda, sino que la reinventan y adaptan a sus carruajes. Así partieron: tomando tecnologías probadas. El otro día veía el caso de exportadores de frutas que están incorporando unos métodos promovidos por México y la OIT para mejorar la calidad de trabajo de los temporeros en la cosecha de caña de azúcar. Aplican calidad total en el campo, más que ciencia. Y Ronald Bown y su gente han hecho un buen trabajo investigando ese tipo de cosas”.

Diez preguntas

-¿Por qué viene cayendo la productividad?

-Por muchas razones. Por lo pronto, no ha habido ninguna preocupación en el último tiempo. La literatura dice que los argumentos de la productividad total de factores tienen que ver, por una parte, con la naturaleza de los procesos y, por el otro lado, con la creación de innovaciones disruptivas.

-¿Y nosotros nos quedamos atrasados en las dos cosas?

-Claro, y no lo hemos sabido enfrentar.

-¿Pero ello es responsabilidad pública y privada?

-Claro. Y no hemos podido salir por la maldición de los países bendecidos con recursos naturales. Me decían el otro día que a ser más importante. También comienza a preocuparse por la huella de carbono. Estas conversaciones hace 10 años no existían. Hablábamos de exportar fruta. Ahora las distinciones son mayores. Así hay que plantear el fenómeno de la productividad: cómo vamos descubriendo esos nichos, a partir de lo que ya somos.

-¿Y qué rol cumple en ese contexto el Consejo de Innovación?

-No, esa es una pregunta distinta. El Consejo de Innovación es un organismo creado por decreto presidencial. No es aún, en ese sentido, un organismo establecido por ley. Desde su creación, ha oscilado entre dos interpretaciones distintas. Primero, que sería un organismo dirigente, que participaría en la asignación de recursos. Se argumentó algo así cuando se iba a enviar a trámite su ley, pero en el proceso el Ejecutivo anterior cambió de opinión y lo convirtió en un organismo asesor presidencial. Es bajo esa interpretación que yo recibí el Consejo, como un foro de orientación y discusión. Ahora, cómo se hace eso y cuál rol asume, es una discusión que estamos teniendo.

-¿Este consejo parte de cero o sirve lo ya elaborado por el organismo?

-He tratado de mantener bastante al personal.

-Pero no me refería a eso.

-Sí, pero el personal es importante. En la labor intelectual todo lo que tienes es personal. No es la librería. Lo otro son tres tomos…

-A eso quería llegar.

-Lo que quiero decir es que respeto parte de lo que se ha hecho. Por ejemplo, el diagnóstico sobre la productividad total de factores es una contribución, porque además sus dos presidentes anteriores eran economistas. Y que los economistas hayan descubierto eso tiene un valor grande, porque los que venimos del lado del management y la gestión hace rato que lo sabemos. Pero una cosa muy distinta es saber qué hacer con todo eso y yo te voy a decir las carencias que veo.

-¿Hasta qué punto es el Estado el que define los caminos a seguir en innovación?

-Creo que estás equivocado en la pregunta y en una serie de premisas que están detrás de la pregunta.

-Pero cuando se plantea, como se hizo, una política nacional de innovación…

-Pero es que todo eso es la mirada antigua de ver las cosas.

-Por eso quiero saber si se parte de allí.

Cuatro innovaciones

En 1997 –junto a los profesores Charles Spinosa y Hubert Dreyfus– Fernando Flores publicó un libro titulado Disclosing new worlds. En términos simples, destacaba las habilidades especiales que subsisten en el fondo de la acción emprendedora y que permiten a su ejecutor “hacer historia”; vale decir, cambiar el modo en que nos entendemos y nuestro vínculo con las cosas. Para ello, argumentaba, se requieren al menos tres destrezas: intuir una anomalía presente en la actividad diaria, modificar esa situación y construir a partir de esa nueva creación.

¿Quiere un ejemplo? Por casi seis años estuvo Fernando Fischmann –otro integrante del Consejo– probando fórmulas para conseguir aguas cristalinas en la enorme piscina que quería levantar para atraer la atención hacia su proyecto inmobiliario San Alfonso del Mar. Hoy vende su tecnología por el mundo y no será raro en el futuro visitar balnearios en medio de zonas desérticas. En términos florianos, este empresario no respondió a una insatisfacción de la gente, sino que planteó una anomalía. “Normalmente, la anomalía no proviene de una genial idea en la cabeza, sino de una persona que se aferra en un frente y es capaz de resistir hasta que logra resolver un problema que él mismo inventa”, sintetiza Flores.

Surge, entonces, la distinción entre innovador y emprendedor. “El innovador es capaz de ver una anomalía y encontrar una manera de darle salida con una cierta tecnología, software, procedimiento o servicio. Pero el emprendedor es capaz de transformar eso en una práctica de forma de vida que contagia a los demás. A veces es la misma persona y otras, no lo es. Conocí al señor que inventó el mouse y no hizo un peso con ello. Pero esa innovación la tomó Xerox y la explotó Apple”.

Innovar y emprender, dos cualidades distintas que se requieren para transcurrir hacia la nueva economía. Rápido y con apetito, porque –como dice Flores– “esa es la diferencia entre ser chileno y ser de California. El innovador de California ve los 50 millones de dólares de valorización de su proyecto de inmediato y no tiene miedo en crear una coalición para defender esos 50 millones, aunque tenga que ceder un porcentaje para validarlo”. El chileno, en cambio, ni siquiera se atreve a contar su idea, porque cree que se la van a robar.

Aquí viene, entonces, la definición clave para entender el objetivo que plantea Flores: “si nosotros logramos tener cuatro de estas innovaciones, Chile es otro país”. ¿Qué tipo de innovaciones? “Disruptivas, completamente originales, con un poquito de ciencia, pero con firmes conceptos económicos, comerciales y proyecciones mundiales”, responde.

Por eso, una de las actividades que desarrolla por estos días es el estudio de casos de emprendimiento e innovación en Chile, “ver cuáles son sus recursos humanos, los profesores que están detrás y cómo los podemos potenciar a otro nivel. A veces, basta conversar con ellos o presentarles gente. En el rol que yo tengo, a todo chileno que valga la pena ayudar –si me parece una persona capaz e idónea– lo voy a ayudar, porque al final estoy ayudando al país y me importa un comino si termina inmensamente rico, no me da envidia”, señala.

Dos preguntas y dos ejemplos

-Hay quienes dicen que el innovador no debería esperar nada del Estado.

-A eso le tengo tanto respeto como los que dicen que no les gusta la política. No les gusta la política, ¿pero les gusta la Constitución? ¿Les gustan las leyes? Entonces, no hablemos leseras.

-Pero queda la duda de qué rol debe cumplir el Estado.

-Esas son opiniones de personas que no piensan. El Estado siempre tiene un rol y, más que nunca, en ciencia y tecnología. Porque la ciencia básica jamás la debiera financiar el sector privado. Primero, sin ciencia básica no hay ninguna posibilidad de tener ciencia aplicada y, por lo tanto, no hay ninguna posibilidad de tener industrias nuevas. Y segunda cosa, sin ciencia básica no puedes tener antenas del futuro. El Consejo está para poner a trabajar juntas a personas muy distintas. Y eso ha servido. El poner a personas como Jorge Allende (bioquímico, doctor en Bioquímica y premio nacional de Ciencias Naturales), que le preocupa la investigación científica. A Pablo Valenzuela (bioquímico, doctor del Department of Chemistry de la Northwestern University, premio nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas), que le interesa la investigación aplicada de alto vuelo. O Claudia Bobadilla (abogada, directora de País Digital), que le interesan las relaciones. Esa mezcla es súper interesante y mi labor es ser un director de orquesta.

“Tres de los mejores ingenieros de Chile están en el Consejo”, concluye Flores y –acto seguido– aprovecha esa frase para meterse por un instante entre las patas del caballo: “una de las cosas que hay que arreglar en Chile es la ingeniería, porque no producimos ingenieros, sino administradores. Cómo vamos a tener nuevas industrias si no producimos ingenieros que creen nuevas industrias. Necesitamos ingenieros duros que inventen negocios, y esos no se dan en las escuelas de negocios; se dan en las escuelas de ingeniería que están vinculadas a escuelas de ciencias”, afirma.

En todo caso, la mirada no es del todo pesimista. Por el contrario. “Yo veo crecientemente una preocupación por inventar algo nuevo y es bueno que exista continuidad entre los gobiernos respecto a esta preocupación por la innovación entendida en los términos que dije. Lo nuevo vendrá de muchas fuentes. Tiende a venir de la ciencia y de la tecnología, pero también vendrá de la adaptación de otras tecnologías y de participar en conversaciones nuevas”, dice Flores.

Saca a colación un primer ejemplo: el de una empresa creada en torno a Pablo Valenzuela e iniciativas como la Fundación Ciencia para la Vida (que es, además, un instituto Milenio). Llevan a cabo en nuestro país parte de los desarrollos para un laboratorio norteamericano. Y eso supone que hay chilenos trabajando en eso. “Eso antes era imposible. Serán 20 personas, pero en una empresa que vale millones, que ha sabido a trabajar y relacionarse de otra manera, formar parte de una red con empresas en varios países, etc. Eso se debe a que tenemos a investigadores como Sebastián Bernales (miembro junior de Ciencia para la Vida y Milenio). Si tuviera diez Sebastián Bernales estoy seguro que en 5 años tengo 3 mil trabajadores de este tipo. Eso para mí es desarrollo”.

Generar relaciones a este nivel supone capacitar a más profesionales en el exterior e importar conocimiento. “Y tras la crisis mundial Estados Unidos está muy abierto a bajar sus costos y a reconocer gente”, añade.

Segundo ejemplo: la astronomía. “Por un lado, uno piensa: qué cuestión más inútil que la astronomía. La estrella más cercana de la vía láctea está a 85 mil años de viaje si fuéramos en el cohete más rápido que existe en el mundo, de 15 km por segundo. Pero, por otro lado, para trabajar en esta área se necesitan instrumentos de alto nivel. Dos mil o 3 mil millones de dólares en máquinas para Paranal, que demoran 10 años en ser diseñadas, 10 en construirlas y otros 6 o 7 en dejarlas a punto. La pregunta es: Chile se va dedicar a tener sólo los observatorios en su terreno o lo usará como una manera de meterse al club de la fabricación de computación de alto nivel, robótica, etc.”

Prosigue: “para eso necesitamos que no nos dediquemos sólo al negocio de la astronomía, sino al de instrumentación en torno a la astronomía. El observatorio ALMA tendrá 65 antenas únicas en el mundo. Para que eso funcione se requiere computación de alto nivel, a 5 mil metros de altura. Necesitamos una capacidad emprendedora que, probablemente, va más allá del astrónomo normal. Y también el Estado puede jugar un rol, porque se requieren convenios para acceder a esas tecnologías”.

Y culmina: “ahora que estamos preparándonos para la construcción del nuevo observatorio de la ESO, es el momento de entrar a ese club. Ahora se empiezan a fabricar los instrumentos. Y ahí vienen posibilidades de relaciones exteriores. ¿Por qué no lo hacemos con Brasil o México? Así empieza a plantearse el tema de otra manera. De nuevo, ahí juega un rol el Estado, el capital semilla”.

Innovación y poesía

-¿Se corre el riesgo de caer en política industrial o da lo mismo?

-No. Esas son discusiones antiguas, pasadas de moda. InnovaChile y todos ellos están haciendo su pega. Pero, por otro lado, mi impresión es que en ciertas áreas hay que definir vías. El Estado no hace las cosas sino que ve dónde puede generar una diferencia, además de crear algunas políticas de educación diferentes. De hecho, tenemos por primera vez en la historia del Consejo una subcomisión que se llama Cultura, educación y emprendimiento. Hay ahí una labor grande sobre qué y cómo hacerlo. Pero no es fácil encontrar todos los caminos distintos. Porque en algunos casos se pueden hacer recomendaciones, que es lo más fácil. En otras, tienes que catalizar recursos a pequeños proyectos de personas que están haciendo cosas interesantes y ayudar a conectarlos. En otras ocasiones, tienes que hacer lobby como Estado en conversaciones con otros estados u organizaciones. En otras, tienes que tener un plan de becas adecuado a los doctores y post doctorales. En otras, iniciativas con Educación. Yo tengo un principio básico: people makes the difference. Por eso resultan peligrosos los programas muy generales que no se basen en la calidad de ciertas personas que hoy tienen la reputación, el talento y las redes.

-Como máximo ejemplo de innovación disruptiva en Chile suele mencionarse a los salmones.

-Claro, pero responde a otra época. Porque era disruptivo en aquella época. Pero tengamos en cuenta que hay mucha innovación buena que no es disruptiva. Por eso, insisto, lo que debe preocuparnos es la productividad. Lo que yo llamo la rueda. Dónde están las ruedas que ya están listas y que podemos traer sin necesidad de volver a inventarla. Porque inventar la rueda es bien difícil. Usar la rueda no es nada de difícil.

-Los chinos compran tecnología y luego fabrican. Pero eso lo pueden hacer los chinos.

-Sí y no. Depende del área. Porque somos grandes en el cobre, somos grandes en la astronomía. Tenemos áreas donde podemos darnos ciertos lujos, si es que somos capaces de unirnos. Porque si las cinco escuelas de Astronomía del país andan por su cuenta haciendo cada una su laboratorio de ingeniería aeronáutica, vamos a terminar mal. Lo mejor es que creemos uno o dos centros nacionales buenos. En eso noto que hay progreso. Antes yo veía que todos estos centros peleaban entre ellos; ahora presentan proyectos en común.

Los chinos están todavía lejos de producir una compañía como Apple. Porque esta es la parte curiosa de la historia. Lo que produce valor va cambiando. Hace pocos años hablábamos de lo increíble del Kindle y hoy es casi un commodity. Ya el próximo gobierno, si es que no lo hace este, debiera comprar Kindles y entregar la biblioteca completa a todos los estudiantes. ¿Y las librerías? Pues tendrán que buscarse otro negocio para generar valor.

Vendrá una nueva época, con nuevos productos, y esos pueden salir de cualquier parte del mundo. Por ejemplo, es evidente que, gracias a la informática, el gran cuello de botella es el tiempo de lectura. Ya no se puede leer un libro. Yo ando con 1.600 libros en el Kindle, pero no leo libros como la mayoría de la gente. Los libros son objetos que yo navego, tal como en Internet, en función de lo que estoy pensando. Si leo un libro y no me produjo ninguna acción, quiere decir que no me produjo ningún valor. No todos los libros se leen para producir valor todos los días, pero uno va acumulando.

-Mencionaba los mantras. Uno que se suele repetir es que el futuro de Chile está en la exportación de servicios.

-Hay un área posible, pero depende de a qué llamamos servicios. Si vamos a considerar cobrar la luz y el agua en Estados Unidos, eso los indios ya lo están haciendo y mejor que nosotros.

-¿Cuál es, entonces, nuestra opción?

-Hay que tener cuidado con eso. Al final, la esencia de la innovación es la poesía. Crear un acto poético de un mundo que aparece de la atracción del cuento. Neruda tras su muerte ha producido una película como Il postino, gracias a Skármeta también, pero fue su vida la que lo hizo posible. Así, la economía que está surgiendo, más que de servicios, es de experiencias y de bienestar profundo.

-Y desde ese punto de vista, ¿hay una fórmula chilena que sea atractiva?

-La pregunta es mala porque supone algún tipo de proceso. Si nosotros producimos más Pablo Valenzuela, Nicanor Parra, Sebastián Bernales, cada uno potenciará nuevas producciones y crecientemente será posible estar en el mundo y vivir en Chile. Por lo tanto, un tipo a lo mejor vive acá, pero sus clientes están en otro lado. Nosotros, los australianos, los neozelandeses y los sudafricanos tenemos el problema de estar lejos de los mercados mundiales, pero también una ventaja: estamos lejos de los mayores problemas geopolíticos. Si somos capaces de tomar esa ventaja… Podemos jugar el rol de los suecos, los suizos, o equivalentes. Naciones relativamente pequeñas, pero con alta calidad de vida y alta calidad de educación.

Cuestión de medidas

No podemos esperar que la inversión en ciencia básica la financie el sector privado, sostiene Flores. Los problemas de valorización y plazos involucrados afectan, naturalmente, al apetito inversor. Pero eso no significa que, en líneas más generales, el Consejo no deba trabajar en convertir la inversión en innovación en una cuestión de alta prioridad. “Cómo lo haremos, pregúntame en unos meses más, cuando pueda contar iniciativas en las que estamos trabajando”, dice el ex senador.

No obstante, vuelve a colocar el punto sobre la medición. “Estoy seguro de que existe un enorme know how en torno a la gran minería que es exportable y que no lo hemos manejado porque no tenemos esa idea. Porque el valor del cobre lo medimos en toneladas producidas y exportadas. Nadie mide el know how producido y exportado”, explica.

-Medimos la inversión en I+D y en ese cálculo salimos mal parados.

-Pero tal vez es una indicación de la dejación. Los gobiernos de la Concertación en ese sentido tienen un pecado: hablaron mucho de esto, aumentaron el financiamiento de Ciencia y Tecnología (que se duplicó entre 2005 y 2010), pero hicieron muy poco. No ha existido realmente una voluntad. Esto debe cambiar y yo pienso jugar el rol de ser de las personas que agite esto. No me veo como una persona fiel a un programa, sino a una idea de Chile. No se trata de entregar un cheque más grande. Antes hay que Los chinos están todavía lejos de producir una compañía como Apple. Porque esta es la parte curiosa de la historia. Lo que produce valor va cambiando. Hace pocos años hablábamos de lo increíble del Kindle y hoy es casi un commodity. Ya el próximo gobierno, si es que no lo hace este, debiera comprar Kindles y entregar la biblioteca completa a todos los estudiantes. ¿Y las librerías? Pues tendrán que buscarse otro negocio para generar valor.

Vendrá una nueva época, con nuevos productos, y esos pueden salir de cualquier parte del mundo. Por ejemplo, es evidente que, gracias a la informática, el gran cuello de botella es el tiempo de lectura. Ya no se puede leer un libro. Yo ando con 1.600 libros en el Kindle, pero no leo libros como la mayoría de la gente. Los libros son objetos que yo navego, tal como en Internet, en función de lo que estoy pensando. Si leo un libro y no me produjo ninguna acción, quiere decir que no me produjo ningún valor. No todos los libros se leen para producir valor todos los días, pero uno va acumulando.

-Mencionaba los mantras. Uno que se suele repetir es que el futuro de Chile está en la exportación de servicios.

-Hay un área posible, pero depende de a qué llamamos servicios. Si vamos a considerar cobrar la luz y el agua en Estados Unidos, eso los indios ya lo están haciendo y mejor que nosotros.

-¿Cuál es, entonces, nuestra opción?

-Hay que tener cuidado con eso. Al final, la esencia de la innovación es la poesía. Crear un acto poético de un mundo que aparece de la atracción del cuento. Neruda tras su muerte ha producido una película como Il postino, gracias a Skármeta también, pero fue su vida la que lo hizo posible. Así, la economía que está surgiendo, más que de servicios, es de experiencias y de bienestar profundo.

-Y desde ese punto de vista, ¿hay una fórmula chilena que sea atractiva?

-La pregunta es mala porque supone algún tipo de proceso. Si nosotros producimos más Pablo Valenzuela, Nicanor Parra, Sebastián Bernales, cada uno potenciará nuevas producciones y crecientemente será posible estar en el mundo y vivir en Chile. Por lo tanto, un tipo a lo mejor vive acá, pero sus clientes están en otro lado. Nosotros, los australianos, los neozelandeses y los sudafricanos tenemos el problema de estar lejos de los mercados mundiales, pero también una ventaja: estamos lejos de los mayores problemas geopolíticos. Si somos capaces de tomar esa ventaja… Podemos jugar el rol de los suecos, los suizos, o equivalentes. Naciones relativamente pequeñas, pero con alta calidad de vida y alta calidad de educación.

Cuestión de medidas

No podemos esperar que la inversión en ciencia básica la financie el sector privado, sostiene Flores. Los problemas de valorización y plazos involucrados afectan, naturalmente, al apetito inversor. Pero eso no significa que, en líneas más generales, el Consejo no deba trabajar en convertir la inversión en innovación en una cuestión de alta prioridad. “Cómo lo haremos, pregúntame en unos meses más, cuando pueda contar iniciativas en las que estamos trabajando”, dice el ex senador.

No obstante, vuelve a colocar el punto sobre la medición. “Estoy seguro de que existe un enorme know how en torno a la gran minería que es exportable y que no lo hemos manejado porque no tenemos esa idea. Porque el valor del cobre lo medimos en toneladas producidas y exportadas. Nadie mide el know how producido y exportado”, explica.

-Medimos la inversión en I+D y en ese cálculo salimos mal parados.

-Pero tal vez es una indicación de la dejación. Los gobiernos de la Concertación en ese sentido tienen un pecado: hablaron mucho de esto, aumentaron el financiamiento de Ciencia y Tecnología (que se duplicó entre 2005 y 2010), pero hicieron muy poco. No ha existido realmente una voluntad. Esto debe cambiar y yo pienso jugar el rol de ser de las personas que agite esto. No me veo como una persona fiel a un programa, sino a una idea de Chile. No se trata de entregar un cheque más grande. Antes hay que Los chinos están todavía lejos de producir una compañía como Apple. Porque esta es la parte curiosa de la historia. Lo que produce valor va cambiando. Hace pocos años hablábamos de lo increíble del Kindle y hoy es casi un commodity. Ya el próximo gobierno, si es que no lo hace este, debiera comprar Kindles y entregar la biblioteca completa a todos los estudiantes. ¿Y las librerías? Pues tendrán que buscarse otro negocio para generar valor.

Vendrá una nueva época, con nuevos productos, y esos pueden salir de cualquier parte del mundo. Por ejemplo, es evidente que, gracias a la informática, el gran cuello de botella es el tiempo de lectura. Ya no se puede leer un libro. Yo ando con 1.600 libros en el Kindle, pero no leo libros como la mayoría de la gente. Los libros son objetos que yo navego, tal como en Internet, en función de lo que estoy pensando. Si leo un libro y no me produjo ninguna acción, quiere decir que no me produjo ningún valor. No todos los libros se leen para producir valor todos los días, pero uno va acumulando.

-Mencionaba los mantras. Uno que se suele repetir es que el futuro de Chile está en la exportación de servicios.

-Hay un área posible, pero depende de a qué llamamos servicios. Si vamos a considerar cobrar la luz y el agua en Estados Unidos, eso los indios ya lo están haciendo y mejor que nosotros.

-¿Cuál es, entonces, nuestra opción?

-Hay que tener cuidado con eso. Al final, la esencia de la innovación es la poesía. Crear un acto poético de un mundo que aparece de la atracción del cuento. Neruda tras su muerte ha producido una película como Il postino, gracias a Skármeta también, pero fue su vida la que lo hizo posible. Así, la economía que está surgiendo, más que de servicios, es de experiencias y de bienestar profundo.

-Y desde ese punto de vista, ¿hay una fórmula chilena que sea atractiva?

-La pregunta es mala porque supone algún tipo de proceso. Si nosotros producimos más Pablo Valenzuela, Nicanor Parra, Sebastián Bernales, cada uno potenciará nuevas producciones y crecientemente será posible estar en el mundo y vivir en Chile. Por lo tanto, un tipo a lo mejor vive acá, pero sus clientes están en otro lado. Nosotros, los australianos, los neozelandeses y los sudafricanos tenemos el problema de estar lejos de los mercados mundiales, pero también una ventaja: estamos lejos de los mayores problemas geopolíticos. Si somos capaces de tomar esa ventaja… Podemos jugar el rol de los suecos, los suizos, o equivalentes. Naciones relativamente pequeñas, pero con alta calidad de vida y alta calidad de educación.

Cuestión de medidas

No podemos esperar que la inversión en ciencia básica la financie el sector privado, sostiene Flores. Los problemas de valorización y plazos involucrados afectan, naturalmente, al apetito inversor. Pero eso no significa que, en líneas más generales, el Consejo no deba trabajar en convertir la inversión en innovación en una cuestión de alta prioridad. “Cómo lo haremos, pregúntame en unos meses más, cuando pueda contar iniciativas en las que estamos trabajando”, dice el ex senador.

No obstante, vuelve a colocar el punto sobre la medición. “Estoy seguro de que existe un enorme know how en torno a la gran minería que es exportable y que no lo hemos manejado porque no tenemos esa idea. Porque el valor del cobre lo medimos en toneladas producidas y exportadas. Nadie mide el know how producido y exportado”, explica.

-Medimos la inversión en I+D y en ese cálculo salimos mal parados.

-Pero tal vez es una indicación de la dejación. Los gobiernos de la Concertación en ese sentido tienen un pecado: hablaron mucho de esto, aumentaron el financiamiento de Ciencia y Tecnología (que se duplicó entre 2005 y 2010), pero hicieron muy poco. No ha existido realmente una voluntad. Esto debe cambiar y yo pienso jugar el rol de ser de las personas que agite esto. No me veo como una persona fiel a un programa, sino a una idea de Chile. No se trata de entregar un cheque más grande. Antes hay que crear núcleos, laboratorios, traer gente de afuera, etc.

-¿Estamos hablando de las platas para las cuales, se supone, se creó el royalty minero?

-Claro. Y el único uso de platas con sentido fue el programa de becas, que se hizo un poco a la tendalada, pero que igual celebro, porque la cantidad de estudiantes chilenos que se ve afuera es inédita.

-¿Por qué hay productos que fracasan a pesar de responder, al menos en apariencia, a necesidades evidentes? -Estás equivocado. -Pero no todo lo que parece necesidad lo es en realidad.

-Por supuesto. Esa es la gracia del emprendedor, que es capaz de transformarla en eso o dejarla. Por eso soy enemigo de la innovación por la innovación. Otra cosa importante es que debe desplazar con lo nuevo a algo existente. Tiene que armar una acumulación de fuerzas de lo nuevo versus lo anterior.

-¿Es importante estar en Silicon Valley?

-Es importante saber lo que ahí pasa, porque se trata de uno de los centros de financiamiento de nueva innovación en ciertos rubros: informática, biotecnología y medio ambiente. Pero también hay un ambiente y un espíritu que se puede aprender ahí y que es importante.

-Si estuviéramos en un maratón de 42 km, ¿en qué kilómetro vamos?

-Como en el 8 o en el 10.

-Igual se requiere cierta condición física para estar ahí.

-Como decía, noto cierta preocupación por el tema. El otro día estuve en un encuentro que organizaba Sofofa con gente de ciencias. Aprendí mucho. Había ocho casos interesantes, de los cuales a cinco quiero darles una vuelta más profunda. Pude ver gente que no conocía. Pero lo que más me gustó es que la Sofofa estuviera organizando esto. Eso indica que hay una recepción positiva. Hay un cambio en el background. La gente se da cuenta de que no se puede andar más a la chilena y puro cortando costos.

-También es parámetro la escasez de solicitud de patentes.

-Esos son síntomas. Es como decir que el enfermo tiene problemas con la temperatura. Esa no es la enfermedad. Las patentes en sí no valen nada si no hay alguien que esté liderando el emprendimiento de crear un mercado en torno a ellas. Obviamente, ya en el marco de una estrategia competitiva, son un mecanismo de defensa.

El team de la innovación
Además de Fernando Flores, que ejerce la presidencia, el Consejo Nacional de Innovación está integrado por:

• Claudia Bobadilla Ferrer Abogada, directora de la Fundación País Digital.

• Alvaro Fischer Abeliuk Ingeniero matemático y empresario. Miembro del New York Academy of Science, del Human Behavior and Evolution Society.

• Fernando Lefort Gorchs Ingeniero comercial, master y doctor en Economía de Harvard. Decano de la facultad de Economía de la UDP.

• Andrés Weintraub Pohorille Ingeniero eléctrico, doctor en Ingeniería Industrial. Académico e investigador de la U. de Chile. Premio nacional de Ciencias Aplicadas 2000.

• Juan Asenjo de Leuze Ingeniero civil químico. PhD Degree University College London. Presidente de la Academia Chilena de Ciencias.

• Pablo Valenzuela Valdés Bioquímico, doctor del Department of Chemistry de la Northwestern University. Premio nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas 2002.

• Pilar Romaguera Gracia Doctora en Economía. Académica de la U. de Chile. Ex subsecretaria de Educación.

• Cristóbal Philippi Irarrázabal Ingeniero comercial. Secretario general de la Sofofa.

• José Miguel Benavente Ingeniero civil industrial. Magíster en Economía, Universidad de Chile. Master of Science in Economics, Universidad de Oxford. Doctor en Economía (PhD), Universidad de Oxford. Académico de la U. de Chile y director de Intelis.

• Fernando Fischmann Bioquímico. Fundador y chairman de Crystal Lagoons Corp.

• Juan Carlos de la Llera Martín Ingeniero civil. Master of Science, University of California, Berkeley, doctor of Philosophy, University of California, Berkeley. Decano facultad de Ingeniería PUC.

• Francisco Mac-kay Imboden Ingeniero naval electrónico y Master of Science in Nuclear Science & Engineering del MIT.

• Alfonso Gómez Morales Ingeniero civil. Egresado de Arquitectura. Doctor en Filosofía, Royal College of Art, Londres. Master of Design, Royal College of Art, Londres. Decano de la escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez.

• Juan Claro González Empresario y director de empresas, ex presidente de la CPC.

• Jorge Allende Rivera Bioquímico, doctor en Bioquímica y premio nacional de Ciencias Naturales.

• Manuel Krauskopf Roger Bioquímico y doctor en Ciencias. Ex rector de la U. Andrés Bello e investigador del Instituto Milenio de Biología Fundamental y Aplicada.

• Marcelo Von Chrismar Ingeniero civil y doctor en Ingeniería Industrial. Ex director ejecutivo de la Fundación Duoc y rector de DuocUC.

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