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2012/01/27

Fórmula Luksic

“En Chile no se valora lo que realmente somos los empresarios: el motor del país. Somos los que generamos empresas, los que generamos empleos, los que generamos riquezas, los que pagamos impuestos”.

“Más que populismo, lo que yo sí noto es que se ha perdido la idea de que las leyes tienen que ser cumplidas, en este país... Esperaría una mano más firme de la autoridad”.

“No es razonable que frente al disentimiento exista una reacción tan radical… En un país donde nos gusta el orden y que no nos destruyan los edificios ni las calles, hemos llegado a un punto en que eso tiene que parar”.

“Europa tenía que terminar así no más... Ha sido una farra fantástica”.

¿Reforma tributaria? “Los impuestos deben ser bajos”.


Guillermo Luksic está cansando, pero de muy buen humor. La razón es obvia: acaban de llegar sus dos hijas menores, con quienes saldrá a comer, y se ve feliz. Es un papá cariñoso. Saluda con un gran beso a las dos niñas, y las abraza tiernamente. No es la imagen habitual de uno de los empresarios más poderosos del país.

Luksic me recibe en un despacho de su oficina, en El Golf, que intimida un poco. Para llegar hasta el piso 16, hay que pasar un estricto control de seguridad y varias puertas y pasillos. En la sala donde lo espero hay un cuadro de Calder en una pared, y sobre una repisa varios trofeos de competencias de yates. La vista de Santiago parece la de una ciudad moderna, llena de rascacielos.

Antes de recibirme, lo escucho y lo veo conversando muy serio con un ejecutivo. Por el tono de voz, parece que no son buenas noticias. Al entrar a la sala, sin embargo, cambia de semblante y se ve muy relajado. Al saludarlo, lo primero que me dice es: “¿me vas a empezar a tratar de usted? No, cómo se te ocurre. Tutéame”.

Debido a que escribo sobre vinos, me ha tocado estar varias veces con Guillermo Luksic, uno de los pocos dueños de viñas que saben de vinos, y muestra una amplia cultura sobre el tema. Se nota que ha probado mucho. He viajado un par de veces con él, a bordo de algunos de sus aviones, para visitar Tabalí, la viña que posee en Ovalle y en esos ambientes se desarrolla un trato mucho más informal que en el de los negocios.

Luksic, de hecho, luce una barba de varios días, porque hace poco llegó de un viaje a Europa que duró más de un mes. “¿No te cansas de viajar?”, le pregunto. “No, gracias a eso”, dice, apuntando a un modelo en miniatura que tiene en su oficina de un jet de última generación. El avión real le permite viajar sin escalas a París en nueve horas, la mitad de las cuales él mismo pilotea la nave. “Volar un avión de esas características es alucinante, me siento increíble”, reconoce sobre una de sus aficiones favoritas. “Supongo que vuelas mejor que Piñera”, bromeo. “Obvio”, aclaran sus hijas, entre risas.

“Un país inteligente admira a su clase empresarial y percibo que estamos perdiendo eso...Desmotiva ver que la imagen del empresariado empieza a ser golpeada”.


La idea de esta entrevista era hablar del gran año de San Pedro, empresa que preside y que acaba de ser premiada como Mejor Viña del Nuevo Mundo 2011 por la revista Wine Enthusiast, una de las más influyentes de EEUU. Es un premio importante que se entrega en una gala en Nueva York –que algunos califican como los Oscar del mundo vinícola– a la que el propio Luksic asistirá.

Queríamos hablar de vinos con el empresario, para conocer su acercamiento personal al tema, pero inevitablemente –y forzado por la insistencia de este periodista– terminamos comentando el ambiente que se respira en Chile, donde escándalos como el de La Polar han provocado un malestar en la opinión pública hacia el sector empresarial, mientras conflictos como el estudiantil o las marchas contra HidroAysén y Barrancones han puesto en duda un modelo que hasta hace poco parecía intocable.

-¿Cómo ves el ambiente en Chile para los negocios? Se ha instalado un discurso anti empresarial… ¿Hay un retroceso?
-Desde luego. No tengo dudas de que los empresarios somos el motor de desarrollo del país, como lo son en todas partes. Cualquier otro modelo, está claro ya en el mundo, por experiencias vividas, no funciona. De modo que cuando uno empieza a percibir que la imagen del empresariado comienza a ser golpeada, obviamente que genera una preocupación muy importante; desmotiva, genera asperezas, genera situaciones que nadie quiere. Y finalmente queda el sentimiento de que con todo lo que uno trabaja y todo lo que uno se esfuerza, eso no es reconocido… No se valora lo que realmente somos: el motor del país. Somos los que generamos empresas, los que generamos inversiones, los que generamos empleos, los que generamos riquezas, los que pagamos impuestos. Lejos de ser vistos de la manera negativa en que lamentablemente empiezo a ver que se nos está percibiendo en Chile, debiéramos ser percibidos como lo que somos: gente de trabajo, gente de esfuerzo. Y no me refiero solamente a los grandes empresarios, me refiero a todos, a los pequeños, a los medianos, a las pymes, a los grandes, a todos. Un país inteligente admira a su clase empresarial, y percibo que estamos perdiendo eso.

-Tú viajas mucho y ahora estuviste largo tiempo en Europa. Cuando vuelves a Chile, ¿te sorprende este ambiente enrarecido?
-Me sorprende mucho. En todos los países del mundo los empresarios son percibidos como generadores de valor, como generadores de empleo, y desde esa perspectiva son tratados y son percibidos. Pero, bueno, espero que este ambiente negativo en Chile cambie, que la fuerza de los hechos y los acontecimientos logren hacer entender finalmente a las personas más críticas que los empresarios son necesarios y que hacemos un tremendo bien.

-¿Crees que hay una tendencia al populismo y que ha faltado en el gobierno una defensa más firme del emprendimiento?
-Más que populismo, lo que yo sí noto es que se ha perdido la idea de que las leyes tienen que ser cumplidas, en este país… Nadie en su sano juicio puede pensar que estos fenómenos de disconformidad que estamos empezando a ver –que están muy bien, porque uno puede estar disconforme con algo o tener un planteamiento distinto–, la manera en que se están produciendo, con desorden, violencia y tomas de instituciones tan increíbles como la Universidad de Chile, me parece que es una barbaridad. Es una pérdida de tiempo, me parece que es el camino equivocado y, en ese sentido, yo esperaría que hubiera una mano más firme de la autoridad.

-Da la impresión de que los políticos se aprovechan de casos como el de La Polar para sacar ventaja y quedar ante la opinión pública como defensores de los consumidores. Y se instalan discusiones como la educación gratis para todos o el aumento de los impuestos, sin tener claridad sobre en qué se van a usar. ¿Te preocupa el futuro de Chile?
-(8 segundos en silencio) Me preocupa, sí. Me preocupan algunas señales que se están viendo, me produce un grado de preocupación importante, no menor, observar estos sucesos.

-Varios empresarios han hecho notar, a propósito de la eventual reforma tributaria, que esto sería un cambio en las reglas del juego. ¿Qué pasa cuando eso ocurre? ¿Ya no se pueden hacer proyectos a largo plazo?
-Claro, el ideal es que el medio ambiente en que uno desarrolla los negocios, en que los empresarios hacemos negocios, sea un ambiente que no cambie, con las reglas claras y no cambiándolas a cada rato. Y menos, cambiándolas para peor y no para mejor. Y no voy a decir nada más.


Tanta fiesta pasó la cuenta

-¿Cómo has visto el tema de la crisis en Europa, que preocupa tanto a Chile?
-Súper complejo, lo veo muy complicado. Efectivamente me ha tocado estar mucho en Europa en los últimos meses y he ido viendo cómo la situación se deteriora más y más. Cuando partimos, eran uno o dos países con problemas y ya vamos en cinco países que están con problemas financieros tremendos. Yo creo que se podía haber anticipado; era como la crónica de una muerte anunciada, porque, con todo respeto y no pretendiendo opinar sobre la política interna de los demás países, era relativamente fácil concluir dónde iba a terminar esto. Con tanto welfare, con tanto…

-¿Estado de bienestar?
-Con tanto Estado de bienestar en el sentido de las subvenciones, de cada vez menos horas trabajadas y el endeudamiento de los países cada vez mayor… Tenía que terminar así, no más. Los países hiperendeudados, la gente hiperendeudada, terminan así. Ha sido una farra fantástica y ahora la solución es muy difícil de implementar porque significa la apretada del cinturón general, y eso es algo que a los europeos les es muy difícil aceptar, debido a la cultura política que tienen. Por consiguiente, hay inquietud social. Y cuando eso ocurre, a los gobiernos les es muy difícil establecer normas nuevas que puedan sacar a los países del embrollo en que están.

-¿Crees que en Chile está pasando un poco eso, que se está perdiendo el valor del trabajo? Por ejemplo, en educación se discute la gratuidad, pero no se pone suficiente acento en que hay que estudiar, primero, y esforzarse. ¿Se está instalando una cultura perniciosa en Chile?
-En una democracia y en un país civilizado, disentir es legítimo. Lo que no me parece razonable es que frente al disentimiento exista una reacción tan fuera de lugar, tan radical… En un país donde nos gusta el orden, nos gusta la buena convivencia, nos gusta que no nos destruyan los edificios ni las calles, ni los semáforos, ni los bancos de las plazas, yo creo que hemos llegado a un punto en que eso tiene que parar.

-¿Cómo ves el próximo año? Muchos piensan que el verano será sólo una tregua.
-Soy un optimista por naturaleza y pienso que en aquellas cosas en que el gobierno no ha sido todo lo acertado que yo hubiera querido o hubiese esperado, ojalá enmiende rumbos y vayamos hacia una cosa que asegure una mejor y buena convivencia. Y en el ámbito de los negocios, naturalmente también pienso que el gobierno ha tenido aciertos y errores, como todos. Lo importante es que los errores, cuando uno se da cuenta, hay que corregirlos y hay que corregirlos rápido y ojalá tratar de tener más aciertos que errores. A partir de esa realidad, los empresarios chilenos y los extranjeros se sienten con confianza para invertir, para desarrollar proyectos, para dar empleos y generar riquezas para el país.

-¿Pero un alza de los impuestos la ves como algo necesariamente negativo?
-Yo soy de la opinión de que los impuestos deben ser bajos.

-¿Y ahora están altos o bajos?
-Yo creo que teníamos un régimen tributario muy bueno, que dio prueba de ser muy bueno y, por alguna razón, hay gente que disiente de eso y está pensando en cambiarlo.

-Hubo una razón para subir impuestos que fue el terremoto, pero se dijo que iba a ser algo transitorio. Sin embargo, ahora se acepta que va a quedar así.
-Eso no me parece adecuado.

Su ruta del vino: genética, recuerdos y... negocios

La historia reciente de Viña San Pedro es digna de estudio. Fue tradicionalmente una de las marcas más masivas del país –con sus populares Gato Blanco y Gato Negro–, pero quedó rezagada del impulso modernizador que vivió la industria a fines de los 80. Adquirida por CCU, el grupo que hasta entonces elaboraba bebidas y cervezas, tuvo un largo proceso de aprendizaje para entender las singularidades del vino. En 2005 Guillermo Luksic asumió la presidencia de la viña y en 2008, luego de la adquisición del grupo Tarapacá, se formó VSPT Wine Group, que hoy es la tercera mayor empresa vitivinícola en Chile y la segunda en exportaciones.

Esto es lo que se sabe. Lo que no se conoce tanto es la vinculación que Luksic tiene con el vino. Un tema que para él es parte de su memoria familiar. “En la casa de mi padre siempre se tomó vino”, cuenta. “Él era un gran gourmet... vivió cuatro o cinco años en París durante su juventud, donde adquirió algunos hábitos franceses, entre ellos, la buena comida y los buenos vinos. Desde muy chicos en mi casa aprendimos que el vino era una cosa noble y que tenía una importancia en la mesa familiar. La unión familiar era en torno a un buen vino. Traigo puesta, empapada, una historia de una relación con el vino. No sólo los vinos chilenos, sino franceses. Por lo demás, mi abuelo y mi bisabuelo también tenían una debilidad por los buenos vinos. Recuerdo que mi padre, para algún bautizo o alguna ocasión especial, matrimonio de alguno de nosotros o la firma de un buen acuerdo comercial, bajaba a su bodega y abría una botella de las cajas de mi bisabuelo. En muy pocas oportunidades estaban tomables y celebrábamos con estos vinos que habían sido especialmente hechos para don Andrónico Abaroa por Château Latour (una de las casas más famosas de Burdeos) y se los mandaban a Calama. Me acuerdo perfectamente”.

Sin embargo, su entrada al negocio del vino también estuvo motivada por razones comerciales. “Por qué no contarlo: en la época en que adquirimos San Pedro ya estábamos en CCU y teníamos una exposición importante al negocio de los bebestibles, cervezas... El pisco vino después. Nos pareció que tenía mucho sentido sumar el vino. En Chile, por lo demás, sucede que cuando el precio del vino sube, el consumo de la cerveza aumenta; y al contrario, cuando el precio del vino baja porque la cosecha ha sido muy abundante, el consumo de la cerveza baja. Por lo tanto, desde el punto de vista comercial era un muy buen complemento tener un pie en el vino. San Pedro, en ese momento, no era de gran tamaño, pero indiscutiblemente podía convertirse en una cosa muy importante. De modo que adquirimos Viña San Pedro, en alguna parte del ochenta y algo. Esa es la historia”.

-¿Cómo encontraron la empresa en ese momento, estaba desperfilada?
- La empresa estaba bien deteriorada, en una situación financiera muy delicada y por consiguiente –lo que es una cosa que de alguna manera también nos caracteriza como grupo–, vimos una oportunidad interesante de hacernos de un activo atractivo, al cual supusimos que podíamos agregar valor. Estaba en una condición complicada financieramente; por lo tanto era una opción, no voy a decir barata pero sí conveniente.

-¿Cuáles fueron los principales desafíos o estrategias para mejorar el panorama?
-Pienso que el mayor desafío fue entrar a una industria que era desconocida para nosotros. No teníamos una historia vinculada con el vino. Y el vino es el vino. Tiene una percepción diferente, un modo de comunicarse diferente y constituye en esencia un producto de una nobleza distinta. Por consiguiente, los primeros años tuvimos una curva de aprendizaje. Naturalmente cometimos errores, naturalmente tuvimos que pasar por esa curva y aprender de esta industria. En algunas cosas, el hecho de administrar una compañía como CCU ayudó mucho, por ejemplo, en el entendimiento del consumidor: hubo varios modelos de CCU que fueron muy oportunos. En otras cosas, los modelos de una empresa de consumo masivo, como es CCU, no se aplican a una empresa como esta. Para hacer el cuento corto, creo que llegamos a un punto de la curva de aprendizaje en que empezamos a tener más aciertos que errores; y a partir de ese momento, que no sé cuándo situarlo exactamente, pero hace unos años ya, yo creo que la compañía indiscutiblemente ha recorrido un camino de crecimiento, de calidad de sus productos, de adquisición de otras viñas, de fusiones, de ordenamiento de sus portafolios, de generar un equipo de enología realmente potente y que se está reflejando hoy día en la situación y posición que la compañía tiene respecto de nuestros pares.




“Mi padre, en alguna ocasión especial, bajaba a su bodega y abría una botella de las cajas de mi bisabuelo. Celebrábamos con estos vinos que habían sido especialmente hechos para don Andrónico Abaroa, por Château Latour, y se los mandaban a Calama”.


-¿Cuál fue el papel de Pablo Turner, que llegó a la empresa con mucha expectativa y salió un par de años después?
-Bueno, yo creo que Pablo hizo una buena labor desde la perspectiva de una persona que viene del retail. Para el momento que San Pedro vivía en esa época, pienso que tomó las medidas correctas. Pero la continuidad en este negocio es muy importante y no hubo continuidad, porque Pablo se retiró en algún momento…

-¿Cuáles fueron los principales errores?
-Yo diría que pensar que esta industria opera igual que todas. Esta industria no es una industria más, no opera necesariamente como todas. Aunque hay cosas comunes en su administración, en su organización, hay que entender que tiene un halo, tiene una aureola distinta, de no producción industrial, de aciertos en enología, de novedades. En fin, hay un mundo alrededor del vino que no necesariamente se aprende en las universidades, en la clase de Administración I o de Economía I o de Finanzas II… Pienso que, contestando tu pregunta, nosotros en un momento tratamos un poquito a San Pedro así; y la verdadera solución es un poco de ambas cosas.

-¿Y cuál es tu ligazón con Tabalí, una especie de proyecto más tuyo, que ha tenido un papel bien innovador en Limarí?
-La verdad es que quiero a las viñas de igual manera, tanto a San Pedro como a Leyda, Tabalí, Santa Helena y Tarapacá. Tal vez Tabalí constituye un poquito una excepción en el sentido de que es una cosa mía, propia, porque acabamos de separar aguas con San Pedro. En todo caso, no fui el primero en llegar a esa zona, me parece que fui el segundo, después de Carlos Andrade, que en esa época era enólogo y gerente de la viña Francisco de Aguirre. Cuando yo llegué a Ovalle y compré mi campo, me di cuenta de que Francisco de Aguirre estaba plantando uva vinífera y dije: bueno, ¿por qué no? Luego, hice algún estudio, miré los mapas, miré las latitudes y dije este es un valle interesante, hay un suelo interesante, ¿por qué no innovar? Al final la innovación es un elemento que debe acompañarlo a uno en cualquier proyecto. Planté las primeras parras, por ahí por el año 90, si mal no recuerdo, y el resultado ha sido excelente.

-¿Había una relación especial con ese campo?
-Lo que sucede es que antes el colegio más cercano que tenían las niñitas del norte, y el mejor, era el Amalia Errázuriz, de Ovalle. Era un colegio dirigido por las monjas norteamericanas del Sagrado Corazón de Jesús y, bueno, mi madre estudió allí toda su educación secundaria. Después, por esas coincidencias del destino, en el colegio me tocó ser compañero de un gran amigo, que era Jaime Mac Pherson. Su madre había sido compañera de la mía en el Amalia Errázuriz, y ellos me convidaban a su campo en Ovalle en los veranos, entre primero y cuarto medio. Mucho después, estaba esta cosa sentimental de mi madre, y dije: yo quiero tener un campo acá porque la zona es fascinante, su clima, su temperatura y además es muy lindo. Siempre quise tener un campo en Ovalle. Ya grande, en algún momento, pensé: me quiero comprar un campo, me gusta la agricultura, me gusta la tierra y ¿qué mejor lugar que Ovalle? Y allá llegué.

-Han hecho cosas interesantes, co-mo Talinay, cerca de Fray Jorge... ¿tenías dudas?
-No tenía dudas, los méritos hay que dárselos a don Agustín Huneeus, porque él fue quien descubrió ese terroir. Ahora, yo creo que don Agustín, gracias a Dios para mí (ríe), no percibió todo lo bueno que era, porque en algún momento me vendió el retazo del campo más adecuado, creo yo, para lo que estamos produciendo. Cuando Felipe Müller y Héctor Rojas (enólogo y viticultor de Tabalí) miraron ese campo, me llamaron por teléfono o me encontré con ellos un fin de semana, porque yo voy mucho, y dijeron: oye, este campo hay que ocuparlo, éste suelo es único en Chile, tiene carbonato de calcio… aquí vamos a producir unos tremendos vinos. Y bueno, yo no les creí mucho al principio, pero fui a ver el lugar. Efectivamente, era una cosa bien notable y finalmente nos embarcamos. Con mucha confianza en el manejo vitivinícola de Héctor y en el ojo y buena mano de Felipe para hacer vinos, hemos sacado una línea extraordinariamente rica, muy buenos vinos, unos blancos exquisitos y un pinot que yo creo que es delicioso…

-Está entre los mejores de Chile.
-De los mejores. Estamos muy contentos, muy satisfechos y naturalmente que cuando uno empieza a tener éxito y aciertos, comienza a tratar de seguir en esa línea buscando otros terroir, tratando de innovar, y así hemos llegado un poco más alto. Ahora estamos en alguna parte de la cordillera ya plantando un montón de variedades. La lista es más o menos grande.

El problema es de los gringos

-¿Cómo ves el panorama de la industria del vino en Chile, pensando que el dólar está todavía bajo?
-Tengo la sensación de que a todas las viñas de tamaño chico o medio les debe estar costando más y les va a seguir costando más. Las economías de escala en esta industria son importantes, como lo es también la calidad, para tener mejores precios por


“Yo encuentro que nosotros en Chile producimos mucho mejor vino que en EEUU. Falta que los críticos de allá se den cuenta”.

caja. Yo creo que las viñas grandes tienen alguna ventaja por volúmenes, por precio... A los más chicos, como Tabalí, nos cuesta llegar a los volúmenes necesarios para que nuestros números sean azules y no rojos. Yo creo que es una condición que está para quedarse algún tiempo, pero estamos dispuestos a seguir adelante sin importar que existan años duros.

-¿Cuál es el mejor vino que has producido?
- Me siento muy orgulloso de Altaïr.

-¿Qué crees que le falta al vino chileno para llegar a tener 100 puntos?
- Te voy a decir lo que realmente pienso. Cuando hablamos del puntaje de los vinos chilenos, en general nos estamos refiriendo al juicio de los norteamericanos, de los Wine Spectator, de Robert Parker, por quienes tengo gran respecto. ¿Qué le falta al vino chileno para llegar a 100 puntos? Yo creo que no le falta nada. La pregunta es ¿qué le falta a los expertos norteamericanos para entender que muchos vinos chilenos pueden tener 100 puntos? Muchos de nuestros vinos son mucho mejores que los californianos, a los que puntúan demasiado bien para mi gusto. Porque cuando uno prueba un vino californiano, sin duda hay algunos muy ricos, pero en general –aún cuando tengan altos puntajes– son vinos dulzones, amaderados. Yo encuentro que nosotros en Chile producimos mucho mejor vino que en Estados Unidos. El problema no es lo que nos falta a nosotros, sino qué le falta a ellos para darse cuenta.

Grupo Luksic

En 2011 el grupo Luksic decidió aprovechar su caja para buscar negocios e invertir realizando desembolsos por aproximadamente 2.000 millones de dólares, la cifra más alta en una década invertida por Quiñenco, la matriz de sus negocios industriales y financieros. Todo partió en marzo cuando, a través de Madeco, Quiñenco acordó aumentar su participación en la francesa Nexans, pasando de 9% a 20%, por un pago estimado de unos 290 millones de dólares.

En mayo adquirió la operación de Shell en 633 millones de dólares y en septiembre los activos de Terpel, en 320 millones de dólares.

A principios del mismo mes, cerró la compra en 120 millones de dólares del 10% de la Compañía Sud Americana de Vapores, y anunció que acudiría al aumento de capital de la compañía. Además selló un pacto controlador con la familia Claro, con una participación de 20,6% y tres directores.

www.capital.cl

2011/11/22

“Los empresarios españoles están llenos de optimismo para hacer cosas”

Julio domingo, presidente de la cámara Oficial Española de Comercio de Chile:

A pesar de la crisis de deuda europea, el dirigente asegura que las inversiones españolas en Latinoamérica van a mantenerse.


La crisis de deuda europea no da respiro a España, ni siquiera un día después de unas elecciones que instalaron en el gobierno a una nueva administración.

Pero el presidente de la Cámara Oficial Española de Comercio de Chile, Julio Domingo, confía en que la nación ibérica saldrá airosa gracias a dos importantes fortalezas: el masivo respaldo popular que recibieron las nuevas autoridades y la confianza de un sector empresarial que ha seguido apostando a la recuperación. “Lo que estamos viendo es que las empresas grandes han invertido, invierten y seguirán invirtiendo”.

- Como un ciudadano español más, ¿cómo vio las elecciones del domingo?
- Lo importante es que vi a un país donde todos están dispuestos a ir unidos. Han elegido una opción política, pero lo bueno es que la han elegido con una gran mayoría. Y ese es un buen punto de partida.

- ¿Cuáles son los principales desafíos que afrontará el nuevo gobierno?
- El desempleo, que es muy alto, el déficit y la deuda, pero lo principal será dinamizar la economía, que está estancada sobre todo en la parte inmobiliaria, aunque también hay puntos buenos. El sector turismo, por ejemplo, ha tenido un año fantástico.

- ¿Y qué tan factible es abordar estos desafíos?
- Es absolutamente factible. Muchas empresas españolas están al margen de la crisis.

- Pero las nuevas autoridades han heredado compromisos de austeridad muy exigentes. ¿No afectará eso a las empresas?
- No conozco exactamente las medidas que tomará el nuevo gobierno. No todas las medidas tienen que ser de restricción. Algunas podrán ser de apoyo a la economía. Lo que yo puedo decir desde el punto de vista empresarial es que los empresarios están llenos de optimismo para hacer cosas dentro y fuera de España. Si estuvieran desanimados no tendríamos nosotros el incremento de misiones comerciales que hemos visto, no habría ahora en Chile 150 empresarios en un foro de inversiones. Ahí se ve lo que es España. Este año llevamos un incremento de 30% en empresas medianas y pequeñas que están llegando a Chile.

- ¿Siguen adelante con sus planes de inversión?
- Las matrices de las empresas españolas que están en Iberoamérica no tienen problemas, son empresas muy exitosas. Lo que estamos viendo es que las empresas grandes han invertido, invierten y seguirán invirtiendo. Aquí hay empresas que llevan 30 años. Han apostado en momentos difíciles y van a seguir apostando en momentos mejores y peores en España y lo mismo en Latinoamérica.

De hecho, este es un buen momento para que la carretera tenga una doble dirección y empresas chilenas puedan invertir en España, porque va a venir un desarrollo que ya no será sólo inmobiliario, sino que va a ser productivo y en todos los sectores.

- Las nuevas autoridades quieren que los bancos españoles registren sus activos en sus balances a precio de mercado y eleven capital. ¿No afectará esto el financiamiento para las empresas?
- El financiamiento está más complicado dentro de España, pero se siguen financiando proyectos en el exterior y si el proyecto es bueno va a conseguir financiamiento.



Agenda completa


El Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación de España organizó un encuentro en Chile con la participación de 150 empresas españolas. Hoy y mañana, además, se celebrará el III Foro de Inversiones y Cooperación Empresarial España-Chile, que estará presidido por Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias. En el evento participarán 60 empresas españolas.


www.df.cl

2011/11/18

Francisco Pérez Mackenna: Sin anestesia


Le gusta decir lo que piensa y así lo hace en sus columnas mensuales. El ejecutivo top del grupo Luksic no es sólo negocios y números. La política y los cambios sociales son parte importante de sus reflexiones. Ahí están los indignados, el conflicto estudiantil y la inminente alza impositiva. “Las empresas están para producir y no para resolver todos los problemas de la sociedad”. Así de directo. Por Carla Sánchez Mutis; fotos, Verónica Ortíz.




En las distintas ciudades del mundo que a Francisco Pérez Mackenna le ha tocado visitar este año, el comentario obligado sobre Chile han sido las protestas estudiantiles. “Piensan que este es un país con mucho desorden”, cuenta. Y claro que le preocupa pues, para el expositor de la próxima Enade, “la reputación es el principal activo que tiene nuestro país”.

Vive leyendo papers. Sigue a distintos economistas, como John Cochrane o Gary Becker. Revisa cuanta prensa escrita existe en el poco tiempo libre que tiene. Y las ideas que recoge las discute con sus alumnos de Finanzas de la UC, además de hacerlas públicas en sus columnas mensuales en el diario La Tercera.

Por esa aguda pluma han pasado temas como el conflicto estudiantil, la relación entre la mujer y el trabajo y la discusión sobre el ajuste o perfeccionamiento tributario –como ha preferido llamarlo el gobierno-, el que, por cierto, no comparte para nada. Tienes preguntas para todo y respuestas para casi todo. Es que dedica buena parte de su cabeza a la reflexión. Sabe de negocios, mucho. Y para los conflictos sociales, también tiene su diagnóstico: los costos del éxito.

-¿Cómo ve este fenómeno mundial de los indignados? ¿A qué se lo atribuye?
-A muchos factores, pero básicamente tiene que ver con el problema que les genera a las sociedades el éxito, que no se distribuye en forma pareja. A partir de la Segunda Guerra Mundial, el mundo ha vivido su mejor época en la historia de la humanidad, desde la invención de la agricultura. Y ese crecimiento económico, que es el éxito del capitalismo, deja rezagados en el camino. Hay un mayor dinamismo que también tiene que ver con la incorporación a la economía mundial de grandes poblaciones como China, India o las propias mujeres. El problema es que no todos están igual de capacitados, por lo que a algunos les cuesta mucho más encontrar trabajo. En ese ambiente, salen de perdedores, lo que hace que los tipos se pregunten: ¿me convienen estas reglas del juego? A lo mejor, no; por mucho que la sociedad en promedio gane. Hay varios historiadores económicos que predijeron este movimiento hace 30 o 40 años.

-Este descontento social ¿llegó para quedarse o lo ve como algo pasajero?
-Es un ciclo, un llamado al sistema a que no se olviden de ellos. Lo que hay que pensar es de qué manera se valida comunicacionalmente el progreso –porque también es un tema de imagen– y de qué forma se socorre mejor a quienes de todas maneras van a perder en esta pasada.

-¿Cree que falló el capitalismo?
-De ninguna manera. Lo que pasa es que las sociedades más complejas son complicadas, porque uno hace una transacción o establece una relación comercial con terceros y nunca más los ve; la distancia entre origen y el destino de un producto es enorme.Entonce, en ese mundo lo que rigen son los contratos. Y obviamente, los contratos son pedazos de papel con un montón de letras –alguna de ellas muy chiquititas– donde la desconfianza es mayor. Ese es un elemento que llegó para quedarse, porque las sociedades grandes, de 7 mil millones de habitantes, no pueden resolver sus problemas como lo hacían sus antepasados.

“Vas a comprar una pasta de dientes y llevas la que más te conviene. No le pasas un premio al fabricante por el hecho de que hace obras sociales el domingo”.


-¿Que haría usted para mejorar el capitalismo? ¿Cree, como dijo Richard Branson, fundador de Virgin, que al capitalismo le falta corazón?
-El capitalismo es un sistema a través del cual la gente se pone de acuerdo para hacer las cosas. Las personas son las que tienen que poner corazón en lo que hacen. Desde ese punto de vista, es importante darles espacio para que puedan desarrollar ese aspecto de su vida. A veces, los Estados dan poco lugar para que lo hagan.

-¿Ha sido ineficiente el Estado? ¿Cree que debería tener un rol más protagónico?
-El estado tiene que abrirle espacio a la gente para que a través de su libertad y de los incentivos hagan las labores sociales de manera más importante. En países como los nuestros, eso se hace poco. Hoy en la mañana escuché que el porcentaje de tiempo que dedican las personas de países como Chile a voluntariados es infinitamente más chico que en los países más desarrollados.

-Pero es curioso ver tanto descontento cuando hay más recursos que nunca en el país…
-Claro, hay recursos materiales, pero factores como el tiempo no han aumentado en un segundo, y eso no va a cambiar.

La justa desigualdad


-¿Qué responsabilidad les cabe a los empresarios en este escenario?
-Los empresarios no tienen la culpa; esto tiene que ver más con la globalización y con los cambios en los pesos relativos por los términos de intercambios, donde hay gente que ve que a unos les va muy bien –porque eso es lo que produce el sistema, dispersión–, y a otros, no tanto. Una parte de esa desigualdad es justa, otra es matemática. Uno no puede esperar que el patrimonio de una persona de 65 años, que ha ahorrado toda su vida, sea igual al de un tipo de 20 que todavía no produce. Cuando uno mira las estadísticas de distribución del ingreso, ese tipo de factores no se toma en cuenta. Las cosas materiales son importantes, pero no son lo único: están las oportunidades, la percepción de justicia y otros asuntos que son, a lo mejor, imaginarios, pero que al final de día se transforman en reales.

-Pero también están quienes sostienen que a los empresarios tienen responsabilidad, en el sentido de que no basta sólo con crear empleos…
-Al final del día, el emprendedor se mete dentro del sistema para crear un objetivo, y este no le permite desviarse. Cuando vas a comprar una pasta de dientes al supermercado, llevas la que más te conviene como consumidor, y no le pasas un premio al fabricante por el hecho de que hace obras sociales el domingo. Desde el punto de vista de la fábrica, el tipo está obligado a competir y a ser eficiente, porque si no logra serlo, los consumidores lo abandonan…


“Es una ilusión creer que a través de más impuestos se arreglan los problemas”.

-Pero en Chile hay muchos empresarios que son más que eficientes…
-A lo que me refiero es que tú no tienes poder monopólico como para poder extraer rentas y dedicarlas a una cosa distinta que a lo mínimo. La mayoría de las veces, lo que tienes es la capacidad de generar suficientes ingresos para pagarles a tus factores –trabajo, capital, materias primas– y te queda poco por encima de eso. Las cosas se hacen con un objetivo que se persigue dentro de restricciones que son las de la buena conducta, ser una compañía socialmente responsable. Tú no puedes transformar a las empresas en una cosa distinta a lo que son. Ellas están para producir y no para resolver todos los problemas de la sociedad; esa es responsabilidad de las personas con los ingresos que reciban.

-Y por un tema ético, ¿no cree que los empresarios debieran hacer un esfuerzo mayor?
-No creo que los empresarios tengan mayor o menor responsabilidad que el resto de los ciudadanos. La responsabilidad de que Chile sea mejor es de todos los chilenos, no sólo de los empresarios, ni de los futbolistas, ni de los artistas, ni de los comunicadores.


El festín de satanizar


-Hablando del tema de los impuestos, al parecer el “perfeccionamiento” tributario ya es inminente. Queda claro que usted está en contra de eso.
-Es una mala idea el alza de los impuestos. Produce distorsiones y tieneun costo en el crecimiento. Pequeños efectos en las tasas de crecimiento, producto de querer recaudar más impuestos hoy, van a tener un tremendo impacto en los que vamos a terminar recaudando mañana. Por ejemplo, si tú afectas en un 1% la tasa de crecimiento del país, en 30 años más vas a tener un 30% menos de crecimiento. El crecimiento te genera ingresos, porque tener las mismas tasas cuando un país es más grande recauda más impuestos. Lo que deberíamos hacer es tratar de asegurar el crecimiento.

-¿Cómo?
-Con un montón de cosas. Desde luego darle espacio al sector privado, al emprendimiento, y los impuestos se lo quitan.

-¿Un alza de impuestos de todas formas afectará la inversión?
-No hay duda de eso; la pregunta es cuánto. La gente pone su plata en un proyecto con el ánimo de obtener un resultado; si alguien en el medio le cobra un peaje y éste crece, el resultado es más chico.

“Si el peaje (impuesto) para llegar de un lado a otro aumenta, la cantidad de viajes, que es el emprendimiento, va a disminuir”.


-Pero con respecto a la media mundial, el impuesto a las empresas está bajo en Chile, ¿o no?
-No, eso no es así. Desde luego hay países importantes que tienen impuestos bajos también. En segundo lugar, el impuesto a las empresas no es el único que ellas pagan, están también el IVA, las patentes municipales, el impuesto que pagan las personas. Hay algo importante que entender: los impuestos no lo pagan las empresas, ellas son intermediarias. Las que pagan son las personas. Esta cuestión de que vamos a subir el impuesto a las empresas y eso no va a afectar a las personas no es así. Si las empresas tienen más impuestos, las pensiones van a ser más chicas, porque van a poder repartir menos utilidades y una buena parte de esas utilidades a través de las AFP llega a los pensionados. Si el peaje para llegar de un lado a otro aumenta, la cantidad de viajes, que es el emprendimiento, va a disminuir.

-¿No cree que es injusto -como ejemplificó Felipe Lamarca-, que un mendigo pague 19% de impuesto por un pan mientras que una empresa pague 17% (hoy 20%, por el terremoto)?
-No tiene nada que ver una cosa con la otra. Una cosa es el IVA y la otra el impuesto a la renta. La empresa, cuando compra pan también paga el 19%. Es comparar peras con manzanas.

-Pero la empresa tiene más recursos…
-Eso es una cosa curiosa; la pregunta es súper simple: ¿nos conviene o no como país tener más impuestos?

-¿Cree que un alza de impuestos no es necesaria o que generaría consecuencias peores?
-No es necesaria si fomentamos el crecimiento, porque con ello en el futuro va a crecer. Contra esos flujos futuros el país se puede endeudar. Lo importante es el crecimiento. Al aumentarle el costo a las empresas lo que está pidiendo el fisco es más dividendo; por tanto, hay menos recursos para financiar crecimiento.

-Y si es tan perjudicial como usted dice, ¿por qué el gobierno está analizando un alza de impuestos? ¿Es una medida populista?
-Es un tema discutible. Creo que hay una presión. Mira lo que pasó con el tema de los impuestos para ayudar con el terremoto: la primera afirmación fue que eran transitorios. ¿Por qué pensar que el impuesto que teníamos antes no era óptimo?

-Porque se necesitaba recaudar más plata…
-Claro, pero, ¿con qué nivel de estabilidad en el tiempo esa capacidad de recaudar más plata? ¿Cuál va a ser el impacto en el crecimiento? Si dices voy a cobrar más por una cosa extraordinaria durante dos años –algo con lo que yo tampoco estaba de acuerdo, y lo dije en su momento– se habría podido recurrir más agresivamente a las concesiones. Pero dejando eso de lado, hubo un diagnóstico a partir de una situación inicial. Ahora vienen las demandas sociales y decimos cobremos más impuestos, pero es una ilusión creer que a través de más impuestos se arreglan los problemas. Éstos se arreglan teniendo más recursos disponibles para la sociedad como un todo, y los impuestos producen una distorsión. ¿Qué pasaría si el impuesto fuera de 100%?

-No existirían empresas.
-Ese es el punto. Es fácil de establecer, yéndose a lo absurdo, que hay un impuesto que es óptimo. No es el 100%; porque no recaudarías nada; tampoco lo es el 0%, porque también recibes nada. Además, hay que mirar cómo afecta el alza de impuestos al crecimiento económico.

Hay que tener presente que, como país, no tenemos el monopolio de que los nuevos negocios se instalen acá. Un chileno con buenas ideas va instalar su proyecto acá en la medida en que le convenga. Me acuerdo cuando estudié afuera tenía compañeros de Perú, Bolivia, Brasil, Argentina... y los únicos que querían volver a Chile éramos nosotros. Bueno, en esa época Chile estaba abriendo los espacios de libertad a los empresarios, lo que hacía que hubiera buenas oportunidades de trabajo. Lo que quisiera ver es que eso siga y además, que seamos de atraer a extranjeros que hoy están con pocas oportunidades. Si los europeos están tan complicados, ¿no será este el momento en que deberíamos abrir nuestro mercado? ¿Por qué no?

-Entonces, quizás no es el minuto para subir los impuestos…
-Alemania tiene un impuesto a las empresas un poco más alto que el nuestro y tiene una eficiencia salvaje. Las carreteras, por ejemplo, son gratis. Los impuestos hay que verlos en el contexto de cómo afectan a las empresas, a las personas. Si tú percibes mucho del estado, una carga tributaria mayor te afecta menos. Aquí, por ejemplo, tenemos un costo de la energía muy alto y también una parte importante de la energía está gravada con impuestos. ¿Tenemos hoy día las capacidades o las hemos ido perdiendo? Esas son las preguntas que yo me haría para poder seguir siendo una economía pujante y la mejor de Latinoamérica.
“Hay una cosa que la gente supone, y es que todo lo que hace el estado está bien: el rey es infalible y el pueblo es el que tiene que demostrarle al rey que ha obrado bien. Yo más bien creo en lo contrario: así como el pueblo se equivoca, el estado también a veces abusa de su posición”.

-Pero me imagino que todas estas cosas el ministro de Hacienda las sabe…
-Al principio se pensaba que a lo mejor sería necesario subir los impuestos por terremoto. Ahora estamos pensando en que era necesario subirlos permanentemente. Se ha ido cambiando de opinión en este tema. No he visto los fundamentos que prueben que esa es una buena idea en términos de cuál va a ser su impacto en el crecimiento.


Al subir los impuestos, se agranda el sector público y se achica el privado, en términos relativos. Hay una cosa que la gente supone: que todo lo que hace el Estado está bien y que el peso de la rueda está en los privados. El rey es infalible y el pueblo es el que tiene que demostrarle al rey que ha obrado bien. Yo más bien creo en lo contrario: así como el pueblo se equivoca, el Estado también a veces abusa de su posición.

-En este escenario, ¿en qué se ha equivocado el Estado?
-Eso de pensar en que no hay conflictos de interés por el lado del recaudador creo que es una ilusión. A veces el recaudador quiere hacerlo más allá de lo que la ley le permite. Esa es una disputa en la sociedad que está siempre presente en Chile, Europa, Estados Unidos y en todas partes. Esto de satanizar a los empresarios es un festín que se está dando la sociedad a raíz de la crisis subprime y de lo que está pasando, pero es muy negativo para todos. Al final del día todos somos empresarios, potenciales o actuales, desde el que tiene un pequeño gallinero y vende sus huevos hasta el más grande.

-Pero con esta crisis, el rol del Estado ha sido muy cuestionado, se ha criticado al Estado benefactor en Europa, no es que sólo se haya demonizado a los empresarios…
-Pero he visto más bien un cuestionamiento en la línea de decir no regularon lo suficiente. Siempre pasa: hoy día hay una crisis y hay que encontrar al culpable.




La leche en polvo de la UP y los abusos de la gratuidad

-¿Cómo ha visto al gobierno en la crisis educacional?
-No quiero meterme en eso. No tiene mucho sentido que aquellos que están en universidades sin fines de lucro -básicamente, las estatales- dejen de ir a clases para que el sistema cambie y para que se instaure algo que ellos ya tienen. Y que la protesta signifique perder un año de clases le hace mal a ellos y a las instituciones en que estudian. Comparto la actitud del gobierno: no podemos, por una presión puntual de unos pocos, llegar a un esquema, que no sería justo, de que todos vayan al colegio y a la universidad gratis. Por otro lado, la educación tiene el lado de la demanda, del que quiere estudiar. Se ha hablado mucho de la oferta, de que la calidad de la educación es mala, pero también es importante el rol de las familias y de los alumnos.
-¿En qué sentido?
-Es importante que ellos quieran estudiar y le pongan empeño en ir a clases.
-¿Cree que si fuera gratis para el estudiante no habría ese incentivo?
-Me acuerdo de que la leche en polvo que se regalaba en la época de la Unidad Popular se usaba para tizar canchas de fútbol. Cuando las cosas son gratis, en el sentido que las paga otro, obviamente se producen abusos. Y por lo demás, si voy a educarme y tener suficientes ingresos para pagar mis estudios después de haber terminado, ¿por qué no puedo comprometerme a pagarlo cuando termine? ¿Qué tiene de inmoral eso?
-A lo mejor el problema es que esas tasas son demasiado altas…
-Ese es otro tema. El que debiera financiar eso es el Estado, que es el que más gana con la educación. Cuando uno estudia, aumenta el capital humano y con ello sube las tasas de impuestos de las personas, y aquellas que ganan más pagan progresivamente más impuestos. Por lo tanto, si el Estado financia la educación está haciendo una inversión que va a cobrar vía impuestos después. Es decir, lo cobra dos veces: por el crédito y cuando paguen más impuesto a la renta. Es súper buen negocio para el Estado que la gente se eduque, porque le va a cobrar más impuestos después.
-Porque ahora, los que ganan son los bancos…
-Pero son créditos competitivos a tasas de mercado. Me preocupa esa corriente de pensamiento de que los empresarios son deshonestos en lo que hacen. Creo que no es así, es una cosa que el imaginario colectivo golpea una y otra vez para ver si se transforma en dogma.
-Pero obviamente a la gente le molesta que las utilidades de las isapres crezcan en un 70%...
-Ahí hay un ejemplo: las utilidades crecen un 70%, pero el mensaje que se recibe es que ganan un 70%. Si tienes una utilidad baja y creces muy poco, el porcentaje puede ser muy alto, porque un pequeño aumento de un número chico te da un tremendo porcentaje, pero eso no significa que estés ganando mucho. Lo que la gente llega a creer es que la rentabilidad sobre el capital es de 70%.
-Pero, lógicamente, si la gente escucha que las utilidades crecieron en un 70%, inmediatamente se asocia con que no están perdiendo plata precisamente…
-Están ganando más que el año pasado, pero la pregunta que sigue es ¿cuánto estaban ganando? Si yo subo de 1 peso a 2, la utilidad sube en un 100%, pero sigues ganando poco. Lo que hay que ver es cuál es el retorno sobre capital que tiene hoy en día y si hay libertad para entrar a esa industria. Ninguna sociedad moderna puede progresar persiguiendo a sus empresarios.

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