Isabel Ramos Jeldres
Latinoamérica se prepara para un período de auge después de la crisis financiera global, pero no hay que confundir optimismo con euforia, advirtió a DF el director senior de calificación soberana para Latinoamérica de Standard & Poor"s, Joydeep Mukherji.
"Tenemos optimismo, pero cauteloso, porque obviamente hay riesgos", aseguró. Pero "estamos hablando de desafíos que son mejores a los que normalmente se ven en Latinoamérica después de una recesión global", acotó.
Por ejemplo, afirmó, "hablamos de cómo manejar el influjo de capital en lugar de cómo evitar la salida de capital, cómo manejar tasas de crecimiento que puedan estar por encima de la tasa de tendencia, en lugar de cómo recuperar desde la recesión". "Desde esta perspectiva histórica soy optimista, pero no estamos empezando una época de oro", aclaró.
Liderazgo regional
Al ser consultado por los países que van a liderar el crecimiento de la región, el experto aclaró que "el país que tiene crecimiento más alto no necesariamente es el que está en mejor posición para enfrentar los desafíos".
Un ejemplo de ello es Paraguay, que habría crecido más de 10% en 2010, pero pese a ello "no está en la misma posición de Chile o Brasil para enfrentar problemas externos", consignó.
Por eso, "en lugar de hablar de crecimiento como una meta por sí misma, prefiero hablar de la fortaleza de las economías para seguir avanzando", y de su capacidad para absorber los shocks negativos externos, explicó.
En ese sentido, los tres países que tienen grado de inversión, Chile, Perú y Brasil, son los que están en mejor posición para enfrentar los problemas, aunque no necesariamente sean los que crecerán más rápido.
"Chile está en mejor posición, gracias a su perfil financiero, bajo nivel de endeudamiento del gobierno, flexibilidad monetaria y fiscal, tratados de libre comercio con casi todo el mundo y fondos de estabilización económica", aseveró.
Respecto de la intervención que han realizado los bancos centrales latinoamericanos en el mercado cambiario, Mukherji aclaró que S&P no se refiere al tema, a menos que las medidas tengan un impacto en los indicadores que la firma considera clave, como la tasa de crecimiento, inflación, balance fiscal, inversión extranjera y política monetaria, entre otras.
"El impacto es lo importante, no la política en sí, porque el impacto puede ser muy diferente entre un país y otro", aseguró.
Amenazas en 2011
En lo que se refiere a las amenazas que enfrentarán los países latinoamericanos este año, el economista afirmó que "los países más avanzados, como Perú, Chile, Brasil y Colombia, tienen margen de maniobra para enfrentar un shock externo".
Esto se relaciona con la amenaza de una crisis en el sector financiero, pero también con una caída de la demanda por exportaciones.
En los países con meta de inflación, destacó, la respuesta de los gobiernos ante una crisis es más clara, pero en las naciones con instituciones más débiles y menor flexibilidad fiscal y monetaria el riesgo político es más alto.
Uno de los temas que preocupan a nivel mundial es el rápido crecimiento del precio de los alimentos, que en diciembre del año pasado llegó a un récord, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
Mukherji explicó que el incremento de los precios de los commodities agrícolas tendrá un impacto distinto en los miembros de la región. Los exportadores de alimentos, como Argentina, Paraguay y Brasil, se pueden beneficiar. El resto de las naciones puede sentir un impacto negativo. Sin embargo, aclaró el experto, "ese será un problema difícil, pero no insuperable, porque los gobiernos ya tienen herramientas para enfrentarlo y proteger a la población más vulnerable".
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2011/01/14
2010/08/28
Economías de países en América Latina se someten al mercado internacional
La economía de las repúblicas americanas es rentista, con una suerte de ADN extractivista, con una inserción sumisa en el mercado internacional que se especializa en perder en la medida que exporta materias primas, aseguró aquí el ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador, Alberto Acosta.
El también investigador de la Flacso participó en el segundo foro de la Red Latinoamericana sobre las Industrias Extractivas, que reunió a una treintena de expertos de países del Cono Sur y México. Ahí apuntó que nuestros países se han acostumbrado a vivir de la renta de la naturaleza, atados a las demandas del capital y como exportadores de materias primas sujetos a un crecimiento empobrecedor.
Planteó que esto ocurre en países con gobiernos de derecha como en los que tienen gobiernos progresistas, en Ecuador, Bolivia, Venezuela, lo mismo que en Perú y Colombia, dijo, señalando que "en nuestros países no estamos caminando hacia el socialismo del siglo XXI sino reinventando un neoextractivismo".
Mencionó que en Ecuador y Bolivia se hablan del "buen vivir" y de una relación armónica con la naturaleza, pero están atrapados en el desarrollismo, en medio de una disputa por la distribución de la renta de la explotación de sus recursos naturales no renovables e incluso llegando al extremo de convertir en no renovables algunos que eran renovables, como la pesca, por la sobre explotación.
Citó el caso de Ecuador, donde se están renegociando los contratos petroleros para conseguir 80 por ciento de la renta petrolera, que antes se llevaban las transnacionales, pero ahora entran las empresas petroleras estatales a operar con la misma lógica que las transnacionales, incluso en su relación con las comunidades indígenas.
Los impactos ecológicos son cada vez más graves, indicó y ahora el presidente Rarael Correa se apresta a abrirle la puerta a la gran minería a cielo abierto, lo que está ocurriendo también en otros países donde la renta petrolera se utiliza no para el desarrollo productivo sino para políticas clientelares, creándose una "bonocracia" sin que haya esfuerzos reales para enfrentar en forma estructural la pobreza.
Además hay fuertes tendencias a la desterritorialización, que es la ausencia del Estado en las zonas petroleras, en la medida en que son las empresas petroleras las que se hacen cargo de la salud, la educación y otros servicios, y cuando las empresas no cumplen y vienen las protestas públicas, entonces aparece el Estado con la represión a los movimientos populares.
Acosta apuntó que el presidente Correa, pero los de otros países también, ahora dicen "se acabó el petróleo" y qué se va a hacer ahora si no se cuenta con los ingresos de la minería a gran escala. Pero hay otras alternativas para el financiamiento público, como una profunda reforma tributaria o la revisión de la estructura de subsidios que benefician más a los más ricos, citó.
Mencionó que se requiere una transición gradual a una economía post extractivista y de ello dan cuenta los movimientos de resistencia que han surgido en Ecuador, como el indígena, que llevó a la propuesta de Correa de no explotar el petroleo en la zona de Yasuní a cambio de una contribución de corresponsabilidad con el medio ambiente de los países subdesarrollados, que compense lo que el país dejará de percibir al no extraer el petróleo y conservar así una de las áreas con mayor biodiversidad del mundo.
El especialista apuntó que la explotación petrolera de Texaco dejó es su país una deuda ambiental de 27 mil millones de dólares. Contaminación ambiental, enfermedades y pobreza. Y esa lógica no ha cambiado con la intervención de una empresa estatal porque se llega al extremo de inyectar agua dulce en los pozos para la extracción del petróleo, contaminando los mantos acuíferos que abastecen a la población.
http://www.jornada.unam.mx
El también investigador de la Flacso participó en el segundo foro de la Red Latinoamericana sobre las Industrias Extractivas, que reunió a una treintena de expertos de países del Cono Sur y México. Ahí apuntó que nuestros países se han acostumbrado a vivir de la renta de la naturaleza, atados a las demandas del capital y como exportadores de materias primas sujetos a un crecimiento empobrecedor.
Planteó que esto ocurre en países con gobiernos de derecha como en los que tienen gobiernos progresistas, en Ecuador, Bolivia, Venezuela, lo mismo que en Perú y Colombia, dijo, señalando que "en nuestros países no estamos caminando hacia el socialismo del siglo XXI sino reinventando un neoextractivismo".
Mencionó que en Ecuador y Bolivia se hablan del "buen vivir" y de una relación armónica con la naturaleza, pero están atrapados en el desarrollismo, en medio de una disputa por la distribución de la renta de la explotación de sus recursos naturales no renovables e incluso llegando al extremo de convertir en no renovables algunos que eran renovables, como la pesca, por la sobre explotación.
Citó el caso de Ecuador, donde se están renegociando los contratos petroleros para conseguir 80 por ciento de la renta petrolera, que antes se llevaban las transnacionales, pero ahora entran las empresas petroleras estatales a operar con la misma lógica que las transnacionales, incluso en su relación con las comunidades indígenas.
Los impactos ecológicos son cada vez más graves, indicó y ahora el presidente Rarael Correa se apresta a abrirle la puerta a la gran minería a cielo abierto, lo que está ocurriendo también en otros países donde la renta petrolera se utiliza no para el desarrollo productivo sino para políticas clientelares, creándose una "bonocracia" sin que haya esfuerzos reales para enfrentar en forma estructural la pobreza.
Además hay fuertes tendencias a la desterritorialización, que es la ausencia del Estado en las zonas petroleras, en la medida en que son las empresas petroleras las que se hacen cargo de la salud, la educación y otros servicios, y cuando las empresas no cumplen y vienen las protestas públicas, entonces aparece el Estado con la represión a los movimientos populares.
Acosta apuntó que el presidente Correa, pero los de otros países también, ahora dicen "se acabó el petróleo" y qué se va a hacer ahora si no se cuenta con los ingresos de la minería a gran escala. Pero hay otras alternativas para el financiamiento público, como una profunda reforma tributaria o la revisión de la estructura de subsidios que benefician más a los más ricos, citó.
Mencionó que se requiere una transición gradual a una economía post extractivista y de ello dan cuenta los movimientos de resistencia que han surgido en Ecuador, como el indígena, que llevó a la propuesta de Correa de no explotar el petroleo en la zona de Yasuní a cambio de una contribución de corresponsabilidad con el medio ambiente de los países subdesarrollados, que compense lo que el país dejará de percibir al no extraer el petróleo y conservar así una de las áreas con mayor biodiversidad del mundo.
El especialista apuntó que la explotación petrolera de Texaco dejó es su país una deuda ambiental de 27 mil millones de dólares. Contaminación ambiental, enfermedades y pobreza. Y esa lógica no ha cambiado con la intervención de una empresa estatal porque se llega al extremo de inyectar agua dulce en los pozos para la extracción del petróleo, contaminando los mantos acuíferos que abastecen a la población.
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