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2015/12/28

Cristóbal Bellolio: “Que Lagos sea hoy día la opción, revela la incapacidad sistémica de Bachelet de parir un liderazgo nuevo”

El analista se encuentra en Chile promocionando su libro “Pinochet, Lagos & Nosotros” y comenta la actualidad.

Por Claudia Rivas A.
Cristóbal Bellolio: “Que Lagos sea hoy día la opción, revela la incapacidad sistémica de Bachelet de parir un liderazgo nuevo”
Nunca pierde el contacto con el terruño, pero admite que la distancia entrega una perspectiva diferente de los hechos. El analista y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Bellolio, está de paso en Chile para disfrutar de las fiestas de fin de año en familia, pero también promocionando su último libro: “Pinochet, Lagos & Nosotros”. En medio de una jornada ajetreada recibió a DF para conversar de contingencia política y hacer un breve balance del 2015.
- ¿Se ve distinto el escenario político cuando se está lejos?
- Con perspectiva las cosas se ven un poquito menos dramáticas. Tengo la impresión de que cuando se está en la conversación del día a día te retroalimentas de un clima de pesimismo, sospecha y desconfianza que aquellos que no están participando del día a día no perciben.
- ¿Tiene que ver más con sensaciones?, porque a usted no le falta información.
- Pero no estoy en la dinámica del día a día, en la que se van retroalimentando las percepciones. En ese sentido, es bueno tener perspectiva, lo que se pierde es ese sentimiento de epidermis.
- ¿Cuál es la diferencia?
- Me he dado cuenta que estoy en una sintonía un poco distinta. De hecho, el libro “Pinochet, Lagos & Nosotros” se basa en la premisa de que es necesario fundar un acuerdo de convivencia cívica prácticamente fundado en la buena fe.
- ¿Es posible eso?
- Cuando lo digo, todos me quedan mirando y me dicen ‘se nota que no vives aquí’. Pareciera que el clima de desconfianza y presunción de mala fe del otro, este año 2015 se ha transformado en la actitud por defecto. Y los dos mitos noventeros de la virtud especial de nuestros empresarios y nuestros políticos, que nos enorgullecían mucho como país, terminaron por derrumbarse definitivamente.
- Lo de los políticos ha sido una larga cadena de sucesos, pero que Eliodoro Matte estuviera involucrado en un caso de colusión, ¿impactó a la clase empresarial en general?
- Tengo la impresión que sí. Y si bien nadie nunca creyó que la ciudadanía fuera particularmente virtuosa, existía una especie de espejismo respecto de nuestros políticos, por un lado, y de nuestros empresarios, por otro, de que cultivaban ciertas virtudes distintas y Matte, probablemente, era el tótem.
- ¿Por eso es tan fuerte?
- Porque tiene que ver con esa especie de derrumbe reputacional de una de las familias que considerábamos que ocupaba su influencia económica no para hacer una desigualdad en el campo político, sino para aportar, contribuir y constituir un punto de encuentro en el espacio político.
- Políticos y empresarios perdieron prestigio este 2015, ¿qué pasa con las responsabilidades?
- Aquí nadie asume responsabilidades voluntariamente y la estrategia es ‘muero piola, hasta que me pillen; cuando me pillen invento una gimnasia para salir de esto. Una vez que me pillen voy a decir que lo hacía todo el mundo, así es que no voy a ser el primero en poner el pecho a las balas’. Cuánto costó que renunciara Ernesto Silva a la UDI, tuvo que hacerse insostenible; cuánto costó que se fuera Peñailillo; cuánto ha costado que Marco termine asumiendo las responsabilidades correspondientes. Pero la idea de pagar costos asociados es ajena a la práctica política de este país.
- ¿Cómo han actuado los partidos institucionalmente?
- La reacción corporativa ha sido pobre. No sólo por falta de imaginación y no ser capaces de crear respuestas corporativas satisfactorias; sino porque además se están atrincherando.
- ¿En qué sentido?
- La proliferación de nuevos movimientos es sintomática de que las instituciones políticas tradicionales se encuentran amenazadas y la clase política tradicional no encuentra nada mejor que defenderse de eso tratando de bloquear el ingreso de los nuevos actores. Y llama la atención que los mismos políticos que se llenan la boca hablando contra la colusión y los carteles, defiendan colusiones y carteles en otras dimensiones, o por lo menos capturas de ciertos espacios de poder donde dificultan la entrada de la competencia.
- ¿Cuánto hay de real sobre que muchos partidos provocan inestabilidad?
- La fragmentación a la hora de gobernar es problemática cuando se refleja en las instituciones representativas, como el Congreso. Entonces, eventualmente se podrían establecer ciertas barreras a la entrada del Congreso, pero no sanciones para la existencia legal o para condenar la disolución de partidos que no cumplan con un número determinado de parlamentarios.
Liderazgos políticos
- ¿A qué atribuye que Giorgio Jackson sea el político mejor evaluado según la CEP?
- Las apariciones mediáticas emblemáticas de Giorgio, como bajarse los sueldos, están medianamente conectadas con el sentido común y eso establece ciertos vínculos afectivos con el personaje. E influye que proviene de una fuerza política distinta. ¿Qué nos conviene hoy, diablo conocido o santo por conocer? Mi apuesta es ir por el santo por conocer, por la capacidad de conectarse con una narrativa de un Chile que dejó hace rato a Pinochet de la transición; y las experiencias históricas van asociadas a ciertas generaciones.
- Entonces, ¿por qué Lagos y Piñera surjen como candidatos presidenciales?
- Porque se imponen por defecto. No concitan adhesiones particularmente apasionadas, son lo menos malo que tienen ambas coaliciones en la medida de que otras opciones sencillamente no germinaron. Y eso habla de un problema de recambio y de tiraje a la chimenea. En el caso de la derecha, en el traumático 2013 quemó todos los fusibles de la generación dorada. En el caso de la NM, que Lagos sea hoy día la opción por defecto revela, una vez más, la incapacidad sistémica de Michelle Bachelet de parir un liderazgo nuevo dentro de su propio gobierno.
- ¿Cómo afecta la caída de ME-O a la NM?
- La caída de Marco no es buena para la NM, porque funcionaba como una especie de comodín si nada más funcionaba.
- ¿Cómo ve el rol de la derecha en el debate de gratuidad?
- Dejando de lado la crítica, que es válida, porque no te puedes hacer pasar por el paladín de la gratuidad, cuando crees doctrinaria y legítimamente que es injusta. Dicho eso, la jugada de la UDI finalmente va a terminar dando frutos. Yo pensé que iba a ser una victoria más pírrica, pero si son capaces de transmitir que el gobierno, gracias a sus gestiones, entregó gratuidad a otras instituciones y atenuó los criterios discriminatorios, raya para la suma, políticamente ganaste.

CHILE VAMOS: "NO ME PARECE MUY SEDUCTOR QUE NO SE AGRANDE"
- ¿Qué le parece el proceso de institucionalización en que está la derecha? Algunos de sus dirigentes lo califican de histórico...

- De histórico le veo poco. Lo bueno es que, como dice Sol y Lluvia, organizarse es un placer, así es que juntarse, verse las caras y decir pongámonos de acuerdo para, en vez de estar peleando, parecer que estamos proponiendo, es bueno. En el largo plazo, que una derecha que generalmente está peleada dé una señal de unidad es positivo. Ahora, sale demasiado evidente que lo que están diciendo, más allá de tenemos buenas ideas, es: podemos gobernar, acuérdense cómo lo hicimos la última vez y, en cualquier caso, es mejor que lo que está pasando ahora.

- ¿No están haciendo nada nuevo?

- Lo que pasa, creo, es que desoyeron la recomendación de Hugo Herrera que les dijo que primero había que pensar, conversar, discutir, antes de estar necesariamente creando estructuras. El problema es que el tiempo de los intelectuales es distinto del tiempo de los políticos profesionales. Por lo tanto, darle años a estas nuevas generaciones de intelectuales para que reconstruyan el ideario de la derecha, sencillamente no es factible para la necesidad de competir electoralmente mañana en las municipales y después en las presidenciales. Lo que no me parece muy seductor del proyecto político, ahora pensando en términos un poco más histórico, es que no se agrande.

- ¿Le ve proyección?

- No hay mejor pegamento que el poder. Si esta coalición tiene posibilidades reales de llegar a La Moneda, como las tiene, los incentivos a irse de ella disminuyen. Incluso para los actores chicos, porque chipea para todos, el PRI podría llegar a tener ministro, imagínate eso. Por lo menos hasta que llegue ese momento creo que sí. Lo que sí va ser muy interesante es ver la mella electoral de la UDI después de todo lo que ha pasado, porque eso no se ha medido.

- ¿Y cómo percibe la apuesta de este pacto que formaron Amplitud, Red Liberal y Ciudadanos?

- Esa sí que es una apuesta de largo plazo. Es evidente que es un proyecto que va a cuajar de aquí a cinco o 10 años más. Ahora, por las características del escenario chileno, si obtuviéramos la votación de Ciudadanos en España alrededor de un 13% en las elecciones, habría que darse con una piedra en el pecho.
www.df.cl

2015/11/02

“Piñera se siente con el derecho olímpico de traer su propia pelota”

Cristóbal Bellolio llama a la derecha a sumarse a la discusión constitucional, y critica la actuación del ex presidente en esta materia. Pero también la de Lagos: “Debería dar un paso al costado”.
Por: Marcelo Soto
Ilustración: Ignacio Schiefelbein
Bellolio
Es de los pocos en la derecha que apoya la idea de una asamblea constituyente. En un sector que, según dice, mantiene una actitud negacionista frente al tema, sorprende que alguien como Cristóbal Bellolio, uno de los columnistas más leídos de la plaza y doctor (c) en Filosofía Política del University College London, proponga un detallado cronograma al respecto, incluyendo tres plebiscitos: uno para preguntar si es necesaria una nueva carta magna; otro, para elegir el sistema para modificarla; y por último, uno para aprobarla o rechazarla.
La propuesta está incluida en su libro Pinochet, Lagos & nosotros (DEBATE, 159 páginas), y aunque el reciente anuncio de Bachelet ya descartó la idea de una primera consulta para saber si la gente quiere otra constitución, Bellolio no pierde el entusiasmo por sumarse –y sumar a nuevos participantes– al debate, en el que, cree, la peor opción es no presentarse.
“No me ha ido muy bien convenciendo al mundo liberal de la importancia teórica y práctica de una AC”, reconoce desde Londres. “Lo que veo en movimientos emergentes como Evópoli, Amplitud o incluso Red Liberal es una cierta miopía respecto de las oportunidades políticas que encierra un proceso de este tipo”.
A quien tampoco ha podido convencer de la necesidad de un cambio es a su abuelo, Sergio Badiola, quien como ministro secretario general de Gobierno durante la dictadura, firmó nada menos que la Constitución del 80. “Le agradezco su infinita disposición a conversar estos temas conmigo, siempre con mucho respeto y cariño. En todo caso, yo creo que él entiende que esta empresa le corresponde a mi generación y la suya ya hizo su aporte, con sus luces y sombras”.
-¿Cómo evalúas el anuncio de Bachelet sobre el proceso constituyente? Desde la derecha, José Francisco García le dio su apoyo, pero otros, como Hernán Larraín, lo han criticado duramente.
-Bachelet entendió que la empresa constituyente era de largo plazo y eso me parece prudente. Ésta es una piscina que requiere de mucha agua y hay que darse el tiempo de llenarla con paciencia y destreza. También me parece interesante la “constitucionalizacion” de las próximas parlamentarias: como es poco probable que con la composición actual del Congreso se pueda avanzar en la materia, las elecciones de 2017 tendrán un carácter definitorio al respecto. Lo que no me gusta es que la presidenta pone todo en manos del Congreso (yo habría preferido un referéndum de entrada al proceso) y que uno de los pasos del itinerario sea la presentación, por parte del Gobierno, de una propuesta completa de nueva constitución. Predeterminar los contenidos cuando estamos en medio de una discusión en torno al mecanismo es un despropósito.
“Le tengo un gran respeto a Lagos, pero creo que debe saber cuándo dar un paso al costado. Lagos es un obstáculo si se trata de darle al proceso constituyente una dimensión simbólica”.
-Carlos Peña destrozó la propuesta de La Moneda. Dijo que era ambigua y que al tratar de dejar a todos contentos, no llegaba a ninguna parte.
-El anuncio no es ambiguo sino que laberíntico. No es cierto que deje a todos contentos. Lo que hace es dejar todas las opciones abiertas. Podríamos tener una asamblea constituyente, pero la ruta para llegar a ella es compleja y estrecha. También podríamos quedarnos con el texto vigente, porque una de las posibilidades es que la derecha no entregue nunca sus votos para superar los quórums supramayoritarios que requiere la propuesta.
-Sebastián Piñera cuestionó el anuncio, subrayando la incertidumbre que genera. ¿Crees que la derecha ha sido ciega o torpe frente al tema?
-Es incorrecto señalar que la propuesta genera incertidumbre. Por el contrario, el itinerario de la presidenta establece una serie de pasos que, una vez cumplidos, van abriendo los siguientes. Quizás los líderes de la derecha no tengan un vocabulario muy nutrido y deban recurrir al eslogan, pero en la práctica, el Gobierno los ha notificado de todas las instancias en las cuales pueden oponerse “institucionalmente” al proceso constituyente. En ese sentido prefiero la actitud de Allamand, que ha dicho que sencillamente votará en contra.
-¿Fue impropio que Piñera aprovechara una cita en La Moneda para plantear una agenda propia?
-Piñera está en su derecho de pensar que Chile no necesita una nueva constitución. Lo que me pareció poco republicano de su parte, fue hacer caso omiso del itinerario descrito por la presidenta y salir anunciando muy campante que él también propondrá un texto alternativo. El gobierno fue elegido para promover esta agenda y acaba de explicarnos cuáles son las reglas de la conversación. Me gusten o no, hay que seguirlas. La cancha está trazada y se juega con esta pelota. Piñera se siente con el derecho olímpico de traer su propia pelota.
-La propuesta de tu libro tiene diferencias y similitudes con las del Gobierno. ¿Cuáles son los mayores desaciertos de esta última?
-Aunque ésta no es una idea muy popular en la izquierda –porque sienten que el abrumador triunfo de Bachelet en 2013 constituía un endorsement implícito al programa que prometía nueva constitución– a mí me parecía políticamente sabio realizar una doble consulta: la primera para preguntar a la ciudadanía si quiere una nueva carta fundamental, y en caso afirmativo, una segunda para escoger el mecanismo. El objetivo era justamente legitimar el empeño constituyente en aquellos sectores que aún se niegan a él. La UDI, por ejemplo, habría tenido su legítimo espacio para hacer campaña en contra de la necesidad de redactar un nuevo texto. Pero en caso de haber perdido, habría tenido que aceptar el resultado y, en consecuencia, estaría obligada a tomar posición respecto de la pregunta siguiente: cómo hacerla. Nos habríamos ahorrado esta extraña situación en la cual el proceso constituyente esta teóricamente en marcha, pero persiste una actitud negacionista por parte de un sector político relevante.

Procedimiento justo

-El mundo liberal en general desconfía del asambleísmo, donde ganan –afirma, por ejemplo, Robert Funk– los que más gritan. ¿Cómo evitar el riesgo del populismo?
-El mecanismo de elección de delegados en una eventual convención constituyente sería representativo y proporcional. Cero asambleísmo. Debería existir un marco general respecto de los temas por tratar y una serie de instancias procedimentales para alcanzar acuerdos, ojalá lo más transversales y amplios posibles. Los que imaginan un grupo vociferante votando a mano alzada en una plaza, construyen un hombre de paja para personificar sus miedos. Yo también me opondría a eso. Pero es una caricatura deshonesta. De hecho, el asunto de los cabildos ciudadanos me suena bastante más desordenado y asambleísta.
-¿Por qué te convenciste de que era necesario cambiar la Constitución?
-Ésta es una constitución que no representa el mínimo común denominador del acuerdo político nacional –como me parece que debería ser– sino más bien una mutación más o menos satisfactoria pero constreñida por su genética original. Esto no es lo mismo que alegar ilegitimidad de origen. Es reconocer que está estructuralmente desbalanceada, porque le exige a la disidencia una serie de condiciones que no le exige a quienes defienden el statu quo. Eso no es imparcial. Imparcial sería que todas las sensibilidades ideológicas puedan suscribirla, aunque sea hipotéticamente. Ése no es un argumento socialista, sino profundamente liberal.
“ME-O involucrado en SQM es una cosa. ME-O formalizado es otra. Quién sabe, en una de esas la gente ya castigó lo que tenía que castigar (y Velasco se llevó la peor parte) y ahora las noticias de políticos investigados le entran por un oído y le salen por el otro”.
-En sectores de izquierda, se plantea una constitución que derribe el modelo neoliberal. En ese sentido, no van a aceptar una constitución que no establezca, por ejemplo, amplios derechos sociales. ¿Te parece válida esa actitud?
-Es un craso error. A mucha gente le cuesta entenderlo, pero en esta etapa lo crucial es la forma y no el fondo. El objetivo es diseñar un procedimiento capaz de entregar garantías de participación a todos los sectores. Si el procedimiento es justo, entonces el resultado será justo. Si la izquierda quiere condicionar su participación a la obtención de ciertas disposiciones sustantivas –como eliminar la subsidiariedad en materia económica o nacionalizar los recursos naturales–, entonces mejor que no hagamos nada. De hecho, creo que la izquierda –una parte de ella– ha sido parcialmente responsable de los miedos que genera un proceso constituyente, con su tendencia a confundir la promoción de un procedimiento (AC) con una serie de contenidos que parecieran estar predeterminados. Lo pongo en términos sencillos: si la nueva constitución dice lo mismo que la actual, letra por letra, será 100% legítima si fue acordada por un procedimiento justo.
-Los empresarios están preocupados porque la discusión ponga en cuestión el derecho a la propiedad. ¿Es fundado ese temor?
-Claro que es válido. Si hay un grupo que amenaza explícitamente con ello, habrá que tomárselo en serio. Pero la manera democrática de hacerlo es trabajar para validar el régimen de propiedad actual a través de un proceso constituyente. En la práctica, creo que la gran mayoría de los actores políticos y sociales representados en la instancia correspondiente –ya sea AC o el Congreso– se inclinará por proteger el derecho de propiedad o por mantener la autonomía del Banco Central. Yo, al menos, pretendo hacerlo. Cuestión distinta es si acaso la estructura del orden público económico consagrado en la constitución se conservara intacta. Es posible que no. Pero es una batalla que debe darse y no esquivarse bajo el argumento de que lo que tenemos funciona lo suficientemente bien. Ya que está de moda Axel Kaiser, me parece que los empresarios debieran imitarlo en su osadía de presentarse abiertamente en el debate defendiendo ideas libertarias.
-Tu plan considera la renovación generacional como un aspecto clave en el proceso. ¿No es algo utópico considerando la actual abstención?
-Lo que yo sostengo es que el argumento generacional es adicional a los otros argumentos en favor de un proceso constituyente, en especial de una AC. Ése es justamente el espíritu de las palabras de Camilo Henríquez que citó Bachelet en su discurso del 21 de mayo. La pregunta es si acaso queremos que la misma generación que condujo los procesos constitucionales de 1989 y 2005, conduzca también el proceso que viene. Si queremos darle a la nueva constitución el carácter simbólico de inauguración de un nuevo ciclo político, lo más lógico es intensificar la participación de aquellas generaciones que no están marcadas por su protagonismo en los ciclos anteriores, ya sea de la dictadura o la transición. Ése es el ideal. Cómo hacerlo es otra discusión, pero en esto tienen que colaborar transversalmente los nuevos movimientos.
-Con la economía en muy mala perspectiva, la crisis de confianza, el descrédito de la política, ¿no es un pésimo momento para hablar de nueva constitución?
-Por eso insisto en la idea de pensar el proceso constituyente en el largo plazo. Así se independiza de variables contingentes y se transforma en un esfuerzo nacional independiente. En cualquier caso, yo pienso que un proceso constituyente es una oportunidad para subsanar algunos de los problemas de confianza y descrédito de la política. No digo que sea la única opción ni que necesariamente vaya a solucionar el problema. Digo que si lo hacemos bien, podemos tener una oportunidad para empezar de nuevo, por así decirlo. Aunque muchos detesten la ambición refundacional, la política funciona sobre la base de la ilusión de nuevos comienzos. Ello implica nuevas reglas, diseñadas por aquéllos que no se beneficiarán de ellas (que es el actual problema de un Congreso que se siente intuitivamente alienado con las recomendaciones de la comisión Engel) y nuevos elencos, lo que transmite una sensación de frescura ante el agotamiento de las orgánicas y rostros de la transición.
“Piñera está en su derecho de pensar que Chile no necesita una nueva constitución. Pero fue poco republicano de su parte hacer caso omiso del itinerario descrito por la presidenta”.
-Ignacio Walker dijo que la política era demasiado seria para dejársela a los intelectuales. Esa frase califica para una de las más insólitas del último tiempo. ¿No será que la actual clase política no está a la altura de los desafíos que el país exige?
-Creo que es enteramente racional resistirse a los procesos de cambio que pueden afectar la comodidad propia. Y Walker es racional. Justamente por lo mismo, es recomendable que la decisión sobre el régimen propio no quede enteramente entregado a la buena voluntad autorregulatoria, sino a un ente externo. Lo que vuelve a validar la tesis de la AC. En cualquier caso, mi impresión es que la ciudadanía tiene un problema de índole prácticamente laboral con la clase política. El trabajador o empleado común y corriente tiene dos preocupaciones permanentes sobre las cuales tiene muy poco poder de decisión: el sueldo y las vacaciones. Los parlamentarios, en cambio, parecen disponer de ambas a gusto. Por eso fue tan bien recibida la propuesta de Jackson y Boric, y por eso fue tan mal recibido el viaje de Pizarro. Porque la ciudadanía percibe que existe una asimetría brutal en dos condiciones en las cuales el resto de los mortales no tiene pito que tocar.

La carrera presidencial

-En tu libro dices que Lagos parece obsesionado con mantenerse en el poder, y ahora quiere ser parte de un tercer momento constitucional... algunos lo proponen incluso como carta presidencial. ¿Sería un error?
-Le tengo un gran respeto a Lagos, pero creo que debe saber cuándo dar un paso al costado. Lagos es un obstáculo si se trata de darle al proceso constituyente una dimensión simbólica “refundacional”. Si tanto ama a Chile como dice, debería darse cuenta. Se le agradecen infinitamente los servicios prestados, pero ahora se le agradecería que nos dejara hacernos cargo del país en el que nosotros viviremos los próximos 50 años.
-¿Quién crees que debería ser el candidato de la derecha?
-Depende. Creo que Piñera tiene la primera opción electoral. Eso lo hace el candidato por defecto. Pero sería interesante, ideológicamente hablando, darles tiempo a las candidaturas de Manuel José Ossandon y José Antonio Kast para desenvolverse. A fin de cuentas, la derecha en su expresión coalicional actual, prácticamente renunció al mundo liberal y asumió su vocación conservadora. Me parece atractivo asistir a la articulación de ese proyecto político-intelectual, pensando también que eso deja espacio a que la opción presidencial liberal se perfile por fuera.
-¿ME-O tiene la mejor chance o finalmente se verá afectado por el caso SQM?
-Las encuestas lo siguen mostrando bien aspectado. Si eso se mantiene, la Nueva Mayoría tendrá poco espacio para ungir a otra figura. Pero el escenario es líquido y la fiscalía parece estar llena de sorpresas. ME-O involucrado en SQM es una cosa. ME-O formalizado es otra. Quién sabe, en una de esas la gente ya castigó lo que tenía que castigar (y Velasco se llevó la peor parte) y ahora las noticias de políticos investigados le entran por un oído y le salen por el otro.
-Algunos apostaron a que habría un punto de inflexión para Bachelet, al notar una leve mejoría en las encuestas. ¿Fue una ingenuidad?
-Cuando vas en caída libre y acercándote al mínimo respetable para un gobierno de coalición con una base de incondicionales militantes (digamos entre el 20 y el 25%), es lógico esperar un punto de inflexión cuando por ello se entiende algo tan modesto como detener la hemorragia. Si por punto de inflexión se entiende un momento en el cual se revierte una tendencia a la baja y se empieza a crecer sistemáticamente, eso no ha pasado y por cierto que me parece algo ingenuo pensarlo. No veo por qué habría de ocurrir. Parte de la baja del Gobierno se debe a que la población ha castigado severamente a la presidenta tras el caso Caval. Ese vínculo afectivo no se recupera fácilmente. Mi impresión es que algo se rompió en ese episodio y no hay cómo revivir los atributos de credibilidad de Bachelet, al menos no al punto original. Tampoco hay que subestimar los efectos de la desaceleración económica y el eventual aumento del desempleo. Cualquier eventual repunte estará condicionado por ese escenario.
-¿Piensas que Burgos ha demostrado un liderazgo torpe, adolescente, como han dicho sus críticos?
-Su situación no es cómoda. Supuestamente llegó para encarnar un giro al centro y la presidenta dice a renglón seguido que giro no habrá. Luego ha tenido episodios sufridos, como la marcha de los camioneros y la fallida confirmación de Rajevic como contralor. Necesita anotarse un triunfo para fortalecerse. Chutear la resolución del problema constitucional para el próximo gobierno tiene su huella, pero no es suficiente. En todo caso, ni torpe ni adolescente. Tomó un gabinete en crisis y la evaluación hay que hacerla con la perspectiva que da el tiempo.
-Hugo Herrera ha criticado la falta de reflexión intelectual en la derecha, su ensimismamiento, su lenguaje de secta, que la hace irrelevante. ¿Compartes esa crítica?
-Obviamente. La derecha ha sido un páramo más o menos desértico en esa área. Por varias razones. Históricamente, se ha dicho que se ha dedicado a defender intereses más que ideas. No estoy tan seguro de eso. Pero sí creo que 17 años de dictadura no fueron muy exigentes en términos de ejercitar el músculo de la persuasión argumental: las convicciones de la derecha se impusieron por la fuerza. Luego se las arreglaron para sobrevivir con poder de veto siendo minoría. Su generación dorada –los coroneles en la UDI y la Patrulla Juvenil en RN– se trasladó íntegramente al Congreso. Se convirtieron en políticos profesionales y en ninguna parte del mundo los políticos profesionales son, al mismo tiempo, grandes intelectuales. De hecho, pasamos del lavinismo de “los problemas reales de la gente” al piñerismo de “la nueva forma de gobernar”. Pero lo que está ocurriendo ahora con esta nueva generación –que justamente por estar fuera del ejercicio mismo del poder ha tenido tiempo para dedicarse a pensar– me parece muy interesante y alentador.
-El mismo Herrera ha dicho que no basta el discurso gerencial de Piñera. ¿Puede ser una opción en 2017 con esa propuesta o debe buscar un relato simbólico diferente?
-Tengo serias dudas de que a estas alturas del partido, un personaje como Sebastián Pinera vaya a cambiar mucho en ese sentido. Es cosa de revisar sus cuñas: está convencido de que Chile se va al despeñadero por culpa de la ideologización del debate. Es decir, no asume su propia posición ideológica y le da al término un sentido enteramente peyorativo. No tengo ninguna esperanza de un cambio al respecto. Lo veo incluso más conservador que antes, dispuesto a seguir apostando en lo que sabe que da resultado. Si la agenda se mueve definitivamente hacia seguridad ciudadana y crecimiento económico, entonces no tendrá muchas razones para cambiar de estrategia. Piñera es un hombre de respuestas y los intelectuales se devanean en las preguntas. Pero las elecciones no se ganan haciendo preguntas, y a Piñera sólo le interesa ganar. •••

2015/10/18

Políticos versus Intelectuales

Columna de Cristóbal Bellolio a raíz de los dichos de Walker sobre la comisión Engels.
cristobal-bellolio
El senador DC Ignacio Walker está en lo correcto cuando señala que no existen grandes diferencias de fondo respecto de la necesidad de reformar el funcionamiento de los partidos políticos, especialmente respecto de la exigencia de reinscripción de militantes para acceder a financiamiento público. Sin embargo, sus declaraciones respecto de las recomendaciones de la Comisión Asesora Presidencial contra los Conflictos de Interés, Tráfico de influencias y Corrupción, y especialmente respecto de Eduardo Engel (“sabe de economía y de políticas públicas, pero no tiene idea de política. No conoce las culturas políticas que representan los partidos… Estoy cansado de los Catones de la moral, de aquellas personas que pontifican desde el pizarrón. La política es algo demasiado serio para dejársela a intelectuales que desconocen la historia de Chile”), revelan una incomprensión de la actual crisis de representación en un nivel más profundo. La misma preocupante incomprensión apareció en las palabras del diputado UDI Felipe Ward: “Chile no necesita más opinólogos… Lo que se necesita son políticos en terreno. Es mucho más fácil opinar desde la comodidad de sector privado. El día que se presente como candidato cualquiera de estas personas que únicamente hablan de política, pero no hacen nada en terreno ni se la juegan por ayudar a la gente que está en el barro, creo que van a tener una visión distinta”. ¿Por qué están tan perdidos Walker, Ward y probablemente la mayoría de la dirigencia de los partidos tradicionales?
Primero, porque Engel y compañía no aspiran a erigirse como faros morales respecto de qué virtudes deben empapar la actividad política profesional. La Comisión en comento fue convocada por la Presidenta Bachelet como un salvavidas de urgencia para un sistema político gravemente enfermo. La función de Engel, por así decirlo, se parece más a la de un médico que es llamado a entregar una lista de remedios y tratamientos para enfrentar la patología. La posición de Walker se asimila a la del paciente que sufriendo de un enfisema pulmonar las emprende contra los cambios de hábitos que recomienda el doctor porque “él no sabe lo que es fumarse un pucho”. Walker parece olvidar que no tendríamos para qué someternos a este doloroso tratamiento si los políticos profesionales no hubieran comprometido con tamaña indolencia la salud del nuestro sistema político. El ex timonel democratacristiano alega que Engel asimila a los partidos a potenciales infractores de la ley. Pues bueno, ésa no es una idea peregrina de los integrantes de la Comisión, sino un hecho judicialmente probado y una percepción extendida en la ciudadanía chilena. Si existe la real voluntad de revertir esa percepción y sanar al enfermo, entonces habrá que hacer más de algún sacrificio que –si dependiera estrictamente de ellos- no harían.
Quizás este cortocircuito entre políticos de carrera e intelectuales de la teoría y las políticas públicas pudo haberse evitado si la Comisión hubiese incorporado representantes de los primeros. Sin embargo, no habría sido una buena idea. A la luz del registro histórico del comportamiento de los partidos, lo más probable es que éstos hubieran participado del hito intentando bloquear las iniciativas que implicaran pérdidas y sacrificios antes que explicando las particularidades de la vida partidaria. Está en la naturaleza humana: nadie promueve cambios que afecten su estado de comodidad. En lo relativo a la función parlamentaria, sabemos nadie legisla contra su propia estabilidad laboral. Por lo tanto, la exclusión de los partidos se explica por la plausible sospecha que sobre ellos recae. La lentitud de las reformas políticas -casi siempre- tiene que ver con que todos los actores tienen un interés particular que custodiar. Resultaba entonces aconsejable que fueran expertos en el pizarrón de la política los que definieran las recomendaciones sin la injerencia de los operadores partidarios. Por lo mismo es enteramente comprensible que el doctor levante la voz cuando observa que el paciente trata por todos los modos de burlar el tratamiento “porque es muy duro”. Las terapias de shock no deben dejar mucho espacio a la negociación. Justamente de eso depende que resulten.
Queda, finalmente, evaluar la tesis de la sobreabundancia de opinólogos políticos. Es curiosa la comprensión de la democracia que tiene el diputado Ward. En este régimen, los asuntos públicos le pertenecen a los ciudadanos. Todos tienen el derecho de emitir su opinión respecto de la marcha del país. Mientras más personas participen de esa gran conversación, mejor. Respecto de la actividad política propiamente tal, Ward parece ignorar el principio de la división del trabajo. En todo proyecto ideológico hay miembros que juegan diferentes roles: algunos están a cargo de definir el contenido intelectual de la propuesta, otros de montar la plataforma organizacional necesaria, alguien tendrá que proveer los fondos o al menos salir a buscarlos, otros tantos estarán en las esquinas agitando banderas y unos pocos competirán directamente por cargos de representación popular. Fuera de los cuadros militantes, un cuerpo de académicos y expertos tendrá la fundamental misión de estudiar los procesos y las instituciones políticas desde una perspectiva más o menos científica. Parte de ese músculo técnico, precisamente, se gana los porotos asesorando al Congreso y al Ejecutivo para que las leyes y políticas públicas no sean confeccionadas con el saber intuitivo o puramente “callejero” de los políticos profesionales. De lo contrario, nuestro ordenamiento jurídico sería bastante más pobre. Así también se “ayuda” a la gente, en la versión paternalista que sugiere Ward. Lo que ha hecho Engel y compañía está imbuido en el mismo espíritu: elevar las exigencias de transparencia y probidad de nuestro sistema político para que sea capaz de responder mejor a la confianza de la ciudadanía.