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2011/06/03

China-Brasil, un choque cultural


La creciente relación comercial entre ambos países saca a la luz diferencias en la esfera laboral
Mientras llenaba los estantes de un almacén de comestibles chinos, Thiago dijo que no quería que lo sorprendiesen hablando durante horas laborales. Acto seguido, despotricó contra los dueños del almacén, que estaban a una distancia desde la cual no podían oírlo.

"Nunca oyeron hablar de un día de descanso", se quejó el joven de 20 años, quien habló a condición de que se usase únicamente su nombre de pila por temor a perder el trabajo. "¿Vacaciones? Jamás. Pagan bien y te pagan las horas extras, pero no entienden que hay algunas cosas que para los brasileños son más importantes que el dinero". "Vi mucha gente que viene, ve cómo son las cosas con los chinos, y dejan de trabajar el mismo día", agregó.

Las tensiones culturales son uno de los peores obstáculos con que tropiezan las crecientes relaciones comerciales entre China y Brasil, dos de las economías que más rápidamente crecen en el mundo. Las inversiones de empresas chinas en Brasil llegaron a los 17.000 millones de dólares el año pasado, 60 veces lo que se invirtió el año previo, según SOBEET, un centro de estudios económicos brasileño. Paralelamente, las empresas chinas instaladas en Brasil contratan cada vez más brasileños, renunciando a la costumbre de traer empleados de China.
Clic para ampliarComo resultado, hay un frecuente contacto entre dos culturas con expectativas muy distintas en torno al papel de los trabajadores, las regulaciones gubernamentales y los sindicatos.

Los brasileños tienen muchas protecciones laborales, incluidos un aguinaldo anual equivalente a un mes de paga y cupones para alimentos y transporte. China, por su parte, es hoy la segunda economía más grande del mundo gracias en parte a que se pagan sueldos bajos y prácticamente no hay leyes que protejan a los trabajadores, de acuerdo con la organización estadounidense sin fines de lucro Global Institute for Labor & Human Rights.

CONTRASTE SINDICAL

El poderoso movimiento sindical independiente brasileño contrasta con el sistema centralizado chino, donde los trabajadores no negocian convenios colectivos. "Es un modelo totalmente distinto de cómo opera una sociedad", expresó Charles Kernaghan, director del instituto. "No hay derecho a organizarse y casi no hay protecciones laborales". Las empresas chinas están tratando de imponer ese modelo en el exterior y les está costando trabajo, al menos en Brasil.
Clic para ampliarUn sondeo efectuado recientemente entre 500 ejecutivos brasileños que trabajan para empresas de China, Estados Unidos, Canadá y Europa por la empresa reclutadora Michael Page International para el diario Folha de Sao Paulo, descubrió que 42% de los ejecutivos brasileños que trabajan para compañías chinas cambia de trabajo en un año, lo que representa una tasa de rotación que es un 68% más alta que la de las otras empresas consideradas.

Los brasileños se quejan de que los chinos no entienden su cultura y su tendencia a desarrollar relaciones personales con los compañeros de trabajo. Tampoco les gustan las estructuras centralizadas, que dejan poco espacio a los ejecutivos locales. "La incomprensión de nuestra cultura va a frustrar el desarrollo de las empresas chinas en Brasil", pronosticó Marcelo de Lucca, director de las operaciones de Michael Page en Brasil. "Cuando llegan a Brasil o cualquier otro país, las empresas multinacionales deben adaptarse a la cultura local. Pero los chinos son una nación con antiguas tradiciones, gobernado por un Partido Comunista muy fuerte en el que se presta mucha atención a los niveles jerárquicos. Les va a tomar más tiempo".

La firma contable internacional KPMG, que ayuda a las empresas chinas a iniciar operaciones en Brasil, dice que en la actualidad hay unas 30 compañías estatales chinas con ingresos de más de 1.000 millones de dólares operando en el país, tres veces las que había hacía cinco años.

El comercio bilateral entre China y Brasil rebasó los 56.000 millones de dólares el año pasado. Hace una década era de apenas 2.300 millones de dólares. En 2009 China desplazó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Brasil.

Las empresas chinas tienen una presencia cada vez más grande no sólo en Brasil, sino en buena parte de Latinoamérica. Zhang Jianhua, director de la sucursal del Banco de China en Sao Paulo, dice que a los chinos les atrae el mineral de hierro, la soja, el petróleo y otras riquezas naturales de Brasil, y que muchas empresas están descubriendo que les resulta más rentable instalar sus operaciones cerca del sitio donde se encuentran estos recursos. También creen que la creciente clase media brasileña es un mercado prometedor.
Un ex ejecutivo de la firma china de computadoras Lenovo afirmó que la mayoría de los empleados de la sucursal local se sentían frustrados con el requisito de generar resultados inmediatos en un país con muchos obstáculos burocráticos. Gestiones como conseguir una línea telefónica o alquilar un departamento pueden requerir numerosas visitas a un notario y abundante papeleo.

ESTILOS LABORALES

A los brasileños tampoco les gusta el estilo sofocante de los directivos chinos, según una ejecutiva que no quiso dar su nombre por temor a comprometer el trabajo de otros brasileños de Lenovo. "No me refiero a la cantidad de trabajo. Después de todo, todos estamos encadenados a nuestro Blackberry, trabajando las 24 horas del día, los siete días de la semana", manifestó. "Pero querían que uno estuviese todo el tiempo en la oficina, para poder controlarte".

"Los negocios no se hacen así en Brasil. Se hacen durante una cena, un almuerzo o tomando tragos. No podés tener al personal encerrado en una oficina todo el día y esperar que logren progresos". La ejecutiva dijo también que los chinos generan un mal ambiente haciéndole llamados de atención a los directores de proyectos delante de todos. "Creyeron que los trabajadores rendirían más si las órdenes venían del gran jefe, pero eso no funciona así en Brasil, es todo lo contrario", manifestó. "Pierden la motivación porque a su jefe inmediato no lo respetan. Eso sucedió muchas veces".

2º ECONOMIA
China le arrebató a Japón en 2010 el estatus de la segunda economía más grande del mundo que ostentó durante 42 años: en todo 2010 el PBI nipón creció 3,9% según cifras oficiales, frente a un apabullante 10,3% del gigante asiático.

SOLIDEZ
Brasil, la primera economía de América latina, crecerá este año un 4,1% y el año próximo un 4,5%, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que indicó que el crecimiento se ralentiza, pero es sólido.

2011/02/01

China y Brasil inundan de represas América Latina

La creciente presencia de capitales chinos y brasileños en el sector energético de América Latina facilita la construcción de numerosos complejos hidroeléctricos, pero también alienta posturas nacionalistas que se suman a los cuestionamientos ambientales a esos grandes proyectos.
Las tres mayores obras hidroeléctricas de Ecuador están a cargo de empresas chinas, lo cual rompe con la hegemonía que tenían en esa área constructoras brasileñas, como la Odebrecht o Andrade Gutierrez.

El financiamiento por el Exim Bank (banco de comercio exterior) de China, que cubre casi todos los costos, hizo viable esas centrales en momentos en que Ecuador tenía limitado el acceso al crédito a causa de la revisión de la deuda pública que promovió el gobierno, a partir de 2007, y que llevó a no pagar casi 4.000 millones de dólares por entender que no correspondía.

Brasil también financia obras a través de su estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES). Pero esas inversiones se vieron afectadas desde 2008, cuando el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa expulsó a Odebrecht, acusándola de fallas en la construcción de la hidroeléctrica San Francisco y reclamándole reparaciones por 210 millones de dólares.

La competencia entre Brasil y China, ambos con capitales excedentes y que poseen constructoras especializadas en grandes proyectos, crea condiciones más favorables para el aprovechamiento energético de los abundantes ríos latinoamericanos.

En esta puja, empero, ya hay un ganador en Perú en lo que refiere a los cincos complejos hidroeléctricos que se construirán en la Amazonia. Están "planificados en función de los intereses brasileños", que serán los únicos beneficiados, dijo a Tierramérica el director de la organización no gubernamental ProNaturaleza, Alfredo Novoa.

El activista cuestionó esos proyectos pues entiende que Perú cuenta con generación suficiente para su consumo eléctrico actual y puede atender su demanda futura por el potencial de la cordillera de los Andes y los vientos costeros, que no conllevan daños ambientales y sociales como sí los tienen las represas en la selva amazónica.

Esa reacción nacionalista a la multiplicación de las hidroeléctricas condena también la financiación por parte del BNDES, que tiene como condición la importación de equipos e insumos brasileños para la ejecución de las obras.

Es un mecanismo utilizado por Brasil para incrementar las exportaciones de gran valor agregado, además del cobro de intereses y las ganancias de sus empresas, que serán socias o constructoras de las centrales.

El acuerdo energético entre ambos países, firmado en junio de 2010 para la construcción de cinco hidroeléctricas en la selva peruana, fue el resultado de una "negociación asimétrica", según Novoa, ya que establece la venta a Brasil de la energía excedente durante 30 años.

Pero como Perú "no necesita" nuevas fuentes de la Amazonia, "mientras que Brasil sí", queda evidente a quién le sirven los proyectos, arguyó.

"Con Brasil no se negocia, sólo se acepta", comentó el presidente de Perú, Alan García, en reunión privada con empresarios, diplomáticos y líderes sociales en Chile, aseguró el 20 de este mes el analista político chileno Patricio Navia en su cuenta de la red social Twitter.

Las represas y líneas de transmisión a construir implican la deforestación de 1,5 millones de hectáreas amazónicas, estimó el ingeniero peruano José Serra en un estudio para ProNaturaleza.

China concentró sus inversiones en Perú en el sector minero, mientras que Brasil se volcó a los hidrocarburos, a las obras de infraestructura de transportes y a las hidroeléctricas en zonas cercanas a la frontera común.

Estos capitales de ambos gigantes emergentes jugaron un papel importante en el crecimiento económico de Perú y redujeron la dependencia de ese país respecto de Estados Unidos, que aún no supera la crisis que estalló en 2008, precisó a Tierramérica la politóloga Cynthia Sanborn.

Las empresas brasileñas actúan en diversos sectores de la economía peruana, pero "no he visto mucha resistencia a estas inversiones de parte de la sociedad civil, a excepción del caso de las hidroeléctricas", señaló Sanborn, experta estadounidense que dirige el Centro de Investigación de la peruana Universidad del Pacífico.

Tampoco tiene buena acogida el capital chino, después que Shougang Hierro, que explota minas en Perú desde 1992, provocó gran contaminación por derrames de aceites y lubricantes y fue acusada de violar leyes laborales, a la vez que otras dos empresas chinas generaron conflictos, con muertos y heridos.

Nicaragua es otro país donde las represas hidroeléctricas están en manos de firmas brasileñas, favorecidas por el hecho de que el país centroamericano no tiene relaciones con China, porque las tiene con Taiwán.

El proyecto hidroeléctrico Brito, otorgado en 2007 a la constructora Andrade Gutierrez, desató también polémicas y críticas de ambientalistas, porque represará las aguas del río San Juan para invertir su curso natural hacia el mar Caribe y hacerlo desaguar en el océano Pacífico. Tendrá capacidad para generar 250 megavatios, a un costo inicial de 600 millones de dólares.

Otra central, Tumarín, de 220 megavatios, la ganó la firma también brasileña Queiroz Galvão.

En cuando al mismo Brasil, las inversiones chinas crecieron abruptamente en los dos últimos años, en variados sectores. En energía, curiosamente se destinaron a la compra de empresas de transmisión y distribución de electricidad, además de otras con participación en yacimientos de petróleo.

Son dos tipos de inversiones, uno para adquirir reservas de recursos naturales no renovables para atender la demanda en la misma China, mientras que el otro es para generar empleos para sus nacionales en el exterior y exportar equipos, comentó a Tierramérica Adriano Pires, consultor en energía y director del Centro Brasileño de Infraestructura.

China es uno de los pocos países que desarrollaron tecnología para ejecutar las grandes obras de infraestructura, pero difícilmente penetrará en ese sector en Brasil, como hizo en África y Ecuador, porque las constructoras brasileñas son muy competitivas, indicó Pires.

Sin embargo, sí participan en el auge actual de los complejos hidroeléctricos y termoeléctricos, vendiendo turbinas y equipos, por sus precios bajos.

Las inversiones chinas parecen "tímidas", porque muchas no aparecen en las estadísticas, como las que compraron el control accionario de empresas importantes, advirtió a Tierramérica el presidente de la Sociedad Brasileña de Estudios de Empresas Transnacionales, Luis Afonso Lima. Es el caso de la montadora sueca de vehículos Volvo, ejemplificó.

Pero su orientación no parece priorizar la energía eléctrica en Brasil, opinó.

Con casi tres billones de dólares en reservas internacionales, China trata de transferir sus inversiones en títulos del Tesoro estadounidense a otros activos, corroboró Pires.

* Este artículo fue publicado originalmente el 29 de enero por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. Con aportes de Gonzalo Ortiz (Quito), José Adán Silva (Managua) y Milagros Salazar (Lima).

(FIN/2011)