La industria de la reutilización de los residuos presenta un
escaso desarrollo en Latinoamérica, ya sea por la falta de plantas
recicladoras, como por el nivel de contaminación de los desechos.
Solamente se aprovecha el 10% del oro, plata y cobre de la basura
electrónica que se descarta, lo que significa una pérdida económica
enorme para la región.
Basurero de Brasil. AFP
El proceso de reciclaje de desechos sólidos en Latinoamérica
se realiza de manera informal por la escasez de recursos que se destinan
a tal fin. En general, son muy pocos los países de la región que
cuentan con un programa federal de reciclaje, cayendo la responsabilidad
en los municipios, muchos de los cuales deben enfrentar otras
prioridades.
Las cadenas para el manejo de la basura se ven
interrumpidas por la intermitente comunicación entre empresas y
gobiernos y además por la falta de uso de tecnologías limpias tanto para
la fabricación de productos, como para su reaprovechamiento.
El
origen del reciclaje no comienza en el consumidor, tal como sucede en
varios países europeos, ya que no está incentivado el hábito de separar
los distintos elementos antes de desecharlos, lo que produce un elevado
costo para las empresas que se dedican exclusivamente a reciclar y
además desincentiva la actividad.
BASURA ELECTRÓNICA: UN NEGOCIO PERDIDO
Dentro
de los residuos sólidos se encuentran los desechos electrónicos de
teléfonos celulares, baterías, computadoras y todo tipo de aparatos que
contienen oro, plata, cobre y otros minerales, que se tiran literalmente
sin ningún tratamiento.
Sumando la cantidad de minerales, si se
pudiesen volver a aprovechar estas sustancias, tendrían un alto valor en
el mercado y además desalentaría la minería contaminante.
De
acuerdo con información que el grupo ecologista Greenpeace le brindó a
la BBC, en 2011 en Argentina se desecharon 10 millones de teléfonos
móviles, que contienen 12,5 millones de dólares en oro, 1,8 millones en
plata y 664.000 en cobre.
En América Latina, se tiran anualmente
unos 3 kilogramos de basura electrónica, de acuerdo con la Plataforma
Regional de Residuos Electrónicos en Latinoamérica y el Caribe (Relac).
Aunque esas cifras son de 2010, por lo que Greenpeace conjetura que esa
cantidad podría haberse duplicado.
Las empresas que se dedican a
reciclar –en Argentina operan cinco- y grupos defensores del
medioambiente presionan para que se aplique una ley de reutilización de
aparatos electrónicos, ya que si las firmas recicladoras deben recoger
los productos, se pierde la ganancia.
Por eso, para que la
industria del reciclaje funcione formalmente, los fabricantes deberían
ser los encargados de retirar los productos una vez que finaliza su vida
útil. Pero, esto encarecería el valor de los objetos electrónicos.
Aunque en Estados Unidos la ley obliga al productor a hacerse cargo de la mercancía caduca.
En
2010, el proyecto de “Ley de Basura Electrónica” recibió media sanción
en el Senado Argentino, pero las organizaciones ecologistas advirtieron
que si Diputados no trata este año esa ley, la aprobación de la Cámara
Alta prescribirá.
Actualmente, sólo Costa Rica y Colombia aprobaron decretos que regulan el destino de los residuos electrónicos.
Según
Greenpeace, hasta el 90% de un producto electrónico se puede
reutilizar, pero en Latinoamérica sólo se recicla un 10% de los
desechos.
TRATAMIENTO DE LOS RESIDUOS
Sin
dudas, Colombia es el país que más ha invertido en programas de
reciclaje. La Fundación Social (FS) es una organización que trabaja a
favor de los recicladores informales, que suelen ser identificados de
manera prejuiciosa como mendigos o delincuentes.
En Bogotá, los
ocho millones de habitantes generan 6 mil 700 toneladas de basura
diarias Existen unos 18 mil 500 trabajadores que llegan a reciclar el
25% de los desechos.
Por su lado, Brasil creó por lo menos 12
programas relevantes de separación de materiales en las ciudades de
Curitiba, San Pablo, Porto Alegre, Santos, Sao José dos Campos y San
Sebastiáo.
Curitiba es considerada la capital ecológica de Brasil
y la tercera ciudad más limpia del mundo, de acuerdo con
ambientalistas. Allí se desarrolla un plan de urbanismo ecológico con
altos niveles de reciclaje.
En México, pese a que no exista un
programa de reciclaje formal, la Sociedad Cooperativa de Seleccionadores
de Materiales (Socosema), que trabaja en Ciudad Juárez, ha logrado
reutilizar las enormes cantidades de residuos que se almacenan en los
basurales.
Sin embargo, los rellenos sanitarios están sujetos al
clientelismo político y acceder a ellos constituye una verdadera batalla
entre pobres.
Si América Latina afrontara con mayor énfasis el
tratamiento de la basura, sobre todo la electrónica, contribuiría a
limpiar el medioambiente y a evitar que los recicladores informales se
enfermen por el manejo de sustancias tóxicas.
Además, se
impediría que la minería, principalmente a cielo abierto dejara secuelas
imborrables en los sistemas ecológicos de la región, ya que en
Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú existen fuertes
protestas ante las compañías que desarrollan esta industria y que de
acuerdo con los ambientalistas lo hacen de manera irresponsable.
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