2015/09/07

10 claves para entender el regreso de Millennium

Ocho años después de la muerte de su creador, los emblemáticos personajes de Stieg Larsson regresan a librerías este fin de semana. Tras líos legales, familiares y autorales, hay que decir que el título escogido para la edición en español es decidor: Lo que no te mata te hace más fuerte.
Por: Francisco Ortega
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1. 2007: así terminaba La reina de las corrientes de aire (Planeta/Destino): “Lo contempló y constató que ya no albergaba ningún sentimiento hacia él. O al menos no ese tipo de sentimientos. Lo cierto era que durante el año que acababa de pasar, él había sido un amigo. Confiaba en él. Quizá. Le irritaba que una de las pocas personas en las que confiaba fuera un hombre al que evitaba ver constantemente. Al final se decidió. Era ridículo hacer como si él no existiera. Ya no le dolía verlo. Abrió la puerta y lo dejó entrar de nuevo en su vida”.
Era el cierre del tercer tomo de la trilogía Millennium, una saga de novelas policiales escritas por un ex periodista de política y economía muerto poco antes de la publicación de sus libros. Se suponía que no había más, que no podía haber más. Pero la serie se convirtió en un éxito planetario, una de las obras de literatura comercial más exitosas de todos los tiempos y una rentable generadora de películas (trilogía Millennium, de Niels Arden Oplev y La chica del dragón tatuado, de David Fincher) e incluso novelas gráficas (Millennium, the graphic novel, DC/Vertigo) y cuando eso pasa, da lo mismo que el autor esté muerto. Todo lo contrario, puede ser incluso ventajoso.
2. ¿Suecia en el mapa?: cuando en 2007 apareció la trilogía Millennium, se dijo que sólo en Suecia el primer libro de la serie había vendido 6 millones de ejemplares, lo que no deja de ser increíble para un país que tiene una población de 9 millones y medio de personas. Pongámoslo en perspectiva chilena. Acá hay 15 millones de habitantes y la novela de ficción más vendida del último año ha alcanzado con suerte los 27 mil ejemplares. Harto revelador sobre nuestros índices de lectura. Como sea, tras el arrollador éxito en su tierra natal, la trilogía de Stieg Larsson empezó a aparecer en el resto de Europa y luego a saltar de idioma en idioma. Fue apuntado como la punta de lanza de la nueva novela policial escandinava, un género que como la novela negra norteamericana surgía con sus propias reglas dentro del panorama de la escritura detectivesca mundial. ¿Pero era tan así? En verdad no.
3. Scandinavian noir: Larsson vendió mucho, pero de ningún modo puede hablarse de que represente un movimiento narrativo con sus propias reglas: el llamado “noir escandinavo”. Esta variante del policial comparte con sus símiles ingleses y norteamericanos estructuras similares, pero agrega un elemento que le da una ventaja estilística y morbosa: la frialdad nórdica. Y esto no sólo por sus paisajes y sus noches eternas, sino por la manera de narrar, de construir un lenguaje desde una frialdad descriptiva en la que los personajes aunque traten no pueden ser empáticos. Antes que Larsson, autores como Peter Hoeg (La señorita Smila y su especial percepción de la nieve), Assa Larsson (Sangre derramada), Hanning Mankell (Asesinos sin rostro) pavimentaron un camino, que desde la década de los 70 fuera bosquejado por el matrimonio de autores Maj Sjowall y Per Whaloo (Los terroristas). Los críticos de Stieg suelen decir que lo que hizo el autor fue colgarse de una corriente, con una trilogía de novelas escritas con vocación más masiva y que se llevó los laureles que pertenecían a otros. Algunos son aun más taxativos. Si Millennium se convirtió en el emblema del nuevo policial sueco fue porque el autor tenía el bonus de haber muerto. Es probable, pero también injusto quedarse en ese juicio.
4. Un fan: de lo único que puede realmente atacarse a Stieg Larsson es de vender mucho, pecado narrativo que a los críticos literarios suele (por una razón inexplicable y que no comparten con sus colegas del cine y la música) molestarles mucho. Larsson, en efecto, hizo una relectura del género desde una mirada más masiva, pero eso no tiene nada de malo ni es condenable, todo lo contrario. La composición del autor consigue una serie de novelas muy adictivas, entretenidas y que incluso se pueden leer como un homenaje a sus antecesores, una suma de todo lo bueno del noir escandinavo. ¿Fue ésa su fórmula de la Coca-Cola? No. ¿Morirse entonces? Tampoco. La equis de su ecuación tenía nombre de mujer.
5. Lisbeth Salander: las cifras lo dicen. Quienes más leen en el mundo son mujeres, las que compran más libros también. Y las que recomiendan libros por boca a boca igual. Las lectoras buscan historias que las emocionen y personajes que las identifiquen o que les despierten un tipo especial de empatía y admiración. Y eso pasó con Lisbeth, que en la estructura de la saga era la contraparte del héroe, Mikael Blomkvist; su apoyo y su compañera, pero a la larga se convirtió en la real protagonista del combo. Es la chica la que salva al héroe y no viceversa. Una mujer de carácter, inteligente, con varias taras sociales, pero que las supera con una deducción digna de Sherlock Holmes o de Batman; suficientemente atractiva como para que la versión norteamericana de la primera novela cambiara su título para llevarla a ella en portada: La chica del dragón tatuado en lugar del original Los hombres que odiaban a las mujeres. Fue Lisbeth quien conquistó el mundo, no los libros, ni mucho menos el detalle de un autor muerto.
6. La forma de la muerte: el guión es perfecto. Stieg Larsson un brillante periodista de política y economía, decide escribir una serie de novelas policiales, basadas en los autores que admira, en las aventuras de Tin Tin y proponiendo a un reportero, no muy diferente de él, como héroe, básicamente para apartarse del lugar común del detective o el policía. Un paro cardiaco lo mata en 2004, sólo meses después de haber firmado un contrato para sacar los tres libros. Un año tras su fallecimiento, el planeta se vuelve loco con la saga Millennium y al igual que en la trama de la trilogía, el mundo real alrededor de la firma Larsson se empieza a llenar de laberintos, algunos más enrevesados que las propias aventuras de Lisbeth y Mikael.
7. Millennium, el drama: Stieg Larsson vivió más de 30 años con Eva Gabrielsson. Ella lo cuidó en salud, enfermedad y lo apoyó cuando dejó de trabajar para meterse en la escritura de la trilogía. Fue la que llevó los manuscritos a la editorial Norstedts Förlag y supervisó la publicación de la saga tras la muerte de su pareja. El problema es que Larsson y Gabrielsson nunca se casaron ni firmaron algún tipo de contrato como pareja, sumado a eso que los libros del difunto han vendido más de 80 millones de ejemplares lo que es mucho dinero, más cuando los herederos legales del escritor son el padre y el hermano menor de éste, que desde 2007 le disputan a la “viuda” los royalties por derechos de autor y derivados. Como la vida no es justa, las leyes suecas favorecen al padre y al hermano, a pesar de que éstos simplemente se colgaron de la ola. Pero Eva tenía un arma bajo el brazo.
8. 200 páginas extras: ésa fue la cifra que según Eva Gabrielsson había alcanzado a dejar escritas Stieg Larsson antes de su muerte. Y no de una próxima novela, sino de un arco con el cual completar un total de diez entregas, plan original del autor. La idea de la viuda era escribir ella misma las novelas, pero ya que los derechos autorales pertenecen a los Larsson, la cosa no le resultó tan fácil a la mujer. El hermano y el padre de Stieg devolvieron el balazo de su adversaria con un arma aún mejor: cedieron a Norstedts Förlag los derechos de los personajes para que fueran ellos quienes encontraran a un autor profesional que supiera hacer justicia y sacar el mejor provecho a la creación del autor escandinavo. Puede parecer raro, inmoral incluso, pero no es primera vez que eso sucede en el mundo de la literatura comercial. James Bond, Sherlock Holmes, Dune son sólo algunos títulos narrativos que han continuado en manos de diversos autores tras la muerte de su creador. En una nueva batalla en tribunales Gabrielsson intentó detener a los Larsson, pero en esta ocasión la familia del escritor tenía un tercer brazo de apoyo, la editorial, por lo que la viuda se quedó sin pan ni pedazo. Así es la vida.
9. David Lagercrantz: fue el nombre escogido por Norstedts Förlag y los Larsson para continuar con las aventuras de Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist. Un currículum parecido al de Stieg. Periodista de formación en economía y política, vinculado a denuncias de grupos de extrema derecha en Suecia, parece un espejo del propio personaje principal de la saga. Tiene además experiencia como autor fantasma, tanto en ficción como en no ficción. Ahora verá por primera vez su nombre en portada de un título masivo, aunque sus entrevistas y declaraciones están limitadas, porque lo que importa acá es la marca Millennium y no quién la escriba. A Lagercrantz le da lo mismo. Antes del veto de silencio editorial declaró que estaba buscando una oportunidad para dejar el periodismo del día a día, lo que el suculento contrato por otras tres novelas en los próximos cuatro años le consiguió. ¿Y que pasó con las 200 páginas de apuntes que declara poseer Eva Gabrielsson? Por ahora nada, pero no sería raro –porque así es la industria– que en un par de años tengamos (como en el caso de James Bond) dos sagas Millennium peleándose por ser la canónica. La de los herederos de la marca registrada Stieg Larsson –con David Lagercrantz poniendo el trabajo duro– y la de la mujer que lo amó.
10. 2015: para los ansiosos, acá va un adelanto de Lo que no te mata te hace más fuerte, como se llama la nueva novela: “Lisbeth se despertó atravesada en su enorme cama y se dio cuenta de que acababa de soñar con su padre. La sensación de que algo la amedrentaba la envolvió como un abrigo. Luego se acordó de la noche anterior y pensó que igual podía haber sido una reacción química de su cuerpo. Tenía una resaca de campeonato. Se levantó y, tambaleándose, se dirigió al gran cuarto de baño –el que tenía jacuzzi, mármol y todo ese lujo estúpido– con ganas de vomitar. Pero lo único que hizo fue dejarse caer en el suelo, donde se quedó sentada respirando con dificultad. Al cabo de unos minutos se levantó y se miró al espejo, lo que tampoco le resultó particularmente agradable: tenía los ojos rojos como brasas. Acababan de dar las doce de la noche, así que no habría dormido más de un par de horas. Abrió un armario y sacó un vaso que llenó de agua. Pero en ese mismo instante se acordó de su sueño, y apretó tanto el vaso que lo rompió y se hizo un corte en la mano. La sangre empezó a caer al suelo”. •••

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