Nuestro país es el segundo inversor del mundo al sur de los EEUU, pero su posición puede estar amenazada por la irrupción del gigante asiático, que ha intensificado sus relaciones con la zona
DURANTE la década de los noventa, las grandes empresas españolas iniciaron un ciclo de adquisiciones en América Latina de enormes dimensiones, que han situado a nuestro país como el segundo inversor extranjero de la zona, después de EEUU
La región se ha convertido en el principal destino de las inversiones españolas. De los casi 400.000 millones de stock de capital español en el exterior, 150.000 están localizados en América Latina. Este volumen de inversión ha provocado que una parte creciente de los beneficios de nuestras empresas provenga de esos países. Durante los años anteriores a la crisis, los mercados latinoamericanos aportaban una tercera parte de los beneficios totales de las multinacionales españolas; durante los años de crisis han alcanzado casi el 50%, lo que refleja la enorme importancia para la economía española.
Durante todos estos años, las empresas han demostrado una gran capacidad competitiva frente a rivales de EEUU, de Francia y de otros países desarrollados. Esta situación, sin embargo, puede empezar a cambiar como consecuencia de la irrupción de China como inversor en los países al otro lado del Atlántico.
El primer ministro chino, Li Keqiang, finalizó esta semana una visita de carácter económico y comercial por América Latina, que le ha llevado a Perú, Colombia, Brasil y Chile. Después de la firma de diversos tratados comerciales con los países de la región durante la década pasada, las autoridades chinas han pasado a una segunda fase en sus relaciones económicas con el resto del mundo, materializado en acuerdos sobre inversiones y financiación.
El impacto que han tenido esos tratados comerciales en las relaciones bilaterales con los países de América ha sido espectacular. A principios de la década anterior, las relaciones eran prácticamente inexistentes. El pasado año, el 25% de las exportaciones de Chile tuvieron como destino el gigante asiático. El 20% de las exportaciones de Brasil y Perú tuvieron el mismo destino.
Estas cifras reflejan la dependencia que las grandes economías latinoamericanas han generado con el país asiático. Tanto en estos países como en otros, China se ha convertido ya en el primer socio comercial. En conjunto, el comercio con China se ha incrementado 22 veces en el periodo 2000-2014. La ralentización del crecimiento chino, ha provocado la aparición de déficit comercial de las principales economías de la región con China, por primera vez. Y esto sucede a pesar de que muchas empresas chinas han dejado de exportar a los países, porque se han instalado directamente en ellos.
La mayoría de las empresas españolas que tienen presencia en América Latina prevén para este año aumentar sus operaciones en aquellos países, aunque con grandes diferencias entre los líderes, México, Chile, Brasil o Colombia y aquellos otros que se encuentran en peores condiciones económicas, como Venezuela o Argentina. El 90% de las empresas españolas con actividad internacional, colocan en primer lugar a los mercados latinoamericanos como aquellos en los que aumentarán más la facturación.
Esas expectativas, sin embargo, son mucho más moderadas de lo que lo eran hace una década, cuando las empresas estaban en plena expansión. Ahora, el futuro se ha vuelto más sombrío. Las oportunidades se han reducido notablemente en aquellos sectores que permitieron la expansión inicial: banca, seguros, telecomunicaciones y, en parte, energías convencionales.
En la actualidad, los sectores de obra civil, transporte y energías renovables son los que presentan mejores perspectivas de crecimiento. Sin embargo, al contrario de lo que ocurrió hace dos décadas, cuando las empresas se instalaron en América, hoy no estaremos solos. No sólo eso, sino que van a afrontar la competencia en condiciones desiguales.
El primer ministro chino ha prometido créditos por valor de 250.000 millones de dólares en su gira por Latinoamérica, básicamente dirigidos a los sectores de obra pública, transportes y energía. América Latina está experimentando el proceso de urbanización más intenso del mundo. Las grandes ciudades que están creciendo necesitan elevadas inversiones en autopistas, aeropuertos, infraestructuras urbanas y redes de energía y telecomunicaciones. En estos sectores, las empresas españolas son líderes mundiales por tecnología y experiencia.
El problema que se les presenta es que la construcción de proyectos en esos sectores va unida a la financiación de bancos estatales chinos, que cuentan con grandes recursos y que condicionan la financiación a la ejecución de los proyectos por parte de empresas chinas. Los países han acogido muy positivamente este planteamiento, porque la ralentización del crecimiento ha provocado una reducción de los recursos públicos. Esta escasez provoca una mayor dependencia del capital chino. Para preparar el terreno y estar más próximo, el Banco Chino de la Construcción -el segundo en tamaño- ya se ha instalado en los principales países de la región.
Nuestras empresas, en consecuencia, corren el riesgo de quedar fuera de una gran ola de inversión que ya ha comenzado y que se prevé continúe durante más de una década.
Para afrontar esta situación, el Gobierno español debería intensificar más su relación con el Fondo Multilateral de Inversiones, del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial, como mecanismos de financiación de los proyectos de infraestructura, telecomunicaciones y energía, de manera que las empresas españolas puedan seguir jugando un papel de liderazgo. Por su parte, las empresas españolas deberían redoblar sus esfuerzos para conseguir más financiación y en mejores condiciones para poder competir con el gigante asiático. Y la banca española debería comprometerse más en esos proyectos, porque nos jugamos una parte muy importante del futuro económico del país.
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