2015/04/04

Perspectivas debilitadas para la economía chilena

Parece ilusa la confianza oficial en un repunte basado en gasto fiscal, cuando a la par se tramitan reformas que se oponen al crecimiento.


SIGUEN FLUYENDO antecedentes que indican que este será un año complejo para nuestra economía. Dado su magro desempeño reciente, es urgente que las autoridades revisen sus políticas para crear bases reales a expectativas más favorables que permitan dinamizarla.
En relación con el entorno externo, la Reserva Federal acaba de acompañar la idea de un comienzo pronto a las alzas en sus tasas de interés, con un diagnóstico de mayor debilidad en la economía americana que haría más pausada la normalización monetaria. Tras una primera lectura positiva, los mercados volvieron  a esperar precios de materias primas a la baja, un dólar apreciándose, y crecimiento global más débil.
La consolidación de ese panorama es motivo de gran preocupación en América Latina. Chile ya ha experimentado una fuerte desaceleración por haber sumado al fin del  “súper ciclo” de precios de materias primas un conjunto de reformas negativas para el crecimiento. Otros países, que agregaron desajustes macroeconómicos mayores, se encuentran en una situación aún más compleja. Así, por ejemplo, Brasil, que desde un superávit fiscal primario cercano a 4% del PIB hacia 2011 ha llegado a un déficit de 0,6% del PIB, tiene por delante un fuerte ajuste y tasas de crecimiento negativas para este año. Argentina y Venezuela también enfrentan situaciones críticas, lo que junto a casos menos graves configura un cuadro regional limitante para el desempeño de la economía chilena.
En lo doméstico, el reciente Ipom del Banco Central agregó la preocupación inflacionaria. La depreciación del peso chileno y un mercado laboral con menos holguras, habrían llevado al alza la tasa de inflación subyacente, que ha subido desde 4,3% en noviembre a 4,7% en febrero. La reducción en la inflación medida por el IPC, desde 5,5% anual en noviembre a 4,4% anual en febrero, habría ocurrido, a pesar del alza en la tendencia inflacionaria subyacente, gracias a la fuerte caída en el precio del petróleo. Este Ipom consolida un cambio de escenario monetario, desde uno reciente en espera de bajas en la tasa de política monetaria, a uno de postergación por mucho tiempo y hasta eventual alza de tasas, en un contexto de inflación más persistente.
Un escenario global y regional complejo, junto a limitaciones domésticas para mayor estímulo monetario, deja el desempeño económico dependiendo -marginalmente- de la política fiscal, y en lo sustancial del ánimo de los inversionistas que depende de su visión sobre el futuro de la economía. Los últimos datos del INE muestran que incluso el repunte menor del Imacec en diciembre y enero (con crecimiento de 2,8% en doce meses, luego de 1,1% en los seis meses previos) puede decaer. Salvo mayor producción de cobre, y algún efecto del mayor gasto público, el crecimiento en los sectores productivos parece proceder según sus tendencias previas. La confianza oficial en un repunte del crecimiento, basada en gasto fiscal (cuando el gasto real del sector público ya es 9,4% mayor en enero-febrero de 2015 respecto de 2014), mientras se persiste en políticas tan opuestas al crecimiento como la reforma laboral, tiene más de expresión de deseos que de expectativa prudente a partir de las políticas que se aplican.
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