Las “nuevas medidas” anunciadas por los responsables del Banco Central Europeo son una buena noticia para la economía española en la medida en que un relajamiento de la política de austeridad, que hasta ahora había dictado Alemania, puede consolidar la tendencia del incipiente crecimiento. Todo lo que signifique facilitar el crédito a las familias y a las empresas en orden a impulsar la productividad, y a reducir el paro, debe ser bien acogido.
Sin embargo, una sombra de sospecha se cierne sobre el futuro de la economía española, tal como refleja el informe de JP Morgan, el primer banco en activos norteamericano. Para la economía española la incertidumbre ante la situación política, creada por el problema de Cataluña y el radicalismo de las propuestas de política económica de Podemos, puede tener efectos devastadores a la hora de salir de la crisis.
El hecho de que España ofrezca una imagen de incertidumbre ante el futuro más inmediato no beneficia a las necesarias inversiones extranjeras en nuestro país, ni a las decisiones de compra de nuestra deuda. Los discursos demagógicos que parecen ser bien acogidos por una parte de la sociedad, pueden llegar a tener efectos muy negativos sobre nuestra economía. Quienes sostienen el clásico principio marxista de que, cuanto peor mejor, deberían abstenerse de dar lecciones de responsabilidad pública.
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