2014/08/31

Predicciones en el desempleo

por Ricardo Paredes

ESTAR desempleado es sustancialmente lo que puede asociarse a la caída de ingresos por no tener trabajo. Un estudio reciente confirma para Chile lo hallado en el mundo desarrollado: la pérdida de bienestar (subjetivo) por el desempleo, por sí sola, daña el bienestar tanto como perder un año de ingresos laborales. 
La tasa de desempleo es el indicador más usado para reflejar la situación del mercado laboral. Pero ella puede aumentar por distintas razones, incluyendo simplemente que más personas quieran trabajar por un cambio de actitud. 
Para analizar y proyectar la tasa de desempleo, los economistas partimos con ejercicios mecánicos que al menos dan la base de discusión de políticas afinadas. Para ello es clave al menos entender que los factores más relevantes que la determinan son: i) la fuerza de trabajo (personas que participan), ii) la demanda de trabajo y iii) los salarios. 
La fuerza de trabajo en el largo plazo está, en lo fundamental, determinada por la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar. Un poco más, un poco menos, se afecta por la tendencia de las mujeres a participar, de la prolongación de la edad activa y de  los cambios en la jornada, pero prever un 2% en su crecimiento es razonable. 
La demanda de trabajo es lo más sensible a la política de corto plazo y a los ciclos. Aquí, la regularidad de casi 30 años de historia en Chile muestra que por cada punto que crece el país, la demanda de trabajo crece en 0,75 puntos. 
Finalmente, la misma regularidad de los últimos 30 años en Chile sugieren que por cada punto de aumento de los salarios reales, la demanda de trabajo se reduce en 0,35 puntos. 
Considerando los factores previos, un ejercicio relativamente mecánico, no para el mes ni para el año, pero que sirve de base de cualquier discusión razonada sobre política pública, permite visualizar las aprensiones actuales sobre la misma. La desaceleración de casi tres puntos de crecimiento de la economía, independiente de qué es lo que la explica, desde el 4,9% supuesto para el presupuesto al 2%, implica una rebaja del crecimiento de la demanda de trabajo desde 3,7% a 1,5%. Ello significa que para igual evolución de salarios reales, la tasa de desempleo será 1,7 puntos mayor en el contexto presente de lo que hubiera sido crecer al 4,9%. Otra forma de verlo, para mantener la tasa de desempleo, se requerirá que los salarios reales en lugar de crecer casi 5% real deban caer 1,4% real. 
El ejercicio mecánico es consistente con el fuerte aumento del desempleo del último año desde 5,7% a 6,5%, pero se puede matizar como proyección cuando se entiende que la existencia de mayor desempleo y menores salarios contiene la búsqueda de empleo de potenciales entrantes, y cuando la desaceleración se enfrenta con mayor inversión pública. Sin embargo, las aprensiones se exacerban cuando se enmarcan en escenarios no ya sólo coyunturales, sino que de largo plazo, como implicaría la introducción de rigideces en la relación laboral, y que han empezado a tomar forma en el discurso de la autoridad laboral. La mera expectativa de término de reemplazo de huelga y la introducción de sindicatos obligatorios puede reducir aún más, fuera de toda predicción, la demanda de trabajo. Pero ello no es funcional ni hoy ni a futuro de una mejor relación laboral.
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