El
pasado jueves, Día del Trabajador, el discurso de Bárbara Figueroa,
presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) –la mayor entidad
que reúne a los asalariados del país- tuvo dos ejes principales que fueron
destacados por los medios de comunicación: la reforma tributaria y los
cambios al sistema previsional chileno.
Dos temáticas que ocupan y preocupan no sólo a quienes deben levantarse
cada mañana a cumplir horario, sino también a los más diversos actores de
la economía nacional: empresarios, inversionistas, ejecutivos y otros.
Porque en ambos casos se trata de cambios que (de concretarse) finalmente
repercutirán en los bolsillos de todos.
Claro que la preocupación se manifiesta de distinta manera dependiendo del
segmento del que se trate. Los trabajadores lo hacen presente en el
discurso central del 1 de mayo. Los empresarios, en tanto, organizan foros,
debates, aparecen en los medios, generan declaraciones públicas y
construyen agenda respecto a la Reforma Tributaria con discurso en el que más
que alegar por los eventuales efectos en sus bolsillos, arguyen argumentos
grandilocuentes como que perjudica a la clase media, que afectará la
generación de empleo o que derechamente paralizará la economía.
En lo que respecta a la Reforma al sistema de AFP, aún no surge un discurso
opositor a los cambios –claro que recién esta semana se constituyó la
comisión que analizará las modificaciones-, pero ya parece haber conceso en
ese sector en cuanto a que es necesario incrementar las cotizaciones, ya sea
aumentando el porcentaje imponible o sumando más años de “vida laboral
obligatoria”. E incluso puede ser que se terminen aplicando ambas medidas a
la vez.
Pero más allá de los efectos en el discurso público de uno u otro sector
–partidarios u opositores de los cambios- hay hechos concretos que empiezan
a dar muestras de lo difícil que es hacer negocios en un país donde se
discuten reformas en dos temáticas tan relevantes: la previsión y los
impuestos.
Las empresas parecen estar “al agüaite”, esperando lo que ocurra con la
Reforma Tributaria para concretar inversiones. Esto, en cifras concretas,
se vio en el Informe de Política Monetaria entregado recientemente por el
Banco Central.
Según el documento, la desaceleración de la economía chilena se acentuó en
el primer trimestre de 2014, de acuerdo a las cifras informadas hasta la
fecha. En febrero, efectuando comparaciones en doce meses, la producción
industrial manufacturera descendió en 2%.
Además, de acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) la
tasa de desempleo del trimestre móvil diciembre 2013 - febrero 2014 fue de
6,1%, igual que los tres meses anteriores y una décima superior a un año
atrás, cosa bastante poco usual ya que por un tema de estacionalidad ese
dato debía haber ido en sentido contrario (se trata principalmente de meses
de verano donde se generan mayor cantidad de empleos en el sector agrícola
especialmente).
Más aún, el trabajo por cuenta propia aumentó en doce meses en un elevado
9,4%, manifestación muy clara de la precarización laboral, ante todo por la
no existencia de ofertas suficiente en el sector formal. El trabajo
asalariado en el mismo lapso únicamente creció en 1,2%.
Todo esto me hace recordar una conversación previa a las elecciones
presidenciales de diciembre pasado, cuando la directora del departamento
del Departamento de Estudios de una destacada corredora nacional me decía
que pasando la segunda vuelta electoral el panorama se despejaría y
retornaría la inversión y las alzas bursátiles al país.
Parte de eso parece haber sucedido, al menos para el mercado de Renta
Variable. Pero en el mundo real, donde se mueven los trabajadores, los
empresarios, los ejecutivos y los académicos, ahí la incertidumbre está
reinando por estos días.
Y lo que es peor, en muchos casos está paralizando la actividad económica.
En ese sentido, las respuestas se deben buscar en otro lugar. Chile puede
estarse volviendo “peligroso”.
Un saludo,
Alejandra.
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