2014/01/25

Las lecciones del ministro

No le teme a un tercer referente en la derecha, incluso dice que puede ser positivo, Asegura que Sebastián Piñera es el mejor perfilado de su sector para 2017 y adelanta que volverá a la academia. Eso sí, todavía no sabe si en Chile o en el extranjero. A poco más de un mes de salir del gobierno, el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, revisa las desilusiones y satisfacciones de sus cuatro años en política
Por Carla Sánchez y Antonieta de la Fuente
Fotos: Julio Donoso
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Alguna vez pensó en dedicarse al tenis. Incluso fue miembro del equipo de la Universidad Católica. Pero entendió que tenía mucho más talento para la economía y los números. Cada vez que tiene un minuto libre, Felipe Larraín aprovecha de practicar su revés. No alcanzó a llegar de Nueva York –donde recibió el premio a la mejor colocación soberana de Latinoamérica– cuando ya estaba agarrando su bolso Wilson. Es en la arcilla donde Larraín bota las tensiones del día a día de Hacienda. Ahí se olvida de los momentos difíciles que acarrea el estar a cargo de las finanzas del país. El más complejo, dice, la discusión del salario mínimo. “Me preparé mucho el primer año. Y cuando termino de exponer, se acercan dos diputados de oposición que me dicen brillante su presentación ministro, pero queríamos advertirle que vamos a votar en contra. Eso fue un test de realidad. Ahí me di cuenta de que estábamos en política” confiesa.

-¿Fue una desilusión?
-No, es súper interesante. Pero te encuentras con cosas que no van con los cánones del mundo académico, de donde yo venía. Ahora, uno tiene que adaptarse. Una de las lecciones que uno saca es que ganar las discusiones y ganar el argumento, no significa ganar la votación, son cosas distintas.

Larraín dice que lo ha pasado bien, que las jornadas son largas –15 horas diarias en promedio– pero que no se va cansado. De hecho, admite que no se tomará ni vacaciones, ni meses sabáticos, sino que tras salir del gobierno regresará de inmediato a lo suyo: la academia.

Todavía no sabe si en Chile o en el extranjero. Cuenta que tiene varias ofertas, en organismos internacionales y universidades en Estados Unidos y Europa, e incluso un ofrecimiento curioso en Medio Oriente, pero que todo depende de si logra convencer a la familia para que lo acompañe. “Con los niños es donde tengo el problema, no es tan claro que se quieran ir. Y mi señora estudia Sicología, pasó a segundo año, es su segunda carrera y es difícil de convencer. Lo que tengo claro es que solo no me voy a ir de Chile. Ésa no es una opción”, aclara.
La derecha
Felipe Larraín nunca había tenido jefe. Hasta ahora. Y trabajar con Sebastián Piñera le ha sido “muy cómodo”, dice. El actual Presidente fue su profesor en la universidad y lo recomendó para que fuera a estudiar afuera. “Ha sido un aporte trabajar con una persona que entiende tanto de economía. Él me ha dado toda la confianza y libertad que requiere este cargo”, comenta.

Declaraciones que hace el fin de semana en la casa que arrendó en una playa de la Quinta Región. Ya más relajado, Larraín ofrece un Pinot Noir de la Viña Quintay, donde tiene un 10% de la propiedad. El ministro prefiere tomar una Coca Light, en poco rato más tendrá que partir a misa. Y los campanazos confirman que ya no queda mucho tiempo.

Larraín se define como un independiente de centroderecha. En términos valóricos, es contrario al aborto y a la eutanasia y no está a favor del matrimonio homosexual. “Respeto muchos a los homosexuales, fui partidario del Acuerdo de Vida en Pareja, pero el matrimonio es entre un hombre y una mujer”, aclara. Y pese a provenir de una familia conservadora de derecha, fue partidario público del No.

-¿Se sintió cómodo con el discurso del Presidente para los 40 años del Golpe?
-Yo fui público partidario del No y creo que cada uno lo expresa desde su perspectiva y considero que el Presidente fue consecuente con la posición que ha tenido toda su vida.

-¿Fue la mejor manera de plantearlo?
-A mí me parece que él hizo toda una reflexión de evitar que se produzcan de nuevo hechos como los que vivimos, que fue la razón por la cual fui partidario del No, una condena a las violaciones a los derechos humanos desde un comienzo. Fue por eso que estuve por el No y no por otra razón.

-¿Cree que existieron cómplices pasivos, como planteó el Presidente?
-Creo que no se puede generalizar. Hay gente que trabajó en el gobierno militar y que lo hizo con muy buena intención y que no tuvo ninguna participación ni conocimiento de los hechos horrendos que ocurrieron.

-¿Por qué cree que el gobierno de Piñera no logró proyectarse?
-Las elecciones se pierden por muchas razones. Con estos resultados económicos yo habría esperado mejores resultados políticos, sin duda. Pero la política no es pura economía. Tuvimos que enfrentar una candidata excepcional, Michelle Bachelet, que tiene una cercanía y una empatía con la gente muy difícil de superar. Y además tuvimos cuatro candidatos presidenciales. Los problemas en nuestro sector nos afectaron. Haciendo una autocrítica, también contribuimos a sembrar expectativas, aunque en lo económico, hemos cumplido.

-Las críticas apuntan justamente a que se enfocaron mucho en las cifras y dejaron de lado el debate de las ideas… ¿Por qué lo hicieron?
-No estoy de acuerdo. Hemos gobernado con un ideario de centroderecha. Como lo dijimos en la campaña y lo dijo el Presidente, tenemos tres pilares: el pilar de la oportunidad, que es donde está el debate de las ideas; el de la protección social y valores.

-¿Considera una derrota que justamente en este gobierno de centroderecha se haya cuestionado más que nunca el modelo?
-Nosotros defendemos a los chilenos buscando el bien común, no a grupos específicos. Nos interesa que los chilenos puedan emprender, que los trabajadores tengan sus derechos, buenos salarios y oportunidades laborales y nos interesa proteger a los consumidores. La efervescencia social es un fenómeno global y tiene que ver mucho también con los medios y la facilidad de organizar grupos en las redes sociales.

-¿Faltó más entusiasmo para defender el ideario de la centroderecha?
-Siempre se puede hacer mejor, pero dimos la batalla de las ideas y hemos defendido con fuerza nuestras convicciones, no sólo en lo económico, sino también en el derecho a la vida. Nos pasaron la cuenta otras cosas.

-¿Cómo qué?
-Las expectativas, la efervescencia social, la dificultad para encontrar un candidato. Cada vez que hemos tenido de división, eso nos resta. Uno entiende que las discusiones y los debates hay que hacerlos adentro, porque las diferencias son legítimas al interior de una coalición, pero lo que no me parece adecuado es que las peleas se ventilen en público, eso no es bueno.

-¿Las declaraciones de Andrés Allamand responsabilizando a Piñera del fracaso electoral fueron fatales?
-Sin entrar en casos específicos, me parece una mala idea ventilar las críticas duras en público. Ésos son análisis que se hacen a puertas cerradas. Y creo que eso en la Concertación y en el Partido Comunista, donde ha habido diferencias importantes, lo han logrado resolver mucho mejor con discusión interna.

-¿Alguna vez Allamand planteó, cuando era ministro, las diferencias y críticas profundas que dio a conocer ahora?
-Yo no se lo escuché.
-¿Y le sorprendió?
-Sí, me sorprendió.
Piñera perfilado
-Que se retiren los militantes de RN hoy y que se estén generando nuevos movimientos ¿le parece un buen camino para la derecha?
-Hay que respetar la libertad de las personas, pero es importante que contemos con partidos políticos sólidos. Es bueno que tengamos canales de participación en política para la gente que le interese participar. Pero no sería bueno desintegrarnos en una gran cantidad de movimientos. Un esquema en el que hay más de dos partidos y donde algunos movimientos puedan ampliar los márgenes y el espectro de la centroderecha, me parece positivo.

-¿Algunos dicen que estos nuevos movimientos podrían ser la antesala de lo que será el piñerismo mirando al 2017. ¿Qué opina?

-No, ésas son elucubraciones. Hay que respetar al Presidente, él va a gobernar hasta el último día y después tendrá que definir lo que va a hacer. No lo veo de esa manera.

-A falta de liderazgos en la derecha, si se requiriera una nueva figura, le gustaría ser un referente?
-Yo voy a estar disponible para apoyar en el ámbito en el que he trabajado y sin duda con la aspiración que el año 2017 tengamos un candidato que pueda volver con nuestra coalición a La Moneda, y yo voy a estar disponible para esa persona.

-¿Quién podría ser esa persona?
-La persona mejor perfilada hoy es el Presidente Piñera, sin duda. Pero de aquí al 2017 hay un camino que recorrer y en política cambian las cosas en semanas, en días, ¡imagínese en años! Creo que hay que favorecer los distintos liderazgos, pero hoy no hay ninguna duda de que el Presidente es quien está mejor perfilado y si él es la persona, voy a trabajar con gusto por él.

-¿Por qué si varios ministros independientes del gobierno de Piñera sonaron en algún minuto como posibles cartas presidenciales, usted no estuvo en esa lista?

-La verdad es que no ha estado en mis aspiraciones. Quiero ser un buen ministro de Hacienda, voy a hacer mi pega lo mejor posible y no he estado buscando otra cosa.
-Porque sus predecesores, Eyzaguirre y Velasco sí tuvieron esa impronta de posibles presidenciables…
-Más que impronta, tuvieron más ganas. Yo me he dedicado en cuerpo y alma a hacer el mejor trabajo como ministro de Hacienda y no he estado preocupado de otras cosas. Y es cierto que hay gente que puede tener más ganas y eso es legítimo.

-¿Alguna vez le preguntaron?
-Sí, me preguntaron y siempre hay gente que sondea.
-¿Entonces le preguntaron y usted dijo que no?
-Claro, cuando surgió este problema de salud que tuvo Pablo Longueira recibí varios mensajes y yo dije, no, yo sigo haciendo mi trabajo.
Mezquindad
-¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de trabajar en este gobierno?
-Desde el punto de vista personal, genuinamente creo que uno tiene una responsabilidad de retribuir. En cuatro años hemos logrado recuperar la capacidad de crecimiento del país y de creación de empleos. Vamos a crecer del orden de 5,4% promedio este período, 1,6 puntos más que el mundo. Hemos creado más de 905 mil empleos, casi dos tercios son de mujeres, 92% son empleos de calidad, con seguridad social, contrato escrito y seguro de desempleo. Tenemos la tasa de desempleo más baja de las últimas décadas, con salarios reales que están aumentando poco más del 3% durante nuestro gobierno y con una inflación controlada. Esta combinación es algo que muy pocos países tienen hoy día y eso nos enorgullece.

-¿Le duele cuando dicen que estos resultados son parte del ciclo económico y no de su gestión?
-Esas opiniones son sesgadas e interesadas. Las opiniones objetivas, de organismos internacionales, son bien distintas. En política he visto mezquindad con los logros de este gobierno, no de todos, pero de varios en la oposición. Los que dicen que esto es casualidad o gracias al ciclo externo, están faltándole el respeto a la inteligencia de los chilenos. Nadie puede creer que a un país le esté yendo cuatro años consecutivos bien por pura suerte. Me remito a lo que opinan las entidades internacionales, Fondo Monetario, Banco Mundial, la OCDE y las clasificadoras de riesgo que alaban la política macroeconómica de nuestro país y especialmente la política fiscal, y atribuyen parte de los logros a las políticas aplicadas. ¿Se habrán coludido todos ellos para hacerle un favor al gobierno de Chile? Creo que no.

-Hay quienes plantean que la gente no se va a acordar de las cifras…
-No importa que no se acuerden de las cifras mismas, pero hay casi un millón de chilenos que han encontrado empleo durante nuestro gobierno. También hemos mejorado en forma significativa la eficiencia en el gasto público. Y a pesar de haber aumentado el gasto mucho menos de lo que lo hizo el gobierno anterior, hemos logrado financiar todos los programas.
Los temores
Pese al apoyo irrestricto de su familia, a veces reclaman “y con justa razón”, dice el ministro. Es por eso que este año decidieron escaparse entre Navidad y Año Nuevo a su campo en Casablanca. Es ahí donde Larraín monta a su caballo –el “Entaquillado”– y tiene largas conversaciones con sus cinco hijos (entre 23 y 15 años). Tres de ellos estudian Economía, “los otros esperamos que no”, bromea Larraín. “Tienen mucho sentido social, me rebaten por ejemplo, el tema de la educación y me piden que les explique bien el tema de la gratuidad”, cuenta.

-¿Sus hijos están de acuerdo con la gratuidad?
-No, y les he explicado; porque a mí me convendría que existiera. Tengo 5 estudiantes, entre colegios y universidades. Me parece que la gente que puede pagar no tiene por qué pedir recursos que son de todos los chilenos para financiar la educación de sus hijos.

-¿Qué es lo que más le asusta del gobierno de Bachelet?
-El tema de las expectativas es muy fuerte: que vamos a tener educación gratuita y que todo se va a lograr fácilmente, eso puede ser muy complejo y potente. El problema de las expectativas exageradas es que no se puedan cumplir. Por eso es importante hacer los cambios como los hemos hecho nosotros. Hemos hecho una pequeña revolución en materia de educación a través del crédito con aval del Estado. Hoy la tasa es de 2%, antes era de 6%. El presupuesto 2009 era cercano a los 9 mil millones de dólares y nuestro último presupuesto es de 13 mil millones de dólares. He manifestado mi diferencia y discrepancia con las propuestas tributarias que se han planteado, porque creo que al final no sólo le van a pegar fuerte a la economía, sino que a las pymes.

-Hoy, que ya está despejado el panorama presidencial, ¿cree que las propuestas de Bachelet siguen afectando la inversión?
-Pienso exactamente igual que en junio pasado y los datos me han dado la razón. Lo que hemos observado es una desaceleración muy importante de la inversión y no así del consumo. Entonces, por qué no pensamos en positivo, deberíamos estar pensando ahora en estimular la inversión, cómo lograr que haya oportunidades, que esta economía que se ha desacelerado, moderadamente, cuente con el empuje para que la gente tenga oportunidades. Esa discusión no la veo aquí. Pretender subir los impuestos a 8.500 millones de dólares a esta economía, pegándole a todas las empresas, especialmente a las pymes, y que eso no tenga efecto en la inversión y el crecimiento, no existe, es una utopía.

-Pero si se invierte en educación ¿puede tener un retorno a largo plazo?
-Veamos qué va a pasar. Espero que los paquetes sean con consensos amplios y que esto realmente no frene la economía. Si al final, el mejor recaudador de impuestos es el crecimiento: eso lo comprobamos haciendo dos reformas tributarias moderadas.
-¿Sus amigos empresarios están preocupados por los cambios que se vienen?

-Algunos sí. A mí me manifiestan su preocupación. Distinto es que lo vayan a manifestar en público.

-¿Van a sacar su plata para afuera?
-Ellos verán lo que hacen, pero creo que están esperando el detalle de lo que van a ser las políticas económicas que se van a implementar.
-A su juicio, ¿cuál es el candidato más idóneo para ser su sucesor en Hacienda?
-No se lo voy a decir, porque si se lo digo le voy a dar el abrazo del oso. Ése es un tema que le corresponde a la Presidenta electa.

-Siendo franco, ¿hay alivio porque termina en marzo?
-Un día me llamó un senador de oposición después de una discusión compleja para decirme: “Ministro, todo mi apoyo porque sé que lo está pasando mal”. Y le dije que le agradecía su apoyo, pero que ¡lo estaba pasando estupendo! Y es verdad, es súper dura esta pega, pero no me voy a quejar, es apasionante poder servir a mi país por 4 años. Se me puso el pelo blanco pero no se me cayó, ni tampoco he echado guata.

LARRAÍN Y LA HAYA
Ad portas de la decisión de la Corte Internacional de Justicia respecto a la controversia marítima entre Perú y Chile, el ministro de Hacienda prefiere ser cauteloso. “Hay que esperar para conocer el fallo antes de opinar”, dice.

-¿Cuál será el impacto económico del conflicto?
-No sabemos, primero tenemos que mirar el fallo con detalle para ver lo que significa.
-Pero lo que se comenta es que algo vamos a perder…
-No me voy a aventurar porque no conocemos el fallo, no sabemos lo que va a ocurrir. Lo que sí uno puede decir es que los dos países nos hemos preocupado de asegurar el respeto irrestricto al fallo, y en segundo lugar he sido testigo de la integración entre Chile y Perú en el marco de la Alianza del Pacífico, incluso en términos bilaterales, en  numerosas inversiones entre Chile y Perú.

-¿Entonces, debiese la política subordinarse a los intereses comerciales?
-No creo que la política debiera subordinarse a los intereses comerciales. Los países tienen sus principios por los cuales luchan. Nosotros nos hemos defendido con todo el peso de la evidencia, del derecho, con un muy buen equipo y aquí tenemos que esperar que fallen justamente.

-¿No teme que las relaciones entre ambos países en materia comercial vayan a verse resquebrajadas tras el fallo?
-No, desde que estoy en este cargo tengo muy buena relación con mi par peruano (Luis Miguel Castilla). De hecho, nos vamos a reunir la próxima semana en el Foro Económico Mundial. Ojalá que los conflictos no existan, pero ya que existen lo importante es tener una manera de poder resolverlos adecuadamente y sin generar posteriores efectos que debamos lamentar. Creo que esto no va a parar la integración de la Alianza del Pacífico, ni la integración bilateral que hemos visto, tanto a nivel comercial como de inversión.
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