El nuevo congelamiento, que originalmente se pensaba alcanzaría hasta 20.000 millones de reales, también busca ayudar al Banco Central a enfrentar la inflación, que en junio tocó un máximo de 20 meses. El Ministerio de Planificación de Brasil elevó ayer su proyección para la inflación del 2013 a un 5,7%, desde el 5,2%.
El gobierno anunció una paralización de gastos por 28.000 millones de reales en mayo, con lo que el monto total de este año llegó a 38.000 millones de reales, una cifra menor a los 55.000 millones de reales del año pasado.
Tras dos años de gastos agresivos, la presidenta Dilma Rousseff ha intentado convencer a los inversionistas de que el gobierno se apegará a las estrictas normas fiscales que ayudaron a estabilizar a la mayor economía de América Latina, tras décadas de crisis.
Rousseff enfrenta crecientes presiones de gasto previo a las elecciones presidenciales del próximo año, tras una reciente ola de manifestaciones nacionales en las que miles de brasileños exigieron más inversión en salud, educación y otros servicios públicos. Las protestas fueron desatadas por alzas en las tarifas de bus.
“Confío en que cumpliremos con nuestras metas (fiscales) este año”, dijo a periodistas el ministro de Hacienda, Guido Mantega, reiterando que el gobierno busca un superávit presupuestario primario equivalente al 2,3% del PIB este año. (Reuters)
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