La gira del Presidente de China, Xi Jinping, a América Latina ha llamado grandemente la atención internacional, considerándola como una clara estrategia de ese país para consolidar su posición y vinculación económica en la región.
A esa intención no se ha dejado de agregar que algunos países, como México, buscan también consolidar su relación comercial bilateral con la que prevé sea en unos cuantos años la primera economía del mundo, aún sobre Estados Unidos (El País, martes, 4 de junio, 2013).
En efecto, la relación comercial de China con América Latina ha sido de creciente importancia, particularmente con Brasil y Argentina, entre otros. Esta relación ha permitido a estos países incrementar rápidamente sus exportaciones a China, particularmente de materias primas, siendo de mayor relevancia los alimentos. Intención a la que México aspiró durante el anterior mandato panista, pero que fue frustrada, como castigo chino, por la atención que el Presidente Calderón brindó al Dalái Lama, según lo explicó con rudeza, para sorpresa de muchos, el propio actual embajador del país oriental.
La economía China ha crecido económicamente desde hace varios lustros a tasas sumamente elevadas, manteniéndolas a niveles internacionales altos aún en plena crisis económica internacional. Ante la ciada de la demanda externa, especialmente de USA y Europa, China ha tenido que descansar relativamente en su mercado interno para sostener su paso de crecimiento, lo que le ha implicado una nueva dinámica económica del aparato productivo y de su comercio exterior.
La demanda interna china se ha acrecentado vía el gasto público, así como por efecto del consumo-producción por la migración del campo a la ciudad y los mejores ingresos que las familias han experimentado acumulativamente. En su conjunto, lo que se ha generado realmente y de manera casi inadvertida para muchos analistas es un cambio estructuralmente significativo en la relación comercial de China con el exterior y posiblemente el surgimiento de un nuevo paradigma sobre el futuro económico previsible de esa enorme nación.
La importancia mundial del consumo de China ha seguido creciendo, habiéndose incrementado sustancialmente su participación global. Sin embargo, la dinámica de la participación global de China en el total de bienes de consumo importados ha sido mayor (Gráfica 1). Dicho de otra manera, en los últimos años, el peso mundial de las importaciones de bienes de consumo de China ha sido mayor que su peso total en el consumo global. Por lo que sus compras en el exterior de bienes de consumo crecen más rápidamente que el total de sus importaciones.
Gráfica 1

Irrecusablemente, por el tamaño de la economía China esta nueva dinámica tendrá amplias repercusiones en los flujos mundiales de mercancías, pero también en su estructura productiva y comercial. Dinámica a la que aparentemente no se le ha prestado la debida atención y que evidencia la rápida y creciente dependencia internacional que comienza a presentar una potencia que no ha logrado consolidar su posición económica, a pesar de ser líder mundial en el valor bruto de la producción industrial (el sector secundario representa alrededor del 50% de su Producto Interno Bruto PIB).
La conjetura señalada se refleja claramente en la acelerada declinación del superávit económico externo de China. Lo que ha llevado a decir que “Externamente, [...] incluye una aparente deterioración en los términos de intercambio de China y una sostenida fortaleza en la importaciones, particularmente de commodities y bienes de capital” (IS CHINA REBALANCING? IMPLICATIONS FOR ASIA, REGIONAL ECONOMIC OUTLOOK: ASIA AND PACIFIC).
Efectivamente, aún cuando China no ha logrado recuperar las tasas de crecimiento económico experimentadas en los años previos a la crisis, el índice cuantitativo de sus importaciones se ha recuperado rápidamente después de 2009 (Gráfica 2). Tal recuperación ha presentado, sin embargo, un cambio cualitativo importante en su composición, al tener claramente un mayor peso de los bienes de consumo a partir de 2011 y un declinante peso los bienes intermedios. Lo que demuestra una creciente dependencia en el consumo China con respecto al exterior.
Gráfica 2

Lo sorprendente, al menos para el autor, es que aparentemente la creciente importancia para China de la importación de bienes de consumo radica en mucho en los alimentos. Tendencia que parecía ya estar presente desde 2010. De esta forma, en ese año el frijol de soya era el séptimo producto de importancia en las importaciones chinas, representando USA 45% de la proveeduría y el resto otros países, como Brasil y argentina (Cuadro 1). El monto total de la importación de soya, un solo producto, para ese año fue de $ 25 mil millones de dólares.
Cuadro 1
La creciente atención de China por la importación de alimentos también se debe a la occidentalización de su dieta, que ha afectado los mercados de productos pecuarios. De esta forma, en 2010 para el Acuerdo de China con Argentina se estimó que la demanda potencial de importación de carne por China (habitualmente no consume la variedad vacuna) fue de hasta 400 mil toneladas anuales, lo que significaba un mercado de más de $1500 millones de dólares. La magnitud de tal demanda queda manifiesta si se toma en cuenta que Argentina esperaba exportar a todo el mundo menos de 350 mil toneladas.
Más recientemente, la importancia de los alimentos en el comercio internacional Chino tomó relevancia al anunciarse que la principal empresa porcícola de USA, Smithfield, sería comprada por ese país oriental. En este contexto, con la visita del Presidente Chino fue anunciado que finalmente México podría reabrir sus exportaciones de puerco, después que ello había sido cancelado unilateralmente por China en el pasado reciente. A la exportación de puerco se agrega la posibilidad de exportar tequila, combinación casi emblemática para el consumo tradicional mexicano.
Con el acuerdo entre China y México, que incluye 33 puntos específicos, entre ellos un crédito para Pemex, se espera balancear el comercio entre ambos países, que ha sido totalmente deficitario para nuestro país. En tanto en 2012 China alcanzó una exportación a México del orden de $57 mil millones de dólares, las exportaciones de México a ese país apenas legaron al 10% de esa cifra, es decir $5700 millones (Cartera, El Universal, 4 de junio 2013). Tal disparidad se antoja difícilmente pueda ser balanceada, sin una política pertinente e integral por parte de México, dada la magnitud y las implicaciones que tal déficit tiene sobre el aparato productivo nacional.
México es uno de los países que más tratados internacionales de comercio ha suscrito y es uno de los países más abiertos al comercio internacional. En tal sentido, ha actuado de manera ingenua, bajo el principio de la economía de pizarrón, sucediendo que cada vez que suscribe un tratado o acuerdo comercial, en el muy corto plazo acrecienta su déficit comercial con el país respectivo. La teoría elemental del comercio internacional indica que el destino, origen y naturaleza del comercio internacional es definido por la demanda, es decir por el comprador. Obviamente, el exportador, vía los precios, la productividad y naturaleza del producto, puede asumir un papel activo en el mercado internacional, pero es posible decir que el que compra relativamente manda.
La relativa “sanción” que China nos impuso en el pasado, acción soberana, México no hizo nada a pesar de la importancia de las exportaciones de China a nuestro país. Esta actitud parece ser el sello de la política económica internacional de México. China tiene claro su poder económico internacional y lo asume unilateralmente de manera pragmática. No así México. Lo que compramos a China debería dar a México una mayor fuerza de negociación. China demanda alimentos y México puede en el mediano plazo surtirlos, pero en el corto plazo podría haber un aumento de los precios nacionales y escases en el abasto local. Tal fue el caso, por ejemplo, con el aguacate cuando USA abrió su mercado después de casi un siglo de veda de ese producto a las exportaciones mexicanas. Festinar el préstamo de China a Pemex sin considerar que es un préstamo atado, es decir es un préstamo para que México compre productos y servicios chinos para la industria petrolera es una ingenuidad.
Si en mucho nos puede beneficiar China, es analizar, reconocer y aprender de su experiencia de protección, política industrial, financiamiento y el rol del estado en el apoyo a la industria nacional. De otra forma, panglosianamente seguiremos creyendo que si el sector primario, generador de alimentos, pierde peso en el PIB el país se industrializara y desarrollará. En el caso de China, ese sector es alrededor de 8% del PIB, en tanto en México difícilmente es una tercera parte de tal porcentaje.
China puede engullirse todos nuestros exiguos alimentos; el reto es saber si México seguirá a su vez contando con las suficientes divisas del petróleo para importarlos. El tiempo dirá si China se volverá crecientemente dependiente de las importaciones de alimentos y si México podrá activar pertinentemente su economía con su mercado interno, como lo indicó Enrique Peña Nieto.
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