Sale Chile en The Economist y el revuelo se arma al
tiro. Que el semanario británico es serio, claro que sí. Pero que hay
algunos que toman lo que allí se escribe como si fuera letra sagrada,
también es cierto. Aquí, el editor para las Américas analiza nuestra
difícil existencia. Por María José O’Shea C./ Fotos Zöe Massey
Quizás su ojo –o más bien, su pluma– está en esa lista imaginaria de los más temidos para los círculos políticos y empresariales chilenos. Con un teclado al frente puede llegar a crucificar a alguien –en esas muertes que, como todo en la prensa, tampoco duran demasiado–, o hacer que los pechos de este país se inflen y nos creamos –también por un rato–, lo mejor de lo mejor.
Michael Reid es el editor para las Américas de The Economist. Ese señor que escribió que Piñera es “inepto” políticamente y que a nadie nunca más se le olvidó. Británico, experto en América latina – “el continente olvidado”, según plantea su libro– maneja lo que pasa en Chile como si viviera en la Plaza de Armas de Santiago. Pero no, él se traslada entre Londres y el mundo, con la mirada atenta en esta esquina del planeta. Olfatea y reportea. Y como buen inglés –acentuado por las páginas donde escribe– va directo al grano. No se queda en leseras. Tal vez por eso es que su consejo sea justamente ese: concentrarse en hacer las cosas bien y dejar atrás ese “afán de figuración” que, sostiene, tenemos por aquí.
-Chile ha aparecido últimamente varias veces en The Economist. ¿Por qué?
-Hemos prestado atención porque Chile ha sido una paradoja en el último tiempo. Por un lado, está muy bien en muchas cosas: la economía crece en forma sostenida en un 5% a 6% al año, lo que ha hecho que haya casi pleno empleo y los salarios estén subiendo; tiene una institucionalidad bastante sólida y respetada en la región, la cual sobresale en muchos indicadores. Pero por otro lado, ha tenido más expresiones de descontento socio-político, que parecen ser el resultado de una frustración de las expectativas. En la medida que al país le va bien, se elevan las exigencias de los chilenos. Quieren más de su sistema político. La manifestacion principal de este fenomeno han sido, evidementemente, las protestas sobre la educación y el sistema universitario. Eso es algo que tiene eco más allá de Chile, porque muchos países de América latina están en la misma senda, y Chile está quizás un poco más adelantado.
-¿Y esta paradoja es algo normal en el desarrollo de los países, o es una suerte de esquizofrenia?
-Mucho de eso me parece normal y sano, creativo. Lo que más cuesta entender es por qué la aprobación del presidente, del gobierno y de la oposición es tan baja, puesto que por lo general las cosas andan bastante bien.
-¿Qué explicación le da a eso?
-Yo recogí la apreciación de muchos chilenos que me dijeron que el presidente, por más que haya tenido mucho talento para el mundo empresarial, no tiene tanto en el campo político. Y a la Alianza le ha costado adaptarse a la experiencia de gobernar en democracia. Me da la impresión, como dijo Churchill sobre los americanos, que después de agotar todas las otras posibilidades, terminan por tomar la decisión correcta. Ha habido bastante de eso en el manejo del conflicto estudiantil.
Por otra parte, la Concertación también se veía bastante agotada después de 20 años en el poder.
El tamaño sí importa
-¿Existe Chile en el mundo? ¿Cómo se ve, por ejemplo, desde Londres?-Mira, a pesar de los comentarios de algunos analistas, este sigue siendo un mundo de Estados-naciones y el tamaño es importante en ese contexto. Chile es un país de tamaño medio en términos poblacionales, y también está bastante remoto de Europa, Estados Unidos y de China, en términos geográficos. Esos factores son desventajas. Pero, por otro lado, Chile tiene cualidades que hacen que la gente que se interesa seriamente en el mundo, que no es mucha, sí tome nota. Creo que la Alianza del Pacífico es un desarrollo importante, porque es una forma potencial de dar más peso y visibilidad diplomática a sus miembros. Pero tengo mis dudas sobre si fue bueno que México entrara.
-¿Por qué podría no ser positivo?
-Porque hay bastantes semejanzas entre Chile, Perú y Colombia (todos son de tamaño medio, sus economías tienen semejanzas en un desarrollo en base a materias primas y son diversificados a otras cosas), mientras que México está en el Nafta y su economía está cada vez más integrada con Estados Unidos. El riesgo es que la Alianza se podría diluir.
-En el ranking de los mejor lugares para nacer en 2013 que elaboró The Economist Intelligence Unit, Chile aparece como el mejor de Latinoamérica…
-Supongo que en general en esos listados aparecen como los mejores lugares aquellos que son tranquilos, seguros y que funcionan bien, pero no necesariamente son los que la gente escoge para vivir. Por decirlo de algún modo, la gente igual prefiere vivir en Londres que en Helsinki, aunque Helsinki sale mejor posicionada en aquellas listas.
-¿Cómo diría que somos los chilenos? ¿Por qué este afán de aparecer en el mapa?
-Los chilenos tienen una angustia de ser ignorados porque son muy distantes geográficamente. Hay una obsesión chilena sobre cómo figurar en el mundo… yo creo que hay que relajarse en ese sentido y preocuparse de hacer las cosas bien, y el reconocimiento vendrá.
-O sea, no somos top one en América Latina…
-Depende por dónde se le mire, porque si hablas de Chile en Brasil, te comentan que la economía chilena es la mitad del PIB del estado de Sao Paulo. Como sea, lo más importante es seguir haciendo las cosas bien.
-¿Hay otros países que tengan esta característica similar, o somos los únicos?
-El gobierno actual español está bastante preocupado con el tema de marca país, que es curioso puesto que España no es exactamente desconocido en el mundo. Por otro lado, hay otros países como Chile, donde las cosas van bastante bien sin crear tanto ruido, como Uruguay, Costa Rica o Nueva Zelandia.
-¿Cuáles diría son los mejores representantes de Chile?
-El vino, que está mejorando mucho. También hay personalidades que destacan, como políticos, artistas y poetas. Pero creo que cuando la gente piensa en Chile, visualiza el vino y la geografía de la Patagonia o Atacama como destino turístico.
Sociedad desigual
-¿Cuáles cree que son los principales déficit que tenemos en Chile?-Pienso que sigue siendo una sociedad bastante desigual en términos de distribución del ingreso. Detrás de todo el movimiento estudiantil, el tema es si las políticas públicas van a promover más efectivamente la igualdad de oportunidades y una sociedad más igualitaria y mejor educada en las habilidades que la economía, ya más próspera, va a necesitar. Esa es la tarea fundamental pendiente.
También es importante que la economía sea más abierta a la formación de nuevas empresas. En ese contexto, hemos destacado Start -Up Chile, que es una iniciativa interesante.
-Hay algunos analistas que sostienen que estos descontentos van de la mano del desarrollo…
-Detrás del movimiento estudiantil, había temas de una sociedad que está empezando a discutir materias propias de un país que se acerca a ser desarrollado. Ahora, es verdad que en estos países hay manifestaciones por cualquier cosa y son parte de la democracia, pero pienso que la escala, la frecuencia y la violencia con que se dieron en Chile, es algo distinto.
Estar en la calle es un derecho, pero la envergadura de las protestas sugería que el sistema político no estaba canalizando el conflicto. Mi impresión es que el movimiento estudiantil pasó su cenit y el gobierno finalmente respondió en alguna forma a las inquietudes que subyacieron a las protestas, como igualar las condiciones de crédito e implementar la ley que prohíbe el lucro. Ahora falta reformar las universidades para que las carreras sean más cortas y de mejor calidad, para que no se dé lo que el investigador del CEP, Sergio Urzúa, ha sostenido, que es que el 40% de los estudiantes que egresan encuentran que el estudio y la deuda no valieron la pena. Es decir, que no hay un retorno adecuado sobre su inversión. •••
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