2012/10/11

Romney y la (ultra) derecha


Romney y la (ultra) derecha

En pocas partes del mundo la ultraderecha goza de tanto apoyo como en Estados Unidos. La plataforma política del Partido Republicano es claro testamento de una cultura reaccionaria y confesional, donde Dios abandona su condición divina para arrogarse matices abyectamente mundanos; de la cruz al discurso inflamante, de los cielos al juego institucional de lo eterno y el púlpito político.
Debo confesar, no sin pudor, que vi dos o tres debates de los precandidatos republícanos. Lo que empezó con inocentona curiosidad, ingenuo demócrata al fin y al cabo, rápidamente mudó a indignación, dando pie después a un aleccionador ejercicio de perseverancia y tolerancia. También me sirvió como constatación de que la capacidad de asombro nunca se pierde, y es que las barbaridades ahí vertidas ruborizarían a Pinochet y Jim Jones juntos. 

Que estos actores políticos "democráticos", puestos a practicar esgrima argumentativa entre ellos, en un supuesto ambiente de camaradería, soltaran, muy orondos por cierto, perlas como "hay que considerar un ataque nuclear contra Irán" o "en algún momento tendremos que invadir México (para solucionar el problema del narcotráfico)", no pueden más que helarle a uno la sangre. 

Estupor, y me quedo corto, al verificar el genuino y entusiasta consenso que despertaba aquella noción, generalizada entre ese electorado, al parecer, de que Estados Unidos es la nación más grande del mundo (the greatest nation in the world, como grito de guerra, como quien echa una porra a su equipo favorito de futbol) por designio divino, por mandato de Dios, ni más ni menos, y que es bajo su amparo como obtienen licencia para imponer su arbitrio sobre todos los demás. De ese tamaño. 

Y es que, ya dados a reflexionar, lo que más sorprende es precisamente eso, la franqueza con que sin reparo alguno se discuten arbitrariedades propias de tiranos: ocupaciones, invasiones y ataques nucleares, pero que "Dios nos bendiga", que "Dios Bendiga a América". Si uno decía que Irán ameritaba medidas extremas, el otro le respondía que por que parar ahí, porqué no seguir con Yemen, con Siria; las posibilidades son infinitas cuando la moral lo avala. 

En política interior el criterio hegemónico es igualmente duro. El ejército en la frontera sur, deportaciones masivas. Uno defendía el racial profiling en los aeropuertos, o lo que es discrecionalidad basada en rasgos étnicos. Discriminación pura y dura. Quien decía esto, además, era el único precandidato afroamericano; si, alguien de raza negra pidiendo vulnerar los derechos civiles de los ciudadanos de ascendencia árabe. Tanta incongruencia resulta dolorosa. 

Es verdad que el discurso político gringo en general encuentra sus cimientos en ciertos conceptos guía. Uno de esos pilares, tal vez el más prominente, es el de la Libertad (en mayúsculas, totalizadora, retórica, vacía y pletórica a la vez). Freedom. Nadie sabe utilizarla como elemento aglutinador, de cohesión social, mejor que los del Partido Republicano. 

La fuerza de esa palabrita, en el imaginario norteamericano, es para ponernos a temblar. Más aún cuando se encuentra inmersa en una retórica de auténtico terrorismo verbal. Según los desquiciados razonamientos de estos conservadores, Estados Unidos vive bajo inminente peligro: Hezbola, Al Qaeda, o el enemigo público en turno, tienen, aunque sea en los flamígeros discursos del Sr. Romney, la capacidad técnica para destruir al país entero. Irán planea venderle uranio a los fanáticos islámicos; medio oriente, en su conjunto, dedica su existencia a elucubrar maneras de aniquilarlos como nación. Miedo, y más miedo. 

Ante esto, no queda más que buscar la Libertad. Si, la libertad es la salvación, así se tenga que imponer a chingadazos. Liberarlos de ellos mismos, liberarlos por medio de la ocupación; obligarlos a ser libres. Porque sólo ellos, los neoconservadores, saben lo que es la libertad: la libertad de hacer lo que les venga en gana. 

Uno podría decir, ¿qué importa lo que digan unos fanáticos locos? Pues bien, cuando esos pastores enloquecidos, esos ignorantes ultraconservadores, amenazan con hacerse del poder en la nación más beligerante del mundo; obtener mando absoluto del ejército mejor equipado de la orbe, no podemos más que sentir cierta incomodidad, por decir lo menos. Y es que ante eso, el mundo entero debería poder votar; sobre todo si es Dios quien ilumina el criterio de estos locos, como ellos vehementemente defienden

@Gonznave

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