Los multifondos de las AFP acaban de cumplir 10 años, sin que el
aniversario haya generado demasiado ruido. ¿Han cumplido los objetivos
para los cuales fueron creados? Es un buen momento para revisar cómo
asegurar que esta estrategia ganadora lo siga siendo los próximos 10
años.
El pasado mes de septiembre se
cumplieron 10 años de la puesta en marcha de los multifondos. A pesar de
que son los actores más importantes del mercado de capitales chileno,
llama la atención que este aniversario no haya generado demasiado ruido.
Posiblemente sea una señal positiva de que el sistema de ahorro
previsional ha funcionado bien en este periodo.
Desde la creación de las AFP en 1981
hasta el 2000 existió un único fondo (el equivalente al Fondo C de hoy).
Ese año, como respuesta a la excesiva volatilidad para las personas que
estaban próximas a pensionarse se creó un fondo más conservador,
invertido exclusivamente en renta fija (que corresponde, con algunas
modificaciones, al Fondo E actual). El 2002 se agregaron los fondos de
mayor retorno y riesgo esperado (fondos A y B) y un fondo intermedio
entre los existentes (Fondo D).
Después de estos diez años, ¿han
cumplido los multifondos los objetivos? Para responder esta pregunta
clave, repasemos los propósitos del cambio. En primer lugar, el objetivo
más importante de un sistema de contribución definida como el chileno
es aumentar el valor esperado de la pensión. Para lograr esto, la
creación de multifondos permitió a los cotizantes poder optar por
opciones más rentables, aunque tomando mayor riesgo por ello.
¿Se cumplió el objetivo? De acuerdo a
datos de la Superintendencia de Pensiones, los que optaron por los
fondos más riesgosos A o B tuvieron rentabilidades reales (después de
inflación) de 6,4% y 5,6%, respectivamente, entre 1,5 y 0,5 puntos
porcentuales, mayores a los que hubieran tenido de haber seguido en el
fondo histórico C. Parece poco, pero el impacto de la rentabilidad
compuesta es muy potente. Significa entre 15% y 5% más de ahorro en 10
años, que se pueden traducir -de mantenerse esa diferencia- en pensiones
significativamente más altas al jubilar.
Ahora, esto no ha sido obra de magia.
Las personas que optaron por estos fondos de mayor rentabilidad también
sufrieron con la mayor volatilidad, incluyendo las fuertes caídas
durante la crisis del 2008. En casi lo que indicaría un texto de
finanzas, en esta última década el Fondo A ha superado en rentabilidad
al B; el B al C y así sucesivamente hasta el E (aunque los que optaron
por este último casi nunca recibieron una cartola con números
negativos).
Es oportuno avanzar en aumentar las opciones de diversificación de los fondos de pensiones para incluir activos inmobiliarios y estrategias de inversión de menor liquidez.
Otro objetivo fue permitir una mayor
participación de los afiliados en las decisiones de ahorro para la
vejez. Es decir, que las personas sintieran como propio lo que
contribuía para su pensión futura. Curiosamente, al momento de
lanzamiento de los multifondos, escoger en qué fondo contribuir empezó a
ser tema en almuerzos de familia y comidas entre amigos. Hasta hoy, más
de 4 millones de afiliados han tomado decisiones activas, es decir,
distintas al camino que por defecto define la ley, que va cambiando a
las personas al cumplir cierta edad. Incluso hoy algunos contratan los
servicios de asesorías que les indican a qué fondo cambiarse.
Sin embargo, acá los resultados quizás
no sean tan positivos: aún hay muchos cotizantes que consideran no tener
suficiente información o educación financiera para tomar una decisión
apropiada. Si bien existe mucha publicidad de las AFP que compara
rentabilidades, no existe aún una manera apropiada para comunicar los
riesgos que se asumen al escoger multifondos (incluyendo el riesgo de
ser demasiado conservador). Adicionalmente, algunas personas han tomado
decisiones de cambios de fondo mirando retornos pasados. Asustados por
la crisis del 2008, varios afiliados se cambiaron de fondos A, B al D y
E. Lamentablemente, lo hicieron tarde y se perdieron buena parte de la
recuperación del 2009 y 2010. Junto con la mayor libertad de elección
viene aparejada mayor responsabilidad en la decisión. A diez años de
este cambio, falta aún avanzar más en educación.
También es oportuno avanzar en otros
frentes: aumentar las opciones de diversificación de los fondos de
pensiones para incluir activos inmobiliarios y estrategias de inversión
de menor liquidez pero mayor retorno esperado. Ello pasa por revisar los
incentivos de las AFP, aún muy enfocadas en retornos de corto plazo, y
reorientarlas al objetivo central: el pagar pensiones lo más cercanas a
lo que el trabajador ganaba antes de jubilarse.
La reforma del 2002 también buscó
generar mayor competencia, al abrir la administración de los aportes del
ahorro previsional voluntario (APV). Ello permitió que fondos mutuos,
compañías de seguros y corredores de bolsa entraran a competir con las
AFP por estos recursos. En diez años de 200.000 personas que hacían APV
pasaron a más de un millón. Hoy los fondos mutuos ofrecen más de 500
fondos destinados a APV, con cerca del 20% de mercado.
Buenos resultados para los primeros diez
años no aseguran lo mismo para la década siguiente. En sus comienzos
los multifondos contaron con la cuota necesaria de suerte de toda
reforma. Partieron en el punto inicial de una significativa alza de los
mercados accionarios emergentes, a los cuales los fondos de pensiones
destinaron gran parte de su inversión extranjera y que ha permitido
entregar las rentabilidades antes señaladas. Pero esa estrategia
ganadora no necesariamente prevalecerá de aquí en adelante.
No obstante, esta semana hubo una clara
señal de que las perspectivas de la industria siguen siendo atractivas.
En una operación que sorprendió al mercado, el grupo financiero
norteamericano Principal anunció su intención de adquirir hasta el 100%
de AFP Cuprum por la no despreciable cifra de 1.500 millones de dólares.
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