George Soros es uno de los hombres más ricos del mundo y, tras su
pasado como especulador, uno de los filántropos y pensadores económicos
más conocidos y sorprendentes. Nos recibe en su casa en la costa este de
EE.UU. para hablar de cómo ve la salida de Europa a la crisis.
Por
Alicia González / El País
“Buenos días, soy el
mayordomo del señor Soros. Síganme, por favor”. Un amable ayudante nos
da la bienvenida a la casa donde George Soros (Budapest, Hungría, 1930)
pasa estos días de principios de julio. Pese a la formalidad que uno
esperaría encontrar en la casa de un multimillonario -ocupa el puesto
número 20 del mundo, según Bloomberg-, el mayordomo entrado en años
viste unas bermudas beige, deportivas blancas con calcetines a juego y
un polo azul marino con un nombre bordado en español: El Mirador. “Es el
nombre de la casa”, explica. El Mirador es una gran casa ubicada en una
de las zonas de veraneo más exclusivas de la costa este de Estados
Unidos, a unas dos horas y media de Nueva York en auto.
A diferencia de quienes le rodean,
George Soros nos recibe impecablemente vestido, aunque de manera
informal. Su despacho, no muy grande pero acogedor, está lleno de libros
de filosofía, su gran pasión, amontonados por todos lados y con notas
sobresaliendo de sus páginas. Soros sonríe amable pero crea una barrera
muy perceptible a su alrededor. Este mes de septiembre sale a la venta
su último libro en español La tormenta financiera en Europa y en Estados
Unidos, con artículos sobre la crisis de deuda.
-Usted vivió los años posteriores a la Gran Depresión, ¿ve similitudes entre aquellos tiempos y el momento actual?
-Hay similitudes, pero también hay
grandes diferencias. La más importante es que en la Gran Depresión los
estados tenían muy poca deuda pública cuando estalla la crisis, y ahora
los niveles de deuda pública de partida ya eran muy elevados. Si Keynes
viviera hoy no abogaría por las mismas políticas que recomendó entonces
porque su análisis partía de que había una deficiencia de demanda, que
se podía suplir con gasto público y déficit para ir hacia el pleno
empleo y, una vez logrados esos resultados, intentar equilibrar el
presupuesto. La deuda, en ese caso, se podía emitir para convertirse en
un estímulo contracíclico. Ésa no es una opción en estos momentos.
Luego, además, Europa tiene un problema específico derivado de la
construcción del euro. Así que la política hoy en día va a tener que
distinguir entre los estímulos que eventualmente se puedan rentabilizar y
la que se dirige simplemente a mantener un nivel de consumo que no es
sostenible. O un estado de bienestar que no se puede mantener,
especialmente en Europa.
"Europa era un bello sueño, un ideal muy inspirador. Pero en lo que se está convirtiendo hoy es muy diferente de esa idea debido a los errores en la introducción del euro y en las reglas impuestas por sus líderes. Están imponiendo una falsa ideología, a través del Tratado de Maastricht y el de Lisboa"
-¿Cree que hemos aprendido la lección de aquellos errores?
-Desgraciadamente, estamos repitiendo
los mismos errores que en la Gran Depresión. Porque la idea que está
impulsando Alemania de que se puede reducir la deuda contrayendo el
crecimiento es no entender cómo funciona la economía. La deuda es un
indicador que se mide en relación al PIB. Si reduces el denominador, el
PIB, aumenta el peso de la deuda. Es un error básico que no se explica,
especialmente por parte de Alemania.
-En sus artículos es muy crítico
con la posición alemana. ¿Está de acuerdo con quienes dicen que
Alemania ya ha llevado a Europa a la catástrofe dos veces durante el
último siglo, con la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y que ésta
puede ser la tercera ocasión?
-Alemania se ha convertido en la fuerza
dominante de Europa por el peso de su economía, pero hay que comparar la
situación de la Eurozona con el resto del sistema global. La Eurozona
es una miniatura del sistema de Bretton Woods que se estableció tras la
Segunda Guerra Mundial y que subordinaba la periferia al centro, siendo
Estados Unidos el centro de ese sistema. Eso no era lo que quería
Keynes, que buscaba un modelo más equilibrado. EE.UU. quería mantener su
papel de potencia dominante y se ganó su derecho a la hegemonía gracias
al Plan Marshall. EE.UU. estaba dispuesto a hacer algunos sacrificios
para revivir Europa con ese plan y durante muchos años el sistema
funcionó. Alemania ahora ha emergido como la economía más fuerte de
Europa y podría ocupar el puesto que ocupó Estados Unidos tras la
guerra, pero para ello debería preocuparse por el bienestar de la
periferia, no sólo por su propio interés nacional. Y ahí es donde
Alemania está fracasando en dar respuesta a esa oportunidad histórica.
Esa es la tragedia griega de hoy.
-Con su ataque a la libra, en
1992, Europa se dio cuenta de que no podía sobrevivir como una Europa
unida con distintas monedas. ¿Podrá funcionar ahora con una moneda
única?
-Yo soy un ferviente creyente en una
sociedad abierta, una idea que fue inicialmente defendida por Karl
Popper. Europa era un bello sueño, un ideal muy inspirador. Pero en lo
que se está convirtiendo hoy es muy diferente de esa idea debido a los
errores en la introducción del euro y en las reglas impuestas por sus líderes.
Están imponiendo una falsa ideología, a través del Tratado de Maastricht
y el de Lisboa. Las autoridades, en lugar de reconocer que todos
cometemos errores y que si eso sucede debemos corregirlos, insisten en
seguir imponiendo unas reglas que claramente no funcionan. En lugar de
que la situación mejore, sigue empeorando más y más. Alemania, que en la
práctica está dictando la política europea porque en las crisis
financieras el acreedor es el que tiene el mando, está haciendo lo
mínimo para mantener el euro unido, pero no es suficiente y por eso la
situación va a peor. Si estuviera dispuesta a hacer todo lo que hay que
hacer, lo máximo, la situación podría empezar a mejorar. Pero para eso
hay que empezar por reconocer los errores cometidos.
-Adelante, dígame cuáles son esos errores.
-Los estados miembros renunciaron a un
derecho propio cuando delegaron la capacidad de imprimir dinero en el
Banco Central Europeo (BCE). El resultado es que cuando los estados se
endeudaron lo hicieron en una moneda que no controlaban, igual que en
las crisis de los países emergentes en los años 80 y 90. Como
consecuencia de ello, los mercados financieros han podido forzar la
quiebra de algunos países del euro, algo que nunca pasa si uno se
endeuda en su propia divisa. Si tienes control sobre tu divisa, ésta
puede perder su valor, provocar inflación, empeorar el tipo de cambio...
pero siempre puedes pagar. Cuando se introdujo el euro, los mercados
declararon que los bonos soberanos estaban libres de riesgo. Los bancos
podían comprar cualquier cantidad de esta deuda sin asumir ningún riesgo
y, como resultado, las entidades acumularon deuda de los países más
débiles, los de la periferia, España, Italia, Portugal... con el
objetivo de ganar unos cuantos puntos básicos más.
"Si haces lo mínimo para mantener el euro unido, la Europa que salga de ahí será casi seguro lo contrario de una sociedad abierta. Y ahí el verdadero peligro es que Europa quedará permanentemente dividida entre acreedores y deudores"
Esa inyección de crédito creó un gran
boom inmobiliario en España, por ejemplo. Mientras tanto, Alemania, que
estaba asumiendo por entonces las deudas de la reunificación y tenía
mucha deuda, tuvo que ajustar sus presupuestos, adoptar reformas
estructurales, eliminar durante años los aumentos salariales y eso hizo a
Alemania mucho más competitiva, frente a países como España. La
convergencia de tipos de interés creó esa divergencia de competitividad.
Cuando estalla la crisis financiera y quiebra Lehman Brothers en 2008,
algunos países tienen que hacerse cargo de sus bancos, que tienen altos
niveles de deuda. España, que había manejado sus finanzas muy bien y
había emergido como un ejemplo de prudencia presupuestaria, se embarcó
en políticas contracíclicas para estimular la economía, que dispararon
su deuda. Luego se produjo la revelación griega y los mercados se dieron
cuenta de que había un riesgo real de quiebra dentro del euro y la
prima de riesgo volvió a hacer su aparición.
-Así que los mercados también cometen errores, no sólo los políticos.
- Así es. Primero al considerar que la
deuda de los países más débiles está libre de riesgo y luego al darse
cuenta de que pueden hacer quebrar a los países, a no ser que las
autoridades los protejan de esos excesos. No lo están haciendo y por eso
está fracasando la política. Es muy complicado, es una combinación de
crisis soberana, de crisis bancaria, divergencia competitiva y también
una crisiss política. Hay que poner esos cuatro elementos juntos porque,
después de todo, Europa no es una nación, es una unión de países y
cuando tienes una crisis cada país trata de protegerse a sí mismo y no
piensa en los otros. Por eso Alemania tiene que cambiar su actitud en
180 grados, tiene que dar marcha atrás. En 1989 Alemania dijo: “Ya no
tenemos política exterior alemana, ya sólo tenemos política exterior europea” y hoy dicen justo lo contrario “no queremos ser el pagador” de Europa.
-Con semejantes retos, ¿cree que el euro va a sobrevivir?
-Ahora soy muy, muy pesimista sobre su
futuro como consecuencia de su erróneo liderazgo. Hay un serio riesgo de
que se produzca un accidente, al estilo de Lehman Brothers, cuando el
sistema financiero realmente se rompió. Pero lo que es aun peor es que
si evitas un accidente y haces lo mínimo para mantener el euro unido,
entonces, la Europa que salga de ahí será casi seguro lo contrario de
una sociedad abierta. Y ahí el verdadero peligro es que Europa quedará
permanentemente dividida entre acreedores y deudores. A los primeros
siempre les irá mejor que a los segundos porque estos tienen que pagar
tipos de interés mucho mayores por el capital y eso se convierte en una
desventaja permanente que ampliará las diferencias entre ambos. Así, la
llamada periferia estará permanentemente deprimida y dependiente del
centro, que acaparará toda la inversión y el talento, y que dejará a la
periferia permanentemente en crisis. Ése es el destino que le depara a
España y a Italia.
-¿Puede Europa conjugar los intereses políticos de los países y sus necesidades financieras?
- Alemania tiene una fuerte líder en
Angela Merkel. Los alemanes le creen, confían en que protegerá sus
intereses. Pero para Merkel va a ser muy difícil, si no imposible,
convencer a los alemanes de que la sigan en el empeño de lograr una
Europa próspera, porque esos son intereses a largo plazo. A menos que lo
consiga, los países deudores van a tener que hacer un frente común,
aunque tampoco es fácil. Merkel, como buena política, sabe bien cómo
dividirlos. En ese contexto, las dinámicas políticas llevarán al auge de
gobiernos nacionalistas extremistas en buena parte de Europa, lo que
resulta terrorífico porque eso provocará reivindicaciones imposibles de
unos contra otros y mucho resentimiento y hostilidad. En esa posición
Europa estará peor de lo que estaba hasta entonces, pero lo peor es que
ése es el escenario más probable.
"Las dinámicas políticas llevarán al auge de gobiernos nacionalistas extremistas en buena parte de Europa, lo que resulta terrorífico porque eso provocará reivindicaciones imposibles de unos contra otros y mucho resentimiento y hostilidad"
-¿La decisión del Banco Central
Europeo de hacer todo lo que sea necesario para salvar financieramente a
los estados, siempre que éstos soliciten oficialmente esa ayuda es el
camino adecuado para garantizar la supervivencia del euro?
-No. Es un paso en la dirección
adecuada, pero no va lo suficientemente lejos para atajar la raíz del
problema, el hecho de que los estados miembros no controlan la divisa en
la que tienen denominada su deuda. Pone un límite a la escalada de la
prima de riesgo, pero no es suficiente para hacer que baje a niveles
sostenibles.
-Dice que no es muy optimista
respecto al euro, ¿eso significa que pone su dinero donde dice su boca,
por utilizar una expresión americana?
-Bueno, lo interesante es que esta
crisis no ha forzado necesariamente a la baja al euro, de hecho aunque
la crisis empeora la moneda se mantiene relativamente estable. Yo hace
mucho que no soy un inversor activo en el mercado financiero, pero si lo
fuera no estaría necesariamente corto en euros y sí en otros activos,
como en acciones europeas o en bonos italianos o algo así.
-¿George Soros sería el mismo personaje que conocemos si se hubiera quedado en Europa?
-Si hubiera sido mejor estudiante habría
podido dar clases en Kalamazoo, en la Universidad de Michigan. Sería
profesor de economía. Pero no fui un buen estudiante, aprobé mis
estudios pero sin grandes notas.
-¿Pero siempre en Estados Unidos, no en Europa?
-Me temo que sí.
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