17 años de mutaciones: Dos encuestas revelan las variaciones en los ejes ideológicos, políticos y económicos de los chilenos.
Desde hace algunos años ha surgido en Chile el interés por conocer a los “nuevos ciudadanos”. Este interés aparece en medio de un evidente cuestionamiento a los efectos que ha traído consigo el modelo de desarrollo, el sistema de educación, el sistema político y la calidad de vida de las personas.
El desencanto por la política, la baja confianza en las autoridades e instituciones, el bajo interés de los jóvenes por participar en actos electorales junto con la escasa identificación con los tradicionales ejes de derecha e izquierda y, en particular, con los partidos políticos o alianzas, son síntomas de que pueden existir variaciones en las preferencias valóricas de los chilenos.
La preocupación de la opinión pública se ha ido centrando en temas que con el tiempo han ido mutando; tales como la educación, la ecología, la globalización, la tecnología, etc. La variación de estos temas no es trivial y puede tener cierto nivel de explicación en el análisis de tendencias de largo plazo.
Con este objetivo se presenta la revisión de los resultados de dos encuestas de opinión con 17 años de diferencia, las cuales abordan las percepciones más ideológicas y de valores de la población adulta. Ambas comparten la metodología de aplicación probabilística; es decir, son técnicamente comparables.
La primera corresponde a la encuesta CEP de noviembre-diciembre de 1994 con cobertura nacional urbano-rural, en tanto la segunda es una encuesta de opinión llevada a cabo por la empresa DATAVOZ en junio-julio de 2011, a nivel nacional-urbano.
Para efectos de la comparación se han homologado las muestras.
Ambas investigaciones abordan diversos temas políticos y de percepción sobre la situación del país, siendo el foco de este artículo el análisis de un bloque de preguntas que permite determinar cuáles son las preferencias ideológicas de las personas respecto a dos grandes ejes, uno de principios políticos, y otro de principios socioeconómicos.
Ambas investigaciones abordan diversos temas políticos y de percepción sobre la situación del país, siendo el foco de este artículo el análisis de un bloque de preguntas que permite determinar cuáles son las preferencias ideológicas de las personas respecto a dos grandes ejes, uno de principios políticos, y otro de principios socioeconómicos.
La pregunta de ambos sondeos es la siguiente: “Cada una de las frases contenidas en esta tarjeta expresa un valor significativo, algo bueno para la sociedad. Al comparar estas dos, ¿cuál diría usted que es la más importante a su juicio?”. Esta interrogante pretende establecer la evaluación que las personas hacen de cuatro valores específicos, que en nuestra opinión representan de manera muy acertada los ejes ideológicos por los que la población está permanentemente optando.
La serie de seis preguntas expone a cada entrevistado a una elección entre dos de cada una de las siguientes afirmaciones: a) La igualdad de oportunidades y la justicia social; b) El desarrollo económico; c) La democracia y las libertades públicas y privadas; d) El orden público y la seguridad ciudadana.
El poder femenino
Al comparar los dos estudios, la primera conclusión que salta a la vista es que las valoraciones relacionadas a los dos ejes, el político y el económico, presentan llamativos cambios en los 17 años que pasaron entre ambas mediciones.
El año 1994, un 34% de los entrevistados valoriza la democracia y las libertades públicas, cifra que se incrementa a 44% el año 2011. Esto se explica, en parte, por la baja significativa de valoración del eje orden público y la seguridad ciudadana, que cae de 52% a 33% (las cifras corresponden a la suma de valoración en distintos grados, ver Gráfico 1).
En el eje económico también se observa un cambio, aunque menos pronunciado que en el político, pero de todas formas llamativo; por cuanto la preferencia hacia el desarrollo económico cae de 45% a 30%. Esta opción se traslada hacia la igualdad de oportunidades y justicia social, incrementándose de 40% a 53% (ver Gráfico 2).
Estos cambios en la preferencia de los valores asociados a cada uno de los ejes se explicarían por factores coyunturales que afectan los procesos de definiciones ideológicas y valóricas.
Según revelan las cifras, uno de los principales motores del cambio en el eje político lo constituyen las mujeres y los jóvenes. En el primer caso, el sexo femenino tenía mayor valoración por el orden público que por la democracia y las libertades, pero los distintos avances sociales –como, posiblemente, el aumento de la mujer en el mundo del trabajo– hicieron que en 2011 la tendencia se invirtiera (ver tabla 1).
Los jóvenes son el otro grupo que marca el cambio. Pese a que en todos los grupos etarios se produce un aumento de la valoración de la democracia y las libertades públicas, entre quienes están entre 18 a 24 años éste concepto crece más de 20 puntos. Y si de posición política se trata, el cambio de eje más relevante es en el perfil del independiente, en el cual las preferencias se invierten y el grupo mayoritario opta por la democracia y las libertades, en lugar del orden. Lo anterior da luces de un fenómeno que se suele repetir en los estudios de opinión pública: a nivel general, los cambios en los segmentos más politizados no son tan radicales como en los que no tienen mayor identificación política.
En el eje socioeconómico, en tanto, el cambio más importante también está protagonizado por las mujeres, quienes aumentan su preferencia por la igualdad de oportunidades y la justicia social. Un escenario similar se da en los jóvenes y entre quienes se definen como independientes en términos políticos.
La gran duda –e idea central de este estudio– es cómo se segmentan los entrevistados cuando se combinan ambos ejes. En este punto es donde se observan los hallazgos más significativos, en cuanto a cómo han cambiado las preferencias de la población adulta.
Al comparar ambas mediciones, claramente existe un cambio en la forma de valorización de la sociedad chilena, en donde el desarrollo económico y la mantención del orden público dejan de ser los principios o valores con más peso para los chilenos.
Actualmente, las personas valorizan más los aspectos relativos a la igualdad y justicia social, unido a la democracia y las libertades, que los relacionados con el desarrollo económico y el orden público.
Actualmente, las personas valorizan más los aspectos relativos a la igualdad y justicia social, unido a la democracia y las libertades, que los relacionados con el desarrollo económico y el orden público.
El primer dato relevante es que el año 1994 un 77% de los entrevistados pertenece a uno de los cuatro cuadrantes que se forman al combinar los distintos ejes (ver gráfico 3), en tanto el año 2011 el porcentaje cae a 62%. El resto no se matricula en ninguno de ellos. De este modo, la definición “ideológica” era más clara hace 17 años.
En relación a estos cuatro grupos, el hallazgo más significativo es que la mayor parte de los entrevistados (29%) que el año 94 se ubicaba en el cuadrante desarrollo económico y orden y seguridad ciudadana, el año 2011 aparecen en el cuadrante formado por democracia y libertades públicas e igualdad de oportunidades y justicia social (31%). Es decir, el grupo mayoritario se traslada hacia el otro extremo.
Aunque al combinar los distintos ejes y separar la muestra por diversas variables –edad, sexo, posición política, nivel educacional– todos los segmentos presentan cambios, llama la atención que éstos son especialmente altos en las mujeres, los más jóvenes, los adultos de 55 años y más, los que se autodefinen como de izquierda o centro izquierda, y los independientes (ver tabla 2).
Irrumpe la educación
En 17 años el cambio más notorio fue en el eje relacionado con aspectos políticos. En 1994 la población estaba claramente alineada con el polo orden público y seguridad ciudadana. En 2011 la concentración se ha invertido de manera casi simétrica (ver gráfico 3).
Al tratar de buscar explicaciones de fondo respecto a estos cambios se pueden analizar las respuestas a la pregunta sobre cuáles son los principales problemas a los que “debería dedicar mayor esfuerzo en solucionar el Gobierno”. No se aprecian grandes diferencias. De hecho, el año 1994 los principales problemas son Salud, Pobreza y Delincuencia –en ese orden–, en tanto el 2011 son Delincuencia, Educación y Salud (ver gráficos de barras). De todas formas la irrupción de la educación como uno de los principales problemas podría ser un factor explicativo de estos cambios en los ejes. Más aún, si se considera que al momento de tomar la muestra el movimiento estudiantil pasaba por un período de especial intensidad.
Los mitos del crecimiento
La variable socioeconómica tuvo un cambio menos pronunciado que el anterior, pero de todas formas deja claro que en 17 años, obviamente, pasaron cosas. El desarrollo económico ha sido el discurso casi unánime de la elite nacional. Se ha dicho sistemáticamente que una de las principales fuentes del mejoramiento de la calidad de vida de las generaciones futuras es el crecimiento económico. Por otra parte, mucho se ha hablado de la meritocracia. ¿Es un mito o una realidad? ¿Cuáles son los verdaderos drivers de movilidad social en Chile? ¿La movilidad social existe sólo en términos de ingreso monetario? Probablemente la crisis o crítica a la educación pasa mucho por eso: ¿tendrán finalmente las mismas oportunidades en la vida egresados de colegios de distinta dependencia?
La opción preferente por justicia social no es sólo una frase retórica: puede verse como el resultado ante la sensación de injusticia por hechos recientes (repactaciones unilaterales de una tienda, colusión de farmacias, manipulación de un alimento por parte de una empresa). Si este tipo de hechos tiende a repetirse, con soluciones más bien difusas, la pregunta que puede hacerse la población es: ¿desarrollo económico? ¿Para qué? Esta interpelación hacia un sentido que debe tener el crecimiento del país es una de las perspectivas posibles que resulta de la comparación de ambos estudios.
Los números están a la vista. ¿Qué están haciendo las elites nacionales para conectar con un público que valora con más fuerza la democracia, las libertades públicas y la igualdad de oportunidades?
Probablemente estas preguntan sean contestadas en las elecciones venideras. Pero el dato es claro: el país ha cambiado. Corresponde a los políticos y a los diversos líderes sociales –intelectuales, empresarios, académicos y comunicadores, entre otros– realizar la lectura adecuada. •••
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Fontaine en la búsqueda de los Polos
“Significado del eje izquierda-derecha” se titula el documento que el director del CEP, Arturo Fontaine, publicó el año 95 –uno posterior a la encuesta–, en el cual explicaba la construcción de ambos ejes utilizados en este estudio. Según dijo entonces, la pregunta aplicada en el sondeo –y repetida 17 años después por Datavoz– apuntaba a “encontrar dos polos que, siendo simples y fácilmente reconocibles, reflejaran posturas diferentes y, a la vez, representativas” en el orden del pensamiento político y económico. Así, señaló Fontaine, “la primera hipótesis es que, en el campo socioeconómico, hay dos bienes fundamentales en juego: crecimiento económico y redistribución por razones de justicia. ¿Preocupa más que la torta aumente o cómo será repartida? ¿Qué importa más: reglas del juego imparciales o punto de partida equitativo? ¿Dónde poner el énfasis? Se trata de indagar cuál de estos principios tiene prioridad en caso de conflicto”. Agregó que “se pensó que para los encuestados términos como igualdad de oportunidades y justicia social, sin ser sinónimos, pertenecían a la misma familia”, pues ambas son “dos maneras de aludir a la cuestión de la desigualdad en el orden socioeconómico”.
Por otra parte, el CEP estimó que el término desarrollo económico era de uso más común que “crecimiento económico”. “Por consiguiente, el eje socioeconómico viene a corresponder aproximadamente a la dicotomía libre competencia-estatismo o, más exactamente, libre competencia-intervencionismo regulador, sólo que preguntado de otra manera”, explicaba el director del CEP.
La segunda hipótesis –añadió– es que, en materias políticas, los dos bienes básicos son orden y libertad. “Quien demanda orden busca ciertas certidumbres, ciertas regularidades en el comportamiento social. La preocupación por la seguridad personal se relaciona, entonces, con la demanda por orden público”, señaló. Y en el caso de la libertad, ésta se vincula con el ejercicio de ciertos derechos fundamentales y con la democracia, es decir, la participación en la elección de los gobernantes. “Se pensó que la palabra democracia no bastaba. Se le agregó libertades públicas y privadas para sugerir la idea de libertades políticas, pero también de libertades individuales. Por consiguiente, el eje político puede concebirse como aproximadamente equivalente al de conservantismo-liberalismo (político)”.
GRÁFICO 1
GRÁFICO 2
** Las curvas muestran el grado de valoración de una u otra idea, siendo -3 y 3 los extremos de mayor intensidad.
** En el cuadrante 1 se agrupan quienes valoran en mayor medida a la democracia y a la igualdad de oportunidades; en el 2, la democracia y el desarrollo; en el 3 está el grupo que valoriza más la igualdad de oportunidades y el orden público, y en el 4, los que valoran mayormente al orden público y al desarrollo económico.
¿Cuáles son los principales problemas a los que debería dedicar mayor esfuerzo el gobierno en solucionar?
CEP 1994:
DATAVOZ 2011:
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