Los rankings dicen que su fortuna está entre los 12 y los 19 billones de dólares. A esas alturas, da casi lo mismo. Jorge Paulo Lemann es el segundo hombre más rico de Brasil y responsable de que la cerveza y las papas fritas estén por todos los rincones del planeta. Por M. Cristina Goyeneche. Ilustración: Ignacio Schiefelbein
Tener un pasado como tenista de elite siendo cinco veces campeón de Brasil y cumplir los 73 años como el rostro planetario de la cerveza y la comida chatarra, puede ser una contradicción de aquellas. Definitivamente sí, cuando se trata de de estilos de vida. Pero ciertamente no si el tema son los negocios. Alto, simpático, con un estado físico privilegiado y plenamente activo como inversionista, es difícil imaginar a Jorge Paulo Lemann tras una barra con un whopper en la mano izquierda –Burger King es suyo– y una botella de Corona, Stella Artois o Budweiser –da lo mismo cuál, son todas de él– en la derecha. Mucho menos después de escucharlo hablar ante un puñado de estudiantes de Harvard, por donde él también pasó en los 60, sobre sus aventuras de surfista en las playas de Copacabana.
En los días de tormenta, cosa que ocurría cada dos o tres años, la hazaña para él y sus amigos ya no era empinarse en olas de tres metros, sino de 10 ó 12. Y ahí sí que uno se lo puede imaginar. Sobre la tabla, con el sonido del agua golpeando fuerte, en equilibrio, los músculos tensos, la adrenalina a tope, haciéndole frente a “esas olas colosales”.
Cuando aparece ese hombre que surfeaba como hobby y competía profesionalmente por su país en campeonatos de tenis de la talla de Wimbledon y Copa Davis, es que surge también el empresario a todo dar, hoy convertido en el segundo hombre más rico de Brasil; el número 69 del mundo según el ranking 2012 de Forbes que estimó su fortuna en 12 billones de dólares; el cuarto de la región, con un patrimonio de 19 mil millones de dólares de acuerdo al listado de América y Economía, y 37 del planeta para Bloomberg, quien le asigna 17, 9 billones de dólares.
Cuando aparece ese hombre que surfeaba como hobby y competía profesionalmente por su país en campeonatos de tenis de la talla de Wimbledon y Copa Davis, es que surge también el empresario a todo dar, hoy convertido en el segundo hombre más rico de Brasil; el número 69 del mundo según el ranking 2012 de Forbes que estimó su fortuna en 12 billones de dólares; el cuarto de la región, con un patrimonio de 19 mil millones de dólares de acuerdo al listado de América y Economía, y 37 del planeta para Bloomberg, quien le asigna 17, 9 billones de dólares.
Y ahora sí que las cosas cuadran. De hecho, quienes lo conocen de cerca precisan que casi no toma alcohol y que su alimentación es muy sana.
De a poco en su vida comienzan a mezclarse el joven de padres suizos que nace en Río de Janeiro y prefiere las olas y una raqueta antes que estudiar, pero que igual va a Harvard, “en una época en que lo hacían uno o dos brasileños cada dos o tres años”; y el hombre de negocios que con algo más de tres décadas en el cuerpo levanta uno de los bancos de inversión más agresivos de los años 70 y 80… en el mundo. La historia de cómo hizo su fortuna parte ahí, con el Banco Garantía abriendo sus puertas en 1971 y su alianza inquebrantable con Marcell Herrmann Telles y Carlos Alberto da Veiga Sicupira, socios hasta hoy en todas sus grandes movidas y, por lo mismo, tan billonarios como Lemann.
De porro a mateo en Harvard: “Extrañaba la playa, me moría de frío y mis notas eran las peores posibles... (Después) empecé a entrevistar profesores, a estudiar las pruebas antiguas hasta dar el foco de las materias. Dejé de ser el peor y me fue bien”.
Pero eso vendrá después. Lo primero fue sortear la rigidez de las aulas bostonianas. “Mi primer año en Harvard fue un horror”, ha confesado Lemann, quien es parte del consejo asesor de la Harvard Business School y tiene destinado un fondo para cubrir los estudios de post grado de los brasileños que quieran aterrizar en esta universidad. Con aplomo y en confianza les contó alguna vez: “Nunca había estado en Estados Unidos, extrañaba la playa, me moría de frío, no estaba acostumbrado a estudiar, no estaba acostumbrado a escribir y mis notas eran las peores posibles. Incluso, cuando viajé a Brasil para las vacaciones, las autoridades de la universidad me recomendaron alejarme un año para que madurara”. Pero volvió decidido a torcerle la mano a Harvard. En vez de tomar cuatro o cinco cursos por semestre, tomaba siete. “Empecé a entrevistar a alumnos, profesores, a estudiar las pruebas antiguas hasta dar el foco de las materias. Dejé de ser el peor de los alumnos y me fue bien”, relató Lemann en las mismas aulas que lo acogieron en calidad de torbellino y que lo lanzaron al mundo como economista en 1961. De ahí en adelante el trabajo y el deporte se fueron mezclando. Si en 1962 era parte del equipo suizo de Copa Davis, para el 73 ocupaba igual posición, pero bajo la bandera brasileña. Incluso, los argentinos destacan que ese año Lemann consiguió la “hazaña” de ganarle un set a Guillermo Vilas.
En medio de sus contiendas deportivas integró por un año las filas del CreditSuisse y se probó como periodista en el Jornal Do Brasil. El empleo lo perdió rápido, ya que en paralelo trabajaba como corredor de acciones y el director consideró que existía un evidente conflicto de intereses.
Tras pasar por varias firmas del área financiera, a los 32 años creó el banco de inversiones Garantía. Con una desventura. Lo hizo en el peor de los momentos económicos y políticos del país. A las semanas de abrir, el mercado accionario brasileño se desplomó en casi un 60%. Lemann estuvo a punto de perder todo su capital. La historia de cómo sobrevivió no se ha contado. Seguro que sus horas interminables montando olas le dieron el temple necesario, porque Lemann no sólo sobrevivió, sino que hizo historia creando una cultura de trabajo inexistente en el Brasil de los 70.
Austeridad, poco temor a los grandes riesgos y convicción total de sumar a sus filas a los mejores talentos y recompensarlos con stock options. Gracias a esta mirada no sólo llegaron sus inseparables socios –Telles y da Veiga– sino que en sus filas se formó una gran cantidad de jóvenes brillantes que luego irían contagiando el “sello Garantía” en las empresas y reparticiones públicas a las que emigraron. Un caso es el de Arminio Fraga, quien saltó de economista jefe de Garantía a Presidente del Banco Central bajo la presidencia de Fernando Henrique Cardoso.
La lista de negocios que hicieron fue extensa. Entre los más significativos estuvo permitir que multinacionales como Colgate-Palmolive o Phillip Morris International hicieran adquisiciones en Brasil. Además, Lemann introdujo modernas técnicas de financiamiento, inspirado en el trabajo de Goldman Sachs, llegando con él operaciones de trading y derivados. Pero también estuvo en la compra y restructuración de empresas. En los años 80 adquirieron la propiedad de la cervecera brasileña Brahma y la cadena de retail local Lojas Americas.
La huída
Los años en Garantía le dieron a Lemann reconocimiento y prestigio internacional; sin embargo, conquistar el título de “Big Kahuna” de los negocios vendría después. Lemann y sus socios vendieron Garantía al CreditSuisse en 1998 por una cifra cercana a los 700 millones de dólares. De ahí en más fueron imparables. A través de 3G Capital, el fondo de inversiones que habían formado años atrás para comprar las empresas que restructuraban, salieron de shopping. Sin trámites, compraron a su archirrival en las cervezas, Antártica, y la fusionaron con una ya ordenada y eficiente Brahma. El nuevo actor, AmBev, empezó a hacer ruido con operaciones en Paraguay, Uruguay, Bolivia y Argentina, donde además sumaron Quilmes.
Lemann, que siempre ha participado en sus negocios con un sillón en el directorio pero nunca en la gestión diaria, no se quedó sólo con eso. En paralelo se sumó al directorio de Gillette –donde hizo buenas migas con Warren Buffett– y de Swiss Reinsurance. Además, trabajó como consejero internacional de los directorios de la Bolsa de Nueva York (NYSE) y CreditSuisse Group. Una vez más, Suiza empezaba a repetirse en la vida de Lemann, al punto que recién adquirida Antártica y ya siendo el cervecero número uno de Latinoamérica, el empresario decidió fijar en Zurich su lugar de residencia junto a su segunda esposa y sus tres últimos hijos. Un intento de secuestro mientras los niños iban al colegio en su auto blindado por las calles de Sao Paulo lo hizo armar maletas el año 99.
Cuando compró Anheuser-Busch –la madre de Budweiser– hasta Obama se enojó. “Es un ícono estadounidense y esta venta podría amenazar a miles de empleos”, dijo el entonces candidato presidencial.
Con AmBev como líder latinoamericano, el 2004 3G Capital saltó a las grandes ligas. Fue hasta Europa y tomó el control de la cervecera más antigua y tradicional del continente, Interbrew, cuyos orígenes se remontan a la destilería Den Horen en la Bélgica del 1300 y su marca más conocida era Stella Artois. Belgas y latinoamericanos –con el control en manos de estos últimos– crearon una compañía de 11 billones de dólares, InBev, y siguieron creciendo con la suma de pequeñas cervecerías por toda Europa. Para el 2007, con el gigante siendo comandado por el brasileño Carlos Brito, ya registraban utilidades por 3.500 millones de dólares y ventas por 21.000 millones de dólares en todo el mundo. ¿Tiempo para respirar? Por su puesto que no. El 2008 apuntaron la mira hacia Estados Unidos. En una movida que mezcló negocios, patriotismo y, como consecuencia, mucha polémica, InBev tomó el control de la cervecería N°1 del mundo, Anheuser-Busch. A los americanos no les pareció que su marca registrada, Budweiser, quedara en manos extranjeras. Tal fue el ruido, que hasta el candidato a la presidencia Barack Obama le destinó algunas palabras. “Fue decepcionante saber que Anheuser Bush acordó ser vendida a InBev. Anheuser-Busch es un ícono estadounidense y esta venta podría amenazar a miles de empleos”, dijo. La operación pasó, por lo mismo, varios momentos de peligro, pero nada que finalmente un cheque por 52.000 millones de dólares, más dos asientos en el directorio de la nueva compañía para sus ex dueños, no arreglaran.
Hace dos meses volvieron a desordenar la espuma, esta ves en México. InBev, con un 50% no controlante de la Cervecería Modelo, decidió dar vuelta la situación y poner sobre la mesa 20.100 millones de dólares y hacerse con la propiedad. La clásica Corona se sumó entonces a una constelación de más de 200 marcas de cerveza, todas bajo el dominio de Lemann y sus socios.
Y las cosas en Burger King tampoco han sido calmas. Tercera del mercado tras McDonald’s y Wendy’s –por donde Lemann también pasó–, en el 2010 3G Capital, con su centro de operaciones en EEUU, pagó 4 mil millones de dólares (deuda incluida) por la cadena de comida rápida. A comienzos de este año ya la tenían transando nuevamente en la bolsa de Nueva York. Mientras, la segunda cadena de comida rápida de EE.UU. da la pelea por aumentar posiciones. Su plan es crecer fuerte en América latina esperando tener 500 nuevos restaurantes inaugurados en la región antes del 2015.
Mucho mais
Pero Lemann no sólo es el rey de la cerveza y las papas fritas. Lojas Americanas, menos conocida a nivel mundial, maneja 500 tiendas de retail por todo Brasil -eso que el 50% de sus ventas son on line-, y América Latina Logística es el mayor operador de trenes y transporte, ya no sólo de Brasil, sino que de Sudamérica: 21.300 kilómetros de vías entre Argentina y Brasil. A ella se les suma CSX, una de las compañías de ferrocarriles más grandes de Estados Unidos con su casa matriz en Jackson, Florida, y San Carlos, fondo de inversiones destinado a compra y venta de bienes raíces en Brasil.
Eso en los negocios. Porque Lemann le dedica al menos el 25% de su tiempo a la filantropía. Participa activamente en Endeavor y la Fundación Lemann, cuya misión es permitir el perfeccionamiento de jóvenes brasileños en universidades norteamericanas.
¡Ahhh! y un dato anecdótico más. Por algunos años Lemann fue el jefe de Marc Mezvinsky en 3G Capital. ¿No le suena? Es el marido de Chelsea Clinton, quien renunció a su trabajo en el fondo meses después de casarse, al parecer, sumido en una crisis de pareja. •••
¡Ahhh! y un dato anecdótico más. Por algunos años Lemann fue el jefe de Marc Mezvinsky en 3G Capital. ¿No le suena? Es el marido de Chelsea Clinton, quien renunció a su trabajo en el fondo meses después de casarse, al parecer, sumido en una crisis de pareja. •••
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