Por Carlos Pagni
“El kirchnerismo está demostrando que para instaurar su
capitalismo de Estado no requiere una reforma constitucional. Ayer Julio
De Vido anunció que la licitación para adjudicar frecuencias de telefonía celular
había sido anulada. Ahora el Gobierno creará una empresa pública para
intervenir en ese negocio. Casi a la misma hora, los gremialistas
oficialistas examinaban lo que creen inminente: la estatización
progresiva de las obras sociales. El titular de YPF, Miguel Galuccio, le
dio a esta deriva estatizante una matriz internacional.
A falta de un acuerdo con Exxon o Chevron, comunicó una negociación
con la rusa Gazprom, la segunda compañía estatal a la que corteja,
después de la venezolana Pdvsa.
En un aparte del Comité Central Confederal que realizó ayer el sector
de la CGT enfrentado a Hugo Moyano, José Luis Lingeri informó las
novedades que le había notificado la superintendenta de Salud, Liliana
Korenfeld. Comentó que, por más que doblen la espalda ante la
Presidenta, sus “cajas” seguirán asfixiadas. El Estado no les devolverá
los $ 14.000 millones que, según ellos, ha retenido por error. Deberán
conformarse con $ 2000 millones más por año, distribuidos según la
cantidad de afiliados y el nivel salarial de cada organización. El
Gobierno los ha tratado como si fueran gerentes de energéticas en busca
de tarifa.
Tampoco hay buenas noticias en el terreno más escabroso: las causas
penales por la adulteración de documentos para arrancar subsidios a la
Superintendencia no se cierran para Moyano, pero tampoco para ellos.
… La disputa de la CGT facilita este avance estatal sobre el sector.
Los adversarios de Moyano todavía no definieron al nuevo secretario
general. Pero es muy difícil que sea el candidato de la señora de
Kirchner. Como una trabajadora más, ella propuso al metalúrgico
Francisco Gutiérrez, intendente de Quilmes con veleidades izquierdistas y
bien vinculado con el sistema financiero de los Estados Unidos, por la
vía conyugal. Pero “los Gordos” y los “independientes” le explicaron que
eso sería imposible: si el secretario general no es Antonio Caló, el
jefe de la UOM, habrá que optar por el mecánico Ricardo Pignanelli.
“Ah,
Pignanelli, ese gordito simpaticón?”, cabeceó la Presidenta. La
propuesta duró poco: Pignanelli teme dejar su silla en Smata a Mario
Manrique, su segundo, un amigo de Moyano. Síntesis: ni en la nueva CGT
ni en la de Moyano ni en la de Luis Barrionuevo el Gobierno contará con
una conducción afín. ¿No será la hora de enfrentar a todos en nombre de
la democratización sindical? En la reunión de ayer el único plan para
enfrentar esa amenaza fue escribir un documento.
Las declaraciones de De Vido para “recuperar la soberanía del éter”
refuerzan esta tendencia. Otra vez el ministro debió autoflagelarse por
TV: la empresa que operará las frecuencias de telefonía retiradas de la
licitación, Ar-Sat, está en manos de Guillermo Ruso, un militante de La
Cámpora. Esta agrupación ha desplazado a De Vido de todos los sectores
en los que tenía influencia. Ar-Sat operó hasta ahora la TV digital
abierta gracias a los cuantiosos recursos presupuestarios que recibe.
Otra Aerolíneas.
Para asignar las frecuencias a esta empresa pública, De Vido arguyó
que Telefónica y Telecom constituyen un monopolio. Contradijo lo que la
Comisión de Defensa de la Competencia dictaminó al autorizar la
permanencia de Telecom Italia en Telecom. El ministro sostiene que
después de esa aprobación los italianos compraron más acciones de
Telecom a sus socios locales, los Werthein. Esas adquisiciones no fueron
aprobadas por la Comisión. La explicación es misteriosa: “Mientras los W
estén en Telecom, no les aprobemos nada”. El dato confirma una versión
muy insistente: desde la muerte del ex presidente, entre los Werthein y
los Kirchner quedaron conversaciones inconclusas. Otra baja en el
capitalismo de amigos.
De Vido anticipó que el Estado operará la telefonía móvil en
asociación con privados. No debería sorprender que también en este
negocio irrumpa José Luis Manzano. Esta fase izquierdizante del
kirchnerismo coincide con el ascenso de Manzano, quien hoy ocupa una
posición casi tan inevitable como Osvaldo Cornide. Sólo Axel Kicillof
consigue eclipsarlo. Pero Manzano no lo cree: “Esto es Rusia y yo soy
Putin”, suele repetir.
A propósito de estas ensoñaciones, Galuccio visitó Moscú. Se
entrevistó con el CEO de Gazprom, Alexei Miller, que secunda a Putin
desde que ambos espiaban en Dresden para la KGB. Miller y Galuccio
hablaron de hidrocarburos no convencionales, área sobre la que los rusos
conocen poco, y, sobre todo, de exportaciones de gas natural licuado a
la Argentina. Que no se entere De Vido: Gazprom está acusada en Europa
de conductas monopólicas.
La peregrinación a Moscú es la contracara de la inquietante demora de
Galuccio para conseguir inversiones de las petroleras dedicadas al
shale gas. El presidente de YPF confesó la encerrona en su plan
quinquenal. De los US$ 37.200 millones que prometió invertir en ese
lapso, 32.600 millones saldrán del flujo de caja de la empresa. Galuccio
supone que todos los años generará una renta equivalente al valor de
mercado de YPF. La norteamericana EOG, líder mundial en explotación de
recursos no convencionales, no alcanza ese objetivo. Pero Galuccio, se
sabe, es mago. Aun así, sólo podría cumplir su sueño con una permanente
suba de precios.
Pero la urgencia de YPF es el corto plazo. Los bancos locales deberán
prestarle a una tasa inferior a la que pagan por los plazos fijos.
Están dispuestos a hacerlo, pero por no más de 270 días. Para una
petrolera es un suspiro. Mientras, un equipo del Citibank experto en la
estructuración de bonos llegó a Buenos Aires y prepara un papel por unos
US$ 250 millones con una tasa no inferior al 11,5%.
El límite de Galuccio, como el de cualquier productor de
hidrocarburos, es el Gobierno. ¿Kicillof le permitirá la enorme suba de
precios que necesitan sus inversiones? ¿Cuál es, en este caso, la
“rentabilidad razonable”? ¿Será la de las demás compañías? Muchas
empresas estatales han conseguido, por su competitividad internacional,
mejorar la cultura económica de sus gobiernos. Es el caso de Petrobras
en Brasil, de la china Cnooc y hasta de Gazprom. El desafío de Galuccio
era influir, desde una YPF estatizada, en la racionalidad de la política
energética. Es su duelo con Kicillof. Lo va perdiendo”.
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