Brasil corre el riesgo de incumplir este año por escaso margen una importante meta presupuestaria, dijeron a Reuters tres miembros del gobierno.Y eso podría ser otra señal de que el dilatado estancamiento de la economía está llevando al Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff a relajar su disciplina fiscal.
Un año de desaceleración en la otrora vibrante economía ha golpeado la recaudación tributaria más de lo previsto. Además, el Gobierno ha dado incentivos fiscales por 12.500 millones de reales (6.197 millones de dólares) en lo que va del año, en un esfuerzo por estimular las inversiones y el gasto de consumo.
Como resultado, parece poco probable que el Gobierno cumpla su meta de un superávit fiscal primario consolidado de 139.800 millones de reales, o cerca de un 3,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sin recurrir a recursos contables, dijeron los tres miembros del equipo económico de Rousseff, que hablaron bajo condición de no ser identificados.
Incumplir la meta podría decepcionar a los mercados financieros y complicar el plan de mantener bajas las tasas de interés en los próximos meses, aunque algunos economistas y agencias calificadoras sostienen que aún hay margen de acción para relajar la política fiscal debido a las robustas finanzas.
“La probabilidad de que el Gobierno no cumpla la meta (de superávit primario) es cada vez mayor”, dijo un funcionario. Un portavoz del Ministerio de Finanzas declinó confirmar o desmentir los reportes, pero indicó que el Gobierno tiene buenos antecedentes en el cumplimiento de sus objetivos fiscales a lo largo de los años.
El superávit primario -ingresos menos gastos, sin incluir los costos del pago de deudas- es considerado un buen indicador de las finanzas de Brasil. Superávits relativamente grandes y consistentes han permitido al país conquistar la confianza de los inversores y reducir sus deudas durante la última década.
Reuters reportó el 21 de agosto que Rousseff estaba considerando flexibilizar la meta de superávit primario para el 2013. Los reportes refuerzan la idea de que su Gobierno izquierdista está cada vez más dispuesto a sacrificar parte de su disciplina fiscal para estimular una economía que debería crecer apenas un 1,6 por ciento este año.
Los tres funcionarios consultados dijeron que técnicamente el Gobierno podría aún cumplir su meta de superávit para el 2012 si excluye del cálculo algunas inversiones en infraestructura, dándole a Brasil otros 40.000 millones de reales en margen de maniobra.
Ese tipo de maniobras es permitida por la ley brasileña y fueron usadas por última vez en el 2010, aunque auditores externos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) no las reconocen.
El FMI dijo que el superávit primario de Brasil en el 2010 fue equivalente a un 2,4 por ciento del PIB, por debajo de la meta oficial de 3,1 por ciento.
En lo que va del 2012, el Gobierno está ligeramente retrasado en su meta de superávit fiscal y ha logrado un 51 por ciento de su objetivo en los primeros siete meses del año, según datos del banco central.
El superávit entre enero y julio fue unos 20.000 millones de reales inferior al del mismo período del 2011. En otra señal preocupante, la recaudación de impuestos federales cayó un 7 por ciento en julio, en una baja por segundo mes consecutivo.
El Gobierno contaba con que la economía se fortaleciera en la segunda mitad del 2012 para compensar la pérdida de ingresos. Sin embargo, la recuperación está demorando más de lo previsto.
Las autoridades esperaban además la diferencia con mayores dividendos de empresas como el Banco do Brasil y el gigante petrolero Petrobras. Pero los funcionarios reconocieron que eso tampoco podría ser suficiente.
El organismo tributario de Brasil calcula que las reducciones de impuestos ya anunciadas podrían costarle al Gobierno otros 24.000 millones de reales en incentivos fiscales adicionales en el 2013. Y la cuenta podría ser aún mayor si continúa prometiendo más exenciones fiscales para el próximo año.
Un férreo control presupuestario ha sido crucial para el reciente éxito de un país aún traumatizado por la hiperinflación de comienzos de la década de 1990. Standard & Poor’s citó la disciplina fiscal como una de las razones para elevar la calificación de la deuda soberana de Brasil a fines del 2011.
Sin embargo, algunos creen que Brasil ya ha acumulado suficiente credibilidad para relajar ligeramente sus metas. Incluso si el superávit primario fuera de 2,4 por ciento del PIB este año, sería el mejor resultado entre las grandes economías de América Latina, según proyecciones del FMI.
Varios observadores privados como Goldman Sachs y Raymond James predijeron que el Gobierno podría no alcanzar su meta de superávit.
Mientras que Moody’s dijo a Reuters en julio que Brasil podría incumplir su meta fiscal y aún así mejorar su calificación si sus parámetros de deuda continúan sólidos.
Otro funcionario del Gobierno dijo que la administración no estaba demasiado preocupada por no cumplir su meta de superávit porque la prioridad hoy es la economía.
“Tampoco creo que el mercado esté demasiado preocupado, porque hemos mostrado que nuestras finanzas están en orden”, dijo el funcionario, que pidió no ser identificado.
El coeficiente de deuda neta del sector público sobre PIB ha caído consistentemente durante la última década, desde un 60 por ciento en el 2002 hasta el 36 por ciento el año pasado.
Incumplir la meta de superávit primario podría además subir las ya elevadas proyecciones de inflación para el 2013, lo que impactaría directamente la política monetaria del banco central.
Aún así, el banco central ha reiterado que la inflación está banco control y podría terminar su ciclo de recorte de tasas de interés, aliviando la presión sobre el Gobierno para el cumplimiento de su meta de superávit.
Funcionarios brasileños de alto rango han dicho que los recortes de los impuestos sobre las tarifas eléctricas anunciados el martes y otras medidas para reducir los costos de producción deberían mantener la inflación en el centro de la meta oficial de 4,5 por ciento más menos dos puntos porcentuales
www.infolatam.com
Como resultado, parece poco probable que el Gobierno cumpla su meta de un superávit fiscal primario consolidado de 139.800 millones de reales, o cerca de un 3,1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sin recurrir a recursos contables, dijeron los tres miembros del equipo económico de Rousseff, que hablaron bajo condición de no ser identificados.
Incumplir la meta podría decepcionar a los mercados financieros y complicar el plan de mantener bajas las tasas de interés en los próximos meses, aunque algunos economistas y agencias calificadoras sostienen que aún hay margen de acción para relajar la política fiscal debido a las robustas finanzas.
“La probabilidad de que el Gobierno no cumpla la meta (de superávit primario) es cada vez mayor”, dijo un funcionario. Un portavoz del Ministerio de Finanzas declinó confirmar o desmentir los reportes, pero indicó que el Gobierno tiene buenos antecedentes en el cumplimiento de sus objetivos fiscales a lo largo de los años.
El superávit primario -ingresos menos gastos, sin incluir los costos del pago de deudas- es considerado un buen indicador de las finanzas de Brasil. Superávits relativamente grandes y consistentes han permitido al país conquistar la confianza de los inversores y reducir sus deudas durante la última década.
Reuters reportó el 21 de agosto que Rousseff estaba considerando flexibilizar la meta de superávit primario para el 2013. Los reportes refuerzan la idea de que su Gobierno izquierdista está cada vez más dispuesto a sacrificar parte de su disciplina fiscal para estimular una economía que debería crecer apenas un 1,6 por ciento este año.
Los tres funcionarios consultados dijeron que técnicamente el Gobierno podría aún cumplir su meta de superávit para el 2012 si excluye del cálculo algunas inversiones en infraestructura, dándole a Brasil otros 40.000 millones de reales en margen de maniobra.
Ese tipo de maniobras es permitida por la ley brasileña y fueron usadas por última vez en el 2010, aunque auditores externos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) no las reconocen.
El FMI dijo que el superávit primario de Brasil en el 2010 fue equivalente a un 2,4 por ciento del PIB, por debajo de la meta oficial de 3,1 por ciento.
En lo que va del 2012, el Gobierno está ligeramente retrasado en su meta de superávit fiscal y ha logrado un 51 por ciento de su objetivo en los primeros siete meses del año, según datos del banco central.
El superávit entre enero y julio fue unos 20.000 millones de reales inferior al del mismo período del 2011. En otra señal preocupante, la recaudación de impuestos federales cayó un 7 por ciento en julio, en una baja por segundo mes consecutivo.
El Gobierno contaba con que la economía se fortaleciera en la segunda mitad del 2012 para compensar la pérdida de ingresos. Sin embargo, la recuperación está demorando más de lo previsto.
Las autoridades esperaban además la diferencia con mayores dividendos de empresas como el Banco do Brasil y el gigante petrolero Petrobras. Pero los funcionarios reconocieron que eso tampoco podría ser suficiente.
El organismo tributario de Brasil calcula que las reducciones de impuestos ya anunciadas podrían costarle al Gobierno otros 24.000 millones de reales en incentivos fiscales adicionales en el 2013. Y la cuenta podría ser aún mayor si continúa prometiendo más exenciones fiscales para el próximo año.
Un férreo control presupuestario ha sido crucial para el reciente éxito de un país aún traumatizado por la hiperinflación de comienzos de la década de 1990. Standard & Poor’s citó la disciplina fiscal como una de las razones para elevar la calificación de la deuda soberana de Brasil a fines del 2011.
Sin embargo, algunos creen que Brasil ya ha acumulado suficiente credibilidad para relajar ligeramente sus metas. Incluso si el superávit primario fuera de 2,4 por ciento del PIB este año, sería el mejor resultado entre las grandes economías de América Latina, según proyecciones del FMI.
Varios observadores privados como Goldman Sachs y Raymond James predijeron que el Gobierno podría no alcanzar su meta de superávit.
Mientras que Moody’s dijo a Reuters en julio que Brasil podría incumplir su meta fiscal y aún así mejorar su calificación si sus parámetros de deuda continúan sólidos.
Otro funcionario del Gobierno dijo que la administración no estaba demasiado preocupada por no cumplir su meta de superávit porque la prioridad hoy es la economía.
“Tampoco creo que el mercado esté demasiado preocupado, porque hemos mostrado que nuestras finanzas están en orden”, dijo el funcionario, que pidió no ser identificado.
El coeficiente de deuda neta del sector público sobre PIB ha caído consistentemente durante la última década, desde un 60 por ciento en el 2002 hasta el 36 por ciento el año pasado.
Incumplir la meta de superávit primario podría además subir las ya elevadas proyecciones de inflación para el 2013, lo que impactaría directamente la política monetaria del banco central.
Aún así, el banco central ha reiterado que la inflación está banco control y podría terminar su ciclo de recorte de tasas de interés, aliviando la presión sobre el Gobierno para el cumplimiento de su meta de superávit.
Funcionarios brasileños de alto rango han dicho que los recortes de los impuestos sobre las tarifas eléctricas anunciados el martes y otras medidas para reducir los costos de producción deberían mantener la inflación en el centro de la meta oficial de 4,5 por ciento más menos dos puntos porcentuales
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