Si España optara finalmente por recurrir al fondo se le reiterarían las
mismas exigencias a las que ya se ha comprometido. Los socios podrían
concretar con plazos vinculantes otros requerimientos más difusos como
el adelantamiento de la jubilación.
España ya sabe a qué atenerse si quiere librarse del implacable acoso de los mercados. El
BCE ha puesto precio a su ayuda al supeditar cualquier intervención
para reducir la prima de riesgo a que el Gobierno pida auxilio por
segunda vez al fondo de rescate. La solicitud implicaría una revisión de los ajustes pactados con la UE,
aunque en un principio no se impondrían nuevas medidas más allá de las
incluidas en el salvavidas bancario. El presidente del eurobanco, Mario
Draghi, ha insistido en que solo reactivarán la compra de deuda
española si el Ejecutivo cumple «estrictamente» con las condiciones
acordadas por los socios europeos. La rigurosidad del instituto emisor ha disparado de inmediato la volatilidad en los parqués.
La
comparecencia de Draghi en la sede del BCE en Fráncfort se esperaba con
altas dosis de suspense. El propio exgobernador del Banco de Italia
había alimentado la expectación la semana pasada tras prometer que haría «todo lo necesario» para garantizar la estabilidad del euro.
Ayer corroboró su determinación, pero con matices y fuertes condiciones.
Si España e Italia quieren cobijarse bajo su paraguas para no sufrir
más embestidas de los mercados, entonces tendrán que mojarse tanto
política como económicamente. Los gobiernos de ambos países, que
soportan una presión insostenible de los inversores, deberán retratarse
públicamente y pedir ayuda. A partir de ahí, se les exigirá un trabajo
incansable para cumplir con los ajustes y reformas requeridas.
Draghi,
que en todo momento ha defendido la «independencia» del BCE, ha
confirmado el plan que se venía manejando en los últimos días.
Aunque todavía se necesitarán varias semanas para terminar de pulirlo,
el eurobanco colaborará estrechamente con el Fondo Europeo de
Estabilidad Financiera (FEEF). El responsable italiano ha
explicado que el mecanismo de emergencia será la primera ventanilla a la
que deberán acudir los gobiernos. Este trámite, como ya sucedió con el
rescate bancario español, abre automáticamente una negociación con el resto de integrantes de la moneda única para fijar una serie de condiciones. En la cumbre europea de finales de junio, los socios acordaron suavizar estos requisitos.
Si
España optara finalmente por recurrir al FEEF, que en septiembre será
sustituido por el mecanismo permanente, se le reiterarían las mismas
exigencias a las que ya se ha comprometido. Es decir, cumplimiento ineludible del déficit y de las recomendaciones anuales de la Comisión. En
este segundo aspecto es donde el Gobierno podría encontrarse con una
nueva vuelta de tuerca. Aunque ya ha aplicado buena parte del catálogo
de medidas diseñadas por Bruselas como la subida del IVA, los socios
podrían concretar con plazos vinculantes otros requerimientos más difusos como el adelantamiento de la jubilación con 67 años.
Además, la vigilancia de los 'hombres de negro' podría ensancharse e
intensificarse para verificar la marcha de los compromisos.
Draghi
plantea los ajustes y su intervención en los mercados como las dos
caras de una misma moneda. Tras admitir que los intereses de la deuda
española e italiana son «excepcionalmente altos», ha remarcado que el saneamiento de las cuentas públicas resulta «crucial» para recuperar la confianza de los inversores.
El jefe del BCE apunta que España ha avanzado en «distintos frentes»,
pero recuerda que en toda la UE quedan reformas pendientes para impulsar
la competitividad. El FMI
ha respaldado en líneas generales la visión el emisor. Eso sí, le
recuerda que tiene margen para ser más agresivo. El organismo monetario
resalta que una acción inmediata «aliviaría las tensiones» y daría más
tiempo a los gobiernos.
Una vez cumplidas las condiciones del fondo de rescate, Draghi ha prometido que actuarán de forma «rotunda» en los parqués.
El BCE, que cuenta con un arsenal de liquidez inagotable, intervendrá
con la fuerza «adecuada» hasta conseguir el «objetivo marcado». En
principio, la entidad se centrará en el mercado secundario y se
asegurará de que desciendan los intereses de los títulos a corto plazo,
muy castigados la semana pasada. Según las hipótesis que
circulan, el FEEF se encargaría de acudir a las subastas de deuda para
garantizar una financiación a precios razonables. Las adquisiciones del
emisor se ejecutarán con total «transparencia» y se informará puntualmente de los montantes acumulados.
En varias semanas
El
BCE necesitará algunas semanas para engrasar la nueva maquinaria. En
ese tiempo, la entidad diseñará los mecanismos que guiarán sus
intervenciones. Hasta ahora, las compras de deuda se realizaban sin condiciones añadidas -de
ahí su gran atractivo para los gobiernos- y no contaban con un
protocolo claramente definido. Draghi ha conseguido hoy vencer las
resistencias internas a estas operaciones y las institucionalizará como
una herramienta común. De esta manera, confía en tomar las riendas de
los mercados y disipar cualquier duda sobre el futuro del euro.
El exgobernador transalpino recuerda que parte de las elevadas primas
de riesgo se deben al escepticismo sobre la fortaleza de la divisa
común, una situación que ha tachado de «inaceptable».
El emisor no
solo contempla la compra de deuda para tranquilizar a los parqués.
También analizará otras cuestiones como retomar los créditos extralargos
para el sector financiero. Lo que se cae de la mesa por el momento es la licencia bancaria para el fondo de rescate permanente.
Draghi ha subrayado que con su «concepción actual» el Mecanismo Europeo
de Estabilidad no tendrá acceso a su financiación. En cualquier caso,
el emisor ha dejado claro que la inestabilidad tiene que atajarse porque
afecta a toda la economía continental. De acuerdo a sus previsiones, la recuperación pinta mal y solo se producirá «muy gradualmente».
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