2012/07/02

El juicio político a Fernando Lugo

Por Sebastian Acha
 
La Cámara de Diputados acusó a Fernando Lugo por mal desempeño en sus funciones, el día jueves 14 de junio pasado en sesión ordinaria de la misma, adoptada por 76 votos a favor y 1 en contra, estando ausentes 3 Diputados. Las causales centradas en algunos de los puntos más cuestionados de la gestión del hoy destituido presidente tuvieron como punto de combustión la emboscada a fuerzas policiales y posterior balacera que terminó con la vida de siete oficiales del orden y diez campesinos en una ocupación ilegal de tierras en la ciudad de Curuguaty, distante a 270 kilómetros de Asunción.

Este evento se había sumado a otros análogos, en los que la indolencia y la nula reacción del gobierno, ademas de su estrepitoso fracaso con relación a la cuestión de la reforma agraria, iban agravando las condiciones de gobernabilidad del mismo Fernando Lugo, quien en una decisión que resultó decisiva para este proceso, decide nombrar como Ministro del Interior y encargado de la seguridad interna al cuestionado ex Fiscal General del Estado, Ruben Candia Amarilla, otrora militante de grupos de jóvenes stronistas y sospechado miembro del temido GAA (Grupo de Acción Anticomunista) de la dictadura militar paraguaya. Con esta decisión terminó de desfigurarse su figura “progresista” (pese a que sus aliados de izquierda no cuestionaron la decisión quizás forzados por la precipitación de los acontecimientos) así como sufrió una estocada final la alianza con el Partido Liberal principal socio de gobierno que lo llevó a la presidencia en el 2008.

Además de tal decisión, el expresidente resolvió pasar a retiro a los únicos dos Comisarios Generales y Jefes Policiales con preparación antiterrorista (Altemburger y Pastore) con lo cual terminó de dar un mensaje al sistema de partidos acerca de su negativa a encarar de manera conjunta la espiral de violencia que se disfrazaba detrás de grupos campesinos y con posibles vinculaciones a la guerrilla del Ejército del Pueblo Paraguayo (grupo armado autodeclarado marxista algunos de cuyos líderes son conocidos y fueron colaboradores del hoy destituido obispo – presidente en la Diocesis de San Pedro).

La decisión de la Cámara de Diputados fue comunicada ese mismo día al Senado, el cual convocó a una sesión extraordinaria para darle entrada a la presentación y fijar el día de inicio del Juicio Político.  El procedimiento, cuestionado por los cancilleres del UNASUR que arribaron al día siguiente para supervisar el proceso, fue aprobado tanto por el Presidente (quien declaró someterse al juicio político) y por su defensa que esgrimió sus argumentos ante el pleno de la Cámara Alta en el plazo otorgádole.

Se debe señalar que la ampliación de los plazos para el ejercicio de la defensa – pedido expreso de los cancilleres de UNASUR -  fue evaluada por el Congreso, pero el riesgo de que la violencia se apodere de las multitudes hizo que esta posición fuera desechada.  Aquí debemos destacar que para el viernes al mediodía existían tres amenazas (una realizada en privado y dos hechas públicas a través de medios de comunicación) de que  cincuenta mil personas rodearían el Congreso y que la resolución final se tomaría “en las calles y no en el pleno de ambas cámaras” (Dr. Anibal Carrillo Iramain, Secretario General del partido de gobierno Tekojoja). La evaluación política unánime fue por evitar posibles focos de violencia y concluir en el procedimiento establecido en el reglamento elaborado conforme a la norma constitucional

El Senado decidió declarar culpable al Presidente Lugo y separarlo del cargo por mal desempeño de sus funciones. Esto se decidió por 39 votos a favor y 4 en contra, de un total de 45 miembros de la Cámara.

El entonces Presidente de la República Fernando Lugo había perdido la confianza de más del 90% de los legisladores de ambas Cámaras del Congreso, incluidos los pertenecientes al principal partido político integrante de la Alianza electoral que lo había llevado al Gobierno; lo que revela que las acusaciones presentadas en su contra y otras consideraciones de orden político discutidas antes y durante el Juicio Político, llevaron a los congresistas a votar por amplia mayoría por la destitución del Presidente.

No se ha coartado la libertad de prensa, las FFAA no salieron de los cuarteles, la policía acató inmediatamente la destitución del presidente, están en plena vigencia las libertad políticas, no se decretó ningún estado de sitio o excepción, no se ha resquebrajado la independencia ni separación de poderes. La Corte Suprema de Justicia ha rechazado la acción de inconstitucionalidad que pretendía dejar sin efecto la resolución del senado presentada por el ex presidente, y la Justicia Electoral, tambien parte del Poder Judicial ha reconocido al nuevo presidente, basado en que el mismo, al ser compañero de formula de Fernando Lugo, goza de la misma legitimidad otorgada por el voto popular al separado mandatario.

Los 17 gobernadores del Paraguay reconocen a Franco, el parlamento reconoce a Franco. Es decir, no existe ninguna institución paraguaya que cuestione la destitución de Lugo o califique de ilegítimo al presidente Franco. El propio Lugo aceptó someterse y el resultado del juicio político. El propio abogado de Lugo reconoce que el presidente legítimo es Franco.

En Paraguay existen total consenso institucional sobre la legalidad del nuevo presidente, y sobre la plena vigencia de la democracia. Por tanto, si las instituciones paraguayas no ven ningún quiebre institucional, con qué derecho los países vecinos quieren contradecir la interpretación que nosotros hacemos de nuestra constitución

El final de la historia, o el inicio
El resto de la historia se ha dado con declaraciones y condenas cargadas de subjetividad y tensión provenientes principalmente de los gobiernos de Argentina, Venezuela y posteriormente Brasil y Uruguay, en mayor medida incluso que lo que hasta los mismos partidarios del destituido mandatario pudieron expresar en los medios públicos y privados (que nunca dejaron de funcionar con total normalidad) respecto a la situación vivida en Paraguay.

Las sugerencias sobre un golpe de estado, un quiebre constitucional y hasta un forzado paralelo con los tristes sucesos ocurridos en Honduras con el depuesto “Mel” Zelaya ocuparon los espacios informativos de las agencias oficiales de los gobiernos de la región. Mientras estas condenas se sucedían, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Policiales acataron inmediatamente la sustitución del comando de las mismas, se presentaron en el juramento del Presidente Franco y desde entonces hasta la fecha no ha existido un solo demorado, detenido, indagado o procesado seguidor del gobierno depuesto en un proceso en el que el Paraguay ha retornado a la absoluta normalidad en su vida institucional pública y privada.
Pero toda causa tiene su efecto. Los mandatarios del Mercosur, en la reunión de jefes de Estado de la última semana, decidieron “suspender” en su calidad de miembro al Paraguay – sin haber escuchado al miembro en cuestión tal como exige el articulo 4 del Protocolo de Ushuaia – “hasta que la democracia se restituya en los próximos comicios”. La medida podría ser calificada hasta de justificable si no estuviera acompañada de otra decisión de antología: ante la suspensión del Paraguay, el consenso “pleno” entre los miembros exigido para la inclusión de nuevos miembros por el Tratado de Asunción, quedó allanado ya que el congreso paraguayo – el mismo que destituyó a Lugo – era el último obstáculo para el ingreso del Estado caribeño al bloque regional.
Es muy dificil escribir la historia mientras los sucesos aún se están sucediendo. El Paraguay rechaza todas las decisiones tomadas por el Mercosur en su ausencia y las medidas adoptadas por los presidentes, en ausencia del Paraguay, son desconocidas por el gobierno paraguayo. Por de pronto, podemos decir que la suspensión del Paraguay y el ingreso de Venezuela en esta desprolija situación no hacen sino generar el interrogante de cuál es la medida con la que evaluamos la calidad de la democracia en nuestros países del continente.

La sanción al Paraguay por parte de los miembros del bloque regional, conlleva una necesaria justificación por parte de los mismos, para con la comunidad internacional y para con sus propios pueblos, sobre el alcance de lo que se puede comprender como “plena vigencia del sistema democrático”. Para las instituciones paraguayas y sus dirigentes y responsables – hoy funcionando con absoluta normalidad y en un ambiente de tranquilidad social – es sumamente difícil justificar la pretendida justicia de la sanción al Paraguay, al tiempo que el mismo bloque ignora las demandas internacionales e internas sobre las medidas claramente atentatorias a los derechos políticos básicos que comete el gobierno de Venezuela, situaciones aparentemente ignoradas o desestimadas para evaluar la calidad de las prácticas democráticas del sustituto de Paraguay.

Apremiados por los acuerdos económicos pendientes con Venezuela, el camino presuroso tomado por los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay ha desdibujado la institucionalidad del bloque y ha puesto en jaque el futuro del mismo. Para el resto de los actores internacionales  así como para quienes hemos vivido el proceso desde dentro de la institucionalidad de la República, este periodo de crisis abre así como interrogantes, también nuevas posibilidades y un ambiente de esperanza con el que miramos el futuro del Paraguay desde este hecho, como una nación consciente de su libertad, su independencia y celo sobre la soberanía ejercida dentro de los preceptos constitucionales que nos rigen y con el más absoluto respeto del disenso que nos ayuda seguir construyendo cada día una democracia cada día más sólida y respetuosa de sus instituciones republicanas y democráticas.

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