Una fórmula más civilizada sería simplemente que trabajen para devolver lo que no les perteneció nunca.
La verdad es que no me produce satisfacción alguna ver a los ex ejecutivos de la multitienda en la cárcel. Ello no me devuelve el dinero perdido en condiciones repudiables. Tampoco es una decisión ejemplarizadora, o al menos, no la más efectiva. Supuestamente, nadie repetiría el episodio por temor a caer preso. Pero ello no se compararía con la obligación, por ejemplo, de que cada uno de los responsables tuviera que devolver el dinero que se le pagó por honorarios.
Dado que éstos son la retribución por haber generado una renta para la compañía, pero que en este caso no eran ingresos, sino puro aire, sólo moneda falsa, entonces correspondería la devolución de lo que se les pagó. A lo anterior, habría que sumar la restitución de las platas perdidas, pero para los que no nacimos ayer, esto es “lo que el viento se llevó”. No obstante, igual como pasaba con los clientes caídos en el Dicom, podría considerarse una deuda pendiente y no resuelta.
Leo la ardiente defensa de uno de los ex directores, hecha por un prestigiado académico, echándole la culpa a los auditores externos, y veo que estamos en una situación parecida a la del tsunami. Todos echándole la culpa a otros. Como si esto fuera un juego intelectual o de salón.
Quizá me influyó un artículo de un matutino, en el que relataba que un otrora poderoso miembro de la mafia en EE.UU., que purgó sus penas en la cárcel, escribió un libro dándole consejos comerciales a los hombres de negocios, basados en su experiencia en la secta delictiva. Y tal como el respaldo de los préstamos hechos a las personas es romperles los huesos en casos de no pago, contra lo cual no hay pena de cárcel ni ninguna otra alternativa que no sea la devolución del dinero, podríamos pensar que una fórmula más civilizada sería simplemente que trabajen para devolver lo que no les perteneció nunca.
Dado que éstos son la retribución por haber generado una renta para la compañía, pero que en este caso no eran ingresos, sino puro aire, sólo moneda falsa, entonces correspondería la devolución de lo que se les pagó. A lo anterior, habría que sumar la restitución de las platas perdidas, pero para los que no nacimos ayer, esto es “lo que el viento se llevó”. No obstante, igual como pasaba con los clientes caídos en el Dicom, podría considerarse una deuda pendiente y no resuelta.
Leo la ardiente defensa de uno de los ex directores, hecha por un prestigiado académico, echándole la culpa a los auditores externos, y veo que estamos en una situación parecida a la del tsunami. Todos echándole la culpa a otros. Como si esto fuera un juego intelectual o de salón.
Quizá me influyó un artículo de un matutino, en el que relataba que un otrora poderoso miembro de la mafia en EE.UU., que purgó sus penas en la cárcel, escribió un libro dándole consejos comerciales a los hombres de negocios, basados en su experiencia en la secta delictiva. Y tal como el respaldo de los préstamos hechos a las personas es romperles los huesos en casos de no pago, contra lo cual no hay pena de cárcel ni ninguna otra alternativa que no sea la devolución del dinero, podríamos pensar que una fórmula más civilizada sería simplemente que trabajen para devolver lo que no les perteneció nunca.
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