2011/12/10

¿Cuál es la verdadera tasa de desempleo?

Hay mucho en juego en la tasa de desempleo. Si se la juzga sobre la base del peso político, probablemente no hay otra estadística económica que sea más importante para el próximo año. Si baja, la gente se sentirá mejor con respecto a la economía, reforzando las perspectivas de reelección del presidente Obama. Si queda igual o va subiendo, los republicanos se beneficiarán. La reciente caída de la tasa de desempleo a un 8,6 por ciento en noviembre, de un 9 por ciento, parece darle a Obama una ventaja. Pero las cosas no son tan simples como parecen.
La noticia parece sencilla. La Oficina de Estadísticas Laborales lleva a cabo dos estudios mensuales del mercado laboral: uno de familias (se les pregunta quién está trabajando, quién no y quién está buscando trabajo) y un estudio de la nómina (se les pregunta cuánta gente emplean). La tasa de desempleo se basa en el estudio de las familias. Esa tasa reportó un incremento en noviembre, de 278 mil personas con trabajo, empujando agudamente hacia abajo la tasa de desempleo.
Pero hay un problema. Si una persona deja de buscar trabajo, no se la cuenta en la fuerza laboral como desempleada, incluso si le gustara tener un trabajo. En noviembre, unas 487 mil personas abandonaron la fuerza laboral, demasiado desalentadas –creen muchos analistas– para buscar trabajo. Si agregamos esas personas a los oficialmente desempleados, la tasa de desempleo sería de un 8,9 por ciento, en lugar de un 8,6 por ciento, según Heidi Shierholz del Economic Policy Institute, un centro de investigaciones liberal.
El estudio de la nómina de empresas también provoca dudas. Reportó un incremento de 120 mil puestos de trabajo, en noviembre, menos de la mitad del avance del empleo (278 mil) del estudio de las familias. Y el aumento de la nómina estaba, en realidad, un poco por debajo del promedio mensual del año anterior de 131 mil (nota: a menudo, hay diferencias que no se explican entre los estudios de las familias y de la nómina).
La tasa de desempleo del año que viene –y su impacto político– dependerá de dos cosas: la fuerza de la creación de puestos de trabajo; y el número de trabajadores “desalentados” que abandone o vuelva a entrar en la fuerza laboral. Ambas interactuarán, a veces en forma extraña. Las mejores perspectivas de empleo podrían incentivar a más trabajadores desalentados a buscar trabajo. Perversamente, eso podría elevar la tasa de desempleo.
“Si el mercado laboral mejora, la fuerza laboral crecerá más rápidamente”, expresa el economista Gary Burtless, del Brookings Institution. “Alguna gente que la ha abandonado volverá a entrar en ella”. En forma similar, si la creación de trabajo sigue siendo débil, más trabajadores desalentados podrían dejar de buscar trabajo. Eso podría reducir la tasa de desempleo.
De una u otra manera, el efecto sería grande. Ya, la economía débil ha deprimido la “tasa de participación en la fuerza laboral”: la porción de norteamericanos de 16 y más años en el mercado laboral. Desde 2007, ha caído de un 66 a un 64 por ciento. Aunque la caída pueda parecer pequeña, representa alrededor de 4,8 millones de personas.
Burtless piensa que entre 3,6 y 4,8 millones de personas que han abandonado la fuerza laboral podrían volver a entrar en ella. Pero es un cálculo difícil de hacer, señala, porque hay tres tendencias a largo plazo, que también están reduciendo la participación en la fuerza laboral.
Ya, a medida que la población envejece predeciblemente, la porción de norteamericanos que trabaja está inevitablemente decayendo. Segundo, la inundante marea de mujeres casadas en la fuerza laboral, aunque no se ha revertido drásticamente, se ha detenido. Y, finalmente, algunos norteamericanos más jóvenes (16 a 24) parecen estar escogiendo quedarse más tiempo en la escuela secundaria, la universidad o la escuela de posgrado.
La verdadera situación del desempleo está envuelta en una cantidad de enigmas, excepto que todos están de acuerdo con que es demasiado alta. ¿Es real la reciente caída de la tasa? ¿O resultará ser un error estadístico? ¿Podría la tasa de desempleo enviar una señal engañosa –elevándose, si un fuerte crecimiento en los puestos de trabajo atrae a más gente al mercado laboral; cayendo, si un crecimiento débil hace que más individuos dejen de buscar trabajo y no se los cuente? Son todas buenas preguntas con enormes implicancias para la economía y la política en 2012. Quédense en sintonía para las respuestas.

*(C) 2011, Washington Post Writers Group

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