César Barros y La Polar: "Ha sido como andar en un campo minado"
En los últimos 150 días, el presidente de la cadena ha liderado el proceso más complejo de su vida empresarial. En junio recibió una firma azotada por el escándalo que hoy, tras la aprobación del convenio judicial preventivo, camina hacia la recuperación.
por Karina Ferrando
Reconstruir La Polar es lo más complejo que ha enfrentado en sus años como empresario. César Barros, el ingeniero agrónomo que en 2009 encabezó el rescate a la industria salmonera tras las millonarias pérdidas que dejó el virus Isa,asumió el 20 de junio la presidencia de la cadena de tiendas, en medio del escándalo originado por prácticas de repactaciones unilaterales. Cinco meses después, la firma empieza una nueva etapa. "Hemos detenido la sangría de las ventas; tenemos la plana ejecutiva armada y un convenio judicial preventivo aprobado", dice, a la hora del balance.
Sus hijos siguen sin entender por qué aceptó el desafío, pero él les responde que no se ha arrepentido. "Cuando un soldado va al frente y le dicen que defienda una posición a toda costa, lo hace. De repente, en la noche, pensaba: ¡en qué me metí!... A veces vienen turbulencias, luego se apagan y aparecen otras. Esto ha sido como andar en un campo minado", afirma.
Su aterrizaje en La Polar, hace 150 días, se produjo en medio de una situación muy precaria. El directorio que reveló el descalabro, presidido por Pablo Alcalde -hoy acusado de infringir la Ley de Mercado de Valores y la de Bancos y por lavado de activos-, había renunciado. "Empecé a trabajar con Fernando Tisné, el único miembro que se quedó. Estábamos los dos solos trabajando, no había gerente general ni nada, durante 10 días más o menos", recuerda.
Llevaba dos días en el cargo cuando enfrentó a los accionistas en la primera junta, luego de estallar el escándalo. "Fue un circo romano... Yo venía recién llegando, pero salió bien. Después (el 8 de julio) vino la elección de directorio", agrega.
Entonces el equipo empezó a tomar forma. A la dupla que hacía con Tisné se sumaron Fernando Massú, Alberto Marraccini, Georges de Bourguignon, Jorge Id y Aldo Motta. El trabajo tomó en ese momento un ritmo vertiginoso que todavía se mantiene, con sesiones estables todos los martes y reuniones prácticamente a diario entre miembros de la mesa. "Todos ellos tienen otra vida. No sé dónde la dejaron. Teníamos una intensísima vida anterior y la hemos sacrificado por La Polar. Nunca había visto un directorio trabajar así", comenta.
En su caso, se mantiene en los directorios de la Bolsa de Productos (donde posee el 5%), como socio de Factorline y participa en las mesas de Iansa, Viña Santa Rita y Coagra. Entre las actividades que dejó están la presidencia de SalmonChile y la redacción de columnas de opinión. Sigue participando en el rodeo, pero menos. Lo que no ha dejado son sus actividades como alférez de reserva del Ejército. "Ahora estoy tratando de postular para ser subteniente. Es un grupo bien entretenido, donde me toca ser superior jerárquico del gerente del BCI, de una de las socias de Extend y de un abogado de Carey que estuvo negociando una parte del convenio. Es un mundo divertido y aparte", acota.
Cuando no está en esos "recreos", como los llama, se dedica a La Polar. De hecho, cuenta que dejó de ver noticias para enfocarse 100% en la firma. A la hora de los directorios, divide el tiempo en dos: la mitad a la marcha de la empresa y la otra a "todo lo demás. Es una locura. Todo el mundo está mirando con lupa".
Por eso, aunque va periódicamente a las instalaciones centrales de La Polar en Renca, pasa gran parte de su tiempo en el barrio El Golf. Allí están varios de los asesores de la firma, como el estudio Guerrero, Olivos, Novoa, Errázuriz y el abogado Manuel José Vial. En el mismo sector se realizaron las reuniones con los acreedores. "Circulamos mucho por el sector. Pato (Patricio Lecaros, gerente general) está a cargo de "la fábrica". Tratamos de alivianarle el trabajo", explica. Para este ejecutivo tiene elogios. Según cuenta, en junio la empresa tenía caja para subsistir hasta el 15 de agosto, pero tras tomar algunas medidas, ésta se extendió hasta el 18 de septiembre. "Después llegó él e hizo una labor espectacular con los proveedores, a quienes conocía desde Ripley. Fue fundamental. Sin su trabajo, recortando gastos superfluos y dando confianza a los proveedores, esta empresa no hubiese pasado septiembre", revela.
Juntos han hecho también otros cambios en la rutina de la cadena, como almorzar en el casino junto a los trabajadores y no en el comedor como la administración anterior.
LA SEGUNDA FASE
Tras asegurar la sobrevivencia de la compañía, rearmar el directorio y la plana ejecutiva, Barros lideró las negociaciones con los acreedores para evitar la quiebra. Ahora se alista para estructurar el aumento de capital por $120 mil millones que se requiere antes del 31 de julio.
En paralelo, se ejecutaron planes de compensación para clientes repactados, se rehicieron los números y se elaboró un nuevo plan de negocios. Todo esto, dice, ha sido parte del aprendizaje de estos cinco meses.
Pero su mayor lección la sacó en las negociaciones que llevó con las AFP, a quienes La Polar debe unos US$376 millones. "Los bancos están acostumbrados a estos trámites, pero las AFP nunca habían estado en alguna negociación, o por lo menos no estos ejecutivos. Eran grupos muy disímiles, con reglas del juego muy distintas; había que ponerlos de acuerdo", comenta.
Y aunque en las conversaciones hubo momentos de tensión, el lunes pasado, cuando se aprobó el acuerdo judicial preventivo y se alejó el fantasma de la quiebra, confiaba en que los bancos, los bonistas y los tenedores de efectos de comercio, no dejarían caer a la empresa. Barros cree que no ganó enemigos en la negociación. "Con todos los acreedores nos dimos la mano y creo que todos entienden mi rol. No puedo ser monedita de oro", reflexiona. Para el éxito del proceso, agrega, fue clave el rol que jugaron el BCI, el Banco de Chile, Alfredo Alcaíno, Habitat y José Miguel Ureta, de Consorcio.
Una de las expectativas que hay en torno a la firma es el posible ingreso de un socio controlador cuando se realice el aumento de capital. A Barros no le da lo mismo quién sea ese accionista y la razón es clara: "Hay empresas con controlador que han tenido problemas. Todo depende de cómo sea ese socio".
Qué pasará con él después de que termine este proceso, no lo tiene claro. Repasando su paso por SalmonChile y las últimas semanas, está seguro de que tiene capacidades "para arreglar problemas y que a lo mejor no soy tan bueno en llevar una empresa que ya entró en su rutina".
Pero si llega un nuevo dueño, sostiene, éste buscará instalar a profesionales de su entorno. En todo caso, advierte, "un equipo ejecutivo, de directores y de asesores de este nivel, a Steve Jobs le hubiese gustado".
LA NECESIDAD DE CASTIGO
Otro tema que le preocupa es la arista judicial. Dice que para enfocarse en el futuro es necesario que los responsables del escándalo crediticio sean sancionados. "Deben pagar sus culpas para dejar tranquilos a los que queremos que esta compañía se reencamine. No pueden decir: 'perdí US$ 1.000 millones, no le conté a nadie y me voy para la casa'", enfatiza.
Barros entiende la rabia que persiste frente a lo que ocurrió y estima que ese sentimiento puede morigerarse si hay un castigo. "Sería muy frustrante que no fuera así", concluye.
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