Mientras Paul Krugman afirma que Obama se rindió, el Washington Post lo puso entre ganadores.
por Pedro Schwarze
La negociación sobre el límite de la deuda llegó a un acuerdo la noche del domingo. Demócratas y republicanos acercaron posiciones y tras el pacto no hay unanimidad para definir ganadores y perdedores.
El premio Nobel de Economía y columnista de The New York Times, Paul Krugman, tituló su artículo de ayer como "El presidente se rinde", donde acusa al gobernante de no haber actuado antes y de no haber usado los recursos que como jefe de Estado tenía para evitar llegar a este punto.
El mismo diario aseguró que la lucha contra los republicanos "ha debilitado la autoridad global de Obama", un presidente que, recordó, "fue celebrado en el extranjero cuando asumió la Presidencia como el hombre que pondría fin a la era de unilateralismo estadounidense".
El redactor del Washington Post Chris Cillizza, sin embargo, colocó al mandatario entre los ganadores, pues requería con un acuerdo demostrar su capacidad para gobernar. Y pese a haber renunciado a un alza de impuestos, Obama logró postergar la discusión sobre el límite de la deuda más allá de 2012.
El asesor económico de la Casa Blanca Gene Sperling afirmó que "fue el Presidente quien permaneció firme, quien no pestañeó" y quien logró al final "un acuerdo que saca de nuestro sistema político y de nuestra economía la amenaza de default hasta 2013", sostuvo.
Quienes también cosecharon una derrota -aunque hasta ahora encubierta- fueron los republicanos moderados, "secuestrados", como los definía ayer parte de la prensa estadounidense, por una minoría más radical, la del Tea Party, que logró imponer sus demandas en lo que a recortes de gastos se refiere. Washington Post también ubica al Tea Party en el bando ganador, mientras al Congreso lo pone como el gran perdedor.
Algunos analistas advertían ayer que tampoco la oposición puede declararse "vencedora" de una batalla que, recuerdan, está lejos de haber concluido. Eso porque en el mismo seno del Partido Republicano los bandos están más divididos que nunca. Los republicanos se apresuraron a cortejar al Tea Party de cara a las elecciones legislativas del año pasado y la estrategia les funcionó, ya que con su apoyo lograron recuperar el control de la mayoría en la Cámara de Representantes y disminuir el poder demócrata en el Senado. Pero el partido ahora se vio arrastrado por ese sector, cuyo principal lema es "menos gobierno".
Se trata de un arriesgada estrategia de cara a una campaña electoral, según la agencia DPA, en la que no todos los republicanos -un partido de espectro variado- se sienten representados por el Tea Party, y que tampoco están satisfechos con una negociación que exigía más recortes de gastos.
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