¿Victimas o responsables? El escandalo de La Polar dejo a las AFP en una incomoda posicion. La multitienda era la unica empresa en bolsa que no tenia controlador y las AFP en conjunto eran su mayor accionista, con cerca del 25% de la propiedad. Ahora se cuestiona su rol como inversionistas, la relevancia que alcanzan en el mercado y los criterios que aplican para destinar los recursos de los afiliados. A su favor, juega una historica rentabilidad. Por Fernando Vega y Antonieta de la Fuente.
Son el peso pesado del mercado local. Mueven 150 mil millones de dólares, cerca del 75% del PIB del país, y su poder en el mundo de las inversiones chileno es indiscutido. En sus 30 años de operación, las administradoras de fondos de pensiones han sido el motor del financiamiento de los principales proyectos de las compañías locales. Gracias a ellas, Chile cuenta hoy con un mercado profundo, donde es posible que las empresas tengan capacidad para captar recursos sobre 1.000 millones de dólares en un solo semestre. Y su rentabilidad, que supera el 1.200% desde su creación, avala ese buen funcionamiento.
Sin embargo, no todo son cuentas alegres. La celebración de su trigésimo aniversario se ha visto algo empañada por el escándalo de La Polar. Las administradoras, que poseían en conjunto cerca del 25% de las acciones de la multitienda y que además eran las principales tenedoras de bonos del retailer, están en una incómoda posición: se transformaron al mismo tiempo en las mayores víctimas, pero también hay quienes las responsabilizan por las pérdidas asumidas en sus fondos por el efecto Polar.
La batahola generada le ha jugado en contra al sistema. Porque ahora todos se preguntan cómo las administradoras que manejan las platas de las pensiones de todos los chilenos pudieron equivocarse tanto. Y cómo siguen apostando recursos en el salvataje de una empresa que ni siquiera cuenta con estados financieros confiables. Como consecuencia, vuelven a ponerse sobre la mesa antiguos debates que cuestionan si el amplio poder inversor de estos actores en el mercado chileno no terminará siendo un arma de doble filo.
¿Vivimos en una burbuja bursátil?
Más de 75 mil millones de dólares mueven las AFP en un mercado local caracterizado por su limitada profundidad.
Lo advirtió el Banco Central a fines del año pasado y se ganó la animadversión de varios: la bolsa chilena está sobrevalorada, planteó en un informe, lo que provocó una caída en el precio de las acciones y la inmediata reacción de agentes del mercado que criticaron que el ente monetario saliera a intervenir a la bolsa. Pero las voces de alerta continuaron y en mayo pasado fue el turno del FMI. En su reporte Perspectivas Económicas para las Américas, dijo que el precio de los títulos en la región estaban sobre los niveles de tendencia y advirtió que en el caso de Chile los las valoraciones eran excesivas. El organismo argumentó que “los ratios precio-utilidad se sitúan bastante por encima de los promedios históricos y de los niveles observados en otros mercados emergentes”.
No es una discusión nueva. Es más bien un debate que viene desde hace varios años, que apunta a que la bolsa chilena estaría “inflada” y que sindica como una de las principales responsables de este efecto a las AFP. Actualmente el límite de inversión de éstas en el extranjero es 80%, pero en la práctica las administradoras invierten cerca del 45% en el exterior. Es decir, más de 75 mil millones de dólares se mueven en el mercado local en diferentes tipos de instrumentos.
Según un agente bursátil, una evidencia del enorme peso de las AFP es lo desacoplado que actúa el mercado bursátil local respecto de las demás plazas mundiales. “El IPSA no necesariamente cae cuando lo hacen todos los mercados del mundo, y eso es por el efecto que las AFP tienen en los precios”, afirma. No pasa lo mismo, por ejemplo, en el mercado brasileño, donde los fondos extranjeros tienen una participación importante.
Para un ex ejecutivo de AFP, esto se debe a que cuando una administradora decide invertir en una acción y ésta cae, se transforma en un título atractivo y, a la vez, debe sostener su precio para que no afecte a su rentabilidad. “En la medida en que baje lo suficiente no se necesita que llegue a precios de liquidación importante para salir a comprar, porque la decisión de invertir en la compañía ya está hecha y no la van a botar”, señala.
No obstante, en el mercado coinciden en que hay factores más fundamentales que mantienen a las acciones chilenas en un rango alto de precios y que alejan el fantasma de una burbuja. “Las bajas tasas del mercado local, la mejor clasificación de riesgo respecto de otros países de la región y el hecho de tener compañías basadas en Chile pero con crecimientos regionales importantes juegan a favor de un alza en el precio de las acciones”, comenta un ejecutivo de la bolsa.
Sin embargo, no todo son cuentas alegres. La celebración de su trigésimo aniversario se ha visto algo empañada por el escándalo de La Polar. Las administradoras, que poseían en conjunto cerca del 25% de las acciones de la multitienda y que además eran las principales tenedoras de bonos del retailer, están en una incómoda posición: se transformaron al mismo tiempo en las mayores víctimas, pero también hay quienes las responsabilizan por las pérdidas asumidas en sus fondos por el efecto Polar.
La batahola generada le ha jugado en contra al sistema. Porque ahora todos se preguntan cómo las administradoras que manejan las platas de las pensiones de todos los chilenos pudieron equivocarse tanto. Y cómo siguen apostando recursos en el salvataje de una empresa que ni siquiera cuenta con estados financieros confiables. Como consecuencia, vuelven a ponerse sobre la mesa antiguos debates que cuestionan si el amplio poder inversor de estos actores en el mercado chileno no terminará siendo un arma de doble filo.
Más de 75 mil millones de dólares mueven las AFP en un mercado local caracterizado por su limitada profundidad.
Lo advirtió el Banco Central a fines del año pasado y se ganó la animadversión de varios: la bolsa chilena está sobrevalorada, planteó en un informe, lo que provocó una caída en el precio de las acciones y la inmediata reacción de agentes del mercado que criticaron que el ente monetario saliera a intervenir a la bolsa. Pero las voces de alerta continuaron y en mayo pasado fue el turno del FMI. En su reporte Perspectivas Económicas para las Américas, dijo que el precio de los títulos en la región estaban sobre los niveles de tendencia y advirtió que en el caso de Chile los las valoraciones eran excesivas. El organismo argumentó que “los ratios precio-utilidad se sitúan bastante por encima de los promedios históricos y de los niveles observados en otros mercados emergentes”.
No es una discusión nueva. Es más bien un debate que viene desde hace varios años, que apunta a que la bolsa chilena estaría “inflada” y que sindica como una de las principales responsables de este efecto a las AFP. Actualmente el límite de inversión de éstas en el extranjero es 80%, pero en la práctica las administradoras invierten cerca del 45% en el exterior. Es decir, más de 75 mil millones de dólares se mueven en el mercado local en diferentes tipos de instrumentos.
Para un ex ejecutivo de AFP, esto se debe a que cuando una administradora decide invertir en una acción y ésta cae, se transforma en un título atractivo y, a la vez, debe sostener su precio para que no afecte a su rentabilidad. “En la medida en que baje lo suficiente no se necesita que llegue a precios de liquidación importante para salir a comprar, porque la decisión de invertir en la compañía ya está hecha y no la van a botar”, señala.
No obstante, en el mercado coinciden en que hay factores más fundamentales que mantienen a las acciones chilenas en un rango alto de precios y que alejan el fantasma de una burbuja. “Las bajas tasas del mercado local, la mejor clasificación de riesgo respecto de otros países de la región y el hecho de tener compañías basadas en Chile pero con crecimientos regionales importantes juegan a favor de un alza en el precio de las acciones”, comenta un ejecutivo de la bolsa.
“Puedes entrar, pero nunca puedes salir”, canta The Eagles. Las AFP lo saben: liquidar posiciones bursátiles puede ser muy costoso.
Puedes entrar, pero nunca puedes salir. Lo canta The Eagles, en Hotel California y lo viven las AFP a diario en la plaza bursátil. La analogía, acuñada por el gerente de inversiones de Provida, Joaquín Cortés, es una realidad en el sistema de AFP. Su poder como inversionistas es tan grande que no hay compradores suficientes para hacerles contrapeso. Por eso, es muy difícil que logren salir de una posición sin botar el precio al piso. “Si una AFP quiere hacer un rescate de 200 millones de dólares de un fondo internacional, puede tenerlo al día siguiente en su cuenta corriente; si quiere rescatar esa plata en la plaza chilena, corre el riesgo de generar un descalabro bursátil”, ejemplifica un cercano a la industria.
Como consecuencia, agrega un analista, no les conviene liquidar sus posiciones acá, porque arriesgan caídas importantes en su rentabilidad, considerando que cerca del 15% del total de fondos que mueven las administradoras está invertido acciones de empresas locales.
Esto supone, como reconoció Cortés en marzo pasado, que el “síndrome Hotel California” de alguna manera pesa en el manejo de las carteras. Lo mismo planteó hace un tiempo el director ejecutivo de Blackrock Chile, Axel Christensen. Según él, la única salida para las AFP es dejar de comprar acciones locales y diluir, con el tiempo, su exposición en ese mercado. Pero advierte que “dado el volumen más bien fuerte de salidas a bolsa y ofertas públicas secundarias este año, las AFP se enfrentan al dilema del prisionero: si no compran una acción, pero otros sí la adquieren y la acción sube, entonces su desempeño se ve perjudicado”.
Para AFP Capital, sin embargo, no existiría esta cautividad. Explica que las AFP representan sólo el 5,3% del total transado en el mercado local, de acuerdo a los movimientos netos del sistema informados por la Superintendencia de Pensiones durante el año 2011, y que el porcentaje que tienen en las compañías en las que invierten en promedio no supera el 8%. Agrega que es “consenso entre las corredoras la pérdida de relevancia que las AFP hemos tenido durante los últimos años, tanto por el ingreso de inversionistas internacionales como por la profundización de un mercado local retail”.
Otros actores de la industria ven la condición California, como una consecuencia de los bajos límites de inversión que afectaron a la industria hasta el año 2008, cuando el Congreso flexibilizó la norma, lo que permitió ampliar las inversiones en el extranjero. Sin embargo, explica un ejecutivo de una AFP, esta situación ha ido cambiando gradualmente. “Como el sistema sigue creciendo y año a año entran más cotizantes de, los que salen, esos flujos se están invirtiendo afuera, de manera de con el tiempo, ir equilibrando los porcentajes”, afirma.
| ¿Responsabilidades de AFPs? Por Paul Fontaine, director ejecutivo SWB | ||||||
Las AFP, como inversionistas de La Polar, fallaron en 2 aspectos: 1. Fallaron en la elección de directores. La formalización de cargos por parte de la SVS a los directores elegidos con los votos de las AFP por infracción a la ley de valores por no haber desempeñado de manera diligente sus funciones, lo ratifica. Pareciera que estos directores no dedicaron el tiempo debido a sus funciones, ni tenían los conocimientos específicos requeridos. 2. La segunda falla fue no tomar acciones enérgicas cuando advirtieron en el primer semestre de 2010 que existían problemas en la cartera de créditos de la empresa. Debieron haber llamado inmediatamente a una junta extraordinaria de accionistas, pedir renovación completa del directorio y comenzar su desinversión en bonos y acciones. Tampoco debieron participar en la compra de los bonos colocados en noviembre de 2010. Los índices básicos de gestión de la empresa -como EBIT - DA y cartera promedio- eran malos y seguían una tendencia negativa desde 2009. El directorio que aprobó la FECU de marzo 2011, y el que luego colocó 60 mil millones de pesos en efectos de comercio una semana antes de la debacle, fue negligente en grado extremo. Claramente deberán reembolsar las pérdidas sufridas por los accionistas y tenedores de bonos con sus patrimonios. Llama la atención que las AFP y fondos mutuos no hayan detectado los evidentes problemas de La Polar que se inferían de las FECU del año 2010 y de marzo 2011. Estos antecedentes apuntan a que las AFP deben restituir a los fondos de pensiones que administran las pérdidas incurridas por las inversiones en bonos y acciones de La Polar. El fundamento para estas indemnizaciones está en el DL 3500, que lo señala explícitamente cuando se comprueba culpa leve a las AFP en la gestión de inversiones. Las AFP deben invertir en instrumentos de renta variable y fija, ya que son remuneradas para ello. El hecho de que deban indemnizar cuando manejan en forma negligente los fondos es parte de la ley. La superintendencia de AFP tiene el mandato de hacer cumplir la ley y defender a los afilados. No hacerlo es entender mal su labor y debilitaría el sistema de pensiones. José Piñera fue visionario al incluir este artículo indemnizatorio en el DL 3500. Le dará larga vida al sistema. Inversiones similares, movimientos en conjunto. Pero si una AFP se sale del rango, la eventual pérdida de rentabilidad le será castigada. “No tener acciones de La Polar era una decisión difícil. En la medida en que el resto de las AFP tuviera esa acción y el precio subiera, era riesgoso no tener esa rentabilidad en la cartera y, comercialmente podría haber sido complicado”. La frase viene de un ex hombre fuerte de la industria de las AFP. Y es una realidad que todo el mercado conoce. Las administradoras de fondos de pensiones se mueven en masa para asegurar que sus rendimientos no se ubiquen muy lejos de sus demás competidores. Si una de ellas va a una colocación, lo más seguro es que las demás las sigan y, al analizar sus portafolios, queda claro que todas tienen posiciones similares en los activos que invierten. Esta forma de actuar ha sido criticada en varias oportunidades, porque según algunos no permite un sistema competitivo y sano y transforma a las AFP en una especie de cartel que puede determinar el éxito o fracaso de una colocación y llegar a determinar el valor de un activo determinado. Con el descalabro de La Polar, el efecto manada vuelve a estar en cuestión. ¿Cómo es posible que todas hayan invertido en una empresa cuyo modelo de negocio –prestar al C3 y D– era evidentemente riesgoso? Las AFP se defienden diciendo que no tienen alternativa. La regulación de rentabilidad mínima fortalece este efecto. Se trata de una norma que castiga a la administradora que obtenga una rentabilidad mucho menor al promedio del sistema. Esto quiere decir que si un mes una AFP se desmarca mucho de las demás y su rendimiento cae, debe cubrir esa diferencia con su propio patrimonio. Pero el efecto manada no es sólo visto como algo negativo. Para algunos se trata de una especie de “seguro” que certifica que la industria está actuando bien, sobre todo teniendo en cuenta las altas rentabilidades acumuladas desde que partió el sistema. “Es natural que equipos compuestos por ejecutivos de similar educación y experiencia y con acceso a la misma información pública tiendan a tomar decisiones de inversiones con cierto grado de alineamiento”, comentan en AFP Capital. Tenedor de bonos y accionista a la vez. ¿Qué rol priorizar cuando un activo se vuelve complicado? Las AFP, además de ser los principales accionistas de La Polar, son también sus mayores tenedores de bonos: poseen sobre el 60% de toda la deuda emitida por el retailer, equivalente a 376 millones de dólares. Y es justamente ese doble rol el que hoy tiene a las administradoras en una encrucijada. Como accionistas, la presión los lleva a preocuparse por viabilizar la empresa a futuro, actuando –entre otras cosas– para evitar que se ejecuten los covenants de los instrumentos de deuda, mientras que como tenedores de bonos el ideal es que la multitienda responda con sus obligaciones financieras sin demoras ni flexibilizaciones. No es la primera vez que las AFP enfrentan esta disyuntiva. Ya lo vivieron hace algunos años cuando, como tenedores de bonos de Madeco, debieron negociar las cláusulas de pago, al mismo tiempo que tenían acciones de la compañía. El economista de la Universidad Andrés Bello Alejandro Maureira sostiene que, en este caso, la decisión de las AFP de salvar a la compañía supone un conflicto de intereses. “En el peor de los escenarios la quiebra de La Polar hubiese cambiado la estructura del retail y, sin duda, su legislación, afectando por ende a todas las inversiones que tienen las AFP en renta fija y variable. De lo anterior se concluye en que no se salvó a La Polar, sino al sistema”, sostiene. Otros actores de la industria dicen que todo radica en cómo resolver este conflicto. Una propuesta es que, por ejemplo, existan portfolio managers que estén a cargo de los diferentes fondos y sean ellos los encargados de velar por que se maximice el valor de cada uno. A raíz de ello, ya surgen voces de mayores regulaciones. Una de ellas es la que evalúa el diputado Felipe Harboe junto a otros legisladores: que las AFP no puedan invertir en acciones y bonos de una misma empresa a la vez. El historial de inversiones de las AFP las ubica en un sitial de excelencia, pero casos como La Polar llevan a algunos a pedir nuevas regulaciones. Que las AFP equivocaron la decisión al invertir en La Polar y que deberían restituir las pérdidas ocasionadas a los fondos de pensiones con su propio patrimonio son algunas de las soluciones que se escuchan en los noticiarios y se leen en los diarios por estos días. Los cuestionamientos han escalado: el hecho de que no se sepa cuándo estarán los estados financieros de la empresa auditados está generando ruidos sobre si efectivamente habrá o no rescate. Y sin ir más lejos, hace algunas semanas los diputados Felipe Harboe y Jorge Burgos enviaron una nota a la Superintendencia de Pensiones pidiéndole que se manifestara por la aprobación del aumento de capital de la multitienda por 210 millones de dólares en el que participaron las AFP. “Pensamos que podría haber una ilegalidad si invierten en una empresa cuya contabilidad no es objetiva y cuya rentabilidad futura es cuestionable. No queremos que La Polar quiebre, pero queremos es establecer la diferencia entre un inversionista institucional común y las AFP, que manejan las pensiones de todos los chilenos”, explica Harboe. La industria no lo ve así. “Son las reglas del juego”, se defienden. “La única forma de obtener rentabilidades más altas es tener más riesgos y diversificar y por algo el sistema provisional chileno tiene cinco fondos, donde el A permite un nivel de riesgo mayor y es un error juzgar el comportamiento de una AFP por el desempeño de un activo en particular. Hay que mirar el portafolio completo”, afirman. Respecto al aumento de capital, explican que aun cuando las AFP votaron a favor, podrían no suscribirlo en el caso de que sus departamentos de inversiones así lo estimaran. Y no faltan los que apuestan por que las AFP no concurrirán, aunque otros dicen que eso sería un error. “Si tengo un paciente en la UTI para operarlo de urgencia, lo ideal sería poder tener una junta médica con los mejores especialistas y un análisis exhaustivo de todos los escenarios y posibles resoluciones, pero en el intertanto en que recojo esa información, es posible que el paciente muera. Lo mismo puede pasar con La Polar”, afirma un alto ejecutivo de la industria. No es primera vez que las administradoras provisionales son cuestionadas por sus inversiones. Un ejemplo fue lo sucedido con la quiebra del banco de inversiones estadounidense Lehman Brothers, del cual algunas AFP tenían bonos. También se menciona, por ejemplo, a la industria salmonera, que aún no muestra signos claros de reactivación y con rentabilidades en algunos casos negativas. Y la pregunta vuelve a surgir. ¿Cómo es posible que equipos formados por graduados de las mejores escuelas de negocios del país no fueran capaces de advertir la situación real de la compañía? Los departamentos de las AFP cuentan en su mayoría con profesionales certificados con CFA, que es uno de diplomas financieros más exigentes a nivel mundial. En todas las gestoras existen manuales de inversión, que definen dónde y cómo poner los recursos de los afiliados de acuerdo con las pautas establecidas por la superintendencia de Pensiones. El tamaño de los equipos varía por AFP, pero en promedio lo componen entre 12 y 22 profesionales, liderados por un gerente de inversiones que debe reportar a la gerencia general, un comité y también al directorio. Las administradoras votan por sus representantes en las empresas, pero luego pierden contacto, porque los directores velan por los intereses de todos los accionistas. La responsabilidad de los directores de las compañías elegidos con los votos de las AFP es uno de los debates que resucitó con la caída de La Polar. De éstos se espera una especial diligencia en la defensa de los recursos de los trabajadores pero, según la ley, representan a todos los accionistas y no sólo a quienes le dieron el respaldo en la junta. Desde que a mediados de los 80 las AFP fueron autorizadas a invertir en acciones, el rol de los directores ha sido profusamente discutido. En la década pasada incluso se creó una “bolsa” especial con nombres de expertos y a ellos se les ha encargado la promoción de buenas prácticas de gobiernos corporativos y respeto por los accionistas. Rafael Romero, profesor-investigador de la facultad de Economía y Negocios de la UDD, sostiene que “debería establecerse al interior de las AFP una entidad evaluadora de riesgos, la cual periódicamente debiera recibir todas las informaciones que reporte el (los) director(es) que las representa, además de la información pública disponible”, y añade que se debería exigir a los directores apoyados por las AFP, periódicamente, una rendición de cuentas. Otra de las propuestas que actualmente se discute en la comisión de Constitución de la Cámara de Diputados es que los directores elegidos por las AFP deban acogerse a la Ley de Transparencia. Teóricos y prácticos decían que los minoritarios debían preferir empresas con propiedad diluida. Ahora todos opinan lo contrario. ¿En qué quedamos? En los últimos años se instaló la premisa de que para los accionistas minoritarios era más conveniente invertir en empresas con propiedad diluida. Las AFP, la literatura académica y los analistas coincidían en que había que arrancar de controladores fuertes. Por temor a abusos y a los conflictos con minoritarios. En marzo, la superintendencia de Pensiones redujo la participación que las instituciones previsionales podían tener en empresas donde un controlador detentara más del 65% de las acciones. Ello las obligó a desinvertir en empresas como Falabella. Maquiera, de la UST, dice que “si no hay un controlador entonces claramente debería bajar la clasificación de riesgo. Como eso no ocurre en forma tan efectiva, entonces se debe tener el cuidado de que el presidente del directorio no sea el gerente general”, mientras que Andrés Blake, decano de Negocios de la Universidad del Pacífico, añade que lo relevante, más que el poder accionarial, son la calidad de gobierno corporativo, la ética y la responsabilidad de la empresa. Un ex actor de la industria señala que la ventaja de tener un controlador es que “permite identificar el carácter, la moral de riesgo y la trayectoria del negocio” con mayor seguridad. Sin embargo, admite que lo mejor es que este accionista posea alrededor del 55% de los votos y no más, de manera de garantizar la liquidez de la acción. La posibilidad de que un mismo grupo controle bancos y AFP vuelve a generar discusión. La discusión de si un mismo conglomerado puede ser dueño de una AFP regresó en gloria y majestad con el caso de La Polar. El que fuera uno de los temas más polémicos de la reforma previsional vuelve a instalarse y quienes votaron en contra de esa indicación, férreamente defendida por los bancos, hoy respiran aliviados. ¿Qué información tenían los principales bancos acreedores de la situación financiera de La Polar, y con qué datos contaban los agentes que colocaron deuda de la multitienda en el mercado en los últimos meses? La anterior colocación de un bono de La Polar, asesorada por BBVA, le puso leña a la discusión. Porque, al igual que otras AFP, la deuda fue tomada en parte por su relacionada Provida. La ley establece que aunque las dos empresas pertenezcan al mismo grupo, debe funcionar entre ellas la llamada “muralla china”; es decir, no pueden compartir información. “Creo que hay un tremendo conflicto de interés en que un administrador de fondos de terceros y un administrador de fondos propios pertenezcan a un mismo grupo económico. Es algo que debería cambiar”, dice un actor de la industria.
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