2011/06/25

Los otros dueños de la Patagonia

No hay cajeros automáticos, ni señal de celular y los pocos habitantes de la región se reparten en miles de kilómetros. Tampoco hay bombas de bencina y la última parada para abastecerse de combustible es Cochrane, a 334 kilómetros de Coyhaique, capital de la XI región. Pese a ello, un grupo de jóvenes empresarios está comprando terrenos en la zona. Su misión: mostrar la Patagonia "profunda". 

Por Natalia Saavedra | natalia.saavedra@quepasa.cl. 

O'Higgins a es necesario recorrer las localidades de Cerro Castillo y Puerto Tranquilo. La travesía demora alrededor de siete horas en auto desde Coyhaique, y varios de los tramos son caminos de ripio con apenas un par de metros de ancho. Luego vendrán cuarenta minutos más en barcaza para atravesar el fiordo Mitchell, guardián natural de este pequeño poblado de apenas 500 almas.
 
Entremedio de bosques de lengas, Villa O'Higgins es el último poblado en la desembocadura del río Mayer, que cierra la Carretera Austral y es la puerta de entrada natural a los Campos de Hielo Norte y Sur.

La localidad es el último confín, que rompió su anonimato sólo de paso en 1996, por estar ubicada a 63 kilómetros de la Laguna del Desierto (hoy Lago del Desierto), en el que todos quieren tener un pedazo de tierra, si entendemos "pedazo" por cientos, y en algunos casos, miles de hectáreas.

Es la nueva "perla" de la Patagonia, desconocida e inexplorada aún, pero donde ya comienzan a surgir los primeros proyectos, que combinan conservación y desarrollo turístico. Son varios los empresarios que están poniendo un ojo en la zona y abriendo los bolsillos, pues saben que ese sur chileno, agreste y de difícil acceso, será un destino apetecido para el turismo del futuro: ése que mezcla recorrido y admiración.

Los pioneros

El ex analista de IM Trust, Jaime Iglesis (30), recorrió -mochila en mano- por casi tres meses la orilla lacustre desde Villarrica al sur, conociendo el potencial turístico de esa zona y adentrándose cada vez más en lo que llaman la Patagonia "profunda".

A medida que iba más al Sur, su convicción se volvía más definitiva: "Las tierras iban poniéndose más caras, pero no había dudas, ahí había un potencial", recuerda.
La historia no partió  en medio de paisajes salvajes, sino en las oficinas de IM Trust, en Apoquindo, donde Iglesis conoció a José Antonio Rabat (32) -hijo del empresario del mismo nombre-, quien lleva en la "sangre" el negocio inmobiliario (su familia es una de las mayores dueñas de terrenos en la RM), lo apoyó de inmediato.

En medio de jornadas en las que analizaban la rentabilidad de la Bolsa, comenzaron a discutir el negocio. Por su experiencia como gerente comercial de Un Techo para Chile, Jaime sabía que encontrar terrenos en el Sur era complicado, pero que era un nicho interesante, pues la plusvalía de las tierras está creciendo a ritmos vertiginosos. Para tener una idea, en los últimos cinco años el valor de una hectárea en las cercanías de la misma Villa O'Higgins o en Cochrane ha crecido en cerca de un 30%.

Con eso en mente, Rabat e Iglesis decidieron invitar a quienes pudieran apoyarlos para comprar un primer portafolio de tierras que serían puestas en venta. Por personas en común, llegaron al abogado Alejandro Quintana -del estudio Grasty, Quintana, Majlis y Cía., quien  enganchó con la idea de los ex IM Trust.

Quintana no dudó, y de paso, subió a sus socios en el bufete. Al equipo se unió más tarde el mejor amigo de Iglesis, José Luis Délano (29) -hijo de Carlos Alberto Délano-, quien como encargado de las inversiones de su familia se mueve sin problemas en el negocio ganadero e inmobiliario. El grupo se completó con Cristián Boetsch Álamos, conocedor de la zona sur y del negocio turístico.

Decidieron bautizar la iniciativa como Patagon Land. Para muchos, es el proyecto pionero de una oleada de inversiones en zonas no intervenidas por el hombre, en la zona austral.

Tierras valiosas

Adquirir terrenos en ésta u otras localidades de la Patagonia no es nada fácil. La competencia es ardua -es fundamental mantener el interés en un terreno en estricta reserva- y la falta de acceso y conectividad convierte cada viaje en verdaderas expediciones.

Los socios partieron comprando seis terrenos en el Sur, pensando en vender luego a un precio mayor. Los resultados fueron buenos: en poco más de un año traspasaron casi todas las tierras y fue un win-win para todos los que apostaron por el proyecto.

El portafolio incluía la iniciativa ecologista Lago Roca (en la zona de Cochamó), un proyecto inmobiliario en el Calafquén y tierras en el lago Ranco.

Como buenos "hijos de tigre", los miembros de este grupo tienen olfato y saben que dentro de las apuestas, el turismo, el conservacionismo y las energías renovables son  iniciativas apetecibles

Una de sus nuevas apuestas es construir un lodge en las 2.200 hectáreas que en 2010 adquirieron en Caleta Tortel. La idea es venderlo a un operador interesado en la propuesta final, aunque no descartan traspasar el terreno o buscar ora inciativa si se les presenta una nueva oferta o idea.

Pero Iglesis, Rabat, Délano y compañía tienen otras ideas en mente, abrir la Patagonia a todo tipo de desarrollos, sabiendo que el valor de esta tierra sube día a día. Por eso, ahora los Patagon Land pretenden quedarse como socios en algunos de los proyectos para aprovechar las ganancias que generan estas inversiones.

Abriendo camino

Recién hace ocho años se abrió el camino a Villa O'Higgins -antes sólo se llegaba por aire o a caballo-. Por ello, ser inversionistas  pioneros en el extremo austral no está exento de complicaciones. "Las regulaciones, sucesiones, traspasos y tierras heredadas  son un tema no menor", comenta José Antonio Rabat.

El apoyo del equipo de abogados que los asesora ha sido clave. "No es llegar y comprar un proyecto, es un paso complicado que muchas personas no están dispuestas a dar", añade.
Además de su brazo jurídico, cuentan con "viejos zorros" de la industria que los apoyan indirectamente.

En su oficina de Puerto Varas, el hijo de Juan Carlos Edwards -su padre fue socio de Hernán Briones en una de las primeras propuestas de pesca aventura del país, el Puma Lodge-, mira de cerca las oportunidades de inversión que se pueden presentar. Hoy, son cerca de 180 las propiedades que están en la mira.

El factor precio también es importante. Y no sólo por las sucesivas alzas que experimentan los terrenos, sino porque, al tratarse de un negocio en ciernes, aún posee gran volatilidad. "Una hectárea puede costar quinientos mil pesos o un millón y medio. Depende mucho de quién se compró la estancia vecina: si fue un gran empresario y cuánto pagó por ella", detalla Iglesis.

A ello se suman los problemas de conectividad. Muchos de los proyectos dependen del MOP. Por ejemplo, las barcazas que conectan los pequeños islotes y que no están diseñadas para el turismo. El aeropuerto de Balmaceda también presenta un desafío como la última puerta de entrada aérea oficial a esta fracción del país. Para estos nuevos terratenientes del sur un problema es el frecuente cierre del terminal que se genera por la caída de nieve y la falta de interés por operar vuelos comerciales a la zona.

"No nos olvidemos del agua", dice Rabat, quien explica que pese a la abundancia del recurso hídrico en el Sur, hay que fijarse que el proyecto tenga los derechos. "Sin eso, es tierra que pierde valor", sostiene.

Mi vecino Luksic

A unos 500 kilómetros de Balmaceda, cerca del lago O'Higgins y del glaciar del mismo nombre, Andrónico Luksic tiene un proyecto conservacionista de 35 mil hectáreas, en los terrenos de la ex estancia Las Margaritas. Uno de los objetivos del fundo es proteger a una colonia de huemules que habita en esos terrenos.

Luksic es un buen vecino, dicen los pobladores. De hecho, ofreció poner un médico permanente en Villa O'Higgins y da trabajo a varios pobladores del sector en la estancia de su propiedad. El interés del empresario tiene, obviamente, un foco turístico asociado.
Villa O'Higgins tiene una particularidad que la vuelve especialmente atractiva: constituye un paso que les permite a los visitantes cruzar hacia El Calafate y El Chaltén, en Argentina.

Vecinos del mayor de los Luksic son los ex socios de la conservera Robinson Crusoe, la familia Macaya, quienes levantaron un lodge ni más ni menos que al lado de Campo de Hielo Sur, el que están a punto de inaugurar. Su objetivo es similar a los emprendedores de Patagon Land, vender en el extranjero la experiencia de descubrir la"Deep Patagonia". La segunda etapa de su proyecto, comenta Alejandro Macaya, uno de los socios, es levantar un luxury camp en un terreno de 50 hectáreas que tienen frente al Ventisquero Chico, en el brazo sur del  lago O'Higgins. 

Se trata, dice, de un sector privilegiado, pues además permite excursiones mediante caminatas o por barco al monte Fitz Roy, recorriendo zonas como Candelaria Mancilla y el Lago del Desierto, al otro lado de la cordillera.

"Es una zona que está en pañales, por ella circulan cerca de 2.000 turistas al año, versus otras más desarrolladas, como El Calafate, que recibe 300.000 mil turistas al año", señala Macaya.

Existen otros proyectos,aún en papel. Un grupo liderado por el empresario de la industria minera, Pedro Urzúa posee cerca de 1.800 hectáreas en Puerto Tranquilo, pequeña localidad que recién en el año 1986 se conectó por tierra al continente, ubicada en la ribera oeste del lago General Carrera. La idea, explica uno de los socios del proyecto, es desarrollar un proyecto amigable con la comunidad que permita "que los pobladores del sector se sientan a gusto con su propuesta", señala, sin entregar mayores detalles.

Masivo, ¿por qué no?

El apetito por la Patagonia salvaje, en todo caso, no atrae solamente a viejos conocidos del negocio o emprendedores jóvenes. Los grandes operadores también quieren instalar su bandera en la zona.

Hace poco más de un mes, llegó hasta las oficinas del Sernatur de Aysén, el asesor de la cadena de resorts hoteleros Decameron, Andrés Duda. El profesional argentino quería transmitir a las autoridades la compra de 300 hectáreas efectuada por la compañía en el lago Beltrán y obtener información respecto al potencial de esa región.

La llegada de la cadena internacional ha generado inquietud en la zona por la masividad que supone el proyecto. Las dudas son razonables, teniendo en cuenta que Decameron tiene una apuesta turística centrada en  ciudades caribeñas, de alta demanda y conocidas por el concepto "all inclusive". Desde la empresa aseguran que se trata de un emprendimiento hotelero, aun cuando no están claras las características y dimensiones de la iniciativa. De cualquier forma, advierten, se tratará de un complejo "eco-turístico".

Este enfoque más masivo se mezcla con iniciativas que, por el contrario, promueven un turismo de elite y con claro enfoque conservacionista. Lo que está claro es que el destino de la región más agreste de Chile está en pleno proceso de definiciones que, para bien o para mal, cambiarán para siempre la apariencia de esa zona.

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