Por Ernesto Montero Acuña (Prensa Latina)*
Los cambios políticos ocurridos en el mundo durante las últimas décadas confirman que el futuro solo se avizora sostenible bajo diseños integrales nuevos, con base en el progreso, la justicia social y la democracia popular.
A inicios de año, el boletín conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) anunciaba un descenso del desempleo en esta región debido a los resultados económicos de 2010.
Latinoamérica y el Caribe obtuvieron entonces el seis por ciento de crecimiento del producto interno bruto (PIB), a pesar de la crisis, gracias a la adecuación económica interna en buena parte de la región y a la intensificación de nuevos vínculos globales, sobre todo con China.
El documento de ambas organizaciones, pertenecientes a Naciones Unidas, dejaba sentado que Latinoamérica enfrenta el reto de generar empleos verdes y de calidad, definidos como los que contribuyen decisivamente a promover el tránsito hacia una economía con menores emisiones de carbono.
Así se aspira a evitar los efectos irreversibles y peligrosos del cambio climático sobre las empresas y los trabajadores.
La reactivación económica de la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños, durante el año pasado, permitió que el desempleo en la región bajara 0,6 puntos porcentuales, y se auguraba un descenso adicional de entre 0,2 y 0,4 puntos en el 2011, a pesar del menor crecimiento previsible para este año.
Mas, ahora el escenario cambia, debido al alza en los precios de la energía y los alimentos, al extremo de que el director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, reclama un "aterrizaje suave" a la economía latinoamericana para frenar la inflación, porque "están surgiendo señales de recalentamiento preocupantes".
Aumentan los precios, crece rápidamente el crédito al consumo y adquieren auge los mercados de valores, lo que implica riesgos de mayor pobreza, inestabilidad social y presiones políticas en la mayor parte de la región más desigual del mundo.
La CEPAL y la OIT atribuían la mejoría, en su momento, a las condiciones comerciales y financieras internacionales y al repunte de la demanda interna impulsada por las políticas macroeconómicas, que generaron el crecimiento del año pasado.
De aquel modo se incentivaron los empleos formales, aumentó la tasa de ocupación y subieron moderadamente los salarios reales, aunque se advertía que el desempeño de los países y subregiones fue muy desigual.
No obstante, destacaban que la recuperación económica no garantiza un crecimiento con trabajo decente a largo plazo, pues, "para reforzar la mejora de los indicadores laborales y generar más empleo productivo y trabajo decente, los países de la región deben fortalecer sus políticas macroeconómicas".
Pero ahora Strauss-Kahn propone "el retiro del estímulo macroeconómico adoptado durante la crisis", pues "todos sabemos cómo puede terminar esta historia si los responsables de formular las políticas públicas no actúan lo suficientemente pronto". El ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, ha ratificado que el gobierno de su país ha impulsado un fuerte recorte del gasto público, con disminuciones en defensa y viviendas sociales, para evitar tensiones inflacionarias.
Esto representa una disminución de 30 mil millones de dólares en el presupuesto para 2011, con el propósito de desacelerar la economía "sin noquearla", según Mantega, pero con previsibles costos ciudadanos y políticos.
Más bien parece aconsejable acatar el pronóstico de la CEPAL y la OIT en el sentido de mejorar la coordinación de políticas regionales y globales, identificar y eliminar cuellos de botella en el mercado laboral y reforzar los instrumentos que promuevan una mayor igualdad, el gran reto para Latinoamérica.
Subrayaban asimismo que la región -como el mundo entero- enfrenta el reto de transformar su manera de producir, para desarrollar economías sustentables en el largo plazo, y añadían que el cambio climático y el reto de desarrollar y fortalecer maneras de producir y de consumir bajas en emisión de carbono afectarán la manera de trabajar.
En su perspectiva de desarrollo económico sostenible, reconocían los avances en torno al llamado empleo verde en Costa Rica y Brasil, especialmente en este último, que incrementó la producción de combustibles a partir de la biomasa y construye viviendas sociales equipadas con paneles solares.
Se constata que si bien la transformación hacia una economía más sostenible en lo medioambiental implicaría la destrucción de empleos en algunos sectores económicos, también los estimularía en otros, de modo que el mundo del trabajo experimentaría cambios importantes.
Pero el nuevo escenario no parece favorecer la creación de más empleos decentes a través de la referida transformación, que se considera contribuiría al crecimiento económico, a posibles mayores niveles de igualdad y a la protección del medio ambiente.
A pesar de los pronósticos, alentadores en su momento, la CEPAL fijaba el crecimiento del PIB regional para este año en el 4,2 por ciento, que ya representaba un descenso en relación con el 2010, precisamente atribuible a los efectos de la crisis en el mundo capitalista desarrollado.
Más recientemente, autoridades chinas redujeron su previsión de crecimiento del ocho al siete por ciento para su país, un descenso relativo, pues ello no tiene que implicar efectos negativos para Latinoamérica, ya afectada por Estados Unidos y la Unión Europea, en magnitud creciente.
Habría que añadir las consecuencias de las previsibles bélicas estadounidenses a la cabeza de la OTAN, principalmente en el Norte de África y el Oriente Medio, donde ese país prevé continuar implantando sus objetivos energéticos y geoestratégicos.
Tampoco en América Latina abandonará viejos proyectos, aunque la forma de emprenderlos dependerá de los problemas internos de Estados Unidos, que amenazan con generar una mayor inestabilidad y polarización social y política nacionales.
En el mercado de futuro de Londres el precio del crudo para abril subió el primero de marzo 46 centavos, a 112,60 dólares, y abrió una interrogante acerca del impacto que una subida permanente podría tener para la economía mundial, en la cual prima la especulación.
Desde luego, las consecuencias nacionales dependerán, por un lado, de si el país es exportador o importador de petróleo y, por el otro, del nivel de desarrollo en que cada uno se encuentre.
Para los llamados países pobres, muchos de los cuales crecieron en el 2010, el principal peligro será la prevista escalada de la inflación, mientras que en las naciones desarrolladas, en crisis económica desde hace más de tres años, se estancará la recuperación posible o se producirán nuevos retrocesos.
Como consecuencia, los pronósticos de la CEPAL y la OIT sobre el empleo y la economía latinoamericana y caribeña, cuyo futuro se prevé cada vez más condicionado porque se emprendan reales transformaciones, se tornan menos esperanzadores ante una realidad más adversa.
La extensión e intensificación de la crisis en el Oriente Medio, con intervención de la OTAN, tendría un efecto global en cadena, cuyas consecuencias nadie podrá neutralizar totalmente, pero, en todos los casos, la defensa de la paz internacional y de las políticas económicas públicas será determinante del futuro.
En la encrucijada global, se reclama un nivel de justicia superior, y búsqueda de una negociación pacífica en el conflicto interno de Libia, lo cual, a la vez, salve del desastre al Oriente Medio y al mundo.
También a Latinoamérica, que salvando se salva.
* Redacción Global de Prensa Latina.
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