Ante las crecientes protestas en Bolivia, el gobierno de Evo Morales echó pie atrás el fin de semana en sus planes para eliminar los subsidios a los combustibles. Pese a la decisión, el ambiente de incertidumbre se mantenía ayer en el país andino.
Los trabajadores ayer criticaron la decisión de las autoridades de abandonar el aumento salarial de 20% que había propuesto como compensación por el fin de los subsidios, los que hubiesen provocado un alza de 82% en el costo de la gasolina.
Los gremios reaccionaron señalando que pelearán por un incremento "satisfactorio" en los sueldos y se reunirán a fines de esta semana para debatir con el presidente sobre el aumento salarial para este año.
En medio de la agitación, los ahorristas retiraron unos US$ 200 millones de los bancos por temor a un "corralito financiero", como el que aplicó Argentina en 2001. El ministro del Interior, Sacha Llorenti, acusó ayer al jefe del opositor del partido Unidad Nacional (UN), Samuel Doria Medina, de sembrar el pánico al esparcir un rumor sobre una posible depreciación del dólar. "La noche del miércoles, en el programa "No Mentirás" dijo que tenía información de que el dólar bajaría de 7,04 a 5 bolivianos. "Hizo terrorismo financiero", aseguró el vicepresidente.
Según medios locales, los depósitos bancarios en moneda local y extranjera ascienden a US$ 9.000 millones en Bolivia.
Pese a ceder ante las masivas protestas, el ejecutivo no ha renunciado de manera definitiva a sus planes de eliminar los impuestos.
Fuentes del gobierno confirmaron ayer que buscarán insistir en el futuro con la reforma pero que lo harán a través de una vía negociada que incluirá a todos los sectores de la sociedad para buscar un consenso.
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