La candidata oficialista fue elegida ayer con el 56% de los votos, mientras Serra alcanzó un 43,9%.
por Fernando Fuentes, enviado especial a Brasilia
Dilma Rousseff se convirtió ayer en la primera Presidenta de Brasil. Con el 99,99% de los votos escrutados, la candidata del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) obtuvo un 56% de las preferencias, mientras el opositor, José Serra, de la Social Democracia Brasileña (PSDB), alcanzó un 43,9% de los votos en la segunda vuelta. 106 millones de personas salieron a sufragar, donde se eligió a la economista como sucesora de Luiz Inácio Lula da Silva.
Los comicios se iniciaron a las 8.00, y ya al mediodía los adherentes de Dilma se atrevían a salir en sus autos con banderas, anticipando su victoria, mientras en la Explanada de los Ministerios, desde temprano, ya se empezaba a montar el escenario para la celebración del oficialismo.
Dilma Rousseff y José Serra votaron a cerca de 1.200 km de distancia uno del otro. La candidata oficialista lo hizo en una escuela del centro de Porto Alegre, su ciudad natal. Mostró a los fotógrafos una sonrisa, al tiempo que hacía la "V" de la victoria con los dedos de su mano izquierda. El abanderado opositor, en tanto, sufragó en el Colegio Santa Cruz, en Pinheiros (al oeste de Sao Paulo).
Rousseff siguió las votaciones desde su residencia en Brasilia junto con cercanos y dirigentes del Partido de los Trabajadores y, tras conocer su triunfo, acudió al Hotel Nahum Plaza, donde ofreció su primera conferencia de prensa como presidente electa. En la ocasión, dijo que "recibí de millones tal vez la misión más importante de mi vida" y entre lágrimas se refirió a la importancia que tuvo para ella Luiz Inácio da Silva, el actual gobernante. "Sabré honrar el legado de Lula. Sabré avanzar y consolidar su obra", agregó.
Luego de enterarse del triunfo oficialista, Lula decidió no aparecer en público con Dilma, porque "el día es de ella", según dijo el jefe de gabinete del Presidente, Gilberto Carvalho. La decisión del mandatario buscaría no opacar a su sucesora, quien, según los analistas, deberá enfrentar la dificultad de hallar un sello propio en su administración, cuando su antecesor deje el poder con un apoyo superior al 80%.
Anoche, una gran cantidad de fuegos artificales anticipaba la llegada de Rousseff a la Explanada de los Ministerios, en donde unas cinco mil personas la esperaban. Sin embargo, ella decidió no concurrir a esta celebración. Sí se dirigió al Palacio de la Alvorada, donde estuvo reunida con Lula por más de una hora.
Según la prensa local, Dilma, tras unos días en la capital, irá al sur a descansar antes de emprender -el 9 de este mes- su viaje de presentación internacional junto a Lula.
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