2010/10/29

La vida después de Kirchner

Tanto en la vida como en la muerte, Néstor Kirchner sigue siendo una figura que provoca divisiones. El fallecimiento el miércoles del ex presidente de Argentina enlutó a todo el país. Las acciones argentinas, por el contrario, ese día registraron alzas alentadas por las esperanzas de que la desaparición física de Kirchner augure un cambio hacia políticas económicas más ortodoxas.

Para muchos argentinos, Kirchner será recordado como el hombre que recuperó cierto orgullo nacional y estabilidad después de la crisis provocó el default de deuda soberana en 2001 y el carrusel de presidentes que la acompañó. También se ganó merecidos aplausos por su juicio a los responsables de abusos de los derechos humanos durante la dictadura militar del país.

Pero el otro aspecto de esta estabilidad fue la creciente concentración de poder y la intolerancia a las opiniones distintas. Kirchner dejó el cargo de presidente en 2007, y fue sucedido por su esposa Cristina Fernández mediante elecciones perfectamente legítimas. Pero la posibilidad de que Kirchner y su esposa eludan las limitaciones constitucionales a los mandatos presidenciales alternándose en el cargo no favoreció a la democracia argentina. La ofensiva de Fernández contra Clarín, el grupo de medios más grande del país, fue una preocupante violación a la libertad de prensa.

El manejo de la economía en manos de Kirchner también dejó mucho que desear. Es cierto que el país creció mucho entre 2003 y 2007, y que está expandiéndose rápidamente este año. Pero eso es tanto gracias a las políticas de Kirchner como a pesar de ellas. Ayuda el hecho de que el país está rodeado de economías en auge. Los repentinos controles a las exportaciones y la expropiación de las jubilaciones y pensiones de los ciudadanos, y de las reservas del banco central son evidencias de que las decisiones de política económica que tomaban los Kirchner raramente eran más que un ejercicio ad hoc.

Porque, al dejar el cargo, Kirchner se mantuvo en el poder detrás del trono de su esposa, y porque Fernández rara vez delegaba poder a otros funcionarios, es que ahora se produce un vacío en el corazón de la política argentina. Esto ofrece una probabilidad de reforma. Pero si Fernández o la oposición pueden aprovecharla no queda claro. Fernández no es una visionaria de la económica. Y la oposición está deplorablemente desorganizada.

La eterna mala administración todavía no ha suprimido el potencial de Argentina. Su economía podría crecer 7,5% este año. Pero con el índice de inflación cercano a 25%, su sustentabilidad está en duda. Medidas comparativamente pequeñas en la conducción de la economía permitirían a Argentina abordar esta precariedad. Sólo se necesita un líder capaz de tomarlas.



DiarioFinanciero.com

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