2010/05/05

El rescate a Grecia es sólo el principio

A grandes males, grandes remedios. Después de meses de retraso, la eurozona ha presentado un enorme plan de ayudas para Grecia. Al contar con la intervención del FMI, a petición de Alemania, se han obtenido algunos recursos extraordinarios y un mejor programa. Pero, ¿funcionará? Por desgracia, tengo mis dudas.

¿En qué consiste el programa? En términos generales, es una ayuda de 110 mil millones de euros (US$ 146 mil millones), equivalente a algo más de un tercio de la deuda pendiente que tiene Grecia. El FMI aportará 30 mil millones de euros (US$ 45 mil millones) de esa cantidad, mucho más de lo permitido en estos casos, y el resto de la ayuda, correrá a cargo de la eurozona. Esto debería ser suficiente para que Grecia no tenga que recurrir a los mercados durante más de dos años.

A cambio, Grecia se ha comprometido a poner en marcha un plan de consolidación fiscal del 11% del PIB en un plazo de tres años, con objeto de alcanzar un déficit de 3% para 2014, frente al 13,6% registrado en 2009. Grecia prevé ahorrar 30.000 millones de euros con su plan de austeridad, que incluye recortes salariales y de pensiones, una posterior congelación salarial durante tres años y la supresión de las remuneraciones extraordinarias. Las medidas fiscales reducirían el déficit en 4 puntos porcentuales del PIB. Aún así, las previsiones apuntan a que la deuda pública supere 150% del PIB.

En los aspectos más importantes, el programa es mucho más realista que su predecesor intraeuropeo. Atrás quedaron los sueños que auguraban una suave contracción de la economía en 2010, a la que seguiría un nivel de crecimiento estable. El nuevo programa contempla una caída acumulada del PIB que ronda 8%, aunque esas expectativas no son, ni mucho menos, precisas. Además, el plan anterior se creó contando con que Grecia reduciría su déficit presupuestario a menos de 3% del PIB a fines de 2012. El nuevo ha pospuesto ese objetivo hasta 2014.

Vale la pena destacar otros dos aspectos del nuevo programa: primero, no habrá reestructuración de la deuda. Segundo, el BCE ha decidido suspender la aplicación del umbral mínimo de rating crediticio aceptado como colateral dentro de las operaciones crediticias del eurosistema en el caso de los instrumentos de deuda emitidos por el gobierno de Grecia. Pero ¿se ajusta el programa a las necesidades de Grecia y a las de la eurozona? Sí y no en ambos casos.

Comencemos con Grecia. Ahora mismo no tiene acceso a los mercados. Por tanto, la alternativa a este plan de rescate, (con independencia de que se pueda o no poner en práctica) sería la quiebra. El país incurriría en un impago de los intereses de la deuda, pero cerraría su déficit fiscal primario, de entre 9% y 10%, de inmediato. Esta situación sería mucho más drástica de la que tendrá Grecia ahora. Además, su sistema bancario colapsaría como consecuencia del impago de la deuda. El país hace bien en intentar ganar tiempo para eliminar su déficit primario de forma más gradual.

No obstante, cuesta trabajo creer que pueda evitar la reestructuración fiscal. Supongamos que, de momento, todo marcha según lo esperado. Y pensemos también que el interés medio de la deuda griega a largo plazo acaba siendo de 5%. El país tendría entonces un superávit primario de 4,5% del PIB, con unos ingresos de 7,5% del PIB dedicados al pago de los intereses. ¿Soportarían los ciudadanos griegos esa pesada carga año tras año?

En segundo lugar, incluso las nuevas previsiones del FMI me parecen demasiado optimistas. Con el duro plan de austeridad que deberá acometer el país, y dada la ausencia de compensaciones en materia monetaria, todo apunta a que Grecia se verá inmersa en una prolongada recesión. ¿Ayudarían en algo las reformas estructurales? No, a menos que aporten una drástica caída de los costos laborales unitarios, dado que Grecia necesitará un aumento prolongado de las exportaciones netas para compensar los ajustes fiscales. La alternativa sería una amplia expansión del déficit financiero del sector privado griego, lo que parece inconcebible. Además, si cayeran los salarios nominales, la deuda superaría las peores previsiones.

Como apuntaba hace poco Willem Buiter, economista jefe de Citigroup, otros países con rentas altas, como Canadá (1994-98), Suecia (1993-98) y Nueva Zelanda (1990-94), han emprendido con éxito programas de consolidación fiscal. No obstante, las condiciones de partida eran mucho más favorables. A Grecia se le está pidiendo que haga como América Latina en la década de los "80. Eso supuso una década perdida y, al final, los beneficiados fueron los acreedores extranjeros. Además, ¿quién sustituirá a los actuales acreedores? Este plan mantendrá a Grecia alejada de los mercados durante unos cuantos años. Se necesitará más dinero si la reestructuración de la deuda se descarta de forma imprudente. Para otros miembros de la eurozona, el programa evita una conmoción inmediata de los frágiles sistemas financieros.

Abiertamente, es un rescate de Grecia, aunque encubiertamente estamos ante un rescate bancario. No queda claro, sin embargo, que el plan ayude a otros miembros que también están en el punto de mira. Los inversionistas bien podrían pensar que la magnitud del plan de rescate de un país pequeño como Grecia y los obstáculos para su aprobación, sobre todo por parte de Alemania, dificultarían enormemente la puesta en práctica de otros programas similares. Podría, por tanto, pensarse que otros miembros de la eurozona no contarán con estas ayudas. Por el momento, ningún país atraviesa una situación tan grave como la de Grecia, aunque algunos tienen ya déficit fiscales insostenibles y su nivel de endeudamiento aumenta a velocidad vertiginosa. En este sentido, su situación no es muy distinta a la de Reino Unido y EE.UU., pero no cuentan con las mismas alternativas políticas de estos dos países.

En resumen, esta historia no acaba aquí. La eurozona ha extraído dos conclusiones: primera, o permite impagos de deuda soberana, por complicados que resulten, o crea una verdadera unión fiscal, con una férrea disciplina y fondos necesarios que respalden los ajustes de las economías en peores condiciones. Buiter es partidario de un Fondo Monetario Europeo de US$ 2 billones (millones de millones); la segunda conclusión es que, si la eurozona está dispuesta a sobrevivir con una demanda prácticamente paralizada, se abrirá un escenario marcado por una política proteccionista de desinflación competitiva, que dependerá cada vez más de los mercados mundiales. A pocos les gustaría este resultado. La crisis a la que estamos asistiendo no hace más que dar la razón a los que siempre pensaron que el euro era muy arriesgado. Estas noticias no deberían resultar sorprendentes. Al contrario, podían haberse previsto.

El temor a que el hecho de unir países tan diversos aumentaría las tensiones, en lugar de reducirlas, también parece haberse confirmado: no hay más que ver el sentimiento antieuropeo que hay ahora mismo en Alemania. Ahora que la eurozona se ha creado, debe funcionar. El intento de rescate a Grecia sólo es el comienzo de la historia. Todavía queda mucho por hacer como respuesta a esta crisis y para reformar la propia eurozona en un futuro no muy lejano.

DiarioFinanciero.cl

No hay comentarios.: