2010/05/24

El mercado podría perder la paciencia con el euro, por Manuel Bengolea

El euro no pasa por un buen momento, pues el exceso de gasto fiscal, el alto endeudamiento público y la heterogeneidad de política económica entre los miembros de la Eurozona han agotado la paciencia de los inversionistas financieros, quienes han decidido poner bajo la lupa a la moneda y han vendido agresivamente los bonos de los países mal administrados.

El plan de rescate anunciado el fin de semana antepasado, ascendiente a 750 mil millones de euros, que calmó los nervios de los inversionistas, es un buen comienzo. Sin embargo, este no es más que un "alivio", ya que no resuelve el problema de fondo. Es decir, evitaron la apoplejía del euro y el colapso de Grecia que podría haber acarreado a otros países (Portugal e Irlanda). Los inversionistas podrán dormir más tranquilos, pues el pago de sus acreencias sería honrado, pero si no hay cambios sustantivos dirigidos a atacar la raíz del problema, el mercado volverá a hablar.

¿Por qué el plan de rescate no resuelve el problema de fondo? Porque es una instancia creada para evitar que los problemas financieros se transmitan al sector real, pero no está diseñado para evitar los excesos fiscales ni los otros males económicos de la Eurozona. Las rigideces económicas europeas desincentivan la generación de riqueza. GM y Ford se fueron a la quiebra sin contemplación en EE.UU. En Europa hasta los cancilleres de los países opinan y determinan sobre el futuro de sus empresas automotrices.

Más esfuerzo
Si la Eurozona quiere ser nuevamente un polo de atracción para los inversionistas, si la intención es que el euro sea una moneda tan potente como el dólar, si las empresas quieren aprovechar las oportunidades que brinda el mercado global, entonces sus gobiernos tendrán necesariamente que hacer un esfuerzo por implementar cambios profundos a su andamiaje económico y eliminar parte del paternalismo estatal, incrustado en el ADN de la población.

Grecia tuvo que aprobar un drástico plan de reducción de gastos tendiente a lograr en el largo plazo el equilibrio fiscal. Cabe señalar que Grecia ya exhibía un déficit fiscal superior al 5% en el 2007, muy por sobre el 3% requerido por el Tratado de Maastricht, razón principal por la cual el mercado perdió la confianza en su capacidad de pago.

Por otra parte, España acaba de anunciar un plan de reducción de gastos para equilibrar sus cuentas fiscales, pues con un déficit de 11% en el 2009, el mercado también está nervioso, a pesar de que dicho país el 2007 exhibía un superávit y su deuda pública, como porcentaje del producto, es muy inferior a la de Grecia. Por lo tanto, los otros países con problemas fiscales, donde Alemania podría constituir la única excepción de la Eurozona, deberán demostrarle al mercado que son serios en sus intentos por corregir los excesos. España ya empezó, Portugal hace anuncios, aunque insuficientes en ambos casos, y deberían seguirle a lo menos Irlanda y Francia.

A continuación, la Eurozona tendrá que homogeneizar los criterios de administración del Estado (lo ideal sería la unificación), para evitar que problemas como los de Grecia se repitan.

Más vale que se apuren, porque el mercado está perdiendo la paciencia, y a pesar de que han comprado tiempo con el plan, el euro podría acercarse a la paridad si no hay acciones convincentes.

Director Ejecutivo WAC Research

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