2010/05/03

Distinciones en la cumbre



Algunos peladores comentan que el empresariado chileno es ultra conservador y sectario; que tiene una sola ideología; que no respalda la diversidad; que segrega al prójimo, etc. ¡Pamplinas! Los que echan a correr esos rumores son resentidos sociales que no tienen idea; no se han tomado la molestia de compartir con la flor y nata de la business community nacional y entenderla. Modestamente, he estado en su hábitat y puedo dar fe: ¡es gente lo más campechana que hay! Y muy tolerante de la diversidad.

Quedó en evidencia el lunes pasado. Es que me convidaron a una cena bien especial de la Cámara de Comercio de Santiago en la Enoteca. Puros empresarios top. Allí, en la cumbre del cerro San Cristóbal, con la ciudad por alfombra, premiaban a la flor y nata del emprendimiento nacional en el marco de un encuentro iberoamericano de cámaras de comercio. Apuesto a que alguno está pensando que allí se congregaron los mismos presuntuosos, soberbios y encopetados de siempre.

Falso. Había delegados de todo el continente. De países con distintas costumbres e ideologías, empresarios y empresarias. Bien vestidos y bien vestidas. Adinerados y adineradas. Todos unidos -como bien quedó expresado en una alocución soberbia que escuché- en torno al sueño de Bolívar: unir al continente en un emprendimiento sin fronteras. Chávez hubiera aplaudido. Un sueño hecho realidad gracias a la gestión de las cámaras, que las había representadas grandes y chicas (hasta un cuarteto de cámara había), cámaras fotográficas, cámaras de televisión, cámaras de seguridad…

El aroma de las entrées salió a recibirnos a las praderas que rodean los estacionamientos de la Enoteca. Lo más granado de la entidad capitalina de comercio estaba ahí. Juan Cúneo, Álvaro Saieh, Juan Cueto y Andrés Navarro habían llegado temprano rodeados de familia a la entrega de sus trofeos. Expansivos ellos, fueron centro de miradas, (y de envidia) y aunque el pisco sour estaba demasiado dulce, no fue impedimento para brindar por la responsabilidad social de sus negocios. Hubo abrazos, palmoteos y besitos en la mejilla. Max Marambio y Esperanza Cueto celebraban a papá, así que los temas incómodos y los titulares de la crónica roja quedaron en la guardarropía.

Gran anfitrión, Peter Hill, se dio tiempo para aparecer en fotos con los homenajeados, los que, por cierto, posaron pletóricos para los flashes. Era que no. Imagínense: lo menos que podía hacer la familia Cueto era celebrar tantas y tan buenas acciones del último tiempo. Acciones que sacaron suspiros en el hall, me consta. Andrés Navarro feliz con sus logros. Ya tiene 10 mil empleados en nueve países. ¿Y Juan Cúneo? Dicen que en un año, su otrora pyme, Falabella, escaló 205 ubicaciones en el ranking mundial de Forbes. Unos maleducados le preguntaron por unas irregularidades en Colina con un supermercado. Nada que ver. Les dijo que era una cosa poca.

El megasismo se habrá ensañado con la patria, pero no le hizo ni cosquillas al ánimo de nuestros hombres de negocios.

“El empresariado chileno es un ejemplo de coraje y empuje que se pone de pie tras el terremoto”, reconoció Ambrosio Bertolotti, un canchero emprendedor argentino al que nunca se le había movido el piso, salvo en los corralitos, pero eso es otra cosa, ¿viste?

Como si adivinara los sentimientos reinantes, el cuarteto de cuerdas interpretaba ese verdadero himno al emprendedor regional que es “Uno busca lleno de esperanza” ¿Lo ubican? Súper emotivo. Con mi compañero de mesa, un joven tangómano, nos pusimos a tararear la letra. “Uno-va-arrastrán-dose- entre espi-naaaas…” ¡Gran metáfora! Me imaginé a Max Marambio arrastrándose entre espinas, como en los viejos tiempos, durante sus años verde olivo. Lo miré de reojo sentado a una mesa vecina degustando buenos mostos y chuletas de cordero patagónico en musse de calabacín. Se veía dichoso. ¡La procesión va por dentro sin duda!, cavilé. Porque debe ser atroz que a uno le congelen 23 millones de dólares de inversión, amigos y compañeros de toda la vida, gente de la misma trinchera de uno, como le pasó a él. Cuántos renuncios (sólo Dios sabe hasta qué sacrificios ideológicos) en pro de esa amistad. Y de un día para otro, caes en desgracia en la isla y no puedes sacar tu capital. Toda la solidaridad de sus pares para él. A cualquiera le puede pasar.

Infinidad de fotos más tarde, llegamos a los galardones. Cuando leían los méritos de los premiados tuve un déjà vu: mencionaban postgrados en Chicago, acciones en esto y lo otro, destacada actividad gremial, en fin, directorios de clínica… ¿Dónde había oído eso antes? ¿En un anuncio de gabinete? ¿A la salida de una misa en El Bosque? ¿En el club de Cachagua? Aplaudí a rabiar. Me encanta la diversidad.

LaNacion.cl

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