La última reunión del Boao Forum de Asia, el 9 de abril, estuvo llena de simbolismos y señales. El principal orador del encuentro, (equivalente chino al Foro Económico de Mundial de Davos), fue el vicepresidente de ese país, Xi Jinping.
Al evento también asistió Andrew Forrest, director ejecutivo de Fortescue Metals Group. Cuando el hombre más rico de Australia tomó la palabra para elogiar a su anfitrión, el gesto no pasó inadvertido.
"El detalle, la graciosa calma con la cual conduce sus opiniones, me da gran confianza sobre el futuro de China", dijo Forrest, que como controlador de una de las empresas mineras de crecimiento más rápido del mundo sabe muy bien la importancia de China para su negocio. Y el papel que podría jugar Xi en el futuro de ese negocio.
Xi es uno de los principales candidatos para suceder al actual presidente, Hu Jintao, al mando de la potencia asiática cuando termine su período, en 2012. El propio Hu ocupó el cargo de vicepresidente antes de asumir el control del gobierno en 2002.
Xi fue designado en 2007 como uno de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista Chino, el organismo de gobierno de facto más poderoso del país. Durante la ceremonia de presentación, que sigue el estricto protocolo de jerarquías del partido, Xi fue anunciado antes que Li Keqiang, el protegido de Hu y hasta entonces el aspirante con mayores probabilidades de sucederlo. Al año siguiente asumió la vicepresidencia.
Hijo de un héroe caído
Xi es una figura exótica dentro del panorama más bien homogéneo del Partido Comunista Chino, lo que hace difícil encasillarlo.
Está casado con Peng Liyuan, una famosa cantante de música folclórica y estrella de televisión, que además tiene el rango de mayor en el Ejército de Liberación Popular.
Su padre, Xi Zhongxun, fue un héroe de la revolución, que cayó en desgracia bajo las purgas de Mao Zetung; fue defensor de las reformas pro mercado y uno de los pocos líderes que se atrevió a condenar la matanza de la Plaza de Tiananmen. Debido a sus antecedentes familiares, durante la Revolución Cultural de 1968 y cuando tenía tan sólo 15 años, Xi fue enviado un centro de trabajo en el campo. Pero gracias a su labor humilde y esforzada, impresionó a las autoridades, que seis años más tarde lo designaron como jefe local de partido y lo recomendaron para la universidad.
Xi recuerda con orgullo esta historia, que lo diferencia de otros líderes salidos de las élites más acomodadas, y es precisamente una de las principales fuentes de su popularidad.
Pese al precio que pagó su familia, según observadores, Xi compartiría la misma simpatía por la economía de mercado de su padre, que durante los "80 ayudó a Deng Xiaoping a impulsar la "reforma de puerta abierta" de Guangdong, la región donde se ha instalado gran parte de la base manufacturera e industrial de China.
Aunque su posición sobre Tiananmen provocó el quiebre final con Deng, con el tiempo su imagen ha sido rehabilitada, y ha favorecido la carrera política de su hijo.
El milagro económico de Zhejiang
Fue así que Xi asumió en 2002 como jefe del partido en la provincia de Zhejiang, que forma parte de las zonas de desarrollo económico y tecnológico que existen en China, y desde ahí se dedicó a promover el denominado "modelo de desarrollo Zhejiang".
Éste se basa en alentar el emprendimiento de las pequeñas empresas y en una fuerte inversión en infraestructura. Como resultado, Zhejiang es ahora una de las provincias más ricas del país, con un ingreso per cápita en las áreas urbanas de US$ 6.490 y un PIB de US$ 334 mil millones.
Y Zhejiang es, de hecho, la primera provincia de China donde ninguna de las comunas figura en la lista de pobreza del gobierno central.
Xi "es el tipo de sujeto que sabe cómo lograr que las cosas se hagan", ha comentado el ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, Henry Paulson, quien conoció a Xi en esa época.
Las riendas de la nación
La prueba de fuego en su preparación como futuro presidente llegó en 2008, cuando se le encomendó la difícil misión de organizar los Juegos Olímpicos de Beijing.
Su rotundo éxito consolidó la opción de Xi para ocupar el cargo. No sólo consiguió mostrar al mundo una imagen de China como una nación eficiente y ordenada, sino que además él mismo adquirió una valiosa experiencia en las tareas de coordinación del ejército, la policía, las agencias del gobierno y el partido, un activo que será vital en el futuro si finalmente llega a tomar las riendas del país cuando Hu Jintao dé un paso al costado, en dos años más.
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