Para bien o para mal, Washington se ha acostumbrado al hecho de que Barack Obama dirige la administración más centralizada desde Richard Nixon. Pero cuando Nixon quería un consejo en materia de política exterior, todos sabían que recurriría a Henry Kissinger, que fue su asesor de seguridad nacional y secretario de Estado.
En cambio, Obama no tiene un gran estratega en política internacional. Incluso la gente más cercana a él da respuestas variadas cuando se les pregunta a quién pide el presidente que lo asesore en los grandes temas del mundo. Pero casi todos coinciden con la siguiente observación: "La verdad es que Obama es su propio Henry Kissinger. Cada administración refleja la personalidad del presidente, y este presidente quiere que todos los trenes pasen por la Oficina Oval", dijo un alto funcionario.
A quince meses de asumir, el carácter y la estructura de la maquinaria de política exterior de Obama aún está variando, pero por entrevistas con decenas de personas dentro y fuera del gobierno, y con tres ex asesores de Seguridad Nacional, está claro que las decisiones dependen del propio Obama.
Los extranjeros se han quejado de la tendencia que tiene su agenda doméstica a desplazar la internacional. La semana pasada, la aprobación de la reforma del sistema de salud fue recibida con suspiros de alivio. Además, los críticos advierten que, con esa estructura centralizada, muchos temas relevantes pueden quedar relegados a la espera de la atención presidencial.
"El lado positivo es que tenemos un presidente muy meticuloso, que pide amplio asesoramiento. Lo no tan positivo es que, pese a toda su inteligencia, Barack Obama llegó al cargo con muy poca experiencia. No tiene mucha profundidad de conocimiento en algunas cuestiones", agregó el funcionario.
El centro de la maquinaria de política exterior de Obama es el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca, que asesora al presidente y coordina las actividades de un conjunto cada vez más complejo de departamentos, comandos militares y agencias de inteligencia. El eslabón más cuestionado de esa cadena es el general Jim Jones, quien para sorpresa de muchos fue traído por Obama como su asesor de seguridad nacional.
Rahm Emanuel, jefe de Gabinete de Obama, también es parte de esa estructura. "Si me preguntaran quién es el verdadero asesor en materia de seguridad nacional diría que hay tres o cuatro, de los cuales Rahm es uno, y el general Jones es probablemente el menos importante", dijo otro funcionario.
Si algo impide que se diga que el gobierno está centralizado en la Casa Blanca, es la alianza entre Hillary Clinton y Robert Gates, secretarios de Estado y Defensa, respectivamente. La combinación se ha hecho sentir en algunas de los debates más significativos de la administración, por ejemplo, Afganistán, donde ambos abogaron (con éxito) por el despliegue de más tropas. Gates es considerado inamovible, entre otras cosas por la credibilidad que confiere a temas como Guantánamo y Afganistán.
Por otra parte, una de las sorpresas del gobierno es la manera en que Clinton forjó una fuerte relación de trabajo con su ex rival en la interna y se estableció como vocera en temas de política exterior. Pese a las inevitables fricciones entre sus equipos, un funcionario dijo que Clinton es "totalmente leal" a Obama. Y agregó: "Ella y el presidente no son íntimos amigos. ¿Cómo podrían serlo? Pero respeta absolutamente la figura presidencial; estuvo casada con uno y quiso ser presidenta... Puede que todavía quiera serlo".
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