Tras dos días de audiencias en el Congreso estadounidense, no sólo la imagen de Toyota ha sufrido por los problemas de seguridad de sus vehículos, sino también la de las autoridades encargadas de controlar el sector.
Tras las declaraciones ante los congresistas del secretario de Transporte de EE.UU, Ray LaHood, del presidente de Toyota, Akio Toyoda, y del máximo dirigente de la compañía en Estados Unidos, Jim Lentz, las repercusiones van a afectar no sólo a la empresa nipona sino también a otras compañías e instituciones.
Las audiencias han revelado la confusión que existe en Toyota sobre la amplitud e incluso el entendimiento básico sobre la naturaleza del defecto que hace que algunos vehículos de la marca aceleren de forma incontrolada.
Bajo la presión de los congresistas estadounidenses, Lentz se vio forzado a reconocer que tras tres llamadas a revisión que han afectado alrededor de 8 millones de vehículos en Estados Unidos, Toyota no ha podido determinar la causa de la aceleración en un 70 por ciento de las quejas recibidas.
La respuesta de Lentz aumenta las sospechas de muchos consumidores, y cada vez más legisladores, de que en un buen número de casos, los problemas están relacionados con los sistemas electrónicos de los vehículos a pesar de las negativas de Toyota.
Otra cuestión que no ha quedado resuelta es cuándo Toyota supo que tenía problemas en sus vehículos porque las quejas de los consumidores empezaron en el año 2000, pero el fabricante sólo empezó a actuar siete años después.
El secretario LaHood insinuó que parte del problema ha podido estar en "el modelo empresarial" de Toyota en Estados Unidos después de que Lentz también reconociera que a pesar de ser el máximo responsable de la empresa en el país, las decisiones claves son tomadas en Japón.
Las críticas públicas de LaHood a la estructura de Toyota en EE.UU. seguro que serán cuidadosamente consideradas por la dirección de la empresa que ya ha prometido cambios para evitar repetir estos fallos.
Por su parte, el presidente de Toyota, Akio Toyoda, nieto del fundador de la empresa, reconoció ante los congresistas que teme que la causa de las llamadas a revisión haya sido "el ritmo" al que han "estado creciendo", que relegó las prioridades de seguridad y calidad de la compañía en favor de un aumento del volumen de ventas.
Toyoda anunció la creación de nuevos puestos, tanto a nivel mundial como en Estados Unidos, para asegurar que a partir de ahora los vehículos de la empresa no sufran defectos catastróficos o que si tienen graves problemas, el proceso de información y llamada a revisión sea rápido.
Pero las palabras de Toyoda no han explicado aspectos fundamentales de cómo fue posible que defectos graves de los vehículos de Toyota hayan pasado inadvertidos durante años.
En este sentido, LaHood reconoció que parte de la culpa es de la Administración Nacional de Seguridad en la Carretera de EE.UU. (NHTSA por sus siglas en inglés), que depende de su departamento y que tiene la misión de velar por la seguridad de los vehículos que circulan en Estados Unidos.
"Quizás deberíamos haber actuado más rápidamente", dijo LaHood cuando se le pidió valorar la actuación de NHTSA desde el año 2000.
LaHood, que fue nombrado el año pasado secretario de Transporte, se mostró enérgico ante las sugerencias de algunos legisladores de que durante la época de la Administración del presidente George W. Bush (2001-2009), NHTSA se había convertido en un "perrito faldero" al servicio de los fabricantes de automóviles.
"Durante mi mandato, no hemos sido el perrito faldero de nadie", dijo LaHood.
LaHood dejó claro que la actuación del Gobierno estadounidense contra Toyota es prueba de que a partir de ahora, el sector en su conjunto (no sólo la empresa japonesa) se va a enfrentar a más cuestiones y un control más estricto de sus actividades.
Y los legisladores estadounidenses han expresado su voluntad de proporcionar a LaHood y al Gobierno de todas las herramientas necesarias para apretar las tuercas a los fabricantes para que los automóviles que produzcan sean seguros.
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