2010/01/22

El Seis y el Millón

El candidato derrotado en la contienda electoral argumentó en el debate final, que crear un millón de empleos era imposible ya que ¡de dónde iban los Cencosud y las CAP a contratar semejante cantidad de gente! Y que para ello se necesitaba ampliar el Estado, lo que igual sería insuficiente, y por eso ellos pensaban en 700 mil u 800 mil. Pasó olímpicamente por alto el rol de las pequeñas y medianas empresas en esta tarea.

La verdad sea dicha, la votación obtenida por la Concertación y sus aliados fue sorprendentemente alta dada la pobreza franciscana de su programa, y obtenida gracias a un despliegue descomunal y nunca antes visto de recursos estatales. Su mensaje, vacío de lo necesario y de lo urgente, se centró fundamentalmente en la repartija y en la exacción a otros ciudadanos, pero no en la creación de ingresos y riqueza, el verdadero motor para salir del subdesarrollo y la pobreza.

Por otro lado, según el Wall Street Journal, el principal obstáculo que se ve en Europa para alcanzar la recuperación es la dificultad de acceso de las Pymes a los esquivos recursos crediticios, lo que está produciendo despidos, disminución de la producción y caída en el consumo.

Como lo demostró con esa afirmación el candidato oficialista, el factor pequeñas y medianas empresas ha estado ausente del ideario de centro izquierda que gobernó el país por tantos años. Basta pensar que destinando gradualmente el 1% o 2% del PIB a cien mil pequeñas empresas nuevas o ya creadas, o sea US$30.000 en promedio en forma de ayuda, programas de formación o innovación o de garantía de préstamos, se podrían conseguir en promedio contrataciones adicionales de entre tres y cinco personas por empresa, cumpliendo casi la mitad de la meta de empleos, sin considerar que en el transcurso de ese proceso y por su efecto en la demanda interna, se beneficiaría indirectamente todo el estamento productivo, lo que agregaría una importante creación de empleos.

Una economía de esta naturaleza sería perfectamente capaz de agregar un 1% o 2% de crecimiento anual del PIB, lo que generará una recaudación fiscal que pagaría con creces la inversión hecha en ellas, posibilitando la ambiciosa meta de 6% de crecimiento para convertirnos en país desarrollado el año 2018.

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