2009/10/21

Presidente de Colombia ve su eventual reelección como una "encrucijada del alma"

Por L. Barber, J. Rathbone / y N. Mapstone

Alvaro Uribe entra rápidamente y pide perdón por tener a sus visitantes esperando durante cuatro horas. “Si ustedes vieran mi agenda desde las 6:30 de esta mañana, me perdonarían”, dijo el presidente colombiano.

Este hombre de pelo plateado, de 57 años, que ha sobrevivido a 19 intentos de asesinato, acaba de terminar una reunión de emergencia con su equipo económico. Venezuela, un vecino complicado, ha endurecido aún más sus restricciones a la importación de alimentos colombianos y el peso en alza perjudica las exportaciones.

“Cada día, recibimos nuevas malas noticias de Venezuela”, señaló Uribe, cuyas políticas de libre mercado y en favor de Estados Unidos lo convierten en blanco del presidente venezolano Hugo Chávez. Este, recientemente, lideró la oposición regional al acuerdo de Uribe para dar a tropas estadounidenses acceso a bases en su país.

Colombia, igual que Brasil, ha resistido la crisis financiera internacional mejor que muchos y prevé un crecimiento de 2,5% para el año próximo. Cuando se le pide que explique el éxito relativo de su país, Uribe sonríe y muestra una tarjeta con la palabra CONFIANZA en letras rojas. “Hasta cierto punto, estábamos preparados”, agregó el presidente.

En los últimos siete años Uribe ha trabajado con una sensación de crisis, enfrentando a narcotraficantes, a las FARC -el movimiento guerrillero izquierdista más antiguo de la región-, a paramilitares de derecha y varios escándalos internos. Cuando asumió en 2002, Bogotá estaba prácticamente cercada por las FARC, los secuestros eran cosa de rutina y sólo se podía viajar por el país en convoyes armados.

Ahora, Uribe puede jactarse de un notable vuelco en la fortuna de su país. La tasa de secuestros cayó 88% y los miembros de las FARC se entregan o buscan refugio en Venezuela. El afianzamiento de la seguridad produjo aumento en las inversiones, caída en la inflación y mayor crecimiento. Uribe respalda sus afirmaciones sobre el renacimiento de Colombia con estadísticas económicas que dispara con velocidad de ametralladora. El presidente habla sin pausa y no admite interrupciones. Pero cuando se le pregunta por el monto de la deuda externa del sector privado (US$ 18.000 millones) que heredó al asumir, duda.

Llama a sus asistentes fuera del salón en el palacio presidencial. Dos segundos después, aparecen dos mujeres con los datos pedidos. Uribe tiene razón, pero para su molestia olvidó el tercer punto decimal (US$ 17.893 millones)

Insiste en que el “espíritu emprendedor” es la mejor manera de impulsar la economía y derrotar la pobreza, que sigue siendo un desafío intimidante en un país que lleva medio siglo en guerra consigo mismo. “Hay otros países en la región a los que les gusta la iniciativa privada, pero no se atreven a defenderla públicamente”, dijo Uribe.



No ha habido días de paz

Para muchos colombianos, el éxito del presidente en economía y seguridad lo convierten en salvador del país, pero ahora enfrenta lo que él llama una “encrucijada del alma”: decidir si debe competir por un tercer período. Esto implica cambiar la Constitución por segunda vez, lo que preocupa incluso a sus más máximos defensores, incluyendo a sus aliados en Washington.

Si se presenta Uribe, que tiene tasas de aprobación altísimas, sería seguramente el ganador, pero corre el riesgo de convertirse en un caudillo latinoamericano más, con antecedentes cuestionables en materia de derechos humanos. En una visita reciente a la Casa Blanca, el presidente Barack Obama le recordó amablemente que George Washington se retiró dignamente tras dos períodos en la presidencia, sentando un importante precedente para la joven república norteamericana.

Cuando se le pregunta por qué querría seguir al mando y poner en riesgo su legado, Uribe salta de la silla. “Esa no es la cuestión”, declara, caminando por la habitación. “Soy de una generación que no ha tenido ni un día de paz. Mi prioridad es la continuación dinámica de (mis) políticas”.

¿Tiene un plan de sucesión? Uribe se inclina sobre la mesa. “Por supuesto… quiero encontrar la réplica de Thomas Jefferson”. “Cuando pienso en mi legado, no quiero que las futuras generaciones de colombianos piensen que estuve atado al poder. Al mismo tiempo, quiero que sepan que no le di la espalda a los desafíos de mi país”, concluyó.

Pese al debilitamiento de las FARC, Colombia enfrenta amenazas de seguridad serias, incluyendo el surgimiento de nuevas bandas criminales en torno al comercio de narcóticos. La administración Uribe también se ha visto complicada por la investigación de miembros del Congreso acusados de lazos con paramilitares de derecha, una campaña ilegal de intervención telefónica que lo vio anunciar la disolución del servicio de inteligencia y un escándalo en el que oficiales de ejército asesinaron a civiles para aumentar el conteo de cuerpos.

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