“No planeé entrar al negocio de la ropa. Sólo tuve suerte de tener un poquito de mala suerte”. Así describió hace unos años Donald Fisher, cofundador del retailer estadounidense GAP, el inicio de la conocida empresa de vestuario hace 40 años.
Fisher, que falleció en la madrugada de ayer, era un desarrollador inmobiliario de 41 años sin experiencia en el mundo del retail, cuando un día de 1969 él y su esposa Doris intentaron cambiar un pantalón Levi’s por otra talla y no lograron encontrar una tienda en todo San Francisco que tuviera todas las tallas. De esta manera, se interesó en el negocio y luego compró una tienda de pantalones, en la cual invirtió US$ 63.000.
A la tienda la llamaron GAP, que en inglés significa brecha, y que se refería a la brecha generacional entre los nacidos tras la Segunda Guerra Mundial y sus padres.Donald Fisher, quien a los 81 años tras perder una batalla contra el cáncer, planeaba abrir un máximo de diez tiendas, pero fue tal el éxito en la calidad de sus productos, que GAP se transformó en la mayor cadena en el ramo con 3.100 locales en 25 países, con ventas anuales por US$ 14.500 millones.
Cambio de estiloTal como pretendía, la empresa efectivamente cerró una brecha, tanto en el mercado de los pantalones, como en la generación de clientes de entre 12 y 25 años.La empresa de Fisher, que comercializa las marcas Banana Republic y Old Navy, entre otras, influyó sobre el estilo de vida de Estados Unidos, así como la economía de ese país.
“Promovió la aceptación de la ropa informal que ayudó a que se extendiera la adopción de los viernes casuales”, escribió ayer el periódico San Francisco Chronicle, ciudad donde el empresario residió toda su vida.“Ellos fueron unos de los primeros en tratar las prendas básicas como moda”, dijo a San Francisco Chronicle la presidenta de la consultora Strategic Mindshare, Cynthia Cohen.
“GAP fue la primera en darse cuenta de que todos necesitan un buen par de pantalones color caqui, todos necesitan jeans y una polera blanca de buena calidad”, agregó.Fisher renunció en 1995 a la presidencia ejecutiva de GAP y en 2004 dimitió a la jefatura del directorio.
Sin embargo, siguió siendo presidente emérito hasta su muerte.Su empresa tuvo tal éxito que el año pasado la revista Forbes estimó la fortuna de Fisher en US$ 1.300 millones.“Don y Doris tomaron una idea sencilla y la transformaron en una marca reconocida como un ícono cultural en todo el mundo y que cambió la cara del retail para siempre”, dijo a San Francisco Chronicle el actual director ejecutivo de la compañía, Glenn Murphy, agregando que Fisher jamás se perdió una junta de directores.
FilántropoEl empresario no sólo fue pionero en la industria del retail, sino que también se convirtió en filántropo y donante de grandes sumas de dinero a la política, ayudó a mantener a los Giants en San Francisco y amasó una de las mayores colecciones de arte moderno del mundo.
De hecho, la muerte del empresario se produce dos días después de que el Museo de Arte Moderno de San Francisco, del cual fue director, anunciara la creación de una sociedad con la familia Fisher para albergar en forma permanente la colección de la familia, compuesta por 1.100 obras de renombrados artistas del siglo XX y comienzos del XXI.
“Su férreo compromiso al arte y a la cultura cívica de nuestra ciudad será recordada por las generaciones venideras”, dijo en un comunicado el alcalde de San Francisco, Gavin Newsom.Fisher también estuvo en el grupo de líderes de empresas que reunieron US$ 100 millones en 1992 para comprar al equipo San Francisco Giants y así evitar que fuera trasladado a St. Petersburg, Florida.Una de sus principales obras sociales fue la educación.
Por años apoyó financieramente a Edison Schools, una compañía que administraba colegios. En 2000, cambió su foco al programa sin fines de lucro Knowledge Is Power (KIPP), que se inició con dos colegios y que ahora mantiene a 82 colegios en todo Estados Unidos.
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