La semana pasada no fue nada de fácil para las empresas chilenas con presencia en algunos países de Latinoamérica.
Tras conocerse la paralización de actividades impuesta hace 20 días por el gobierno venezolano a la compañía chilena de cerámicas de la familia Briones, Vencerámica, y el conflicto en Argentina de la filial de distribución eléctrica del grupo Enersis, Edesur -a la cual el gobierno de los Kirchner le habría impedido repartir dividendos-, se activaron las alarmas.La base de la preocupación se sustenta precisamente en la gravedad que ha alcanzado este tipo de hechos en el pasado.
Es decir, no es la primera vez que firmas de capitales locales enfrentan el riesgo de ser afectadas por políticas de gobierno poco habituales respecto a lo que se estila internamente en el país, pero que en el concierto latinoamericano, específicamente en Venezuela y Argentina, parecen cada vez más frecuentes. Un caso es el que vivió la constructora nacional IDC, que tenía la concesión del aeropuerto de Isla Margarita en Venezuela y que en 2005 expropió el gobierno liderado por el presidente Hugo Chávez.
Esta situación desencadenó una serie de acciones legales para recuperar los flujos y la inversión perdida de los empresarios chilenos en el terminal aéreo.Y tal como la influenza humana se ha propagado por todo el mundo sin discriminación, el temor que existe es que estas prácticas de ciertos países -llevan la batuta Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina- puedan contagiar al resto de la zona, y limitar el ingreso de capital fresco, ingresos necesarios para acelerar la esperada recuperación económica.
Y, como parte de esa dinámica, afectar a capitales provenientes de todas partes del mundo. Un contagio limitado Expertos creen que factores como el control de precios y capitales en Venezuela, y retenciones a las exportaciones en Argentina, no crean una rentabilidad atractiva.
Y si a eso se le suman cambios regulatorios frecuentes, junto a nacionalizaciones en sectores estratégicos, no es sorprendente que ambas naciones no reciban grandes flujos de capital. Entre 2003 y 2008, los ingresos por inversión directa a Venezuela y Argentina promediaron 0,5% y 2,5% del PIB, respectivamente.
Un nivel menor considerando los precios favorables del petróleo y la soya. En contraste, Chile o Colombia recibieron un promedio de 5,4% y 7,2% de su PIB. Todo indica que en el largo plazo las inversiones tenderán a irse a países con políticas económicas previsibles, como Chile, pero que eso se verá reflejado más adelante, ya que pese a lo que se podría creer, los flujos de inversión actuales se verán reducidos, en comparación a años anteriores, debido a la crisis y no necesariamente a un “contagio” a causa de actitudes como las realizadas por los gobiernos de Venezuela o Argentina.
Un analista en Nueva York plantea que Venezuela sigue siendo el principal foco "virulento". Argentina, advierte, tiene un cierto sesgo que podría intensificar sus prácticas anti inversión extranjera luego de las elecciones legislativas de este mes, dependiendo de cómo le vaya al matrimonio Kirchner. El resto, como Ecuador y Bolivia, son mercados aún poco atractivos para los capitales extranjeros.
A juicio de este analista, refrendado por otro en Buenos Aires, el “contagio” se mantiene en esas naciones, que ya son vistas fuera de la región como un “bloque”.En contraste, se hace notar, Chile y Perú -los mercados más atractivos de la zona- representan un terreno interesante para aterrizar y ni siquiera las próximas elecciones presidenciales de diciembre en Chile preocupa a eventuales inversionistas.Aló presidenteDado lo anterior, en el mundo privado se espera que el gobierno active todos los canales para evitar mayores problemas cuando el 14 de junio arribe al país en visita oficial Hugo Chávez.
De esta forma, se reforzarían las conversaciones que autoridades chilenas han sostenido hace varias semanas con el fin de que se reabra la planta de Vencerámica.
De hecho, en Chile existirá una sola vía posible de discusión del tema. La visita de Chávez ha sido calificada por la Cancillería como “no convencional”, pues el mandatario no tendrá encuentros adicionales a la reunión privada con Bachelet. En ese sentido, un grupo de parlamentarios -liderados por el PPD Felipe Harboe- dio a conocer un oficio en donde se solicita que la mandataria discuta y dé a conocer la incomodidad de las autoridades “por el ataque que están sufriendo las inversiones chilenas en ese país".
El oficio acusa a Venezuela de contar con un sistema de control del mercado de divisas a través de la Comisión de Administración de Divisas, sindicada como la responsable de provocar un “corralito”, reteniendo cerca de US$ 15 mil millones en pagos que adeuda a empresas extranjeras, entre las cuales se cuentan 52 chilenas por una cifra cercana a los US$ 80 millones.
Lo fundamental, aunque no menos complicado, es que Venezuela -así como Argentina- entiendan las reglas del juego que priman en Chile para los inversionistas y, en el mejor escenario, en algo lleguen a compartirlas.
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