2009/03/23

Proteccionismo, la amenaza que resurge en medio de la crisis mundial

Enfrentados al temor de que la crisis siga hundiendo a sus economías, varios gobiernos ya están tomando medidas proteccionistas, que amenazan con acentuar la fuerte contracción del comercio a nivel mundial. Y Chile es especialmente vulnerable ante esto debido a la alta dependencia de las exportaciones. Sin embargo, la historia enseña que no es precisamente el mejor camino y, de hecho, termina siendo un juego de suma cero: los países que lo intentan, reciben como respuesta una barrera por parte del resto. ¿Se volverá a repetir el error?

Al parecer, sí. En el complicado contexto internacional la tentación de proteger la producción local frente a la competencia extranjera está resultando muy difícil de resistir. Lo que sí, ya no se trata de las barreras al comercio del pasado, que se basaban en imponer impuestos a las importaciones. Ahora, se están adoptando formas más sutiles.

En Estados Unidos, el paquete de estímulo por US$ 787 mil millones promulgado en febrero por el presidente Barack Obama, fue criticado por su cláusula “Compre americano”, que exige a las empresas utilizar acero y otras materias primas de procedencia estadounidense.

El primer ministro británico, Gordon Brown, por más de un año ha impulsado la campaña “Empleos británicos, para trabajadores británicos", una consigna que atrajo fuertes ataques y que hasta ha sido tildada de racista. En Ecuador, el gobierno también impuso un lema: “Primero Ecuador”. Para potenciarlo, subió los aranceles a 940 productos importados, incluyendo productos electrónicos, de transporte, materiales de construcción y alimentos, lo cual incluye una lista de artículos chilenos, entre ellos, la uva.

Algo similar hizo Argentina, que impuso requisitos de licencias a productos como piezas de automóviles, textiles, televisores, juguetes y artículos de cuero.

La Unión Europea, por su parte, reintegró las subvenciones a la exportación sobre productos lácteos, y en España, el ministro de Industria, Miguel Sebastián, llamó a viajar dentro del territorio y comprar productos hechos en el país.

Indonesia tuvo una respuesta que pretende ser más efectiva: junto con limitar el número de puertos y aeropuertos que sirven de entrada a ciertas importaciones, planea obligar a sus casi cuatro millones de empleados públicos a utilizar productos locales, que van desde calzados hasta maquinaria pesada.



Industria automotriz

La escalada proteccionista ha tenido especial intensidad en la industria automotriz, donde las autoridades están preocupadas de que no se sigan perdiendo empleos. EE.UU. ha llevado la delantera en esto, con su millonario rescate a dos de las “grandes” de Detroit. En diciembre entregó a General Motors y a Chrysler US$ 17.400 millones, y dos meses más tarde les dio un millonario préstamo adicional. Si bien hay quienes pueden cuestionar que esta medida sea proteccionista por la calidad de "multinacional" de estas empresas, el objetivo del gobierno es proteger los 2,5 millones de trabajos que dependen de la industria.

Como respuesta, otros gobiernos también han tendido la mano a su alicaído sector automotor. España destinó US$ 5.170 millones a los productores locales que garanticen ocupaciones. Mientras, Italia reveló un paquete de US$ 1.700 millones para este rubro, a cambio de mantener sus plantas en el país; y Gran Bretaña garantizará hasta US$ 3.290 millones de préstamos a la industria. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, en tanto, provocó la ira en la Unión Europea por su plan para las automotrices que se comprometan a no cerrar fábricas en Francia.



El error de la Gran Depresión

La tendencia de proteger los productos (y empleos) nacionales en tiempos de crisis no es nueva, y el mejor ejemplo es lo que sucedió tras la Gran Depresión de los ’30. Para reavivar su economía, el presidente estadounidense Herbert Hoover promulgó la Ley “Smoot-Hawley”, que incrementaba de 25,9% a 50% el arancel a la importación de 20 mil productos. Como reacción, varios países fijaron impuestos sobre los bienes estadounidenses y, en consecuencias, las exportaciones de la mayor economía mundial pasaron de US$ 4.400 millones en 1929 a apenas US$ 1.500 millones en 1933, una caída superior a la del PIB.

Todavía es difícil predecir cuál será el resultado de la oleada actual de nuevas barreras, pero la semana pasada la Organización Mundial del Comercio (OMC) anticipó que el comercio global se contraerá entre 6% y 7% este año, el primer retroceso desde 1982. Si bien este descenso también tiene su origen en la caída de la demanda, las autoridades reconocen que refleja el incremento del proteccionismo. Pero lo peor es que la proyección podría quedarse corta si los gobiernos siguen blindando sus economías.

Aún así, hay cierta esperanza: las grandes empresas están alrededor de todo el mundo -son multinacionales- y, por lo tanto, atacar a los bienes extranjeros es atacar la producción local. Por lo demás, las autoridades están mostrando cierta preocupación, ya que el tema será uno de los principales en la cumbre del G20 la próxima semana. Los funcionarios de la OMC también ven la situación con inquietud y consideran necesaria la rápida reactivación de la Ronda de Doha.

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